Cinismo en potencia por Francisco Ibarra Bravo

De regreso por la troncal 2 de Apure en día de semana, me había llamado la atención la cantidad de estudiantes en las calles a entre las 11 y las 12 del día. La verdad es que no era una escena nueva, la había visto otras veces en Caracas. Pensaba que en el mejor de los casos estaban recibiendo 4 horas de clase al día. El tema de la educación en Apure me había venido a la mente luego de haber conversado con el señor del paso de la chalana al cuál pregunté por sus hijos. La confianza le permitió contarme que tenía uno en casa, que con él no había podido lograr que se terminase el bachillerato porque la distancia a la escuela se le hacía cuesta arriba. Me lo comentó con un cierto sinsabor en la boca y luego me dijo con orgullo que su hija si continuaba estudiando. Es lo que tiene el amplio Apure, donde todavía en el mismo Santos Luzardo, quedan vestigios de aquel llano profundo venezolano.

La imagen de los niños en las calles antes del mediodía me hizo pensar en las escuelas bolivarianas. La idea no era ni remotamente nueva, era la misma de las escuelas integrales. El proyecto, como tantos, había quedado solo en titulares de prensa. Traté de justificar de alguna manera el incumplimiento. Los recursos para lograr un sistema de educación donde los niños y adolescentes reciban una atención a lo largo de todo el día no son pocos y a esto habría que sumar el hecho de que muchas escuelas cumplen dos turnos y la infraestructura actual sería insuficiente. El tema se me fue yendo de la mente a medida que transcurría el viaje, las cosas que  me aguardaban por hacer en Caracas tomaron su lugar. La imagen de los estudiantes en las calles no habría sino otra de las muchas que nos tropezamos a diario y que desearíamos cambiar, a no ser por la gigantesca valla al final de la avenida principal de Bello Campo donde está ubicado el liceo Gustavo Herrera. En la valla se lee “Venezuela Potencia Educativa”. Si este tipo de publicidad engañosa la hiciera una empresa privada con total seguridad el Indepavis tomaría cartas en el asunto, pero como es el mismo gobierno el que se encarga de mentir, los ciudadanos no solo tenemos que aguantar que la educación primaria en Venezuela esté en condiciones calamitosas, además debemos aguantar que hagan fiesta con ello los responsables de cambiar la situación.

Este gobierno se ha llenado la boca diciendo que busca la igualdad de todos los venezolanos. Al mismo tiempo ha tenido 14 años para siquiera comenzar a mejorar el sistema educativo. La realidad es que el sistema educativo primario de Venezuela es uno de los mayores generadores de desigualdad. La diferencia entre la educación a la que accede un niño, no digamos de los estratos altos urbanos, sino un niño de clase medida respecto a un niño de las zonas rurales es abismal. Para cuando ambos salen del bachillerato, si es que ambos salen, las diferencias son prácticamente insalvables. El gran motor de la movilidad social es la educación, no las misiones. Esto no lo hemos entendido todavía. Si en lugar de haber derrochado la prolongada bonanza petrolera, la hubiésemos invertido decididamente en mejorar la educación primaria en Venezuela el actual gobierno habría hecho mucho más por lograr la igualdad de oportunidades entre los venezolanos.

Yo tengo una explicación del porqué el gobierno no invirtió decididamente en la educación primaria del país. La razón es que sencillamente los estudiantes de educación primaria no votan. Mientras que con el entramado de transferencias públicas actuales el gobierno se ha garantizado una clientela política, cada bolívar invertido en la educación primaria es prácticamente un bolívar desperdiciado que podría ser utilizado para generar algún tipo de lealtad política. Desde este punto de vista, aunque tremendamente criticable, es entendible el proceder del gobierno. Lo más terrible no es el proceder del gobierno; detrás de lo que ocurre con la educación primaria en Venezuela se esconde un profundo desinterés por parte de los padres. No estamos hablando de los combativos padres de la clase media que han defendido la educación de sus hijos como gata panza arriba. Nos referimos a una parte de  aquellos padres cuyos hijos van al sistema de educación pública para los cuales la educación de sus hijos no es una prioridad. En la educación pública venezolana hay muchas cosas que cambiar, lo primero quizás es que la mayoría de la población entienda que si queremos tener una mejor sociedad, antes que subsidiar la gasolina y comprar chatarra para desfiles militares, debemos preocuparnos por la educación pública primaria.

 

Francisco Ibarra Bravo

@franibar10

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