Perdigones en la cédula: 24 testimonios evidencian el paso de víctimas de la represión a activistas de derechos humanos

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Con la publicación de Perdigones en la cédula, la ONG Funpaz busca reivindicar el derecho a la protesta garantizado en la Constitución venezolana y visibilizar la represión que sufrieron cientos de venezolanos durante las manifestaciones de 2013 y 2014 en el estado Lara

 

“No es fácil hablar, el miedo es tan real como las torturas que sufrimos”, confiesa Andrés Colmenárez, miembro fundador de Funpaz, una ONG con base en Barquisimeto, estado Lara, que desde hace 3 años y medio trabaja en pro de visibilizar y combatir la impunidad generada a raíz de la represión que sufrieron los ciudadanos que manifestaron entre 2013 y 2014 en esa entidad.

Colmenárez habla en nombre de la Fundación pero también lo hace a partir de su propia experiencia: él mismo fue detenido y torturado en el Destacamento 47 -Comandancia General de la Guardia Nacional Bolivariana-, cuando salió a protestar en 2014. Su testimonio se titula “Bajo la Bota”: “Hicieron que se arrodillara, que metiera la cabeza entre las piernas y empezaron a patearlo, una y otra vez. Me cayeron a patadas, patadas por las piernas. Lo hacían entre tres o cuatro militares”, describe el texto.

El título Perdigones en la cédula surge a raíz de una crónica homónima de Leonardo Padrón y alude a los golpes a nuestra identidad como venezolanos, como ciudadanos, explica Colmenárez. “Nuestro objetivo es pasar de víctimas a activistas, queremos empoderar a los ciudadanos, que sepan que protestar es un derecho consagrado en el artículo 68 de la Constitución”, agrega.

La lectura de estos 24 testimonios deja claro que cualquiera puede ser víctima de la represión: un ama de casa que retuiteó un mensaje y luego recibió la visita del Sebin; un padre de familia que salió de su casa a manifestar; una madre y su hija -menor de edad-, que salieron a hacer diligencias y se encontraron en medio de las protestas; jóvenes que no lograron correr lo suficientemente rápido y recibieron disparos de perdigones y de bala; médicos que brindaron primeros auxilios a algunos de los más de 400 manifestantes heridos.

“Con este libro queremos visibilizar la persecución y criminalización de la sociedad civil; hacer contrapeso a la versión oficial que nos tildó de guarimberos y terroristas. Queremos, además, darle un reconocimiento a todos los presos políticos; a quienes perdieron su vida por protestar; y también a las ONG que nos apoyaron y asesoraron”, explica Colmenárez.

 

“Nos organizamos, no nos quedamos callados”

 

A Ehisler Vásquez, otro de los miembros fundadores de Funpaz, un disparo de perdigón le marcó la cara para siempre. Su testimonio, titulado “A quemarropa en el rostro”, comienza así: “Todos los que estén en la calle son delincuentes, decían los militares desde las tanquetas”.  

“Recibimos muchas amenazas porque éramos víctimas invisibles. Denunciar, salir a la calle y suscribir este libro nos permite ser más visibles y eso ha hecho que baje el nivel de amenazas; este libro ha hecho incluso que muchas víctimas tomen confianza para denunciar”, dice Vásquez.

Otro de los 24 testimonios incluye esta descripción: “Cuatro guardias arrastraban a Daniel hasta la tanqueta más cercana”. Se trata del relato de Daniel Graterol, también miembro fundador de la organización. A tres años de ese día, aún debe presentarse cada mes ante un tribunal. Está libre y preso a la vez. 

“La vida nos cambió completamente después de ser detenidos y torturados física y psicológicamente; también luego de pasar por un procedimiento legal en el que eres tratado como un delincuente. Muchos de quienes salimos a protestar éramos universitarios; muchos tuvimos que recibir terapia psicológica. Ninguno de los miembros fundadores de Funpaz nos conocíamos antes de 2013; entre todos nos hemos apoyado y tomado fuerza; el libro es un gran logro que nos hace sentir orgullosos porque no nos quedamos callados; nos organizamos y ahora tenemos mucha más fuerza que antes”, afirma Graterol.

El libro contó con la redacción de tres periodistas barquisimetanos: William Croes; Lorena Quintanilla y Edy Pérez Alvarado. Croes cubrió las protestas en 2013 y 2014 y esa experiencia le sirvió de base para la redacción de algunos de los 24 testimonios.

“Fue un trabajo muy fuerte; cuando Funpaz me propuso afrontar este reto tuve que revivir casos de hace 3 años y entendí cómo esos hechos marcaron la vida de cada una de esas personas. Este libro es una forma muy valiente de levantar la voz, de denunciar y reaccionar contra el miedo”, afirma Croes. Agrega que el libro se consigue a través de las redes sociales de la fundación: @Funpaz2013

 

Las cifras de la represión en Lara

 

De acuerdo con cifras extraoficiales, en 2013 se registraron 177 detenidos y más de 400 heridos; en 2014, Funpaz documentó 1.650 casos entre febrero y septiembre. En 2015 bajó la conflictividad en virtud de razones políticas y se registraron menos de 40 casos.

 

ONG venezolanas no están solas en su denuncia

 

El 1ero de noviembre de 2016, en el marco del segundo Examen Periódico Universal de derechos Humanos presentado ante la Organización de las Naciones Unidas, 21 países le exigieron a Venezuela que garantizara el acceso a la justicia a todos los ciudadanos y que liberara a todos los presos políticos; ocho países se pronunciaron a favor de que Venezuela ratificara el Protocolo Facultativo del Tratado Contra la Tortuta; y cuatro naciones le pidieron al Estado que pusiera fin a las detenciones arbitrarias.

“Ese resultado que se generó en el EPU, incluso la noticia de la degradación a categoría B de la Defensoría del Pueblo, es una muestra de lo que pueden lograr los miembros organizados de la sociedad civil y los medios de comunicación independientes; esas denuncias se conocen en el mundo gracias al trabajo de ONG como Cofavic y Provea y también de muchas ONG más paqueñas que aportan los insumos para que se realicen los informes que contrastan la versión oficial. Ese balance del EPU demuestra que hay una esperanza real y que se entiende lo que pasa en Venezuela”, argumenta Colmenárez.

 

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