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Luis Fuenmayor Toro

Sep 09, 2019 | Actualizado hace 6 meses
La unidad posible, por Luis Fuenmayor Toro

Todo el mundo habla de unidad en relación con la situación actual y el qué hacer. Una buena parte de quienes predican en este sentido realmente no la quiere, pues la unidad les impediría hegemonizar el proceso político por venir. Y ésta no es una afirmación gratuita. Los cuatro jinetes del Apocalipsis venezolano lo han más que demostrado desde hace por lo menos dos décadas. Y hoy lo demuestran día a día con su sectarismo desde la Asamblea Nacional. Son sectarios y excluyentes hasta con su propia gente.

Primero Justicia, Voluntad Popular, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo sólo se unen entre ellos y eso con mucha desconfianza y obligados por la necesidad apremiante de salir de la crisis. Ni que hablar de Vente Venezuela, Alianza Bravo Pueblo y quienes juegan alrededor de ellos. Todos, absolutamente todos, quieren sacarle el mayor provecho político electoral a lo que venga, aparte de no coincidir en las estrategias para enfrentar al gobierno de Maduro.

Hay otra oposición, no reconocida por los cuatro jinetes ni por quienes son aún más extremista y tampoco muy tomada en cuenta por el gobierno, que se proclama partidaria de cuatro principios: salida electoral (democrática), constitucional, soberana (venezolana) y pacífica. Es descalificada como colaboracionista del régimen de Maduro precisamente por los extremistas opositores que, con sus dislates, le han dado dos décadas de gobierno al chavecismo y trabajan para darle mucho más tiempo. A este relativamente nuevo sector opositor le ha sido difícil terminar de conformarse como una opción real de gobierno, se le ha dificultado internamente aglutinarse en torno a propuestas y acciones comunes, que llamen la atención al hacerla aparecer como una opción capaz de interpretar a ese vasto sector electoral mayoritario, que rechaza a Maduro y su claque pero también a quienes nos prometen más sufrimientos con invasiones y sanciones.

La unidad tiene que comenzar y cimentarse sobre los cuatro principios ya señalados, a los que habría que agregar, como acciones derivadas, la negociación con el gobierno para la designación de un nuevo CNE independiente como Poder del Estado, integrado pluralmente, imparcial en sus ejecutorias y designado de común acuerdo, que organice todos los procesos electorales venideros establecidos en la Constitución. Y negociación también para enfrentar urgentemente la hiperinflación, los bajísimos salarios, la devaluación permanente, la escasez de medicamentos, vacunas y otros insumos para la salud; el caos de todos los servicios, el ejercicio pleno de las libertades democráticas y el total respeto de los derechos ciudadanos. Quienes estén de acuerdo con esta fórmula serían los susceptibles de ser unidos.

Hay que recordar que los procesos sociales y políticos tienen sus tiempos y no pueden ser empujados atropelladamente, como se ha querido hacer en Venezuela desde prácticamente el inicio del primer gobierno de Chávez. No son los deseos los que determinan su velocidad. Nuestra práctica social de este siglo así nos lo ha hecho ver en multitud de ocasiones, aunque haya todavía quienes se nieguen a aceptar que el sol sale por el Este.

La destrucción amazónica y la irracionalidad venezolana, por Luis Fuenmayor Toro

Así como las llamadas primarias argentinas se convirtieron en combustible de la lucha política venezolana, sobre todo por la sorpresa y los lamentos de la oposición extremista ante la victoria del peronismo, los incendios que devoran hectáreas de la selva amazónica brasileña también han entrado en el debate político nacional, ésta vez por las denuncias “ecológicas” y la gran “preocupación por el ambiente” del extremismo gubernamental, que ve en Bolsonaro a un capitalista irredento y depredador del pulmón vegetal del mundo. El ministro Arreaza fue el encargado de expresar diplomáticamente, la congoja del gobierno verde de Maduro por la gigantesca extensión selvática destruida ante la indolencia de Bolsonaro, quien no contento con su inacción pasó a acusar a las organizaciones no gubernamentales de Brasil, de ser responsables de generar los incendios señalados.

La posición del gobierno venezolano adolece de un cinismo de marca mayor, que provoca un rechazo de quienes se le oponen y de quienes han denunciado la depredación ambiental de la Amazonía venezolana, generada por la explotación inmisericorde y salvaje del oro hecha por el gobierno nacional. La devastación es extensa y se acompaña de contaminación de los ríos y de la desaparición de los mismos. Además, los incendios en principio no son generados en forma voluntaria por el gobierno brasileño, sino que se dan en forma casuística, por lo que Bolsonaro pudiera ser acusado de un delito de omisión y negligencia al no actuar diligentemente contra su propagación. En el caso venezolano, en cambio, se trata de la comisión de un delito ambiental al ser producto de acciones de explotación minera ilegales e irresponsables por parte del gobierno nacional dirigido por Maduro.

Bolsonaro ha recibido muchas críticas y presiones internacionales por su desatención de la selva amazónica. Se ha llegado incluso a negarle recursos financieros contractualmente pactados para la protección ambiental, pues para los países europeos otorgantes de los mismos, el gobierno actual brasileño ha sido indolente ante lo acontecido y no ha cumplido con los compromisos acordados. Las medidas de restricción financiera equivalentes a varias decenas de millones de dólares, llevaron incluso al Presidente de Brasil a dar una respuesta destemplada, en la cual prácticamente dijo, como lo hacía rutinariamente Chávez en casos de amenazas y presiones que consideraba indebidas, que no necesitaba de esos recursos y que se los podían meter por donde les cupieran.

Pero lo que queremos es llamar la atención hacia el hecho de que los opositores viscerales venezolanos han tomado partido a favor de Bolsonaro, no porque sea un defensor del ambiente sino por estar claramente enfrentado al gobierno de Nicolás Maduro. Ya eso es suficiente, para considerar que todo lo que hace está bien hecho y que quienes lo critican deben ser unos comunistas come niños, cooperadores de la dictadura de Maduro y cosas por el estilo. Es la misma actitud que han tenido en el caso de Macri y su pronosticada derrota electoral. La intención no es realmente defender a Bolsonaro y a Macri por ser buenos gobernantes, sino por ser enemigos de Maduro. Para el extremismo gubernamental, la situación es similar pero en dirección inversa. Bolsonaro es criticado y atacado no por ser indolente ante los incendios, sino por ser adversario de Maduro.

Analizar la política internacional y las gestiones de los gobiernos de los diferentes estados nacionales, en función de sus posiciones frente a la diatriba política venezolana y sus actores es una soberana insensatez.    

Jun 28, 2019 | Actualizado hace 8 meses
Visita o investigación, por Luis Fuenmayor Toro

Quiero aclarar que la presencia de Michelle Bachelet en Venezuela no fue producto de ninguna invitación gubernamental, así el gobierno lo quiera hacer ver de esta manera. Bachelet vino para completar la investigación que inició hace ya cierto tiempo, sobre la supuesta violación de los DDHH en el país por parte del gobierno de Nicolás Maduro. Una comisión de su despacho ya venía trabajando intensamente: visitando cárceles, procesando denuncias, contactando con diversas organizaciones sociales y con funcionarios del Gobierno Nacional. Ya se había elaborado un informe preliminar, que se hizo del conocimiento público y que los opositores extremistas viscerales debieron haber leído, aunque no se refieran a ello. Es muy curioso. Gritaban y exigían la presencia de la ONU en Venezuela, para que detectara las violaciones de la “tiranía” en materia de DDHH, pero cuando se presenta la Alta Comisionada de la ONU a tales fines, despotrican, la descalifican y rechazan sus apreciaciones y declaraciones.

La Sra. Bachelet no vino a reconocer ni a declarar Presidente a Juan Guaidó. Ésta no era su función. No era Almagro quien venía. Era una persona seria, profesional, respetuosa del Derecho Internacional y de sus convenciones, representante de la ONU y por tanto apegada a las posiciones de este organismo. La ONU no ha reconocido a Guaidó como Presidente de Venezuela, para la ONU, gústenos o no, el Presidente de la República es Nicolás Maduro, pues es quien controla el territorio venezolano y el aparato de Estado. Es una estupidez, por lo tanto, haber pretendido que Bachelet llamara a Juan Guaidó “Presidente encargado”. Lo llamó como tenía que llamarlo: Presidente de la Asamblea Nacional. Además, Michelle Bachelet no vino a Venezuela a facilitar el diálogo entre la oposición de la AN y el Ejecutivo, ni a terciar entre ambos, ni mucho menos a colocarse del lado de nadie. Vino a culminar su investigación sobre el estado de los DDHH en el país, lo cual hizo con gran seriedad y profesionalismo.

Su visita constituyó una presión importante hacia el gobierno, aunque la Alta Comisionada no vino a presionar a nadie. El gobierno fue consultado para que se pudiera realizar la visita, lo cual es lógico y apegado a las normas internacionales. Sólo a un Almagro se le puede ocurrir llegar a la frontera de un país y tratar de penetrar a como dé lugar. Maduro tuvo que acceder a la intervención de Bachelet, no le quedaba otro remedio. Pero la ex Presidente de Chile no sólo se reunió con el gobierno, sino lo hizo con prácticamente todo el mundo, incluso con los familiares de las víctimas de supuestas violaciones de DDHH. Y no se conformó sólo con ello, sino que solicitó y logró la liberación de un cierto número de presos políticos, lo cual ya es un reconocimiento del gobierno a la existencia de los mismos. Además, dejo en el país a dos representantes suyos, como una suerte de supervisores de su oficina, quienes podrán visitar cárceles, recibir denuncias y actuar en función de que se respete el debido proceso y los DDHH.

Sólo gente muy obtusa, muy fanática, puede en este momento decir que la visita no fue importante y que hubiere sido mejor que no se diera. Ahora, pensar que todo está en manos de lo que diga el informe definitivo de la Alta Comisionada es una gran equivocación política. El informe puede ser muy contundente y demostrar la existencia de graves violaciones de DDHH; puede incluso responsabilizar a Nicolás Maduro de estas violaciones. Pero si la oposición sigue en manos de la dirección de la Asamblea Nacional, y ésta sigue poniendo la torta en sus ejecutorias, como lo hizo con la cómica del 30 de abril y como lo acaba de hacer con el golpe por Skype recientemente descubierto, no habrá informe que salve a Venezuela de seguir en la situación en que se encuentra.     

Negociación, elecciones y proporcionalidad, por Luis Fuenmayor Toro

EN EL CASO ACTUAL VENEZOLANO, todo el campo opositor señala a las elecciones como el elemento que definitivamente marcaría el inicio de una transición, para la salida de la grave crisis existente y la reinstitucionalización del país. Algunos la colocan al final de una senda inicial, que arrancaría con lo que llaman el cese de la usurpación y continuaría con un gobierno de transición, cuya duración no ha sido señalada y para cuya integración el pueblo soberano no sería consultado.

El cese de la supuesta usurpación se produciría por obra y gracia del Espíritu Santo, que convencería a Maduro de renunciar, a los militares que lo apoyan de dar un golpe o al gobierno estadounidense de invadirnos. Y digo supuesta usurpación porque Maduro, guste o no guste, fue electo en unas elecciones, muy similares a todas las anteriores de los últimos tiempos, realizadas el 20 de mayo del año pasado.

Otros colocamos las elecciones, es decir la obligatoria consulta popular establecida en la Constitución, en el inicio formal de un proceso de transición, para que el pueblo decida la ruta a seguir y ésta no le sea impuesta por una cúpula política. Se haría a través de un referendo consultivo en el que la gente decidiría cuál o cuáles opciones prefiere.

Otra posibilidad, igualmente probable, sería que las elecciones se realicen para elegir el gobierno que instrumentará la transición, si esta situación surgiere del desarrollo de un proceso de negociaciones entre el gobierno y las oposiciones existentes. En cualquiera de los dos casos o en otro que apareciere, se requeriría la designación de un Consejo Nacional Electoral nuevo, de consenso entre todas las partes, imparcial, equitativamente integrado y no sujeto de tutelaje por parte del TSJ o de la ANC.

El CNE recién nombrado tendría la tarea de preparar las elecciones que se haya decidido hacer en las negociaciones, si fuere el caso, o realizar el referendo consultivo mencionado o los comicios que toquen según los plazos constitucionales vigentes. Esto implica cambios en la organización del CNE para hacerlo un organismo pluralmente constituido en todos los niveles, lo que no necesariamente significa pluralmente repartido.

Actualizar y depurar el REP, controlar el voto asistido, integrar las mesas con electores escogidos al azar, acabar con la práctica de no informar a los miembros seleccionados, para suplirlos el día de las votaciones por quienes primero se encuentren en la fila de espera del inicio del proceso. Corregir las inhabilitaciones de partidos y de candidatos y controlar efectivamente el usual ventajismo gubernamental.

Algo que no se menciona o es dejado de lado, pero es de vital importancia si queremos reales cambios para el futuro, es el rescate de la proporcionalidad electoral establecida en el artículo 63 de la Constitución, la cual fue violentada por la LOPRE de 2009. Esta Ley tiene varios artículos inconstitucionales, que así podrían ser declarados por el TSJ, los cuales son la base de la ausencia de proporcionalidad, de la emergencia del sistema mayoritario excluyente actual y de la nefasta polarización que hemos vivido. Si esto no se realiza, volveremos a tener fracciones hegemónicas en los cuerpos deliberantes, que actuarán sólo según sus bastardos intereses sin control ninguno. Unos cuerpos legislativos muy plurales son la única vacuna contra este tipo de perversiones.

Las elecciones definirían entonces si el gobierno actual continúa y, si la decisión fuere contraria, el chavecismo pasaría entonces a ser oposición. Se iniciaría así la transición política, pero sería el pueblo quien lo decidiría y quien designaría democráticamente a los gestores de la misma y no como algunos hoy pretenden. Las negociaciones, de ser exitosas, no sólo lograrían lo señalado, sino podrían iniciar la transición económica y social desde antes de la realización de las elecciones, para de esa manera lidiar rápido con las desgracias actuales que sufren los venezolanos.

Medidas anti inflacionarias, de estabilización del tipo de cambio, de recuperación de la producción para combatir la escasez, de enfrentamiento profesional del gravísimo problema sanitario y, prioritariamente, de rescate y recuperación de PDVSA y de la producción de crudo y de gas natural.

Nuevo CNE imparcial vs sanciones contra el país, por Luis Fuenmayor Toro

En sus últimas declaraciones sobre la oposición venezolana de la AN, el secretario de estado Mike Pompeo señaló: “Maduro no se fía de los venezolanos. No lo culpo. No debería. Todos estaban conspirando contra él. Lamentablemente, todos estaban conspirando para sí mismos. Éste ha sido nuestro dilema: mantener a la oposición unida ha demostrado ser tremendamente difícil”. Estas declaraciones, dadas ante las principales organizaciones judías estadounidenses y publicadas por primera vez por The Washington Post y luego por CNN, implican con claridad una queja y un reclamo dirigidos al liderazgo de la oposición, que viene apoyando la ruta del cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, pues cada uno viene trabajando para sí y no en forma unitaria.

Pompeo deja claro la actuación del gobierno gringo desde hace bastante tiempo, en apoyo de organizaciones religiosas, concretamente de la Iglesia Católica, para tratar de lograr “que la oposición se uniera”. “En el momento en que Maduro se vaya, todos levantarán la mano y dirán: ‘Desígneme, soy el próximo presidente de Venezuela’. Son más de cuarenta personas quienes creen ser los herederos legítimos de Maduro”. Es claro que conoce las aspiraciones de todos los líderes opositores por la Presidencia de la República, y que las mismas le parecen un estorbo en la vía del logro de la necesaria unidad para vencer a Maduro y al PSUV.

El fracaso del golpe reciente lo atribuye a que los líderes opositores trabajaron para sí mismos, descuidando el éxito de los planes que habían sido elaborados. El gobierno estadounidense deja bien clara su intervención directa en el intento golpista, así como su apoyo a distintas organizaciones religiosas en su lucha contra el régimen de Maduro. El presidente Trump, por su parte, parece haberse retirado de su participación personal directa en el asunto. Una de sus últimas declaraciones se produjo durante la segunda ronda de las negociaciones de Noruega, en las que fue extremadamente cauto, a diferencia de la posición del vicepresidente Pence. Señaló algo como: “Estoy observando la situación, hay varios diálogos por ahí”. Un mensaje por Twitter de Abrams del 6-6-2019 pidió al gobierno que incorporara a los diputados del PSUV a la AN.

La ruta Guaidó, en mi opinión, se debilita crecientemente, lo que abre camino a posiciones mucho más racionales. Es claro de las últimas encuestas (Datanálisis  Datincorp), ambas del pasado mes de mayo, que la mayoría de los venezolanos prefiere el diálogo y la negociación. Este grupo, sumado a quienes plantean la insurrección popular y el golpe de Estado como salidas, configura una importante mayoría en función de una salida nacional, sin intervención militar extranjera. Partidos y grupos opositores como el MAS, Soluciones, Cambiemos, COPEI, AP, la Plataforma de Defensa de la Constitución, REDES, el Frente por el Referendo Consultivo, UPP89, entre otros, han señalado la vía electoral, pacífica, nacional y apegada a la Constitución como elementos centrales de sus políticas.

La derrota de la ruta Guaidó, las divisiones de la oposición de la AN y los cambios que se desprenden de lo ya señalado en la posición estadounidense, abren un escenario en el que la salida electoral cobra primera importancia. Aparece entonces como fundamental, ya no el “Maduro vete ya”, sino la designación de un Consejo Nacional Electoral de consenso, equilibrado, independiente como poder, sin tutelaje del TSJ ni de la ANC, confiable para todos, que realice las modificaciones necesarias al REP, al voto asistido, a la conformación de las mesas, a las inhabilitaciones, los testigos y, vital para una democracia futura de mucho mayor nivel, rescate la proporcionalidad electoral del artículo 63 de la Constitución.

El gobierno ya había cedido en Santo Domingo sobre una nueva y paritaria integración del CNE. No hay ninguna razón para que lo deseche en este momento, cuando su situación es más crítica que hace un año. La contrapartida, a esta aceptación gubernamental de un CNE con las características descritas, sería el cese de las sanciones económicas y diplomáticas contra el país y el reconocimiento de Nicolás Maduro como Presidente. El rescate de la proporcionalidad se haría de una forma muy sencilla, pues bastaría con solicitarle al TSJ que declare inconstitucionales los artículos de la LOPRE que violan la proporcionalidad electoral. El CNE designado se encargaría de todas las elecciones futuras: Referendo Consultivo y las que se deriven del mismo, si lo hubiere; Asamblea Nacional, Revocatorio Presidencial, gobernadores y consejos legislativos, alcaldes y concejos municipales, y Presidenciales si fueren procedentes.

De lograrse estos acuerdos, las partes, que desde el principio deberían incluir a la oposición que no se dejó seducir por los atajos de siempre, seguirían buscando consensos que vayan enfrentando el resto de los problemas de la crisis, sobre todo aquellos que golpean a los venezolanos: la escasez, la hiperinflación, la insalubridad, los pésimos salarios, la improductividad, el déficit de los servicios, la inestabilidad monetaria, el respeto del debido proceso y de los DDHH, los presos políticos y los exiliados y la inseguridad personal. De actuarse en esta forma, la recuperación de la república arrancaría junto con los cambios electorales y políticos.

Jun 01, 2019 | Actualizado hace 9 meses
Los tramposos, por Luis Fuenmayor Toro

UN TRAMPOSO ES UNA PERSONA QUE HACE TRAMPAS, que engaña, que violenta las leyes o reglas del juego o de cualquier actividad para beneficio propio, de sus familiares, amigos, personas de su interés o de su grupo. También se aplica a quienes no pagan sus deudas, a quienes engañan, embaucan, defraudan, estafan, conspiran y traicionan. Una trampa es un dispositivo físico o un método engañosos, empleados para vencer, detectar, capturar, lesionar o perturbar a un enemigo, adversario o intruso o a una presa en el caso de una cacería. Cuando se habla coloquialmente de “hacer trampa” se refiere a la comisión de algún acto fraudulento, violación de algún acuerdo o normativa, expresión aplicada principalmente en los juegos y en los procesos electorales.

De las anteriores precisiones es claro que la lucha política en Venezuela ha devenido en una lucha de tramposos, en la que lo usual es la trampa, el engaño, el fraude y la traición y lo esporádico es la actitud honrada, sincera, veraz y leal. Y no es que esté siendo ingenuo en materia política. Sé lo que la lucha por el poder significa, y más en un país de potenciales riquezas de carácter estratégico para el mundo. Pero como todo en estos 20 años, la política también ha degenerado junto a las instituciones venezolanas y a los principios y valores de la población. La trampa, el engaño, la calumnia, el cinismo, la agresividad, el fanatismo se han apoderado totalmente del escenario político del país, lo que dificulta en mucho mayor grado la solución de la grave situación existente.

Las decisiones de la Asamblea Nacional (AN) actual han estado plagadas de trampas desde un principio, desde que Ramos Allup estableció de facto, en su discurso de toma de posesión de la presidencia de la misma, que la salida de Maduro era casi un mandato constitucional y que debía cumplirse en seis meses. Y esto lo dijo estando el Presidente presente en el acto protocolar de juramentación. Luego vino el invento de la doble nacionalidad del Presidente o de que era colombiano y que debía ser destituido si no renunciaba. Más adelante que había abandonado el cargo, cuando realmente lo ejercía en exceso. Fue entonces destituido con cualquier argucia, para luego volverlo a destituir, el característico sin fin de enredos que siempre acompañan a los relatos mentirosos.

El gobierno, por su parte, ha liderado muchas veces este fraudulento modo de operar. El TSJ desincorpora a unos diputados con el falaz argumento de compra de votos en su elección, simplemente para quitarle a la oposición la mayoría calificada de los dos tercios. Pero luego de más de 4 años no ha decidido sobre el fondo de la materia. Inventaron la figura del desacato para invalidar totalmente a la AN y dejar al país sin Poder Legislativo, algo que les resulta muy normal y apegado a derecho. La sustituyen convocando a una Constituyente (ANC) sin someter sus bases a referendo popular y, peor aún, elegida en forma corporativa a lo Mussolini. Afirman que es plenipotenciaria como Dios por lo que está por encima de la Constitución vigente, lo que coloca al país como una monarquía absolutista del siglo XV.

La oposición extremista da golpes de Estado que transforma en sus discursos en vacíos de poder y operaciones por la libertad. El gobierno llama a sus golpes fracasados del pasado insurrecciones cívico militares patrióticas, y las conmemora con bombos y platillos. Sus injerencias en los asuntos internos de Colombia, Honduras y Paraguay, los llama internacionalismo bolivariano. Los despojos de la MUD condenan la “invasión” de chinos, rusos y sobre todo cubanos, pero casi suplican que vengan el ejército gringo a ayudarlos porque “solos no podemos”. Deciden que los bonos emitidos sin la aprobación de la AN son ilegales y así se lo hacen saber a sus tenedores, pero al primer vencimiento de intereses deciden pagarlos e inventan que si no lo hacen se pierde CITGO.

Guaidó no negocia con delincuentes, a menos que lo convoque Noruega y no se sepa. Un artículo constitucional que se refiere a misiones militares extranjeras en el país lo transforman en una autorización para la invasión militar, como si esa insensatez traidora pudiera estar prevista en alguna constitución del mundo. Maduro, como hacía Chávez, llama a nuestro sistema electoral el mejor del mundo, aunque permita el claro ventajismo gubernamental, abuse del voto asistido, constituya las mesas con militantes del PSUV y haya eliminado la proporcionalidad establecida en el artículo 63 de la Constitución. En la misma línea, el bolívar es la moneda más dura del mundo, la hiperinflación no tiene que ver con la masa de dinero inorgánico, la devaluación es producto de una página web, PDVSA está destruida por las sanciones y la gente va al Guaire porque la oposición les paga.

Ninguno de los polarizados tiene un verdadero proyecto nacional de desarrollo. Sus planes son mantenerse en el poder a como dé lugar o hacerse de éste por cualquier medio. Ambos mantuvieron y quieren continuar manteniendo la ignorancia y la miseria de la población, pues desean seguir usufructuando esas ventajas en sus gobiernos. Es un simple “quítate tú para ponerme yo” a hacer lo mismo que tú. O se avanza en la construcción de una opción radicalmente distinta o Venezuela no tiene futuro. Si no existe un líder que aglutine y entusiasme a la gran mayoría, habrá que presentar un equipo de dirigentes que sumen sus respaldos y simpatías en función del triunfo electoral. Es quizás una oportunidad para acabar con el mesianismo que siempre nos ha perseguido.

May 31, 2019 | Actualizado hace 9 meses
Las negociaciones de Oslo, por Luis Fuenmayor Toro

El gobierno y la oposición de la Asamblea Nacional están por fin en proceso de negociaciones, aunque todavía, declarativamente, Juan Guaidó luzca un tanto ambiguo en sus comentarios al respecto. Le cuesta argumentar y convencer utilizando un discurso distinto del que ha venido expresando desde que se auto juramentó como Presidente de la República. Decir que con delincuentes no se negocia y terminar negociando con ellos debe ser algo duro y difícil de explicar. Y más aún si una parte de sus aliados, los más intransigentes y extremistas como “Vente Venezuela”, están acusándolo de haber desviado el rumbo que traía. Las decisiones en política generalmente tienen un costo, pues hay gente que no las acepta por más sensatas que parezcan.

Ha recurrido entonces a decir que lo que plantearon como conversaciones en Noruega fue su conocida hoja de ruta: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. En esto siguen las directrices estadounidenses expresadas claramente por el vicepresidente Pence, quien ha dicho que lo único que hay que negociar en Oslo es cómo se produce la salida de Maduro en forma inmediata. Es decir, si lo matan o le permiten vivir, si lo van a apresar en Venezuela o en EEUU, si van a acceder a que se exilie en algún país o si lo dejarán libre y viajar donde quiera. Esta opinión hay que tenerla muy en cuenta ya que es la opinión de quienes le dieron la bendición a Guaidó como Presidente y que constituyen su apoyo fundamental y la razón de que esté libre todavía.

Las conversaciones repiten el mismo patrón de las realizadas previamente: marginan a la oposición democrática, la que no busca salidas violentas, la que defiende la Constitución, la que cree en la vía electoral y la que no está tutelada por gobiernos extranjeros. No creo que este hecho constituya un error ni del gobierno ni de la oposición tutelada desde el exterior, que si fuera tan plural, democrática y participativa como dice ha debido incorporar a aquel sector opositor. Lo extraño es que el gobierno no haya pedido su incorporación, si es, como muchos extremistas calumniadores dicen, una oposición colaboracionista con el régimen de Maduro. Pienso que a éste, contrario a lo que cierta lógica diría, le conviene discutir con quienes ha venido rivalizando y negociando desde hace 20 años. Los conoce muy bien, los puede comprar y hasta ahora le han permitido 20 años de gobierno.

Discutir con los dirigentes de la oposición democrática le es mucho más difícil al gobierno. No los conoce como a los otros, son más heterogéneos ideológica y políticamente, en buena parte tienen al bienestar de la nación como su preocupación principal, incluyen a quienes gobernaron con Chávez mucho tiempo y, sin meter las manos en el fuego por todos, no son sujetos con los que hayan tenido negocios en el pasado y por tanto más respetables desde el punto de vista de su honestidad, lo que los hace más difícilmente comprables.

Visto así el escenario, pareciera que no hay mucho espacio para negociar algo distinto en Noruega a la salida de Maduro ya, lo que significaría que las negociaciones terminarían en fracaso y pronto, a menos que el gobierno se rinda, lo cual no parece probable de acuerdo al discurso que mantiene. Pero uno no sabe cómo están las cosas a lo interno. La otra posibilidad es que discutan inicialmente en torno a la necesidad de garantizar que las elecciones futuras sean procesos totalmente equitativos, transparentes y libres, sin influencias ajenas a su esencia. Esto significaría acordar un nuevo CNE independiente como poder, reconocido por todos (El escenario más deseable. Runrun.es 23-3-2019, https://t.co/naGz4oFn6h y La Razón, cuerpo A, 24-3-2019, Caracas), que asuma de forma inmediata la tarea de recomponer el sistema electoral desde sus bases mismas: desde el rescate de la proporcionalidad, establecida en el artículo 63 de la Constitución, hasta la integración de los miembros de mesa.

La proposición reciente del partido Cambiemos puede ayudar mucho  en este sentido, pues establece una ruta constitucional a tal efecto, que acabaría con el desacato de la AN e incorporaría a la misma a los diputados del PSUV. En artículo de hace más de un mes señalé, como ideas generales (La necesaria negociación. Continuidad y Cambio, año 8, Nº 117, pp 2-4, abril 2019, https://t.co/p1ViXFrZaS; Runrun.es 16-4-2019, https://t.co/3AVIa9Ylnr y La Razón, cuerpo A, 28-4-2019, Caracas) acciones que hoy me alegra ver concretadas en la propuesta de Cambiemos, sin que sean el origen de la misma, documento completamente elaborado y estructurado, totalmente apegado a la Constitución, que resolvería el impase actual en función de los intereses de la nación venezolana. Si aún queda algo de patriotismo en los negociadores de Oslo o en quienes aparezcan más adelante, esta propuesta sería una salida nacional excelente y sin vencedores ni vencidos, excepto por Venezuela que saldría triunfante.

La verdad sobre la ayuda humanitaria, por Luis Fuenmayor Toro

HE LEIDO LOS CONSEJOS de algunos que señalan que no se debe politizar la ayuda humanitaria, con lo cual quieren decir que su ingreso al país no debe ser utilizado por nadie con fines políticos. No lo debe hacer el gobierno ni tampoco la oposición de la Asamblea Nacional (AN). Pero lo cierto es que la ayuda humanitaria ha sido un recurso político principalmente de la oposición en su lucha contra el gobierno de Maduro. Recordemos el sí o sí de Guaidó en relación a que la ayuda iba a ingresar hace unas semanas al país. No sólo no ingresó sino que sus partidarios, por comisión o por error, la quemaron en el puente fronterizo entre Colombia y Venezuela e inmediatamente se originó un coro acusador al régimen de Maduro por tan perversa acción. “No sólo no dejaron entrar la necesaria ayuda, sino que además la quemaron”, han repetido y repetido hasta el cansancio desde Guaidó hasta Trump, pasando por Marcos Rubio, Abrams, Pompeo, Pence y el propio Trump.

El diario New York Times, insospechable de ser partidario del régimen, se encargó de aclarar las cosas, tanto lo atinente a los responsables del incendio como a la casi inmediata ejecución de la acusación contra Maduro por parte de los protagonistas involucrados, en cuestión de minutos uno tras otro repitieron como letanía la acusación en cuestión. Sé que decir estas cosas le exalta la bilis a más de uno, lo cual no me extraña pues siempre he dicho que lo que más rabia da es cuando se nos dicen verdades y más cuándo las mismas tienen como respaldo nada menos y nada más que a un periódico como el señalado. El régimen de Maduro no se quedó atrás en la politización de la ayuda. Señaló correctamente que no se trataba de ninguna ayuda humanitaria, pues no provenía de los organismos encargados de suministrar este tipo de ayuda. Pero, inmediatamente pasó a las mentiras y al imperio de la fantasía al afirmar que en Venezuela no existían necesidades de ningún tipo, pues había de todo: medicinas, alimentos, insumos médicos, etc.

El resultado final de la contienda, para no hacer este cuento más largo, nos muestra una gran verdad política: ambos combatientes: Ejecutivo y AN sufrieron una tremenda derrota y el único victorioso o favorecido con lo que ingresará por la ayuda será el pueblo venezolano necesitado. El gobierno de Maduro fue derrotado al tener que aceptar que sí se requería una ayuda humanitaria, pues las necesidades insatisfechas de los venezolanos así lo reclamaban. Es decir, el Gobierno demostró haber sido incapaz de garantizarle un mínimo bienestar a la población y, adicionalmente, haber mentido en forma contumaz al haber negado durante meses la existencia de una crisis más que evidente. Esa siniestra conducta gubernamental se repite en prácticamente todos los sectores de la vida nacional. Maduro y su claque no reconocen el desastre que han hecho y pretenden ocultarlo o achacarlo a agentes externos: la guerra económica, las sanciones, los sabotajes, las calumnias, demostrando una indolencia ante el sufrimiento de la gente.

Guaidó y su combo dejaron claro que no les interesaba la ayuda en sí sino demostrar lo infame de un gobierno que se negaba a aceptarla. Pretendieron hacer pasar como ayuda humanitaria a unos envíos del ejército gringo, que nadie certificó en su calidad ni procedencia y que además era insignificante en su cantidad. Las características de la ayuda de la Cruz Roja Internacional ha dejado bien claro lo que debe ser un procedimiento técnico de este tipo, llevado a cabo por profesionales capacitados en el área, direccionado en forma apropiada, con el establecimiento de prioridades, con garantías de su buen estado y de su inocuidad y sin demagogia de ningún tipo. Nos dio la razón a quienes objetamos y nos opusimos al espectáculo politiquero, que se quería montar con la entrega de sobrantes alimentarios de las fuerzas armadas estadounidenses.

No pienso que la ayuda vaya a resolver todas las carencias de salud ni de alimentación de los venezolanos. Una cifra de 8 millones de necesitados ha sido señalada, lo cual excede al 25 por ciento de la población. La actual ayuda es para unas 650 mil personas y es la primera en recibirse. Se calcula en dos años la duración de la ayuda.   

 

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