Exmilitante de la Liga Socialista, fue conductor en el Metro de Caracas y sindicalista, elegido diputado para la Asamblea Nacional de Venezuela en 2000, integrándose a la Comisión permanente de finanzas; de desarrollo social integral; participó en la comisión especial para mediar en conflicto de PDVSA y la comisión para la paz y democracia en 2002; Miembro del Grupo Parlamentario de Amistad Venezuela-Argentina/ Venezuela – Siria/ Venezuela – República Árabe Saharaui Democrática/ Venezuela-China, presidente del parlamento en 2005, ministro de asuntos exteriores a partir de 2006, y ahora comparte la responsabilidad de dirigir la cancillería y asumir la vicepresidencia de la República desde octubre de 2012.

Nicolás Maduro un hombre desestimado por muchos, especialmente desde la oposición venezolana por su historial de chofer, pero un hombre fuerte y confiable para Hugo Chávez. Ha sido leal y de los pocos del círculo de tren ministerial y allegados al presidente, que lo ha seguido y acompañado en sus múltiples viajes, y en especial a Cuba durante las operaciones para tratar el cáncer diagnosticado en 2011.

El capital político que ha venido sembrando Maduro le ha valido un respaldo amplio del sector oficialista en la Asamblea, por supuesto el más importante de todos, el de la dirigencia cubana y el de la mayor parte de los gobiernos del mundo, en especial, los aliados al proyecto bolivariano.

Teniendo en cuenta los fichajes políticos para las gobernaciones y ministerios, las divisiones y aspiraciones internas de algunos dirigentes del partido de gobierno, además de la muerte del presidente venezolano, continuar el ataque a Maduro por no tener mayores grados académicos, pero si amplia experiencia en el manejo de un metro bus, pone al descubierto la mala lectura que se hace y se sigue haciendo del gobierno. Que un “chofer” como lo llaman alcance una presidencia, no es para hacer de ello un blanco de ataques, es una conquista social, si nos ponemos en los zapatos del otro.

Lo que representa Maduro hoy para la “Revolución Bolivariana” es el blindaje necesario para continuar con el proyecto iniciado decádas atrás, incluso más allá de los 14 años de gobiernos de Chávez. Maduro personifica un hombre que ha alcanzado poder político a lo largo del tiempo sin que haya llegado de la noche a la mañana, es cordial con perfil moderado, siendo además, la cara más visible del gobierno a nivel internacional.

La lealtad se paga, y muy bien. Maduro no necesito ser militar, muy ilustrado, o activo dirigente político en el pasado. Bastó con ser confidente, tener la paciencia de Sai Baba y demostrar al caudillo tener la capacidad para lidiar con múltiples intereses, que le aseguraran ser la ficha fuerte que es hoy, para preservar la llamada revolución.

Lo que está en juego hoy para el gobierno, es la estabilidad de ese proyecto, de esa revolución. El afecto, las lágrimas, el culto, y liderazgo que se distinguen en las numerosas personas que han ido a ver por última vez a Hugo Chávez en la capilla ardiente de la Academia Militar, son muestras de que en estos 14 años más que un gobierno que dejó a un país en ruinas, dividido, empeñado, forjó un misticismo alrededor de Chávez, no comparable con un Perón, pero ¿quién sabe? quizás a nuestro modo caribeño, suramericano, andino, un mito al fin. Hay quienes desestiman esta idea, por no estar casados con las políticas “chavistas” o analizar las diferencias existentes entre un Perón, o un Stalin (aún recordado por comunistas rusos y del mundo). Yo creo necesario que veamos la realidad sin los lentes acostumbrados, y nos demos cuenta de que siete días de duelo, un embalsamamiento, y una urna de cristal pueden hacer esto posible.

El paracaidista militar, líder de un fallido golpe de Estado, convertido en un presidente mediático, carismático, cercano al clamor de un gran número de venezolanos, pasará a partir de hoy a ser, la bandera de la Revolución, la imagen y el respaldo que quien con lealtad y empeño, pero sin carisma y verbo, seguirá liderando ese proyecto en lo electoral y político, principalmente, escasamente en lo ideológico.

Por Adriana Boersner

@aboersner

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