Dijo Dios: “ayúdate que yo te ayudaré” por Armando Martini Pietri

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No importa si fue al Dios de los cristianos, al Jehová de los judíos, al Alá de los musulmanes, cualquier ídolo africano o a los dioses y demás misterios de la santería afrocubana a quienes rezaron Maduro y algunos jerarcas angustiados. Lo que cuenta es que parece que ninguno le hizo caso. O puede ser que ni Maduro ni los altos capitostes recen, quizás sean ateos o, como mínimo, desinteresados religiosos. Cualquiera entiende que hoy día este país está “abandonado de Dios”.

 

Lo cual no deja de ser injusto, porque con el Gobierno estaríamos también abandonados quienes no tenemos culpa de nada, pero somos responsables de haberlos elegido para que nos representen, pero sólo se representan a sí mismos y a sus intereses. Un verdadero drama que la colectividad no logra superar. Una dolorosa y amarga decepción. 

 

Han sido demasiados disparates y todas las bases del país han cedido en rápida sucesión. La crisis moral y de ética, la decencia, la honestidad, las buenas costumbres, la cortesía básica se hundieron, el doble discurso, la doble moral, la crisis social, económica y política, han hecho estragos. La solución ahora está mucho más lejos del repertorio de herramientas fallidas y respuestas superficiales que hemos utilizado en el pasado para resolver nuestras crisis. Aquella triste y resignada expresión de “Dios proveerá”, no ha sido escuchada ni da esperanzas razonables a estas alturas.

 

En verdad el Creador sí escuchó a los gobernantes y a los venezolanos angustiados, y nos siguió proveyendo con petróleo, agricultura, minería, interés y fuerza de acción de industriales, empresarios y comerciantes, pero como los líderes civiles y militares del país cerraban, se adueñaban y echaban a perder todo lo que proveía, y el pueblo lo soportaba, tal vez se hartó; y molesto además por los empeños en ídolos e ideologías anticristianas, se tomó en serio lo que consideró una ofensa y del cielo nos llegó un escarmiento, un castigo por manirrotos y gastadores. El gobierno no fue ni se comportó ni se comportará como un buen padre de familia. Ha sido guía inconstante, poco confiable y muy propenso a dejarse seducir por doctrinas extrañas al cristianismo, realidades venezolanas que antes demostraron ser eficientes y rendidoras se rechazaron, destruyeron y eso no hay Dios que lo aguante.

 

Dios ahora espera por nosotros; así como dicen que aprieta pero no asfixia, tenemos que pensar que el Ser Supremo, cansado de mucho dar para poco o nada recibir, ahora nos aplica aquello de “ayúdate que Yo te ayudaré”. No por mucho rezar Nuestro Señor nos va a seguir dando, espera que nosotros hagamos algo para entonces empujarnos como lo hacía antes que estos ladinos y pillos entraran a saco para arrasar con todo.

 

Nos toca a los venezolanos salir de las paredes contra las cuales hemos sido empujados. Un primer paso lo dimos, acudimos masivamente a las elecciones y arrebatamos la Asamblea Nacional a la sumisión oficialista; ahora la nueva mayoría legislativa debe avanzar a pesar de que otros poderes sigan sometidos a Miraflores, la Habana y las políticas torpes. Nos toca a nosotros, víctimas de la necedad y la incompetencia, dar soporte y al mismo tiempo exigir cumplimiento, inteligencia y coraje a los diputados en los cuales confiamos. Estamos obligados a mantenernos dispuestos al esfuerzo, a no dejarnos vencer, a ser ciudadanos activos que rechacen el pesimismo y rescatemos la fe. Primero y fundamentalmente en nosotros, y como consecuencia en Dios.

 

La política permite trampas, pero aún más oportunidades de acción. Tenemos instrumentos importantes. El referendo revocatorio, una enmienda constitucional pero, si Dios permite que sigamos siendo castigados con un Gobierno como el actual y que logre seguir equivocándose hasta 2019, nos toca morder el freno, mantenernos activos en nuestra fe y compromiso personales, y en Dios. Llevamos ya más de 2.000 años y Dios sigue presente no sólo en el cristianismo católico, protestante y ortodoxo, sino en los centenares de millones de musulmanes y de judíos.

 

 

Debemos seguir luchando por la confianza en nosotros, la producción, la inversión y el consumo, así como restablecer nuestras fatigadas reservas internacionales, y para eso necesitamos una nueva administración, pero debemos darle base y fuerza popular sólida, contundente y profunda como las democracias modernas. Sin un gobierno que conozca cómo recurrir a la ayuda internacional, promueva una renegociación ordenada de la deuda externa y que sepa también como rescatar la seguridad de los inversionistas nacionales y extranjeros, Venezuela no levantará cabeza.

 

Los países no desaparecen, pero pasan por momentos de extrema dificultad que dejan cicatrices profundas y perdurables mientras parece que Dios mira hacia otro lado. El gobierno no sólo nos trajo hasta aquí tras años de ignorancias, dislates e indecisiones en política económica y social, sino que se ha quedado inerte, desconcertado, ante la crisis que día a día se extiende y profundiza cada vez más, pretendiendo ignorar la realidad con quimeras como la “guerra económica” o el lanzamiento de algún eslogan como “los trece motores” y este miércoles insistió con una interminable cadena de casi 5 horas para prometer maravillas como envoltorio para aumentar el precio de la gasolina. Una de las grandes equivocaciones y pendejadas de Nicolás Maduro es creer que somos de verdad pendejos. Lo fuimos quizás, pero hemos tenido un muy duro entrenamiento, el desabastecimiento, las colas, los abusos de algunos militares y policiales, la falsedad del Gobierno y la incompetencia del Presidente nos mantienen al día.

 

No vamos a poder evitar los momentos difíciles y espinosos consecuencia de la constante improvisación, parálisis y obsesiva insistencia en el desmadre que ha dejado aplastada a la economía. Pero sí es posible minimizar el dolor, acelerar los plazos de recuperación y abrir la posibilidad de iniciar la reconstrucción. Una opción más responsable que esperar resignados a que Dios provea. Lo que cuenta, no lo olvidemos ni por un instante, es lo de “ayúdate que Dios te ayudará”.

@ArmandoMartini

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