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Mesa de la Unidad Democrática

May 27, 2019 | Actualizado hace 5 meses
Las trampas, por Luis Fuenmayor Toro

LA POLÍTICA VENEZOLANA DE LOS ÚLTIMOS 20 AÑOS se ha convertido en el imperio de la trampa, el engaño, el fraude y la traición. Y no se trata de que en el pasado fue algo totalmente limpio y transparente, ni de que no sea parecida a la que se hace en otros países, incluso vecinos del nuestro. La lucha por el poder descubre las miserias humanas, desata las bajezas más grandes, hace surgir la animalidad que existen en el hombre, pero, al igual que ha ocurrido con las demás lacras sociales durante lo que llaman revolución bolivariana, la degeneración y depravación política, económica y social han alcanzado niveles sin precedentes en el último medio siglo. 

Esta lamentable conducta, que en países como Colombia siempre ha sido el pan nuestro de cada día, ha sido desplegada por el gobierno chaveco y la oposición extremista de la Asamblea Nacional, dirigida por los despojos de la Mesa de la Unidad Democrática. Y no es algo que viene ocurriendo sólo desde 2015, sus inicios se remontan al mismo triunfo del presidente Chávez. Las votaciones para la Asamblea Constituyente de 1999 se realizaron con un mecanismo fraudulento bautizado como “el quino”, con el cual se acabó totalmente con la proporcionalidad electoral, favoreciendo al gobierno con casi el 100 por ciento de los diputados constituyentes.  

Esta perversión fue permitida por una oposición destruida y podrida, que estaba imposibilitada para hacerlo. Sin embargo, recurrieron poco después a respuestas violentas, al margen de una Constitución que había sido legitimada por el sufragio universal, directo y secreto. En todas ellas fueron derrotados: huelga general de 2001, golpe de Estado de 2002, sabotaje petrolero y huelga general de 2002-2003 y abstención electoral en 2005. Se abandonó la política por el inmediatismo, por el atajo, lo cual requirió de forjar explicaciones pseudo legales justificativas, así como la de ir construyendo escenarios alejados de la realidad política.

Aparecen en escena explicaciones esotéricas sobre el fraude electoral permanente por parte del gobierno nacional, las cuales se internalizan en la conciencia de la población. El cable submarino que desde Cuba controlaba las máquinas electorales, el software escondido dentro de éstas que cambia los votos, el código QR del carnet de la patria capaz de hacer milagros asombrosos, millones de cubanos, chinos, iraníes, rusos y ahora turcos, cedulados como venezolanos. Todo era y sigue siendo válido a la hora de deslegitimar y tener argumentos para proceder en cualquier forma, incluso traicionando a la patria.

Desde el lado gubernamental, ante una realidad económica y política que terminó por arroparlos, también hicieron presencia obscuras y misteriosas explicaciones de lo que sucedía. Una página Web que controla el valor del dólar, una hiperinflación que no tiene nada que ver con la emisión de dinero inorgánico, expropiaciones que colocarían en manos de la clase obrera la producción, unas estadísticas ancladas en 2008, intentos de magnicidio por doquier, animales de distintas especies entrenados por terroristas para el sabotaje. Cualquier cosa ha sido lícita, incluso la traición a la patria, en la lucha contra quienes pretenden desplazarlos del poder.

El vandalismo de las guarimbas pasó a ser actividad libertadora; la represión desmedida gubernamental y las violaciones del debido proceso devinieron en respuestas legítimas contra terroristas desadaptados; las muertes ocurridas son siempre generadas en el bando propio. Arribamos a un contexto en el que no hay reglas y si las hubiere hay que violarlas. El proceder del gobierno con la Asamblea Nacional Constituyente y el TSJ claramente lo demuestra. Así  también lo hace la actitud de la Asamblea Nacional y de la dirección opositora extremista. Pero sólo lo demuestran ante quienes aún tienen espacios mentales para el pensamiento objetivo, alejado del fanatismo.  

Mientras sigamos entrampados entre estos dos sectores no vamos a salir adelante. Hace falta un cambio de conducta, que incluso convenza e incorpore, a parte de quienes hoy están decididos a destruir la patria en función de sus miserables intereses.

@LFuenmayorToro

Oposición intenta recuperar la iniciativa en 2019

EL MOVIMIENTO OPOSITOR AL CHAVISMO INTENTA RECUPERAR LA INICIATIVA después de años de asedio del régimen y fracturas internas. Mientras el presidente Nicolás Maduro se prepara para formalizar, el 10 de enero, la renovación de su mandato hasta 2025, las fuerzas críticas con el oficialismo, que rechazaron participar en las últimas elecciones presidenciales, celebradas el pasado mayo, buscan reponerse de los golpes sufridos. Un grupo de dirigentes opositores y gremiales presentó el miércoles en Caracas un programa para un hipotético escenario de cambio de Gobierno. Una “propuesta integral para el rescate de Venezuela” cuando se cumplen 20 años de la primera victoria electoral de Hugo Chávez.

La génesis

El antichavismo nació en el mismo momento en el que el expresidente, fallecido en 2013, alcanzó el poder. En 1998, una parte de la sociedad no compartía los postulados del comandante, desconfiaba de sus intenciones y cultivaba una profunda antipatía hacia su conducta. Acción Democrática y el socialcristiano Copei, fundadores del sistema democrático en 1958, alguna vez partidos poderosos y masivos, atravesaban una oscura zona de descrédito y eran el blanco favorito de las críticas de una ciudadanía harta de los escándalos de corrupción acumulados.

En la edad de oro de la antipolítica, el malestar con Chávez descansaba entonces sobre todo en la clase media, con picos nada desdeñables en los estratos pudientes. El primer líder que enfrentó al mandatario y ejerció una breve rectoría en las masas opositoras fue Henrique Salas Romer, gobernador del Estado de Carabobo, al frente de Proyecto Venezuela, cuya candidatura obtuvo el 39% de los votos frente al 56% que logró Hugo Chávez.

Coordinadora Democrática

Persuadidos de que un Chávez que no escondía su intención de extender su mandato representaba un peligro para Venezuela, la primera tentativa unitaria de todas las fuerzas democráticas venezolanas tuvo lugar en 2002, y fue conocida como la Coordinadora Democrática. Fue una plataforma política fruto de una alianza entre la Confederación de Trabajadores de Venezuela y la patronal Fedecámaras, en la cual tuvieron influencia sectores culturales de la sociedad civil, directivos de medios y gestores petroleros en rebeldía. Los partidos políticos participaban, pero no lideraban aquella alianza. Chávez había ganado varias elecciones regionales de manera inapelable, pero en el seno de aquella coalición carburaba un malestar que encontró eco en las Fuerzas Armadas.

En 2002 tuvo lugar un fracasado intento golpista que dañó mucho el discurso opositor sobre la defensa de la democracia. En el chavismo todavía nadie hablaba de socialismo y no se había expropiado una sola empresa.

La Coordinadora Democrática se descalabró en agosto de 2004, una vez que Chávez derrotó de nuevo a las fuerzas opositoras en un referéndum revocatorio que consultaba al pueblo sobre la continuidad del presidente, una figura constitucional ideada por Chávez que presumiblemente reforzaba el carácter “protagónico” de su proyecto y que jamás se ha vuelto a concretar porque Nicolás Maduro lo ha impedido.

La Mesa de la Unidad Democrática

Al evaluar las causas de aquel fracaso, los debates posteriores abonaron mucho la idea de rescatar el protagonismo de los partidos políticos. Tras pasar varios años dispersa y dividida en torno al dilema de si es preferible votar o no, en 2009 se pudo concretar un rediseño unitario de la oposición, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), plataforma de partidos inspirada en la Concertación chilena en contra del dictador Augusto Pinochet. Destacaban en la MUD Primero Justicia, partido emergente fundado en 2000; Acción Democrática, Copei, Proyecto Venezuela y Un Nuevo Tiempo.

A pesar de ser criticada por su proceder parsimonioso, la MUD devolvió a la oposición un eje necesario para iniciar un diálogo con las masas y aumentar su influencia social. Con el político y escritor Ramón Guillermo Aveledo en la secretaría ejecutiva, se organizó un voluntariado técnico solvente, se consolidaron espacios unitarios y se hicieron dos trabajos programáticos para la transición. Del paraguas de la MUD emergieron Henrique Capriles, Leopoldo López y María Corina Machado, que comenzaron a recorrer el país y a dialogar con la gente, encarnando un recambio generacional en la política entre un grupo de formaciones que iban desde el liberalismo hasta la socialdemocracia.

Con los precios del petróleo en su pico más alto, y el populismo de Chávez en el paroxismo, la Unidad Democrática alcanzó con Henrique Capriles el 44% de los votos en las elecciones de 2012, y el 49%, solo décimas por detrás de Maduro, en las de 2013, las que se celebraron tras la muerte de Chávez.

La MUD alcanzó finalmente una clamorosa victoria en las parlamentarias de 2015, con tres cuartas partes de los escaños de la Asamblea Nacional.

Diferencias internas

A partir de ese momento, la MUD comenzó a resquebrajarse. Los dirigentes opositores quisieron afincarse en el Legislativo para activar algún mecanismo constitucional que sacara a Maduro del poder y mostraron su interés en investigar la generalizada corrupción del chavismo.

Con la misma velocidad, Maduro y su número dos, Diosdado Cabello, endurecieron sus modales, vetando todas las iniciativas legislativas con su control sobre el Tribunal Supremo de Justicia. En 2017, cuando el descontento salió a la calle, sobrevendría una violenta represión y parte de la dirigencia opositora terminó en el exilio, asilada en embajadas o en la cárcel.

La actitud hostil del chavismo reavivó las diferencias en torno al camino a seguir, y produjo reacomodos con agendas individuales que condujeron al fin de la MUD.

El Frente Amplio por Una Venezuela Libre, nueva coalición de partidos y actores sociales, que ha incorporado a actores que han roto recientemente con el chavismo, lleva todo 2018 deliberando y haciendo un diagnóstico de la dimensión extraelectoral de la crisis venezolana. Queda la incógnita de si será la herramienta que usen los partidarios del cambio en el país. Los sectores opositores son claramente mayoritarios en Venezuela, pero sus partidos y dirigentes con frecuencia son vistos con decepción y rechazo.

Por Alonso Moleiro

Acceso a la Justicia: Elecciones de concejos municipales o una farsa electoral más

El proceso del pasado 9 de diciembre más que la realización de unas elecciones  auténticas para elegir a los titulares de los concejos municipales se trató nuevamente de una contienda manipulada con supuesta apariencia de “legitimidad democrática”, dado que desde su convocatoria estuvo siempre al margen de la legislación electoral.

Para Acceso a la justicia, el Consejo Nacional Electoral (CNE) volvió a menoscabar la soberanía popular tras la multiplicidad de irregularidades que distorsionaron y entorpecieron los principios de transparencia, autenticidad y limpieza que exige un proceso comicial democrático, sólo con la finalidad de abrirle paso al ventajismo electoral desbocado a favor de los candidatos oficialistas, pero desventajoso para los candidatos opositores, tal como quedó evidenciado con los resultados hasta ahora proclamados por el órgano comicial, en los que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) obtuvo más del 90% de los puestos adjudicables de concejales en el territorio nacional, en unas elecciones en las que la abstención alcanzó 72,6% según cifras del ente rector.

Se advierte, en efecto, que las arbitrariedades cometidas por el CNE no variaron sustancialmente con respecto a las observadas en los procesos correspondientes a las elecciones presidenciales anticipadas y consejos legislativos del pasado 20 de mayo de 2018, así como en los comicios regionales (gobernadores) y municipales (de alcaldes) celebrados en 2017, sobre todo al crear un marco electoral absolutamente desigual a fin de evitar el triunfo de la oposición. A esto se añade que para la elección presidencial los partidos políticos de oposición que participaron no eran en su mayoría los de más trayectoria sino unos nuevos, inscritos y permitidos por el Gobierno.

En este sentido apuntan las irregularidades que el Poder Electoral cometió en la contienda del domingo 9 de diciembre, las cuales representan la profundización del debilitamiento y la flagrante violación de los derechos políticos ciudadanos y, en general, la destrucción de la institución del voto, una de las esenciales garantías de un régimen democrático.

Mostramos a continuación seis de las anomalías más resaltantes que estuvieron presentes en la jornada.

1. La cancelación arbitraria de los partidos políticos que no participaron en las elecciones celebradas en 2017 y en las presidenciales y de consejos legislativos el 20 de mayo de 2018.

La mayoría de los partidos políticos quedaron inhabilitados de participar en la elección de concejales tras un conjunto de decisiones que fueron tomadas por la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente (ANC), el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y el CNE.

De hecho, desde 2016 estos órganos se dedicaron a impedir sistemáticamente que el sector opositor, representado por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y otras organizaciones políticas de la disidencia del país, postulara a sus abanderados en las diferentes contiendas electorales que estaban previstas a celebrarse en ese año.

En este contexto, y con desconocimiento absoluto de la Ley de Partidos Políticos, Reuniones Públicas y Manifestaciones, legislación que expresamente establece cuál es el procedimiento que debe cumplirse para poner fin –jurídicamente– a los partidos políticos en Venezuela, fueron canceladas las organizaciones políticas opositoras.

Los últimos partidos que fueron inhabilitados a partir de esta práctica inconstitucional fueron Acción Democrática (AD), Nueva Visión para mi País (Nuvipa), Un Nuevo Tiempo Contigo (UNT) y Generación Independiente (Gente), por no haber participado en las elecciones presidenciales y de consejos legislativos del 20 de mayo de este año.

Este inédito acontecimiento en la más reciente historia democrática del país cerró las puertas a una auténtica oferta electoral, que realmente garantizara al cuerpo electoral la libertad de elegir, además que le restó confianza y transparencia al proceso.

2.Retraso en la convocatoria de los comicios municipales y la separación ilegal de las elecciones de concejales con las de alcaldes por mandato de la ANC.

La alteración del orden legal en las elecciones de concejos municipales proviene también por el retraso a que se vieron expuestas. Estos comicios debían realizarse en 2016, pero el CNE con el pretexto de que estaba dedicado a la organización del referendo revocatorio que la oposición había puesto en marcha contra el presidenteMaduro, decidió aplazar esta escogencia para finales de 2017.

Por otra parte, la fraudulenta ANC, sin motivación alguna e incumpliendo y usurpando funciones del CNE, convocó para el 10 de diciembre de 2017 la celebración de las elecciones de alcaldes  sacando a los concejos municipales del mencionado proceso eleccionario.

Con este telón de fondo, es conveniente advertir que la escogencia de los titulares de las cámaras municipales debía realizarse simultáneamente con la elección de los alcaldes, en virtud que el artículo 2.2 de la Ley de Regularización de los Períodos Constitucionales y Legales de los Poderes Públicos Estadales y Municipales consagra que las elecciones de alcaldes, concejales, concejos municipales, distritales y metropolitanos deben realizarse de forma conjunta para garantizar la uniformidad en el inicio y culminación de sus mandatos y, de esta forma, evitar que se altere o modifique la periodicidad de los cargos ejecutivos y legislativos del poder públicomunicipal, tal como ocurrió con las elecciones municipales del 8 de diciembre de 2013.

Por ello, la forma tan burda como fue convocada la elección de concejales ocasiona un cambio arbitrario en los períodos constitucionales de las cámaras municipales respecto a los de los alcaldes, que es manifiestamente contraria a la norma prevista en el artículo 2.2 de la Ley de Regularización de los Períodos Constitucionales y Legales de los Poderes Públicos Estadales y Municipales,  y que altera la uniformidad que debía ser garantizada por el órgano comicial, siendo responsable del ejercicio errado de esta potestad electoral.

3.Modificación arbitraria del diseño de las circunscripciones electorales y el número de cargos de concejales a elegir.

Ha sido una práctica recurrente del CNE diseñar las circunscripciones electorales a su antojo, sin un estudio previo de las proyecciones poblacionales aprobadas por el órgano parlamentario, con la intención de favorecer los intereses electorales de los candidatos del sector oficialista.

Asimismo, ha sido una práctica reiterada no modificar las circunscripciones electorales pero sí la cantidad de cargos a elegir para favorecer intereses partidistas, tal como ocurrió con las elecciones parlamentarias celebradas en diciembre de 2015 en las que –por exceso o por defecto– el CNE manipuló la cantidad de diputados a escoger.

En las elecciones del 9 de diciembre el órgano comicial recurrió a esta práctica antidemocrática y manipuló arbitrariamente el número de escaños de concejales a elegir en las algunas circunscripciones. Es oportuno advertir que el artículo 13 de la Ley Orgánica de Procesos Electorales (LOPRE) establece la escala para elegir a los representantes ante las cámaras municipales. Adicionalmente, el artículo 11 dispone cómo se diseñan las circunscripciones electorales atendiendo la densidad poblacional, en este caso, del municipio, que es calculada y proyectada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Un ejemplo en el que puede notarse dicha práctica fue denunciado por la organización Súmate en alianza con la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) es en el municipio Guaicaipuro (estado Miranda), que para 2013 elegía a once concejales, ocho nominales y tres por lista, con una población general INE (al 31 de julio de 2013) de 312.502.

Sin embargo, para estas elecciones municipales el número de concejales en la referida entidad quedó reducido a nueve concejales, siete nominales y dos por lista, con una población general INE (al 31 de diciembre de 2018) de 291.278, es decir que fueron elegidos dos concejales menos según los datos suministrados por el CNE.

Así, se le deja al órgano comicial libertad absoluta para determinar los escaños a elegir y el diseño de los circuitos electorales conforme a los intereses políticos que puedan estar en juego en determinadas entidades, sin que exista ningún tipo de control. Lamentablemente esta situación vulnera los estándares mínimos de protección de los derechos de los electores, incluso pone en peligro el principio de la representación proporcional, base fundamental para la elección, conformación y funcionamiento de los cuerpos colegiados de representación política (artículo 63 de la Constitución).

4. La entrega de bolsas de alimentos del Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP) y otros beneficios sociales durante el acto de votación a partir del uso del Carnet de la Patria.

En la jornada electoral también se produjo una serie de arbitrariedades durante el acto de votación como parte de la ofensiva gubernamental para coaccionar a sus militantes y simpatizantes a votar en favor de los candidatos oficialistas, lo que está intrínsecamente relacionado con el uso del Carnet de la Patria en los puntos rojos instalados en las adyacencias de los centros electorales.

Como ya lo ha denunciado de manera reiterada Acceso a la Justicia, el Carnet de la Patria es un instrumento autoritario que el régimen ha impuesto sistemáticamente a fin de  intimidar a las personas a participar en los procesos electorales, además de chantajearlas con la entrega o no de beneficios y otros subsidios económicos o sociales.  En esta ocasión, el soborno e intimidación vino del propio Maduro al ofrecer un pernil y un bono de 2.000 bolívares a quienes votaran en estas municipales.

5. La instalación de puntos rojos del partido PSUV en las cercanías de los centros electorales

Queda claro que esta práctica vulnera el carácter libre y secreto del sufragio (artículo 63 de la Constitución), además que con el manifiesto ventajismo de las candidaturas, expresado públicamente por Maduro, la legitimidad de este proceso queda absolutamente cuestionada.

6. La parcializada observación internacional del Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (CEELA).

Como advirtió en su momento Acceso a la Justicia, el CEELA es una organización que guarda estrecha simpatía con el órgano comicial y con países ligados al chavismo, como el caso de Nicaragua.

Para sopesar la credibilidad del mencionado grupo basta recordar a título de ejemplo el informe que presentó el CEELA mediante el cual acreditaba el carácter democrático del proceso írrito y fraudulento de la elección de la ANC.

En ese sentido, el rol del CEELA no significa una garantía imparcial para el reconocimiento y legitimidad de los procesos realizados últimamente en el país, al contrario su participación se ha configurado como la de un acompañante internacional en pro del órgano comicial,  orientado a respaldar el ventajismo de los partidos de gobierno.

 

Con información de Acceso a la Justicia 

Un triste intento de dilema hamletiano, por Alejandro Armas

 

EN ESTA COLUMNA, QUE ACABA DE CUMPLIR TRES AÑOS DESDE SU PRIMERA PUBLICACIÓN, se discuten los hechos del pasado en un esfuerzo por entender mejor los del presente. Aunque por lo general el retrovisor es enfocado para tener perspectiva de lo que ha ocurrido en tiempos relativamente distantes, aquello que arbitrariamente llamamos “historia”, en realidad no hay ninguna limitación fija sobre qué tan cerca podemos dirigir la mirada, aunque por otro lado comentar hechos acaecidos ayer haría que la columna perdiera su particularidad. En esta ocasión la marcha atrás no será muy larga. Nos atañen hechos que se remontan al año pasado, a propósito de la proximidad de una elección, votación o como lo quiera llamar, para designar concejales en todos los municipios del país.

Es verdaderamente lamentable ver que a estas alturas del partido los sectores en que se ha fragmentado la dirigencia opositora, junto con sus respectivos adláteres intelectuales, siguen peleando de manera encarnizada en torno a la pertinencia de la participación en el “proceso”, término empleado a falta de uno mejor para designar lo que sea que se llevará a cabo el domingo 9 de diciembre. Este patético enfrentamiento es quizás la manifestación más sobresaliente de un problema mayúsculo que embarga a todo el liderazgo disidente. A saber, la falta de una estrategia que coordine diferentes acciones orientadas a conseguir el cambio político que urge a un país hecho trizas.

La oposición venezolana jamás ha sido homogénea. En su seno conviven diferentes ideologías que van desde la socialdemocracia hasta el liberalismo, pasando por algunas organizaciones de tendencia democristiana, socialcristiana o conservadora. Lo que amalgama a todas es su repudio al chavismo y su aspiración a desalojarlo del poder. Pero es en este punto que surgen otras divergencias, puesto que cada partido político tiene más o menos una idea vaga de cómo lograr el objetivo. Las primeras aproximaciones al problema fueron bastante irregulares, pero a partir de 2006 y durante una década existió el consenso entre los partidos relevantes en torno a una estrategia con el voto como punto de partida. Así pues, la oposición participó en todas las elecciones durante ese lapso, esperando en algún momento acumular suficiente apoyo ciudadano para arrebatar el poder al chavismo. La Mesa de la Unidad Democrática fue la coalición creada para impulsar tal estrategia.

El detalle es que la MUD nunca se planteó, al menos de forma acertada, qué hacer con el poder conferido por el voto mayoritario, como quedó demostrado luego de la conquista de la Asamblea Nacional.  Dicho poder, como todos sabemos, fue confiscado por los poderes públicos subordinados a los intereses de la elite oficialista. Entonces, poco a poco, la coalición hizo implosión debido a diferencias irreconciliables sobre qué hacer más allá del voto. Las protestas del año pasado cohesionaron por un tiempo a los diferentes sectores, pero una vez que estas terminaron, la ruptura se volvió irremediable. Consciente de ello, el Gobierno permitió la convocatoria al proceso para designar gobernadores, tras un año de retraso flagrantemente inconstitucional.

Un grupo en la oposición, que a partir de ese momento integró el movimiento Soy Venezuela, estableció como punto de honor no participar más en ningún tipo de proceso, convencido de que de ninguna manera se lograría avanzar hacia la meta por ese camino y de que, peor aún, tal participación serviría para legitimar el régimen ante la comunidad internacional democrática. En cambio, los partidos que permanecieron en la MUD decidieron tomar parte, asegurando a los ciudadanos que serían capaces de propinar otra derrota al chavismo, contrarrestar cualquier fraude e incluso acercar la causa opositora a su objetivo final. Esta divergencia polarizó a ambos sectores opositores y desató un alto nivel de agresividad entre ellos que hasta hoy se mantiene.

En teoría, es incorrecto afirmar que el fin de los autoritarismos y las transiciones democráticas no pueden empezar con elecciones. De hecho, el siglo XX brindó varias ilustraciones de tales procesos. Para los latinoamericanos, la más conocida es el Chile de Pinochet. Incluso si el régimen no reconoce el triunfo opositor, la participación electoral puede ser el catalizador de un conjunto de hechos (normalmente protestas masivas, presión internacional o un conjunto de ambas) que precipiten una crisis en la cúpula gobernante y la obliguen a entregar el poder. Esa es la tesis tantas veces esgrimida por admirados especialistas, como el profesor John Magdaleno. No obstante, estos procesos requieren de una estrategia diseñada meticulosamente por el liderazgo opositor. Es indispensable estar preparado ante cualquier escenario luego de que todas las urnas hayan sido revisadas, da manera que los elementos de poder favorables se movilicen al instante.

Como todos ya sabemos, la MUD no contaba con esa estrategia cuando decidió participar en el proceso regional del año pasado. Grandísimo error. Aunque hubo factores alentadores, como el visto bueno de la comunidad internacional democrática, no se planificó qué hacer tras el día del sufragio. Como consecuencia, la coalición fue incapaz de hacer valer su reclamo contra los vicios de la jornada con el respaldo activo de los ciudadanos, quienes cayeron naturalmente en profunda decepción y frustración. Solo el veterano dirigente Andrés Velásquez pudo mostrar pruebas de fraude electoral, sin que eso bastara para desatar un evento importante.

Desde Soy Venezuela la reacción fue un “Se los dije”. Alegría de tísico, puesto que este movimiento adolece del mismo problema al no tener una estrategia que trascienda la abstención.

Luego de aquel día fatídico, la MUD terminó de resquebrajarse por nuevas diferencias entre sus integrantes sobre la participación en procesos. Pese a todas las advertencias de déjà vu, Henri Falcón y sus aliados se fueron por el mismo camino de las regionales buscando llegar a Miraflores y el fiasco fue aun mayor. A pesar de ello, hoy siguen llamando a votar sin más, esperando inexplicablemente un resultado distinto. Recientemente, el triunfo opositor en las elecciones de la Universidad de Carabobo fue presentado de forma abusiva por este sector opositor como prueba de que todavía es posible derrotar al chavismo en elecciones, sin tener en cuenta la obvia diferencia entre los costos para la elite oficialista de no controlar una organización estudiantil y los costos de no controlar el país. El símil, ya débil, recibió una estocada final con la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que obliga a la universidad a proclamar como ganadora a la abanderada del chavismo.

Finalmente, estamos de vuelta ante la perspectiva del proceso para las legislaturas municipales. La situación no ha cambiado ni un ápice con respecto a las regionales de 2017. Ergo, cualquier participación electoral sin una estrategia para el día después del voto está condenada a repetir la experiencia. Y de todas formas, si la dirigencia opositora hubiera contado con tal estrategia, el momento indicado para aplicarla habría sido el proceso presidencial de mayo, dado que hubiera estado el centro de todo el poder en juego. Por otro lado, la abstención en solitario tampoco supone ningún avance. En conclusión, el debate sobre votar o no, que tanta animosidad produce entre los bloques opositores, es fútil, un triste intento de dilema hamletiano. Solo una estrategia amplia puede hacer del voto o la abstención herramientas útiles para la causa opositora. Los sectores de la dirigencia deberían estar trabajando en construir esa estrategia. En vez de eso, se concentran en tratar de desplazarse los unos a los otros, mientras la nación se hunde en la miseria más atroz. Una vez más, me permito instarlos a evaluar prioridades.

Si usted, estimado lector, esperaba encontrar en estas líneas una respuesta a la pregunta sobre la conveniencia del voto el 9 de diciembre, no la encontrará. Esa es una decisión de cada ciudadano. Me limito a señalar que antes de decidir hay que entender la naturaleza del proceso. En primer lugar, por todo lo anterior, nada de hacerse ilusiones sobre el mismo como acelerador de un cambio nacional. A lo único que puede aspirar es a preservar aunque sea un poco la calidad de vida en su municipio, teniendo en cuenta que la elite oficialista puede quitar cuando quiera y de un zarpazo las atribuciones de los funcionarios electos, si es que los reconoce como ganadores en primer lugar. También tiene que considerar que muy probablemente, si su candidato gana, lo obligarán a juramentarse ante la “Asamblea Nacional Constituyente”. Si usted tiene todo esto en cuenta y quiere votar, hágalo.

Posdata: Como dije más arriba, esta columna está en su tercera semana de aniversario. De nuevo, quiero agradecer al maravilloso equipo de Runrunes por esta pequeña ventana que se da por satisfecha si contribuye dentro de sus modestas posibilidades al debate por una Venezuela mejor. En más de cien artículos publicados, jamás me han modificado una coma, lo cual vale mucho en tiempos de censura brutal. Por supuesto, también expreso mi gratitud a quienes me honran con su lectura, sobre todo si dejan comentarios. Elogios y críticas son bienvenidos por igual. En tres años me han brindado sonrisas y aprendizaje. A todos: ¡Mil gracias!

 

@AAAD25

Bestiario Político #20:  El estado actual de la oposición venezolana

 

 

En este Bestiario Politico volcamos la mirada a la política nacional y examinamos el estado actual de la oposición venezolana. En este análisis, (el primero de dos que haremos sobre el tema), discutimos cuál es la situación particular de los principales partidos -hoy proscritos- que conformaron no hace mucho a la Mesa de la Unidad Democrática, luego el G4 y que hoy son parte de algo que se conoce como el Frente Amplio Libre Venezuela.

¿Están haciendo algo esos partidos? ¿Qué pasa dentro de cada uno de ellos? ¿Hay algunos que están divididos? ¿Cómo interactúan entre ellos? ¿Qué coaliciones hay y a qué juegan? En este edición número veinte nos sumergimos durante largo rato en ese ecosistema para intentar responder esas preguntas.

Escucha”Bestiario Político 20. El Estado Actual de la Oposición Venezolana (Parte I)” en Spreaker.

 

Aquí las recomendaciones de este episodio:

  • Oswaldo recomendó: El artículo de Rebecca Traister para The New York Times: “La furia es un arma política y las mujeres necesitan empuñarlo”

 

  • Nelson recomendó: La serie de Netflix, “Happy

 

  • Edgar recomendó: El artículo de Jorge Castañeda para The New York Time: “Derrocar o no derrocar a Maduro”

Cuatro grupos y dos tesis sacuden la unidad de la oposición venezolana

@pppenaloza

DE AQUELLA MESA DE LA UNIDAD DEMOCRÁTICA (MUD) solo quedaron cuatro patas. La conclusión se desprende del análisis que ofrece un diputado sobre las corrientes opositoras.

En un extremo se ubicaría Soy Venezuela de María Corina Machado y Antonio Ledezma, quienes apoyan la “intervención humanitaria” y afirman que la salida está en la “fuerza”. En el otro está la Concertación de Henry Falcón, dispuesto siempre a dialogar y a participar en cualquier elección sin importar las condiciones.

En el medio –entre la línea insurreccional y el sufragio- estarían Primero Justicia (PJ), Voluntad Popular (VP) y La Causa R (LCR), que desde noviembre del año pasado intentan crear una especie de bloque bajo la consigna “Venezuela está primero”. Y el cuarto grupo lo conformarían Acción Democrática (AD), Un Nuevo Tiempo (UNT) y Henrique Capriles Radonski, más inclinados hacia el voto y la negociación.

La decisión de AD de retirarse de la MUD, hirió de muerte a la coalición que hace menos de tres años conquistó la victoria electoral más importante en la historia de la oposición al régimen chavista. “En este momento no hay una instancia unitaria de partidos”, admite el portavoz de una de las organizaciones minoritarias de la alianza.

Los líderes sí han seguido conversando. Con la excepción de Machado y Ledezma, continuarían los intercambios entre Henry Ramos Allup, Capriles Radonski, Manuel Rosales, Falcón, Tomás Guanipa, Leopoldo López y Julio Borges, estos últimos dos vía Skype. Tratan de “recomponer la unidad”, dicen, pero hasta la fecha no han anunciado al país el resultado de sus esfuerzos.

El único espacio donde coinciden los antiguos jefes de la MUD –sin Machado ni Falcón- es el Frente Amplio Venezuela Libre, plataforma que trasciende a la oposición política tradicional para sumar a la lucha por el cambio a las organizaciones de la sociedad civil y representantes del chavismo disidente.

Las diferencias también se registran en el seno de los partidos. Luis Florido acaba de renunciar a VP, donde llegó a ocupar cargos directivos y tuvo la responsabilidad de presidir la Comisión de Política Exterior de la Asamblea Nacional e intervenir en la fracasada negociación de República Dominicana con el gobierno. Por su parte, Capriles ha ratificado que milita en PJ, aunque mantiene su independencia y marca distancia con respecto a algunas de las iniciativas defendidas por Borges y sus correligionarios.

Dos caminos

Al margen de las agendas particulares y la desconfianza que agriaría la relación entre los principales líderes opositores, la división en el debate público parece marcada por dos tesis: quienes respaldan la salida de “fuerza” y abogan por la “intervención humanitaria”, y aquellos que apuestan por revivir la ruta electoral.

“Los debates fértiles en política son los que tratan asuntos bajo nuestro imperio y control. Me entristece ver al talento político venezolano entrampado en un debate sobre alternativas que ninguno tiene bajo su dominio, ni siquiera, incluso, bajo su influencia”, lamenta Óscar Vallés, jefe del departamento de Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana (Unimet).

Vallés destaca: “El solo hecho de que se solicite, mediante discursos y proclamas en los escenarios internacionales, una intervención militar en el país por razones humanitarias, no incidirá un ápice en los centros de decisión para que eso se produzca. Asímismo, el solo hecho de afirmar, mediante notas de prensa y mensajes de Twitter, que aquí la salida es electoral y que ‘hay que seguir luchando por ella’, tampoco hará que se produzca porque no es verdad que ‘están luchando’ porque así sea, y temo que ni siquiera creen en esa salida”.

“Creo que ambas posiciones, la de la intervención y la electoral, están fuera de foco. La primera, porque hasta alguien como Iván Duque (presidente de Colombia), de cuya orientación política no se puede dudar, ha dicho claramente las razones por las que una intervención armada no es viable ni deseable”, expone Luis Gómez Calcaño, sociólogo del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Con respecto al voto, Gómez Calcaño plantea: “Veo muy difícil creer en un proceso electoral organizado por el régimen en el que valga la pena participar. Si, por ejemplo, lanzaran un referendo aprobatorio de la nueva Constitución, ¿se van a atrever a convocar a una elección universal, cuando ya tienen el recurso de la elección corporativizada, con la que ‘eligieron’, precisamente, a la Asamblea Nacional Constituyente?”.

El académico de la UCV estima que eventualmente se podría llamar a participar en la consulta sobre la Carta Magna, “pero no creyendo que se pueda ganar, sino como un medio de agitación y para denunciar el fraude. Pero sea que se participe o no, debe ser una actitud unida y unitaria, no como el desastre propiciado por Falcón” en el proceso del 20 de mayo.

¿El reencuentro?

¿Será posible que se concrete la reunificación de la oposición? “Aunque tiene todo en contra, me preocupa más si una unificación, bajo las actuales condiciones, será políticamente eficiente. Creo que estamos viviendo un tiempo donde mejor es que consideremos un nuevo tablero opositor bajo mensajes, organizaciones y liderazgos descentralizados”, responde Vallés.

El profesor de la Unimet espera que la dirigencia “recapacite a tiempo para que evalúen opciones aún en nuestras manos”, mientras sugiere “a los venezolanos de buena voluntad, indistintamente de sus concepciones políticas, morales y religiosas, a unirse en sus barriadas y caseríos alrededor de sus capacidades y posibilidades”.

“Ha llegado la hora de no seguir esperando ‘el ejemplo que Caracas dio’. Quizás esa es la única posibilidad que aún abrigo de una unidad eficiente. Que sean las provincias unidas entre sí quienes den el ejemplo, marquen la pauta y dirijan la lucha. Posiblemente no uno, sino muchos líderes providenciales emerjan entre sus filas y logren, nuevamente, inspirar al país a emprender una lucha unitaria por la vida, la libertad y la democracia”, puntualiza Vallés.

Gómez Calcaño opina que “ni los partidos ni sus líderes resistirían el empuje de un outsider que todavía no ha surgido”. A su juicio, el escenario de hoy es similar al que se presentó a finales del siglo pasado, cuando de la nada irrumpió la figura del difunto comandante Hugo Chávez.

“Los partidos y grupos de la oposición política, o lo poco que queda de ellos, se unirán cuando una fuerza superior les obligue a hacerlo. Esta fuerza puede ser un nuevo caudillo, o un movimiento autónomo que logre emocionar de nuevo a la gente. Ellos, por sí mismos, han tenido muchas oportunidades de unirse y las han desperdiciado”, finaliza.

Carlos Blanco Jul 18, 2018 | Actualizado hace 1 año
La casa deshabitada, por Carlos Blanco

 

La MUD es hoy una casa deshabitada. Se fueron los dueños y los principales arrendatarios. Se fue la gente de la cocina y “del servicio de adentro”. Se llevaron los muebles y queda un polvero. En la pieza del final quedan todavía un par de asesores furiosos y uno que otro encuestador, dándose golpes contra la pared e insultando a María Corina, en medio de llantos de soledad y tempestad.

No era así hace un año. Julio de 2017 fue un tiempo de promesas, firmeza, arrojo y democracia. Millones de venezolanos salieron a las calles a expresar sus convicciones en un acto nacional e internacional que impactó a la sociedad democrática mundial. Ese día se aprobaron las siguientes resoluciones: desconocer la asamblea constituyente que entonces se proyectaba; llamar a los militares para que se alinearan con la defensa de la ley; la renovación legítima de los poderes públicos, elecciones libres y transparentes y la constitución de un gobierno de unidad nacional para restituir el orden constitucional.

El país se enrumbada –tal era la esperanza– con una oposición unida, moralizada y firme hacia la transición. Nadie podía garantizar el momento de conseguir el nuevo gobierno, pero la agenda era definitiva y la unidad era la garantía máxima para su consecución.

Bien pronto vino la desesperanza. La aceptación por parte de unos cuantos de la asamblea constituyente porque “era una realidad” y los “políticos deben administrar realidades”, y por allí al despeñadero de las elecciones de gobernadores, las de alcaldes, para culminar en la mamarrachada “presidencial” del 20 de mayo de 2018.

Los factores que sembraron el descrédito en la casa que una vez estuvo habitada, están todos vinculados al desconocimiento del mandato del 16 de julio, lo que implicó que varios partidos adoptaran agendas contrarias a lo aprobado por casi 8 millones de ciudadanos, pamplinas aderezadas con la contumacia en el fraudulento diálogo auspiciado por ese traficante de la política que es Zapatero.

De allí que cuando el régimen está más débil que nunca antes y cuando el caos económico y social amenaza como un volcán furioso, la dirección opositora esté también averiada por la carencia de objetivos compartidos. Sin embargo, hay signos alentadores: hay quienes quieren y comparten la necesidad de la salida del régimen de Maduro y están dispuestos a entenderse. Por eso, los administradores de la nada gritan desorbitados en contra de quienes encarnan esta nueva oportunidad. Una nueva energía se acumula y las fuerzas de la República vuelven a disponerse para la victoria.

 

@carlosblancog

El Nacional

La larga despedida de la MUD, por Carlos Blanco

 

La MUD murió no porque AD se haya ido, ni por “los egos”, ni por las competencias innobles, ni por conspiraciones. Murió de política. La política la construyó y la política la destruyó.

En las teorías más acabadas de este tiempo largo y amargo se tiene a la MUD como una experiencia tan exitosa que valía la pena conservar. Fue tanta la convicción que despertó en algunos dirigentes y los intelectuales que los rodeaban que, aún después de fallecida, querían conservarla en formol. Esa pasión enmudecida impidió un análisis más ponderado de lo que significó.

Su construcción fue una conquista porque logró darle rostro político a una oposición que andaba dispersa y a un sentimiento ciudadano que clamaba por la unidad. Durante años fue la referencia y la dirección para procesos electorales tanto dentro de las filas opositoras como en las convocatorias más o menos legales. No todo fue suave en su interior, pero los partidos que dominaban y la conducción de Ramón Guillermo Aveledo, primero, y de Jesús Chúo Torrealba, después, garantizaron victorias importantes, la mayor de las cuales fue la de diciembre de 2015 cuando se ganó abrumadoramente la Asamblea Nacional.

Antes hubo disparates graves. El de 2014, cuando el movimiento estudiantil, los jóvenes y las fuerzas encabezadas por María Corina Machado, Antonio Ledezma y Leopoldo López, promovieron la Salida. Aquel vigoroso movimiento de masas que se proponía el cambio de régimen fue no solo abandonado por la MUD sino que esta buscó apagarlo, mediante diálogos que el régimen habilidosamente proponía desde entonces (no se sabía que la farsa del diálogo apenas se iniciaba y duraría cuatro años más). López y más adelante Ledezma fueron hechos prisioneros; María Corina fue golpeada, despojada de su investidura parlamentaria y sometida a acoso judicial.

Luego hubo ocasión de rehacer la experiencia unitaria en 2015 con la victoria electoral. Sin embargo, la indudable eficiencia electoral no pudo ser acompañada por políticas que impidieran la destrucción de lo obtenido con los votos. Era observable que la unidad electoral estaba acompañada por una desunión política y una fractura afectiva inmensa; las propias propuestas electorales fueron resultado no siempre de juego limpio sino también de trácalas y maniobras dentro del campo opositor. A veces dirigían siete partidos, a veces cinco, llegaron a ser cuatro y al final dos o dos y medio. Este fue el drama.

En el futuro, la nueva unidad debería tomar en cuenta esa experiencia. Precisar objetivos estratégicos y no confundir objetivos con medios.

@carlosblancog

El Nacional