Peter da la bienvenida a Nicolás por Armando Martini Pietri

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Es mucho, variado y diverso lo que se comenta sobre la causa de los problemas que confronta el Presidente Nicolás Maduro. Unos creen que es prisionero del chavismo radical, otros aseguran que algunos militares lo tienen amenazado; un sin número achacan que su esposa y entorno lo influencian más de lo deseado, debido y conveniente, que Diosdado lo controla o, aún peor, lo atemoriza; por otro lado algunos están inclinados a creer y criticar que la oposición lo complace por su desorden interno, los que se asumen como estrategas piensan que la MUD lo perdona porque sus dirigentes razonan que mientras más errores mejor para los partidos opositores, los menos que hay negociaciones de aquí y de allá, los más que los corruptos no permiten esto o aquello, que los bolichicos y oligarcas de nuevo cuño se imponen y lo acosan con exigencias porque sin Maduro y su gobierno quedan a la buena –en realidad a la mala- de Dios y otras muchas especulaciones.

Otro argumento, con la convicción -¿diría mejor “la percepción”?- de que cualquiera de las opciones son posibles, pero eso llevaría también a concluir que quienes están vinculados e integran el madurismo comparten la misma torpeza; posible, claro, pero quizás optimista –o pesimista, decida usted según su interpretación. Todas individualmente son viables y conjuntamente razonables.

Pero hay que tomar en cuenta que ese tipo de circunstancias, malas recomendaciones egoístamente interesadas, pescueceos de quítate tú para ponerme y lucirme yo, las zancadillas mutuas, la acumulación de malos consejos y peores  interpretaciones, las han padecido todos los presidentes venezolanos sin que por ello hagan a diario tan mal gobierno. Es o digamos que parece evidente que el problema recae en la figura del presidente Maduro, quien no consigue manejar todo esto, es excesivo para él, está abrumado e intimidado. Carece del apoyo partidario y popular que tuvieron en sus tiempos aterradores Betancourt y Leoni, acosados por guerrillas violentas y por golpes de estado cuando hasta una bomba le pusieron a Rómulo que por poco lo mata, pero con partidos férreamente unidos en defensa de la democracia; ni tiene tampoco la cultura ni la terca soberbia de Rafael Caldera ni el crecimiento explosivo de los precios petroleros que ayudó al mito de Carlos Andrés Pérez, entre otras condiciones buenas y peores. Maduro, que no necesariamente es mala persona, ha llegado a lo que se conoce como el principio de Peter, es decir, llegó a su nivel de incompetencia. Lawrence Peter precisaba que “con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones”.

Ése es el problema real –el único insalvable, verdaderamente- que sufre Nicolás Maduro, a quien Chávez bendijo –aunque no era Cristo a pesar de lo que algunos necios dieron en imaginar, digo por lo de bendecir- con oportunidades de aprender brindándole su confianza y afecto, colocándolo en puestos en los que, por simplemente asistir, algo asimilas. Entre bondades y torpezas, entre instrucciones cumplidas sin discusión, equivocaciones amparadas y corregidas –o no, con Chávez nunca se sabía- Nicolás Maduro formó siempre parte del círculo de acceso y presencia permanentes al lado del Comandante, fue diputado y presidente de la Asamblea Nacional, Ministro de Relaciones Exteriores y Vicepresidente ejecutivo de la República.

Todos pensaron, incluso el propio Chávez Frías víctima de un cáncer feroz y posiblemente mal curado por cubanos que ya no son lo que fueron, alejados de los avances modernos por el cierre casi total de Cuba por los hermanos Castro, que Maduro Moros tenía algo en la bola y que podría ser un apacible y pragmático sucesor. Fue un Chávez moribundo, medicado y adolorido el que recomendó a sus seguidores votar por su entonces vice-presidente en quien depositaba su total confianza cuando se produjesen las elecciones que habría que convocar y realizar después de su muerte -¿recuerdan que Hugo Chávez nunca llegó a encargarse formalmente de la Presidencia después de su triunfo electoral? Aún así Nicolás Maduro y el chavismo en proceso de transformación en madurismo se dieron el primer lujo; perder casi un millón de votos frente a Henrique Capriles, ¿se acuerdan de ese resultado? Maduro, solo en el poder, llegaba a su Peter. 

Formalmente electo presidente de una república bolivariana, revolucionaria y socialista dispuesta a seguirlo en su nuevo gobierno, Nicolás Maduro pudo, sin afectar demasiados programas del “legado” como la Misión Vivienda y otros programas de ayuda social, dar un adecuado viraje a una economía que desesperadamente lo necesitaba, lo requería a gritos y era una obligación hacerlo. Concebirlo simple y sencillo, sin nunca inquietar los proyectos de ayuda popular. No sólo no lo hizo, sino que se aferró a rimbombantes equivocaciones como aquella operación de rebajas de precios y llamamientos populares a comprar equipos del hogar, que se conoció como el “dakazo”. En vez de privatizar algo o de impulsar la producción y el comercio aunque fuese en un porcentaje limitado, los terminó de hundir.

Se empeñó de manera obsesiva en proteger programas económicos de control estatal que por estar errados y peor dirigidos terminaron de arruinar al empresariado privado mientras las numerosas empresas expropiadas y gubernamentales iban de mal en peor. Tuvo además un reto muy difícil para cualquier presidente –aunque sus predecesores enfrentaron desafíos parecidos, no obstante sobrevivieron ellos y el país también- como fue el drástico cambio de dirección de la industria y la comercialización petroleras mundiales. Ni el Presidente ni su círculo de confianza supieron y aún siguen sin saber qué hacer, están completamente paralizados y desubicados, el chavismo primero y el madurismo después habían llegado a su Peter mucho antes; por eso Maduro fue interpretado por un breve tiempo como una esperanza de ajuste, pero más pronto que tarde todos, hasta la mayoría de chavistas y de maduristas, comprendimos que iba a hablar mucho, a cambiar nada y a empeorar demasiadas cosas que ya venían mal.

Hoy existe una Venezuela capacitada para asumir la conducción del país, incluso con el Peter al cual han llegado varios dirigentes opositores. Hay muchos “empresarios” poco confiables y deshonestos, que sólo tienen deseos de enriquecimiento fácil e ilícito con dólares del Estado, pero también hay muchos –la mayoría afortunadamente- capaces de levantar sus empresas y fundar otras sólo con una ayuda estatal que consiste esencialmente en dejarlos trabajar y darles condiciones comerciales legales, generadoras de confianza y en consecuencia de entusiasmo, reglas claras, garantías de respeto, cese del acoso maniático del madurismo ineficaz y lerdo fanatizado en la necedad e ideología, no sólo equivocada sino además mal comprendida.

 Por todo eso Maduro hace tiempo rebasó la paciencia popular, su vaso no sólo derramó el agua sino que además se rompió y no hay quien sea capaz de recoger los pedazos. La situación de abastecimiento actual es tan desesperada que ya ni siquiera los mejores bachaqueros son capaces de conseguir productos a ningún precio, Pdvsa trastabillea por su pérdida de especialistas, la única originalidad del Presidente, asfixiado por Peter, ha sido clamar por cosechar hortalizas y criar gallinas en los apartamentos, proclamar un Arco Minero en el cual los que mandan son pandilleros y darle a los uniformados que han fracasado en el gobierno la oportunidad de convertirse en empresarios manu militari.

El presidente es quizás un preso de su entorno político, económico y militar. Pero mucho más es prisionero, cautivo y rehén del Principio de Peter. Ya no da más, no le pidamos más, no lo angustiemos mas, dejémoslo tranquilo con algo de paz mientras se organizan salidas constitucionales para que pueda irse tranquilo. Lo mejor sería que renunciara se haría y nos haría un gran favor, o que aceptara el abandono del cargo y/o despejar de una vez por todas, el delicado asunto de la doble nacionalidad.

Que no se interprete estas líneas a manera de insulto y mucho menos como burla a la persona presidencial, por el contrario es una condición humana que se manifiesta en cualquiera de nosotros y en las distintas actividades públicas y privadas; lo doloroso, lamentable y altamente peligroso es que quienes sufren esa situación, no se den cuenta  o no quieran asumirlo y arrastren a su abismo y desgracia a todos los venezolanos -principales víctimas- que sin distingo o condición socioeconómica sufrirían las consecuencias.

 

@ArmandoMartini

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