La inflación: el excremento del banco central por José Toro Hardy

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De manera muy gráfica y premonitoria Pérez Alfonzo decía que el petróleo era “el excremento del diablo”. De manera igual forma podemos afirmar que la inflación es el excremento del banco central. La inflación es el resultado de los excedentes de emisión de dinero  “inorgánico” por parte del banco central.

La función de emitir moneda es una de las más delicadas en un país. La moneda nunca debe ser emitida sin mecanismos claros y transparentes que rijan el proceso. En las economías modernas los bancos centrales siempre tienen que ser autónomos. Cuando un banco central deja de serlo inevitablemente quien lo domina -el  gobierno- terminará por exigirle la impresión de moneda para financiar el gasto público.

Mientras más populista es un gobierno, menos acepta que la economía se rige por ciertas  normas que no pueden ser manipuladas. Y mientras más se ignoran esas leyes para cumplir con la voluntad dogmática de algún líder,  más graves serán las consecuencias y más alto el precio que al final del día terminarán por pagar los pueblos.

Suelen creer los líderes populistas que así como con sus discursos pueden manipular a las masas, con su voluntad podrán doblegar también las economías.  Sin entender de las consecuencias de sus acciones, terminan por provocar daños a veces irreparables, convencidos de que ellos son intérpretes de la voluntad popular, a lo cual le agregan que la voz del pueblo es la voz de Dios con lo cual terminan por creerse dioses ellos mismos.

Pocos daños mayores se le puede provocar a un pueblo que destruir el valor de su moneda.  Con razón decía Lenin: “la mejor manera de corromper el sistema capitalista es corromper su moneda”.  Ahora bien, el valor de una moneda está estrechamente ligado a su respaldo y al sistema de precios. Los países comunistas siempre intentaron introducir  un divorcio entre costos y precios. Ello los condujo al fracaso del sistema y al establecimiento de monedas sin respaldo y con poca o ninguna aceptación.

Eso está pasando hoy en Venezuela. El gobierno pretende controlar los costos y los precios. Eso es imposible de lograr por vía de imposiciones o decretos. El gobernante puede forzar a un productor a vender un producto a determinado precio, lo que no puede es obligarlo a que lo produzca  si no va a obtener un beneficio. Decide entonces el gobierno producirlo él mismo. La realidad es que en manos del gobierno la producción resulta mucho más ineficiente y los costos considerablemente mayores. Al final del día lo único que logra es que las empresas públicas arrojen inmensas pérdidas -que es el denominador común en Venezuela- o bien que esas empresas se paralicen o produzcan muy por debajo de su potencial.

Todo lo anterior lleva a la sociedad a una escasez creciente de los bienes más esenciales.  Y en la medida en que todas las actividades empresariales del Estado en lugar de aportar recursos al Presupuesto Nacional vía tributos lo que hacen es exigir recursos al Fisco para cubrir sus pérdidas, lo que termina ocurriendo es que cada vez son menores los recursos que se pueden destinar a funciones vitales del Estado como son la educación, la seguridad, la justicia y la salud. Estas terminan por colapsar.

Enfrentado a un déficit fiscal cada vez mayor, el Estado opta entonces por quitarle la independencia al Baco Central para forzarlo a emitir dinero para financiar el gasto público. Esto nos lleva a cerrar el círculo con los planteamientos hechos al principio de este artículo.

El dinero sin respaldo que imprime un Banco Central para cubrir el déficit fiscal es el peor excremento que se puede vertir sobre un pueblo. Es el responsable de la inflación que le roba el poder adquisitivo al salario de los trabajadores y corrompe la moneda arrojándola a la vorágine de la devaluación.

Muchos bolívares tratando de comprar pocos bienes se traducen inevitablemente en un aumento sostenido de los precios. Como además el gobierno ha desestimulado la producción de esos bienes, el resultado es una paralización progresiva de la economía y una escasez que abruma a la sociedad. Aparecen inmensas colas y racionamientos y se genera ese fenómeno altamente improductivo al cual se le ha dado el nombre de “bachaqueo“.

Además al no encontrar bienes que comprar en el país, los excedentes de liquidez generados por la emisión de dinero inorgánico se desvían hacia la compra de divisas en el mercado paralelo lo cual explica la brutal devaluación de nuestra moneda en ese mercado.

No sé si es porque ellos son ignorantes o si es porque tratan de engañar a otros más ignorantes que ellos, las autoridades inventan una supuesta “guerra económica” para justificar el daño que que están causando con sus políticas injustificables. Se trata de una guerra paranoica producto de la desesperación de quienes se han metido en un berenjenal que no logran descifrar y no entienden que los tiros que les llegan son disparados por ellos mismo.

@josetorohardy

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