Puntos para raspar la tarjeta socialista de Maduro

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El subsidio directo anunciado como medidas económicas para sortear la crisis debe cumplir varios requisitos antes ser activada.

¿Con qué recursos será financiada? ¿A cuántos beneficiará? ¿Dónde podrá ser usada? ¿Es igual a la negra de Rosales? ¿Es viable la tarjeta Misiones Socialistas?

@boonbar

 

La Socialista versus Mi Negra

El Gobierno tendrá que recurrir no sólo al tricolor para diferenciar su tarjeta “Misiones Socialistas para los hogares de la patria” de la tarjeta “Mi Negra”, que lanzó el candidato Manuel Rosales durante la campaña presidencial de 2006.  Desde que Nicolás Maduro anunció su lanzamiento el miércoles 17 de febrero de 2016, no han cesado las comparaciones entre ambos instrumentos financieros que buscan dar un subsidio directo a los más necesitados,  teniendo como base  la renta petrolera.

Al asumir el propósito benefactor de la tarjeta socialista para enfrentar la emergencia económica, Maduro le estaría dando implícitamente la razón al programa de subsidio nunca aplicado de Rosales -hoy detenido en el Sebin- que en su momento fue criticado por el chavismo y acusado de artilugio populista para captar votos.

No sólo Rosales y el comando electoral de la oposición defendieron a Mi Negra en su momento. La idea se fundamenta en tesis expuestas por especialistas venezolanos como Alberto Quiroz Corradi y Francisco Monaldi, quienes apoyaban la idea de que todos los ciudadanos tienen derecho a participar de los ingresos petroleros. Así ocurre en regiones productoras como Alaska, donde existe un fondo destinado a la redistribución de la riqueza entre todos los habitantes.

Mi-Negra

Tanto Mi Negra como la Socialista apelan al principio constitucional de que el pueblo venezolano es el dueño del petróleo y el Estado su administrador. Pero en el caso de la tarjeta de Maduro, la condición de subsidio basado en los dividendos del crudo entra en contradicción con el nuevo propósito del Gobierno chavista de “superar el rentismo petrolero” para dar paso a la productividad para activar la economía venezolana.

A la tarjeta La Socialista y a Mi Negra la separan 10 años y el contraste entre la Venezuela de anaqueles rebosantes y variados con más de 100 dólares por barril de 2006 y el país de escasez extrema de 2016 con el petróleo por debajo de $30. Sirva de punto de comparación el video de la campaña de La Negra:

 

En 2010 y desde el exilio, Rosales reclamó la autoría de su propuesta de subsidio cuando Chávez lanzó un nuevo instrumento financiero de ayuda social, la Cédula del Buen Vivir, emitida por el Banco de Venezuela. Aunque se trataba de una tarjeta de crédito y no de débito como La Negra, el ex gobernador del Zulia la criticó por considerarla una “mala copia de La Negra, un engaño para el pueblo”.

En un comunicado publicado en la web del partido Un Nuevo Tiempo en 2010, Rosales afirmó: “más temprano que tarde la tarjeta Mi Negra será una realidad en Venezuela”, destacándola como una posibilidad de salir del espiral de la pobreza.

La Cédula del Buen Vivir fue relanzada -sin éxito- por Maduro tres años después, destinada a los jóvenes para estimular la cultura del ahorro y socialización bancaria.

La idea de Mi Negra de Rosales también pretendió ser revivida en 2011 por su pupilo político, Pablo Pérez, durante la campaña para las primarias por la candidatura presidencial de la oposición.

 

¿Barriles con fondo?

Nicolás Maduro afirmó que tarjeta socialista tendría como fin beneficiar a las familias inscritas en la Misión Hogares de la Patria como un “complemento del subsidio” directo para alimentación y salud. Mientras mostraba el plástico en pantalla, el presidente dijo que sería “un mecanismo de amarre de los programas sociales y financiamiento a las familias, de protección a los niños y a las madres del barrio”.

Dijo que sería distribuida entre 1,2 millones de las familias más pobres del país. No detalló los criterios para su respectiva asignación ni los mecanismos para evitar la discrecionalidad política que favorezca a militantes del chavismo ni distorsiones como usurpasión de identidad y revendedores.

Lo que no especificó es cómo se protegería el monto de esas ayudas ante la volatilidad del mercado petrolero.  En 2016, la caída de los precios del crudo es la tendencia.

El economista Luis Oliveros se pregunta cuánto será el monto de cada asignación y cómo el Gobierno va a financiar esa tarjeta: si es por el BCV imprimiendo dinero o  vía ingresos ordinarios. Considera que el aumento de la gasolina hubiese sido una buena forma de financiarla, pero todo indica que no ocurrirá así.

Si de ayuda social se trata, el subsidio directo es mejor que las misiones, considera Oliveros. “Es preferible darle dinero a la gente que implementar supuestos programas sociales que en realidad son instrumentos para crear dependencia”.

 

El plástico también escasea

Si se parte de la cifra de posibles beneficiarios aportada por Maduro, para activar la tarjeta socialista se deberán emitir  más de un millón de tarjetas de plástico.  ¿Está en capacidad la banca pública de atender esa demanda?

Existe un antecedente: en abril de 2015, cuando el Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex) decidió limitar la emisión de cupos de dólares viajeros a la banca pública, más de 2 millones de tarjetahabientes debieron emigrar de las entidades privadas. La prensa recogió las quejas de entonces: los bancos no tenían suficiente material para emitir plásticos. La escasez también tocó a los bancos del Estado.

 

¿Dónde raspar la tarjeta?

Las tarjetas socialistas con “chip moderno” como anunció Maduro podrían ser utilizadas en Mercal, Farmapatria y Pdval. Los beneficiarios de la tarjeta socialista ya no podrán contar con Abastos Bicentenario ya que Maduro aseguró que esta red estatal “se pudrió”, por lo que será clausurada.

Está por verse si durante  la anunciada reestructuración de la Misión Alimentación que agrupará en una megacorporación a Mercal y Pdval se podrá utilizar la tarjeta socialista.

Maduro también aseguró que la tarjeta socialista se apoyaría en el sistema de 12 mil bodegueros y mercados comunales a cielo abierto. Pero muchos de estos establecimientos carecen de puntos de venta, así como también ocurre en buena parte de los Mercales y Pdvales.

Más de 50% de los puntos de venta de Mercal en todo el país están inactivos, según la Memoria y Cuenta 2014 del MinAlimentación  (7.932 de un total de 14.657 comercios de esta red). En el caso de Pdval, la falla es aún mayor: 77% de los puntos de venta no funcionaban (1.587 de un total de 2.057 en todo el país).

 

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