El cambio llegó hasta La Hoyada

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@ronnarisquez

La oposición retomó el control de la Asamblea Nacional, los periodistas volvieron a entrar al hemiciclo, no hubo violencia y “todos” celebran… Pero el cambio todavía no pasó del pasaje Zingg.

Puertas afuera, en las calles empedradas que rodean al Palacio Legislativo el “cambio” todavía no se notó. Un acto sencillo, como dar la vuelta a la manzana del parlamento, subir desde la esquina de San Francisco y caminar a la esquina de Monjas, llegar a Padre Sierra y bajar hasta Capitolio para pasar frente a la iglesia de San Francisco era un imposible.

 

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En Venezuela garantizar la instalación en paz de la nueva Asamblea Nacional -como lo prometió el presidente Nicolás Maduro- pasa por militarizar, prohibir y restringir libertades. Los comercios estaban cerrados, la estación del metro de Capitolio también, no había paso de vehículos desde las avenidas Baralt, Sur 4 y Universidad. Tampoco se permitía el tránsito de peatones.

Con barandas metálicas y cadenas humanas de funcionarios de la GNB se impedía el paso desde dos cuadras antes de la entrada a la AN por el norte, sur, este y oeste. “Estamos aquí desde la 5:00 de la mañana”, comentó uno de los militares parado frente al cine Continental.

Desde la esquina de Pajaritos solo se permitía el acceso a los diputados de la MUD y por la esquina de Monjas (conocida como la esquina Caliente) ingresaban los del Psuv. En ambos puntos había concentraciones de simpatizantes del oficialismo que fueron los únicos que lograron llegar a escasos metros del Palacio Legislativo. A los seguidores de la oposición solo les permitieron caminar desde La Hoyada hasta el Pasaje Zingg.

 

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Estos grupos gritaban alegres consignas en respaldo a la revolución de Hugo Chávez, pero también agredían verbal y físicamente a quienes percibían como opositores. Los de la esquina de Pajaritos abucheaban a todo el que se moviera a su alrededor.  

—¿A quién pitan?

—A todo el que pase por ahí, —dijeron, señalando el camino que obligatoriamente debían transitar los diputados de la MUD que venían desde La Hoyada.

 

De cerco en cerco

 

Con el carnet de prensa nos acercamos a la primera barricada militar por Pajaritos. Ahí tenían orden de que solo pasaban los diputados. A lo lejos, del otro lado del cerco, una periodista -con quien compartimos fuente en los tiempos cobertura del extinto Congreso- nos reconoció e indicó a los GNB permitirnos el acceso.

Después del agradecimiento, en tono de: “me salvaste la vida”, seguimos hacia la segunda barricada, en la esquina de San Francisco. Nuevamente tocó convencer al jefe del grupo de funcionarios de la GNB de que éramos periodistas y teníamos que trabajar en el lugar. Finalmente nos dejaron avanzar, con la promesa de que no intentaríamos acceder al palacio -que ya estaba a su máxima capacidad- y que nos quedaríamos en los alrededores de la edificación.

 

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En esa ala este de la AN, por donde era el acceso de los diputados e invitados, había varias unidades móviles del sistema de medios del Estado, Sibci. Estacionado a 3 metros de la entrada principal destacaba un vehículo con un logo gigante de ANRadio. Tenía música de “protesta” y algunas canciones de las utilizadas por el chavismo en sus campañas electorales con un volumen elevado, junto al camión un grupo gritaba, bailaba y cantaba.

Por los abucheos y la pita a un grupo de diputados de Voluntad Popular que se les acercó parecían simpatizantes del oficialismo, aunque rápidamente notamos que eran trabajadores de ANTV. En cuestión de segundos, al percatarse de que los intentaba grabar, se acercaron con actitud amenazante y sacudiendo sus manos preguntaban: “¿Tú quién eres? ¿Qué haces aquí? ¿Si eres periodista por qué no entras? ¿O es que nosotros somos más noticia que los que están allá adentro?”.

 

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Después del interrogatorio, al estilo punto de control de la GNB, una de las mujeres del grupo calmó a sus compañeros y me ofreció pan dulce… Entendió que estaba trabajando.

Para las 11:00 de la mañana ya habían terminado de ingresar a la AN todos los diputados de ambas bancadas y sus respectivos invitados. Afuera, en la manzana que rodea el recinto, solo quedaron funcionarios de la GNB, PNB y escoltas de algunos ministros y diputados. Ah, y camionetas de lujo y motos de alta cilindrada.

Caminar por el lugar sin un uniforme verde, botas negras, chapa o arma fue motivo de varios intentos de desalojo. Nuevamente las preguntas y las advertencias: “¿Quién eres? ¿Qué haces?… Por aquí no puedes pasar, aquí no puedes estar”.

 

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En la esquina de Monjas, los chavistas seguían gritando las agotadas consignas de siempre: “El pueblo, unido, jamás será vencido”. Y de cuando en cuando ponían a correr a los efectivos de la GNB, que temían ser desbordados por el grupo de simpatizantes oficialistas. También exigían una pantalla para poder seguir el desarrollo de la sesión que comenzaba. Para eso ya era tarde, nadie pensó en ellos y tuvieron que conformarse con el audio del camioncito de ANRadio, que quitó la música para transmitir la instalación del parlamento.

 

Los miedos de todos

 

Sentados en una jardinera tres hombres hablaban sobre sus temores al salir a la calle, de las bandas delictivas y la inseguridad. “Nos matan, nos quieren matar. Claro que tenemos miedo”, dijo el más joven del grupo, que trabaja como escolta. Uno de sus compañeros, uniformado, agregó: “Uno no quiere estar en la calle, y no se mete en muchas cosas porque no vale la pena arriesgar la vida. Si nos matan nuestras familias quedan sin nada”.

Otro grupo de escoltas conversaba más cerca de la entrada de la AN, hacían bromas sobre lo que podrían haber comido mientras esperaban ahí. “Un pollito de Arturo’s jugosito…”, dijo uno. Y su compañero soltó, con cara susto: “¡Dos mil bolos, chamo!”.

 

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La charla continuó. Ahora hablaban de escasez, sin mencionar la palabra escasez, claro. “Pal’ 31 me fui para Maturín, salí a comprar refrescos y no se conseguían. Tuve que comprar una vaina llamada Dumbo”. Una alerta por radio puso fin a la informal reunión, todos saltaron de inmediato a sus posiciones y en segundos los primeros diputados del chavismo comenzaron a abandonar la sesión, que estaba concluyendo.

Pasadas las 3:00 de la tarde, la mayoría de los parlamentarios ya había abandonado el lugar. Los simpatizantes del oficialismo se dispersaron, los cercos comenzaron a desvanecerse, los militares iniciaron la retirada y hasta una conversación informal con un ministro y el comandante de Guardia Nacional Bolivariana fue posible.

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