En el marco del Día de la Diversidad Sexual, celebrado cada 25 de junio, la Universidad Central de Venezuela (UCV) se convirtió en escenario de un encuentro que apostó por la visibilización, la resistencia y el arte como herramientas de transformación social.
Bajo el nombre “De eso no se habla”, el foro reunió a activistas, artistas y académicos para debatir sobre la urgencia de garantizar los derechos humanos de las personas LGBTIQ+ en Venezuela, y cómo las expresiones culturales —especialmente el arte drag— han irrumpido en el espacio público como formas de protesta, identidad y celebración.
El evento contó con la participación de Jonah Sira, director de la ONG TransAFAB Venezuela; Tamara Adrián, primera diputada y precandidata presidencial trans en el país; Morella Alvarado, directora de Cultura de la UCV; y Wilner Fonseca, estudiante de Teatro mención Actuación en Unearte, quienes compartieron experiencias, reflexiones y desafíos sobre el lugar que ocupa la diversidad sexual y de género en los discursos políticos, las instituciones educativas y las prácticas artísticas venezolanas.
Durante la actividad estuvo presente el proyecto VIHVOS, iniciativa de la ONG País Plural con apoyo del Fondo Mundial y el PNUD, realizando pruebas rápidas de VIH y sífilis, entregando kits de prevención combinada con preservativos y lubricantes, y material educativo sobre las ITS.

TransAFAB como expresión de la sociedad civil
Trans AFAB Venezuela es una organización no gubernamental creada por y para personas venezolanas. Durante el encuentro, Jonah Sira, su director, explicó que la iniciativa nació en el año 2022, en medio de un entorno hostil, donde muchas personas trans —especialmente jóvenes— no sabían a quién acudir para resolver dudas, denunciar violencias o simplemente conectar con otras personas que compartieran sus vivencias: “Representación de la sociedad civil porque surgimos de la base para defender nuestros propios derechos humanos”, dijo.
A través de un teléfono celular fue que comenzó esta comunidad. Mediante un grupo virtual comenzaron a circular preguntas sobre salud, discriminación, violencia familiar y acceso a derechos. Lo que empezó como un espacio informal se convirtió con el tiempo en una red de apoyo entre personas trans de todo el país, en la que se evidenció que los problemas que vivían no eran individuales ni aislados, sino estructurales y profundamente arraigados.
Además de conectar experiencias similares de exclusión en estados como Bolívar, Táchira, Mérida o Trujillo, Sira explicó que uno de los grandes hallazgos fue que las instituciones estatales estaban ausentes o simplemente no contemplaban mecanismos específicos para atender a la comunidad LGBTIQ+.
“Entendimos que el apoyo emocional no era suficiente para cubrir ciertas necesidades. Es decir, no cubría o no brindaba solución en el alcance de estos problemas. Si, por ejemplo, te discriminaban en el pueblo, con que te escribieran en el grupo tenías algún tipo de contención emocional, pero no resolvía que te discriminaran en el pueblo”, explicó.
Desde TransAFAB han abordado estas carencias ofreciendo no solo en términos de escucha y contención emocional, sino también rutas de información y estrategias para el ejercicio de derechos.
Contexto legal para la comunidad LGBTIQ+ en Venezuela y el mundo
Tamara Adrián es conocida por haber sido la primera persona trans en convertirse en diputada de la Asamblea Nacional de Venezuela. También fue candidata en la primaria opositora del 2023. Además, es abogada de profesión y profesora universitaria. En su intervención en el evento, alertó que, mientras en países como México, Colombia, Brasil, Uruguay, Argentina, Chile y Ecuador se han legalizado el matrimonio igualitario y el reconocimiento de identidad de género sin requisitos patologizantes ni intervenciones médicas, Venezuela permanece estancada.
Adrián refirió que en países con contextos conservadores como Bolivia, Honduras o El Salvador han permitido el cambio de nombre simple o el avance de uniones civiles. En contraste, Venezuela sigue negando derechos básicos como el matrimonio igualitario, la adopción por parte de parejas del mismo sexo o el reconocimiento legal de la identidad de personas trans.
A pesar de que existen normativas que podrían amparar a la comunidad, como leyes contra la discriminación o decretos en favor de la convivencia, no se implementan, no hay mecanismos eficaces para hacerlas cumplir, y la comunidad LGBTIQ+ sigue enfrentando obstáculos estructurales que afectan su ciudadanía plena. Por ejemplo, cuestionó la aplicación selectiva y arbitraria de la Ley Contra el Odio, la cual ha sido presentado como una herramienta de protección, pero en la práctica ha servido para criminalizar la disidencia política.
Para Adrián, en Venezuela el proceso “ha sido lento” por razonas como la sobrerepresentación evangélica en estamentos de poder y la sobrerepresentación militar en funciones civiles.
“De eso no se habla”: una mirada al consumo cultural
Durante la conversación, Morella Alvarado —directora de Cultura de la UCV— tomó la palabra con un nudo en la garganta. Lo hizo en nombre de Ysrael Serrano Riera, profesor universitario, investigador, activista LGBTIQ+ y su exalumno, cuya vida fue abruptamente interrumpida tras ser detenido arbitrariamente en abril de 2025. Serrano Riera falleció en El Helicoide, centro de detención del Estado, sin que hasta ahora se hayan ofrecido explicaciones claras a su familia sobre las causas de su muerte.

“Fue el primero que llamamos para este conversatorio”, dijo Alvarado, visiblemente conmovida. Como tutora de su tesis de maestría en la UCV, decidió tomar la responsabilidad de presentar el trabajo que él había preparado antes de ser silenciado. Su investigación, titulada “De eso no se habla. El consumo cultural de la comunidad sexo-género diversa en Caracas (2009-2013)”, analiza cómo las personas LGBTIQ+ construyen una cultura propia a partir de sus prácticas, expresiones artísticas y afectivas, a pesar del contexto de discriminación estructural.
El trabajo de Ysrael Serrano Riera surgió, en parte, como respuesta a experiencias personales de violencia dentro de espacios académicos. Desde esas vivencias, Ysrael decidió investigar cómo las comunidades sexo-género diversas generan sentido, resignifican símbolos y construyen identidad cultural en un país que muchas veces les niega la palabra y la existencia.
“Cuando hablamos de esta comunidad, hablamos también de una cultura. Una cultura tiene valores, tiene significados, resemantiza signos, y eso era lo que queríamos ver. Cómo una comunidad, por ser unión de individuos, también se une en función de creencias, prácticas, de expresiones y eso era lo que le interesaba trabajar.”, explicó Alvarado al compartir fragmentos del manuscrito.
A través de esta presentación, su legado fue honrado no solo como investigador, sino como un ser humano profundamente comprometido con la dignidad y la libertad de su comunidad.
Poética del drag queen en Caracas
Wilner Fonseca, estudiante de teatro mención actuación en la Unearte, presentó en el conversatorio parte de su tesis de grado titulada “La poética del drag queen en la ciudad de Caracas: una visión contrastada de los elementos discursivos, estéticos y escénicos para la comprensión del teatro liminal en Caracas”, una investigación que propuso llevar la academia a los márgenes —y viceversa—, al estudiar el arte drag como fenómeno escénico y político.
Su defensa de tesis no ocurrió en un salón tradicional, sino en la discoteca La Fragata, en pleno Sabana Grande, frente a su jurado, comunidad estudiantil y artistas de la movida drag, bajo la premisa del teórico argentino Jorge Dubatti: “Para entender el teatro liminal, hay que vivirlo“. En este espacio, Fonseca exploró cómo el drag se convierte en un acto liminal —es decir, en el umbral entre lo escénico y lo real— que interpela las normas, mezcla arte y vida, y transforma el cuerpo en un discurso político.
“Si yo soy parte de la comunidad LGBTQ+, ¿cómo puedo aportar desde el teatro?”, se preguntó al comenzar su investigación. Así definió sus líneas de análisis: entender cómo el drag en Caracas comunica mensajes sociales, culturales y políticos a través del cuerpo, el vestuario, el maquillaje, la exageración performática y la transgresión del género. Para ello, entrevistó a referentes varios referentes de la comunidad.
Fonseca resaltó que si bien el transformismo y el travestismo tuvieron un auge en décadas pasadas (años 60 a 80), el drag queen es una expresión más reciente que ha evolucionado con nuevas estéticas, lenguajes y plataformas. En ese camino, incorporó claves teóricas de Judith Butler, para comprender el género como una construcción performativa, y de Diana Taylor, quien aborda el performance como archivo vivo de la memoria cultural.
La presentación también contó con la participación de Walcot Rengel, diseñador gráfico y ganador de la gala Divadrag Venezuela 2025, celebrada en abril en Valencia. Rengel es uno de los exponentes más visibles del arte drag en el país, y su presencia confirmó lo que Fonseca defiende con pasión: que el drag en Caracas no solo es arte, sino también resistencia, crítica, historia y comunidad.

En un país donde los cuerpos disidentes aún enfrentan la exclusión institucional, la censura y la violencia, el conversatorio “De eso no se habla” fue un acto de memoria, denuncia y afirmación. Desde la lucha legal por la igualdad, pasando por el trabajo comunitario en las regiones, hasta las expresiones artísticas del drag como resistencia cotidiana, las voces reunidas en la UCV dejaron claro que sí se habla, sí se crea, y sí se lucha. Y que mientras existan espacios para nombrar, investigar y celebrar la diversidad, habrá también caminos para transformar realidades.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.



