En Venezuela, las niñas enfrentan múltiples riesgos que van desde la desnutrición y la deserción escolar hasta la exposición a distintas formas de violencia y la pobreza menstrual persistente. A esto se suma un panorama humanitario cada vez más precario: según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA), entre enero y septiembre de 2025, el país recibió apenas el 13% de los fondos necesarios para atender las necesidades más urgentes de su población, el nivel más bajo desde 2019.
Esta falta de financiamiento ha afectado de forma particular a los grupos más vulnerables, entre ellos las niñas, quienes ven comprometido su acceso a la educación, la salud y la protección frente a la violencia de género, justo en los espacios que deberían resguardar su desarrollo y su futuro.
Hablar de ellas este 11 de octubre, Día Internacional de la Niña, es más urgente que nunca. La fecha busca visibilizar los desafíos que enfrentan millones de niñas en el mundo para ejercer sus derechos, pero en el caso venezolano, también sirve para recordar que su bienestar depende directamente de una respuesta humanitaria sostenida, de políticas públicas efectivas y de una sociedad que las reconozca como protagonistas del presente, no solo del futuro.
Educación menstrual y salud sexual: el reto pendiente para las niñas venezolanas
Por el Día Internacional de la Niña, activistas advierten que la falta de información, atención médica y recursos sigue afectando la salud y el bienestar de las niñas y adolescentes en Venezuela.
Las organizaciones Uquira, Women Riots y Más Resilientes crearon una iniciativa colectiva para dar respuesta a una de las necesidades más precarizadas de las niñas y adolescentes venezolanas. Se trata del proyecto Nari, en el cual se repite un dato que revela una brecha profunda: nueve de cada diez niñas y adolescentes no han asistido nunca a un control ginecológico desde que comenzaron a menstruar.
Nohelia Urbina, una de las fundadoras de la colectiva feminista Uquira, resume buena parte de los desafíos que enfrentan las niñas y adolescentes venezolanas cuando se trata de salud sexual y reproductiva.
“Muchas de ellas presentan dolores menstruales incapacitantes o sangrados abundantes, pero no acuden al médico por razones económicas o por desconocimiento. En algunos casos creen que solo deben ir al ginecólogo después de tener relaciones sexuales”, explicó Urbina en entrevista con Runrun.es. Eso, dijo, “muestra la falta de educación sexual integral y la persistencia de tabúes que les impiden conocer y cuidar su propio cuerpo”.
Hablar de menstruación sin miedo
Desde una perspectiva interseccional, el proyecto Nari busca abrir espacios de conversación entre mujeres, niñas, adolescentes y personas menstruantes sobre la gestión menstrual digna y los derechos sexuales y reproductivos. Las sesiones, diseñadas como encuentros entre pares, combinan preguntas generadoras, información científica y el intercambio de experiencias.
“Queremos que hablen, que cuenten lo que sienten. No es una clase rígida, sino un diálogo horizontal donde se sientan escuchadas y respetadas”, dijo Urbina.
En esos espacios emergen realidades que cruzan lo biológico con lo social. Durante los años más duros de la crisis económica, muchas niñas y adolescentes gestionaban su menstruación con telas, papel higiénico o toallines reutilizados. Aunque hoy algunas pueden costear toallas sanitarias o analgésicos, la pobreza menstrual sigue presente: no todas pueden acceder a los productos o servicios básicos que garanticen una gestión saludable y sin vergüenza.
La salud sexual como un derecho, no un privilegio
Para Urbina, el tema va más allá de la menstruación. En los talleres, también se habla sobre prevención de abuso sexual, autocuidado, consentimiento y sexualidad integral. Y aunque no se registraron casos directos entre las participantes, sí se mencionaron situaciones de abuso en la comunidad, lo que confirma la urgencia de seguir formando y acompañando a las más jóvenes.
“La educación sexual integral no es para fomentar relaciones sexuales tempranas, como muchos creen, sino todo lo contrario: ayuda a prevenir abusos, embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual. En países donde se aplica correctamente, bajan las tasas de inicio sexual y las infecciones. Aquí, el silencio y el miedo todavía mandan”, señala.
Además, denuncia que la falta de información y de atención adecuada en los centros de salud perpetúa el ciclo de desinformación. “Cuando una adolescente va al médico y recibe respuestas cargadas de prejuicios o ignorancia, termina creyendo que el problema es ella. Pero el problema es un sistema que no reconoce sus necesidades”, enfatiza.
Por qué hablar de esto el Día Internacional de la Niña
Cada 11 de octubre, el Día Internacional de la Niña recuerda que millones de niñas en el mundo siguen enfrentando obstáculos para acceder a educación, salud y protección. En Venezuela, esos desafíos adquieren dimensiones particulares: pobreza menstrual, falta de educación sexual, atención médica inaccesible y tabúes que aún limitan su desarrollo pleno.
“La sexualidad nos atraviesa a todas las personas desde que nacemos hasta que morimos. No se trata solo de relaciones sexuales, sino de cómo pensamos, sentimos y habitamos nuestros cuerpos. Educar en sexualidad es educar en humanidad”, concluye Urbina.
En un país donde hablar de menstruación todavía incomoda y acudir al ginecólogo sigue siendo un lujo para muchas adolescentes, proyectos como Nari buscan abrir una conversación urgente: la de que todas las niñas y personas menstruantes merecen vivir su cuerpo sin miedo, sin vergüenza y con dignidad.
Prevención del abuso sexual y la revictimización
La desinformación sobre el cuerpo, la salud sexual y el consentimiento no solo afecta la autonomía de las niñas, sino que también las deja más expuestas a distintas formas de violencia. En comunidades donde los tabúes sustituyen a la educación sexual y donde el acceso a servicios médicos es limitado, las niñas enfrentan el riesgo de que la falta de información se convierta en una forma más de vulnerabilidad.
A pesar de que en 2021 se promulgó la Ley para la Prevención y Erradicación del Abuso Sexual Contra Niñas, Niños y Adolescentes, su implementación es deficiente. Los consejos de protección y el Ministerio Público, que deberían garantizar respuestas rápidas y especializadas, funcionan con recursos limitados y sin suficiente formación con enfoque de género.
Así como lo reseña “La revictimización persigue a niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual“, un trabajo de Runrun.es, en Venezuela, las niñas y adolescentes están expuestas a este tipo de abusos y la falta de educación sexual integral es una deuda que tiene el Estado y la sociedad con ellas, algo que podría ayudarlas a entender mejor situaciones de abuso y a poder denunciar.
En ese texto se recuerda que prevenir la revictimización, requiere un compromiso colectivo de las familias, que deben crear espacios de confianza y educación sobre el consentimiento; del sistema de salud, que debe atender con enfoque de derechos; y del Estado, que debe reformar sus leyes y garantizar protección efectiva y justicia sin demoras. Sin esa corresponsabilidad, cada nuevo caso de abuso se convierte no solo en un acto de violencia individual, sino en la evidencia de un sistema que sigue fallando a las niñas venezolanas.
Mientras el Estado sigue en deuda con políticas que garanticen educación sexual integral y atención médica accesible, son las organizaciones de base y los movimientos feministas los que sostienen la conversación y acompañan a las niñas en el conocimiento y cuidado de sus cuerpos.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.






