Coger mínimo por jean Maninat

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Pasado el rifirrafe iconoclasta que tanto perturbó al gobierno -el hambre que viene no lo inmuta- conviene que la bancada opositora se siente un rato, respire hondo, cuente hasta uno -no hay tiempo para más- y se aboque a diseñar una estrategia para enfrentar lo que se sabía que iba a venir de todas, todas: el intento del gobierno por boicotear la labor de la Asamblea Nacional (AN).  De nada sirve pisar el peine y convertir las sesiones en un torneo de increpaciones de lado y lado para señalar quién ha sido más corrupto, quién más ineficiente, si la mal llamada IV República o la V República roja, rojita. Se entiende que se llevan 17 años atragantados entre pecho y espalda, que son muchos los sapos tragados y hay la necesidad de desahogarse. Pero, una vez realizada la catarsis colectiva, conviene dejarla atrás y dedicarse a legislar con tino, inteligencia y serenidad. ¿Se harán transfusiones de sangre fría?

A nadie puede sorprender que el gobierno haga todo lo que esté a su alcance para dejar a la asamblea congelada en un limbo político, o como un museo de cera al que nadie visita. Vendrán nuevas provocaciones y los alrededores de la AN serán un paraíso para los bachaqueros especializados en el marketing de la concha de mango. Afortunadamente, la bancada mayoritaria ha comenzado a reaccionar y salió, por lo pronto, de la calle ciega de los tres diputados arbitrariamente recurridos por el TSJ, al renunciar éstos a sus curules para defenderse legalmente. De ser impugnados definitivamente las elecciones tendrán que repetirse y la paliza será aún mayor. Ya sucedió en el pasado con las alcaldías.

El choque de trenes que quiere impulsar el gobierno tiene por objeto distraer la atención de la gente escenificando una nueva batalla, una nueva hazaña en contra de la “derecha burguesa”, el “imperio” o cualquier otro monigote al cual zarandear verbalmente para intentar esconder su formidable ineficacia para gobernar. Mientras tanto, la gente en la calle continúa la penuria cotidiana sin entender mucho lo que sucede en el Palacio Legislativo. Por eso es tan importante dejar de lado lo accesorio, mitigar el ruido y responder con una acción legislativa contundente a favor de todos: de los que le dieron mayoría con sus votos a la oposición y de quienes no votaron por ella. Eso es lo que quiere impedir la bancada oficialista a toda costa. Esa es la peor pesadilla de su conductor tras bambalinas.

La ley de propiedad para los beneficiarios de la Misión Vivienda presentada por el diputado y jefe de la fracción parlamentaria opositora, Julio Borges, es más potente que cualquier invocación constitucional a plazo fijo para mudar de mandatario.  Esa sola iniciativa puede expandirse entre los sectores populares con un mensaje claro y alentador: la oposición legisla para ti. A más iniciativas de ese tenor, mayor será la dificultad que tendrá el oficialismo para deslegitimar la acción parlamentaria. Se trata de eso, de acorralarlo con leyes, con iniciativas parlamentarias que no le permitan escurrirle el bulto a su responsabilidad, que lo obligue a decir o no ante propuestas concretas para enderezar la situación, que le espiche la burbuja retórica que le sirve de zona de confort.

Para lograrlo, habría que coger mínimo, ser una fuerza tranquila, sin aspavientos, firme pero serena, y así evitar el Mucho ruido y pocas nueces (To much ado about nothing) sobre el que nos alertó hace ya un buen tiempo William Shakespeare.

 

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