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“Encuentro por Venezuela”, la nueva alianza política que nació en la oposición

Este jueves 5 de septiembre los directivos de los partidos políticos Movimiento Progresista de Venezuela (MPV) y Encuentro Ciudadano,  anunciaron la creación de un nuevo movimiento nacional, que tiene como objetivo construir alianzas para lograr el cese de la usurpación.

El secretario general de MPV y diputado de la Asamblea Nacional, Simón Calzadilla anunció desde la clandestinidad la creación de esta alianza, “estamos estrechando al máximo nuestra alianza, hemos decidido que nuestras direcciones políticas regionales, nacionales y municipales, activen juntos” la lucha por la restitución de la democracia.

Explicó que ahora el objetivo de ambos partidos políticos es trabajar en conjunto, en la búsqueda de “sumar esfuerzo y organizar a nuestro pueblo, aumentando las capacidades para lograr el cambio de nuestro país”.

Durante una rueda de prensa en la que el parlamentario intervino por medio de un vídeo, ratificó la necesidad de fortalecer las organizaciones políticas de oposición y recordó que es “indispensable” crear estas alianzas para poner fin al régimen de Nicolás Maduro.

Por su parte la diputada y coordinadora del partido Encuentro Ciudadano, Delsa Solórzano explicó que este “Encuentro por Venezuela”, busca crear aún más condiciones para lograr el cese de la usurpación, siguiendo así la ruta fijada por el presidente del parlamento Juan Guaidó, quien se juramentó como mandatario encargado y es reconocido por más de 50 países.

Aclaró que con esta alianza ambos partidos no se están apartando de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), ni se están haciendo a un lado en la oposición venezolana.

“Vinimos a sumar y no a dividir, vamos a seguir representando a la unidad dentro de la AN, vinimos a respaldar cada decisión del presidente Juan Guaidó”, dijo Solórzano para dar formalizada la creación de este nuevo movimiento.

Abr 08, 2019 | Actualizado hace 11 meses
La fuerza que se activa, por Carlos Valero

LA OPOSICIÓN INICIÓ EL AÑO 2019 con buen pie. Cuando el 5 de enero la Asamblea Nacional designó como su presidente a Juan Guaidó, pocos se imaginaron las transformaciones que se sucederían aceleradamente. La recuperación de la esperanza de forma tan repentina  podría presentarse como un milagro si alguien quisiera presentar al diputado Guaidó como un mesías, sin embargo lo que ha sucedido ha sido la consecuencia política de respetar y defender la unidad dentro de la Asamblea Nacional reiteradamente y sin descanso, a lo cual por supuesto se sumó que el liderazgo de esta Asamblea recayera sobre los hombros de un joven ingeniero valiente, comprometido con la transformación económica y política del país, conocedor del estamento militar y con amplia vocación unitaria.

 

Entre los extraordinarios logros que hemos alcanzado una vez que se produjo la juramentación de Juan Guaidó como presidente encargado de la República, está el del renacimiento de la Unidad. A menudo se presenta la Unidad solo como expresión de una medición cuantitativa de la fuerza que se tiene. Pero hay algo más allá de la suma de fuerzas, la existencia de un ideal, el móvil humanista de una causa noble, la pasión por el país al que pertenecemos. Todos somos hijos de ese país. Todos estamos llamados a defender la unidad como una condición necesaria  para lograr el cambio político y comenzar la reconstrucción del país que todos merecemos.

 

La legitimidad y el extraordinario liderazgo  de Guaidó estuvo y está asociado a que su figura  y su posición emanan de un órgano colectivo y único poder público que puede demostrar que su legitimidad nace de representar el último vestigio de legalidad y legitimidad en un país cuya Constitución ha sido asediada hasta el cansancio por un régimen violento, y después del 10E, claramente usurpador.
Guaidó es la expresión evidente de la unidad de la Asamblea Nacional. El segundo nivel de la Unidad que encarna hoy el presidente (e) Juan Guaidó es el de la oposición. Todos los diversos, y a menudo enfrentados partidos que disienten y se oponen al gobierno, lo respaldan. La oposición dejó sus divergencias y aceptó apoyar la estrategia de cambio formulada por Guaidó.


El tercer nivel unitario reside en la sociedad civil y sus variadas organizaciones. Y aquí la Unidad comienza a pisar el terreno de la pluralidad de motivaciones, visiones y objetivos: hay organizaciones sociales que respaldan a Guaidó porque son partidarios de un cambio, no porque estén alineados con la oposición. Pero las manifestaciones más positivas y benéficas de la unidad se están dando en la gente común, en los ciudadanos, sin renunciar a sus ideas e identificaciones políticas. Es la unidad desde abajo, concitando la cooperación y la solidaridad en momentos tan duros como los de la falta de luz, de agua, de gas, alimentos y medicinas. Es una unidad muy valiosa para construir el mejor futuro para Venezuela.

La unidad es el capital político, emocional y organizativo más potente para colocar a Venezuela en el siglo XXI. Una unidad que nos asegura victorias y que se irá ampliando en la medida que otros venezolanos, partidos, organizaciones e instituciones decidan entenderse y acordarse en un pacto para hacer plenamente vigente el programa social, económico e institucional que contiene la Constitución Nacional.

Esa unidad es la que hay que defender y transformar en conciencia de cambio, voluntad de lucha y organización para sostener la reconquista de la libertad. El régimen usurpador sigue apostando por volver a sembrar desesperanza. Nunca como hoy hemos estado tan cerca de superar esta pesadilla. Nuestro trabajo como ciudadanos consiste en crear cada día más fortalezas, defender el liderazgo colectivo y minimizar en extremo las ambiciones individuales y grupales. El cambio en Venezuela no es generacional ni tiene color político, estamos obligados a actuar con mente y corazón abierto, para construir desde la diversidad un país moderno, tolerante y próspero.

 

@carlosvalero08

¡Dejemos la corredera, vamos bien! Por Orlando Viera-Blanco

Lo primero es enlistar los errores políticos que nos condujeron a este pandemónium. El primero (1992) cuando se le permitió a Hugo Chávez celebro-debutar con su por ahora en cadena

Han sido tortuosos 20 años del deterioro criminal que jamás experimentó sociedad alguna en Latinoamérica. Hemos tenido etapas más violentas como guerras civiles, dictaduras o guerrillas urbanas. Pero nunca la hambruna, el éxodo y la fechoría que alcanzamos hoy ¿Por qué?

Nuestras razones erróneas

Lo primero es enlistar los errores políticos que nos condujeron a este pandemónium. El primero (1992) cuando se le permitió a Hugo Chávez celebro-debutar con su por ahora en cadena de radio y televisión. Un país minado por la antipolítica y clientelismo pronto convirtió a Hugo Chávez en el nuevo mesías. El segundo otro gran error: La conjura contra Pérez desde los sillones de los notables… El tercer gazapo: el sobreseimiento de Rafael Caldera (1994) a HCHF, lo cual habilitó a Chávez para fuese candidato a la PDR en 1997… Una coalición entre Enrique Salas y el resto de los partidos, catapultó -ayudadito por los medios, intelectuales y empresarios- al “Tenientazo-Coronelote” de Sabaneta. Una historia acicalada por estas calles, el gendarme necesario y la obra de Carlos Rangel, Del buen salvaje al buen revolucionario, ilustró una épica caliche. Simpatías ingenuas y malsanas por doquier. Nacía un aprendiz de sable y caudillo que se autoproclamó bolivariano-revolucionario. ¡Hasta Olavarría le creyó…!

El golpista se hizo Presidente. La otrora CSJ le concedió el llamado a Constituyente (inexistente en la Constitución de 1961). ¿La otra seguidilla de infortunios?: El Kino electoral que eligió la Asamblea Constituyente; llamar a plebiscito [no previsto]; desmantelamiento del Estado; relanzamiento de una macrocomuna a la medida de Chávez; conversión de las FFAA en un brazo político; decreto de “emergencia económica” que habilitó más de 40 leyes ilegítimas; inicio de la cubanización y del apoderamiento del botín: Pdvsa. ¿Más? Llamar a un paro nacional inmolador sin reserva militar y política (2002); el golpe de estado del 11A/2002 donde Carmona se precipita y disuelve los “Poderes Públicos” y la clase política lo deja solo. ¿Común denominador de las pifias?: El síndrome de nuestra cultura política: “la cabra que salta pal’ monte… (Dixit Ruth Capriles). Eso no es conmigo, ese no es mi p…

En 2005 fuimos a un RR tolerando en nuestras narices un andamiaje electoral defraudatorio. Debutaba Smartmatic. “Minutos” más tarde, regalamos la AN… En 2006 Manuel Rosales es “elegido” como candidato presidencial de la oposición. Sólo un 40% de las máquinas se vigilaron [La cabra que salta…]. Era natural: Un candidato impuesto de arriba hacia abajo no contó con la lealtad de la militancia. En 2009-desunidos-Chávez mete de contrabando la reelección presidencial. Y en 2012 -enfermo y terminal- impone a Nicolás Maduro. Todo ocurre, mansamente…

Ganar y no cobrar

Capriles gana las elecciones de Abril 2013. Pero arruga (Confesión de parte). En 2014 Leopoldo López comete otro error: Le cree a Cabello, se entrega y jura que el pueblo le sacará de la cárcel. La salida se convierte en un salto caótico a la anarquía, la confusión y la fragmentación del liderazgo. Se pisa el peine del diálogo con elevadísimas expectativas de un desenlace pacífico, democrático y constitucional. Se desmorona la protesta. Surge la MUD. Emerge el consenso táctico. Gracias a una agenda cohesionada se logran 112 escaños en la AN (2016).

Instalada la nueva AN comienzan los saboteos internos que impiden la eficacia en la toma de decisiones. Nos doblamos y nos partimos. Temprano llegan las sentencias del TSJ de Maduro anulando curules, el poder de censura de la AN y la Ley de Amnistía. Se decreta el abandono de cargo de Maduro y la designación de nuevos Magistrados del TSJ. Es tarde. Estalla la protesta de 2017 reeditando el formato de descoordinación y desconexión con las masas populares 2014. Vamos a un referéndum ciudadano el 16 de Julio 2017 [sin músculo ejecutorio] y de pronto, el bombazo: Una Asamblea Nacional Constituyente agarra a todos fuera de base. La convocatoria electoral nos divide. Nadie sabe cómo tragar ninguno de los dos caminos. Ni papeletas ni 350. Todos a la lona (puff!)…como condoritos…

Unidad, prudencia y outsider

Llegamos a 2019 fracturados, divididos e invadidos de un radicalismo normativo en una oposición que pasa del realpolitic. Expira el término de Maduro. Surge la tesis de la usurpación de poder. Nadie apostaba que un joven político imprevisible, modesto y disciplinado inspirara nuevamente a la gente. Los “tartufos” no se hicieron esperar: ¡Que se juramente y se ponga la banda! Y el muchacho les contestó con humildad: “Ya va, bájale dos, no puedo solo…”. Sencillo. Suave. Suficiente para que reemergiera la luz, la emoción, la confianza.

Los errores cometidos son previsibles: Desagregación, divisionismo, presidencialismo, prepotencia, inmediatismo e improvisación. Es tiempo de unidad, patriotismo, humildad, disciplina y planificación. La justicia se aplicará al restituir la república. No al revés. Los Cabildos Abiertos son maravillosos. Nacionales, locales, no capitalinos. Hay que surfear la ola con el pueblo. Eso es la política. “Defensiva en la ausencia, ofensiva en la abundancia”. La soberbia es mala consejera, y la única forma que la cabra no salte otra vez pal’ monte, es dejando la corredera… Falta poco. ¡Vamos bien!

 

@ovierablanco

El miedo se muda, por Laureano Márquez

EL FENÓMENO DEL MIEDO FORMA PARTE de la vida de los seres humanos, todos los tenemos y gracias a él, animales y hombres –o mejor dicho: todos los animales y entre ellos, el hombre– hemos sobrevivido. El miedo nos previene contra el peligro de muerte. Pero el miedo también puede ser un instrumento de dominación. No es casual que el hato de Doña Bárbara se llame justamente “El Miedo”. La celebérrima protagonista de la obra de Gallegos infunde temor en el llano y somete así a su entorno.

El poder, cuando es ejercido de manera arbitraria, abusiva y dictatorial usa el miedo para doblegar. Es imposible defenestrar a 30 millones de personas, pero basta con hacerlo con algunas emblemáticas y difundirlo, para que la gente saque sus propias conclusiones: “si esto le hacen a una personalidad pública y notoria, protegida por fueros, qué no harán conmigo”. Maquiavelo teorizó sobre el uso de la violencia en la política: el gobernante que es temido por su pueblo ejerce una mejor dominación. La fama de cruel del gobernante, lejos de causar perjuicio, le favorece.

En Venezuela conocemos bien del ejercicio de la crueldad y la violencia, de la utilización del miedo como mecanismo de sometimiento: miedo a la muerte, miedo a la cárcel, miedo a la tortura, miedo a perder el empleo, miedo a no poder comer. Sin embargo, todo tiene un límite y como bien señaló Étienne de La Boétie (Francia 1530-1563) en su trabajo sobre “la servidumbre voluntaria”: el ser humano se comporta según la educación que ha recibido.

Así, a los pueblos acostumbrados a la ausencia de libertad les resulta más sencillo vivir sin ella (como China, Rusia o Cuba) que aquellos que la han conocido y aprendido a valorar. A los tiranos les conviene educar en la servidumbre para que a sus súbditos les parezca cosa natural su esclavitud. La libertad es, entonces, para La Boétie, consecuencia no solo de la tenacidad de la gente para conservarla y defenderla, sino también de haberla conocido y de haber sido formados para ella.

Los venezolanos no hemos podido olvidar que alguna vez fuimos libres, lo recuerdan incluso aquellos más jóvenes que no lo vivieron. Por más de que sean dos décadas, no nos termina de parecer cosa normal la esclavitud

En estos últimos días parece que “desde el Empíreo el Supremo Autor un sublime aliento al pueblo infundió”. Las acciones de la esperanza están en alza y hay que invertir. Tal vez es que comenzó el año con Mercurio en la casa ocho. Quizá es que hay una alineación planetaria que está generando una atracción de fuerzas gravitacionales positivas, quién sabe, pero se percibe un renacer de la ilusión que asusta a los desilusionadores. Una conjunción de factores externos e internos se han dado cita. El monstruo ya no asusta. Monster Inc está en quiebra.

Ahora son ellos los que tienen miedo de no asustar y eso a los monstruos les produce pánico terrible. El miedo cruzó la calle, se mudó de acera, eso a veces pasa

Para lograr el sueño de La Boétie, los que son muchos y pisoteados deben comportarse como uno solo. La unidad es la clave y como suele decirse en criollo: “mucho ayuda el que no estorba”.

El miedo a la libertad, por Asdrúbal Aguiar

AL CONCLUIR EL AÑO HE RECIBIDO, como obra de pedacerías: Diálogo con el miedo en Venezuela, la suma de mis crónicas durante el período que apaga sus ojos o apenas los cierra para que la luz del nuevo amanecer no deslumbre mientras se acostumbran.

Escribiendo acerca de los desafíos del tiempo de esperanzas que se nos abre a los venezolanos, refiero, justamente, que el miedo que rige bajo la dictadura disgrega y para dominarlo reclama se le pongan rostros.

Señalo la infertilidad de la unidad que se forja para cubrirnos los unos a los otros dado el mismo miedo y por ser el efecto de un agrupamiento signado por el instinto de la supervivencia o para superar el rigor del tiempo adverso; o para preservar un espacio de poder y dar rienda suelta a impulsos reflejos, como si la citada supervivencia fuese lo esencial a lo humano; que solo lo es en el reino animalia.

Alguna vez dije que, durante los años previos a nuestra emancipación e independencia, en estos predios, nuestros ilustrados ponen de lado a Maquiavelo y prefieren leer a su enemigo, a Juan Botero, autor de La razón de Estado. Botero recordaba y se complacía en el rey que en tiempos de hambruna da ejemplo en sí y en su persona, y muestra pena y dolor sinceros por los sufrimientos de su pueblo. Lo que de suyo  implica ingenio, pero sobre todo juicio y rechazo cabal a quienes usurpan la virtud.

No por azar, cuando nos llega la idea del partido, léase la necesidad de la opinión disonante que forma el juicio, la palabra partido es un “crimen en el diccionario de la servidumbre”. Espanta a los tiranos “y llena de pavor a los esclavos”. Así lo cuenta Francisco González Guinan en su Historia contemporánea de Venezuela, al comentar la Memoria que prepara la Sociedad Liberal de Caracas el año de 1845 y en la que trabajan José Manuel García, Manuel María Echandía y Antonio Leocadio Guzmán, por pedido de José de Iribarren y Manuel Larrazábal, cabezas del primer grupo opositor que conoce nuestra recién constituida República.

Se trata de un documento crucial, suerte de partida de nacimiento de nuestra modernidad política, explicativo del dilema inaugural que intenta resolverse una centuria después, en 1945, pero que aún hoy, de modo insólito, pasados casi 175 años, retrasa nuestra madurez democrática: “Los poseedores de la autoridad, queriendo perpetuarse en su ejercicio; y los gobernados, ansiando sustituirlos o cambiarlos… y los nuevos, a la vez, han propendido a la misma usurpación”.

Así se explica, no de otra manera, la tendencia pendular y viciosa que nos atrapa hasta el momento. O vivimos bajo esclavitud los unos o nos mantenemos en permanente rebelión los otros. Nos resignamos a ser dominados, mientras acopiamos coraje para echar mano de la lanza o del fusil. Le tenemos miedo a la libertad, en pocas palabras, por no saber o no querer convivir con las disidencias.

Peleamos por el principio de la alternabilidad, ciertamente, pero por la alternabilidad dictatorial, no nos engañemos.

Y ¿por qué tantas dificultades para el goce de la libertad política entre nosotros?, se pregunta González Guinan: “Porque ella no puede existir sino como producto de la libertad de todo pensamiento y de toda voluntad legítima”. El respeto de los unos por los otros es su lapidaria respuesta.

He celebrado, pues, que, en este momento crucial para Venezuela, mientras en lo interno aún abrimos y al momento cerramos los ojos para que la luz de la libertad anhelada no nos encandile, el Grupo de Lima, con ojos muy abiertos, nos aporta una agenda para resolver sobre la cuestión que nos mantiene en agonía, la dictadura criminal imperante. Mayor claridad, mejor precisión, más concreción, es imposible demandárselas a sus autores, quienes en lo adelante nos escrutan.

No abundo sobre el contenido de la declaración. Es deber de todo venezolano leerla y hacerla decálogo propio, pues nos ayudará a superar el miedo a la libertad.

Para que no haya miedo, como lo veo, precisa el Grupo que el gobierno y la administración del Estado los asuma transitoriamente el parlamento. A este debe transferirlo – si posible voluntariamente o forzado por la soberanía popular en acción o por la Fuerza Armada – quien lo ha confiscado al margen de la Constitución, Nicolás Maduro Moros.

Mas, para asegurar que la Asamblea quede protegida y como defensa ante las persecuciones de las que puedan ser víctimas sus diputados, queriéndoseles doblegar ante el poder usurpado cuya existencia es constitucionalmente nula a partir del 10 de enero, el Grupo de Lima reconoce la legitimidad del Tribunal Supremo de Justicia en el exilio. Su integridad, su independencia, su autonomía serán claves al efecto, según la opinión de los gobiernos, como consta en la declaración.

“Sólo a través del pleno restablecimiento de la democracia… se podrán atender las causas de la crisis política, económica, social y humanitaria que atraviesa” Venezuela, reza la misma.

La unidad de ánimos diversos y en distintos grados, tantos como son necesarios y los reclama la conquista de la democracia, tiene un armador del juego, Juan Guaidó, nuevo presidente de la Asamblea Nacional. A tenor de sus primeras palabras, demuestra saber que el programa no es un hombre como lo ha sido hasta ahora.

Que Dios y la patria velen por todos y para el bien de Venezuela, para que cese entre todos, finalmente, el miedo a la libertad.

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Dic 11, 2018 | Actualizado hace 1 año
Unidad y corrupción, por Julio Castillo Sagarzazu

 

HACE ALGUNAS SEMANAS ESCRIBÍAMOS UNA NOTA INTITULADA “La Unidad, un valor o un fetiche”, allí tratábamos de explicar que, aunque era muy difícil pelear con palabras que de suyo tienen una connotación positiva, como unidad, dialogo, paz, armonía, etc., era menester colocarlas todas en su justo contexto para evaluarlas en su correcto valor y no convertirlas en un fetiche.

Poníamos de ejemplo varios acontecimientos históricos en los que se habían manifestado rupturas en frentes comunes que buscaban la misma causa y que no por ello eso había significado una desgracia o una derrota de esa causa común. Nos pareció la más cercana a nosotros la propia guerra de independencia, en la que Bolívar entrega a Miranda a los españoles y luego fusila a Piar, en eventos aun no claros, pero que no impidieron que la independencia cristalizara al final.

Hoy, cuando han saltado a la luz pública los casos de Andrade y Gorrin, es necesario volver a plantear el asunto de la unidad, como un tema clave en la causa común de salir de esta pesadilla.

¿Por qué? Pues porque hay gente, que de la mejor buena fe (vamos a conceder este beneficio) piensan que la unidad tiene que ser como aquellos querubines desnuditos y amables, agarraditos de las manos que Rubens pintaba. Y no es así, la realidad se parece más a esos desnudos dramáticos de los mismos cuadros en los que los angelitos eran como espectadores ingenuos.

Las diferencias cruciales de la oposición (ahora se ve más claro) no son solamente la expresión “egoísta” de una competencia de liderazgos o una rivalidad zanahoria como la que los magallaneros tenemos con los fanáticos de los Leones del Caracas. Tampoco son por una concepción distinta del país que queremos construir después de la era robolucionaria. Todas esas diferencias existen, pero no son las centrales. Con esas podríamos coexistir y bien gestionadas y administradas solo harían enriquecer el debate si conseguimos maneras civilizadas de debatirlas.

Ahora cuando vemos el cuadro completo y descarnado es cuando mejor podemos explicar con apoyo en la cruda realidad palpable, lo que antes había que explicar apelando al “ya tú vas a ver cuándo todo se sepa”.

Hay una realidad dolorosa y ruin: El dinero de la corrupción, no solo compro conciencias en el gobierno (cosa que es del librito) también las compro del lado de lo que se llama oposición. ¿Y para que lo hizo? Pues muy sencillo, para estorbar, para trancar iniciativas, para que cayéramos en sus celadas, para promover iniciativas políticas que le garantizaran sobrevivencia al régimen. Esto no es nuevo, a decir verdad, es tan viejo como las piedras. Allí está la Quinta Columna del general Mola (quien comandaba 4 en su marcha hacia Madrid y explicaba que la Quinta era de “republicanos” adentro que le apoyaban) y más lejos aún, en la noche de los tiempos, esta Odiseo, metiendo su gente en la barriga del caballo de madera, para tomar a Troya desde adentro.

De manera pues que sería bueno que ya, parodiando (nunca mejor dicho) a Engels, pasáramos del Unitarismo Utópico al Unitarismo Científico. En eso que llaman oposición estamos “durmiendo con el enemigo” y lo importante es identificarlo para evitar que nos causen daño. No tenemos que matarlos, ni estrangularlos a medianoche.

Sería bueno que muchas viudas de la unidad no sigan con la cantaleta de que TODOS debemos estar juntos para salir de Maduro, que esto es como pedirle a De Gaulle y a Pétain que se sentaran juntos para resolver la soberanía de Francia en la Guerra, con el argumento de que ambos eran franceses.

Lo que ocurre es feo, impresentable pero no es ninguna tragedia. Se puede decir que es hasta normal que ocurra en procesos como estos. “los rusos también juegan” y la corrupción de los adversarios está también en el librito. Que lo digan los del sanedrín judío y los agentes de Pilatos que se pusieron en Judas por 30 monedas de plata.

Poco a poco, los procesos tienden a depurarse y van dejando en el camino a quienes no están sinceramente alineados con los cambios.

Tampoco hay que desmelenarse, ni insultar, ni agredir, cada mástil que aguante su vela. También ese espectáculo forma parte de lo que el gobierno quiere que se produzca porque siembra la desesperanza entre quienes, de buena fe, adhieren la tesis fetichista de la unidad a cualquier precio.

No sé a usted amigo lector, pero a mí me huele distinto el aire. El estiércol regado en los últimos días, no oculta es agradable brisa que sopla los diciembres.

Vamos a mantener el tipo, vamos a acompañar a los millones de nuestros compatriotas que luchan a diario, vamos a dejar que ladren que al final es, como diría Alonso Quijano, “señal que cabalgamos”.

 

@juliocasagar

Nov 12, 2018 | Actualizado hace 1 año
Unidad estúpido, unidad, por Carlos Valero

LAMENTABLE. El parlamento ha perdido el foco de los temas que afectan al país y a la vida de los venezolanos, al desviar la atención hacia una discusión cuya desafortunada consecuencia es mostrar a una oposición dividida y a una Asamblea Nacional metida en dificultades. 

Es inaudito que una parte de la alternativa democrática, en medio de las calamidades sociales y el recrudecimiento del talante autoritario del régimen, privilegie como acción estratégica “quebrar a la oposición para que se caiga Maduro”. Dios nos agarre confesados, pero la eficacia y supuesta superioridad moral de esta política es altamente cuestionable y me atrevería a decir que irracional. 

Hemos pisado la trampa que ha fracturado un bastión democrático construido en 2015, voto a voto, con esfuerzo y unidad. Una fuerza con la que el régimen no ha podido acabar, pero sin duda ha logrado minar. Ahora atravesamos una situación crítica, por falta de una política unitaria y la influencia de quienes alientan a una intervención armada desde Miami, Nueva York y Madrid, de tertulia en tertulia en gratos cafés y sin la cortesía de por lo menos comprarse unas botas militares o siquiera una gorra verde oliva. NO, otros invadirán, otros matarán por ellos para que puedan, plácidamente, ser desembarcados en Miraflores. ¿Qué alguien explique la factibilidad de estos delirios bélicos?

Es cuestionable desde el punto de vista del valor y el honor, así como desde la ética, promover que “otros” tomen las armas para que “otros”, protagonistas de redes sociales lleguen a gobernar. 

Por supuesto estimados lectores, no me siento animado a participar en esta “unidad”, cuyo destino es la frustración y el afianzamiento de Maduro, en su juego geopolítico con Rusia, Cuba, China y Turquía. Mucho cuidado, el camino al infierno está lleno de buenas intenciones. 

La unidad sí es posible y ésta debe funcionar en torno a la estrategia que contemple el mayor consenso posible sobre cómo lograr el cambio político en Venezuela, sin violencia.

Al uso de adjetivos y descalificaciones entre opositores debe ponérsele fin. Un pacto entre fuerzas políticas y sectores que generarían la oportunidad y la garantía de minimizar estos episodios.

En este camino a la unidad, es necesario dirigir un discurso a las Fuerzas Armadas, a los organismos policiales y a la administración pública en general, donde quede claro que ellos no son los enemigos del cambio político, sino que pueden ser aliados y protagonistas de un cambio democrático, pacífico e incluyente. Pero mucho más importante es que desde la oposición unida debe dirigirse un mensaje simple y claro a una población diezmada cada día más en su capacidad de cubrir sus necesidades básicas: no es posible mejorar la calidad de vida del venezolano bajo este régimen, y nosotros la alternativa democrática, tenemos una respuesta a este caos.

Hay que saber dónde colocar el acento. No se deben seguir modelos de polarización y caos, que buscan crucificar al de pensamiento diferente, al incluirlo en una nueva “Lista Tascón”.

La unidad debe estar basada en una sola diplomacia. La comunidad internacional está aturdida con tantos mensajes disímiles, cuando debería ser simple: La unidad debe estar enfocada en articular la presión interna con la externa.

Debe abonar además el fortalecimiento de la Asamblea Nacional como institución legítima y democrática reconocida internacionalmente. Es un error de incalculables consecuencias buscar destruir la AN para imponer un pensamiento sobre otro, aunque esto no implica que no haya diferentes visiones o criterios en una sociedad plural.

De esos desencuentros es que debe rescatarse un ideal en común y aupar la verdadera unidad que logrará el restablecimiento de un país de progreso, con el aporte de cada uno de los que creemos en la democracia. La inmensa mayoría del país está a favor de una amplia unidad opositora. Los actores políticos y sociales estamos obligados a dejar a un lado las posiciones particulares extremas y buscar un mínimo de consenso que maximice la presión interna, la presión externa y ofrezca un proyecto alternativo de país para materializar el cambio político. Decía el asesor político de Bill Clinton: la economía estúpido, la economía. Hoy hay que parafrasearlo: unidad estúpido, unidad.

El adversario es el régimen, el hambre, la miseria, la destrucción de nuestro país. No verlo y actuar en consecuencia es altamente costoso para el futuro de nuestros hijos.

 

@CarlosValero08

Chantaje absurdo y sin sentido, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

LA DESUNIÓN DE LA OPOSICIÓN PREOCUPA. Sin embargo, la gran mayoría estamos unidos en la imperiosa necesidad de salir del régimen opresor. Es inmoral quienes promueven la unidad obviar sus fracasos y repartirlos por igual entre quienes no tuvieron responsabilidad y fueron ignorados. Hay que asumir débitos y cancelar deudas, sin acomodos desvergonzados. Deben hacerse a un lado y dar oportunidad a nuevos actores. Los que critican al gobierno por perpetuarse son quienes se eternizan, faltos de palabra, desconocimiento intencional y egoísta el problema, hoy nos tienen sin avances en la unidad bien entendida. 

La unidad opositora se ha quebrantado, entre opositores auténticos que han asumido la vanguardia ante la dictadura asumiendo las consecuencias de sus acciones en defensa de la integridad nacional, y los afiliados ambiguos, dialogantes, que en su complaciente complicidad prefieren dejar libre a las ejecutorias del régimen, calmando las aguas en diálogos mentecatos, postergando la protesta y apostando a espacios electorales, que son migajas y limosnas.

Es improbable una unidad sin principios éticos y morales. Egos, falta de compromiso e incumplimiento de la palabra empeñada, negociaciones oscuras y desesperación por considerarse herederos del post-chavismo hicieron efecto entre los jefes opositores, comenzando una guerra intestina promovida por el régimen, intereses financieros y políticos pescando en río revuelto. Ocurre, negarlo es de tontos.

Alardes e hipocresías, sin determinación firme de hacer algo, propósito de enmienda ni contrición. Un insulto a la inteligencia de los vociferantes con interés de exigencia obligada, intimidación y amenazas, coaccionando la aspiración mayoritaria de una población deseosa de cambio mientras muere de hambre y problemas de salud.

Afortunadamente pocos sucumben al chantaje de una “unidad” para beneficio de pocos, y la inconsistencia entre lo que se defiende y lo que se hace. Estafadores emprenden nuevas mentiras y diálogos que se enmarañan, distancian, obscurecen perspectivas y pierden el horizonte, mientras los estafados aprenden en carne propia a no creer en aromas de fragancias envenenadas. 

Se entrampa a los ciudadanos en requerimientos coercitivos, demandas de unidad como requisito forzoso para rescatar al país de esta ignominia llamada socialismo del siglo XXI, con el deleznable argumento de que atacas a la oposición más que al régimen. Algunos tramperos esconden la impunidad viciosa en la que se cobijan. Guardar silencio los convierte en colaboradores de la porquería en que están inmersos políticos y no políticos que se benefician, usufructúan y lucran del absolutismo. Han hecho de la unidad un negocio fraudulento en la que participan activamente, y trabajan para mantener el estatus que precisa quien gobierna para sobrevivir y permanecer. 

Naciones serias y responsables, se mueven por escenarios. De allí la importancia de la unidad opositora, no tanto para salir de un régimen que cerró la vía electoral -que tontos se empeñan en continuar- sino para gobernar después. El respaldo de los poderes internos y externos sólo lo tendrá quien asegure una unidad amplia a su alrededor; no podrá ser encubridor, corrupto, compinche ni payaso de la dictadura. Hay que asumir la realidad, nos guste o no, sobre personajes que no califican para ser opositores. La opinión pública no aceptaría la imposición. Lo importante es el plan, definir los mínimos y comprometerse con ellos. 

Venezuela clama por una plataforma opositora con solidez ética, de principios y buenas costumbres ciudadanas que, en base a coraje, inteligencia, estrategia y coherencia, deje de lado el interés personal y partidista, entendiendo que primero es Venezuela, y se dedique con propiedad a salir del régimen opresor. Aludir con petulancia a una exhortación unitaria que no admite limitaciones ni condiciones, sin preocuparse de los resultados, no es la unidad vigorosa y valiente, que tiene un precio muy alto que muchos políticos, politiqueros y cooperantes no están dispuestos a pagar.

Mil veces preferible y confiable una ciudadanía intransigente que demande y reclame sus derechos con pasión, exigencia, severidad y sea así infatigable acusadora, que una sociedad encubridora, tolerante, resignada y complaciente.  

Para que la unidad sea factible, sustentable hay que definir sus integrantes. Jamás incorporar a los fracasados de siempre, infiltrados y blandengues improductivos consecuentes con la complicidad bajo cuerda, corruptos cooperantes. Si no está clara la intención y propósito que dé sustento y justifique la unidad pretendida, será un fracaso. No es ni puede ser requisito el pensamiento único, sólo es indispensable tener intenciones, planes, destrezas, cualidades comunes y ejecutables, que puedan lograrse y den resultados. 

La unidad bien definida será valiosa en el momento adecuado para resolver el problema que enfrentamos, siempre que no sea usada para mantener status, esconder errores o diluir carencia de posiciones. Unidad hay en la población: un 85% quiere un cambio ya, no les importa el cómo.

Un dramático llamado a la conciencia ciudadana, para unirse tras el objetivo de salvar la República y su democracia sin imposiciones ni amenazas, porque se afecta a millones de venezolanos que pagan prisión política, clandestinidad, destierro o muerte. Y, aún más lejos, malversando el espíritu unitario que alienta a los líderes de las protestas mediante brutal chantaje al retiro de sus exigencias y al regreso, abandonados, a sus hogares.

Quienes quieren unidad ven con angustia la fractura, saben que la falta de cohesión arruina la eficacia de la resistencia que opone la mayoría de los venezolanos, crea incertidumbre, hiere el entendimiento y promueve la desesperanza. Son muchos los llamados para detener las acciones que confiscan la democracia; los reclamos por liberar al país consientes que no es posible confiar en la negociación con un gobierno delincuencial, salvo si el tema a discutir es su salida del poder, y dar inicio a la solución de este drama, salir de la dictadura y hacer elecciones libres, no lo contrario, como plantean promotores militantes apaciguadores, que irresponsables se unen a la voz acusatoria de calificar violentos y radicales a quienes han logrado la proeza de conmover al mundo con el sacrificio de sus vidas, cuando al fin ha escuchado los gritos desesperados de auxilio.

Sebastián Haffner, periodista, escritor e historiador alemán, agudo analista, radical opositor del horror nazi, manifestó, “los culpables del ascenso al poder de la barbarie nazi fueron quienes, acosados por su propia cobardía, pusilanimidad y mezquinos intereses grupales, se negaron a unirse y hacerle frente, con lucidez, virilidad y desprendimiento”.