Brasil por José Toro Hardy

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Con asombro observamos lo que viene ocurriendo en Brasil. Ese gigante, que llegó a ser una de las economía más grandes del mundo, se debate hoy en un clima de frustración. Millones de ciudadanos, a quienes se les había vendido la ilusión de un futuro mejor a través de un modelo de gobierno de corte populista, se lanzan hoy a las calles a protestar.  Sienten que fueron manipulados descaradamente por una enorme red de corrupción en manos de unos líderes sin escrúpulos.

El modelo de gobierno al cual me refiero tiene dos antecedentes. El Primero fue el Foro de Sao Paulo que tuvo lugar en la ciudad del mismo nombre hacia 1990 y en el cual se reunieron los líderes de una izquierda que lucía derrotada y aplastada por la muerte del comunismo en Europa Oriental, el desmoronamiento de la Cortina de Hierro, la caída del Muro de Berlín y el inminente desmembramiento de la URSS en 1991. El sistema se venía a pique sin ni siquiera disparar ni un solo tiro, abatido por su incapacidad para resolver los problemas de los pueblos. Aquel Foro de  fue encabezado por dos figuras señeras de las izquierdas latinoamericanas: Fidel Castro y Luis Ignacio Lula da Silva.

Apenas una década después de aquel evento, un fenómeno inesperado se impone en los mercados globalizados del mundo. Empezando el Siglo XXI, los precios de las materias primas comienzan a elevarse simultáneamente en todas partes. Se trató de una situación que había ocurrido apenas en cuatro ocasiones en 200 años y que se le conoce como un “Súper Ciclo de Commodities”.

Todas las materias primas, ya fuese el petróleo, el hierro, el acero,  el cobre, el níquel, el estaño, pero también el trigo y las más variadas materias primas de origen vegetal, experimentaron alzas nunca antes vistas por un tiempo inusitadamente largo.

El dicho popular de “más vale llegar a tiempo que ser convidado” adquiere una trascendencia especial. Por increíble coincidencia llega en ese momento a la presidencia Hugo Chávez en Venezuela. Sirve de trampolín a otros candidatos izquierdistas, todos comprometidos con el Foro de Sao Paulo, que acceden más o menos a la vez a las primeras magistraturas en varios países del continente. Ese es el caso de Lula, Néstor Kirshner, Evo Morales, Fernando Lugo, Tabaré Vásquez, Pepe Mujica, Michelle Bachelet, Rafael Correa y Daniel Ortega. Los altos precios de las materias primas sirvieron para fortalecer formas de gobierno muchas veces de corte autoritario entre este grupo de gobernantes.

Pero volvamos unos años atrás. En 1995 había llegado a la presidencia de Brasil un hombre excepcional: Fernando Henrique Cardoso, quien estuvo al frente del país hasta el año 2003. Fue Cardoso quien logró aplicar en su país todo un conjunto de políticas que cambiaron su rumbo y fue el verdadero responsable de los años de bienestar que habrían de beneficiar a los brasileños.

Le sucede Lula, quien gana en el 2002 y hereda las ventajas de una trayectoria que ya había sido trazada por su antecesor, aunque ciertamente le imprime su toque personal de acento social. Sin embargo, los años de expansión que experimentaría la economía brasileña son más el fruto de las políticas racionales  que había sembrado Cardoso que al modelo de gobierno de corte populista que impone Lula.

Por razones de carácter profesional me tocó ser testigo de excepción de situaciones que considero interesantes de analizar. En esos años de transición me tocó asesorar a grandes empresas del Brasil. Como es natural,  contaban con todo el apoyo de su gobierno. Se decía que el presidente Cardoso estaba consciente de que el enfrentamiento de Chávez con los EE UU, podría ser aprovechado por Fidel Castro para imponer en Venezuela un modelo similar al cubano. Por razones de carácter geopolítico estaba convencido de que eso ocurriría, a menos que el Brasil llenase el vacío que dejaría EEUU.

Por eso Cardoso daba gran apoyo a las empresas brasileñas que operaban en nuestro país. Eso sí, ese apoyo estaba condicionado a que las mismas no incurriesen en prácticas de deshonestas.

Pero entonces ganó Lula las elecciones. Muy pronto, la forma de operar de algunas de esas empresas comenzó a cambiar. Se dice que Lula las apoyaba todavía más, pero ahora el código de ética impuesto por el presidente Cardoso había desaparecido.

El ambiente dentro de las empresas a las cuales prestaba mis servicios profesionales varió de la noche al día. Aquella situación condujo  a mi renuncia al poco tiempo de ganar Lula las elecciones en Brasil. Todo lo que ocurrió de allí en adelante se venía venir.

Hoy en día el tiempo me ha dado la razón. Fue afortunada la decisión que tomé en el 2002 de retirarme.

 

@josetorohardy

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