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Lo que se olvidó a tres años de la cuarentena por COVID-19

Maria Josefa Maya
26/03/2023
A tres años de la pandemia, las cifras oficiales de Venezuela reportan 552.322 casos de COVID-19, 5.854 fallecidos, 546.155 pacientes recuperados y 275 activos. La organización Médicos Unidos de Venezuela denunció que hasta febrero de 2022, 823 trabajadores de salud han fallecido a causa de COVID-19

Mañana martes 17 de marzo, a las 5:00 de la mañana, Venezuela entera entra en cuarentena social. Todo el país. Es una medida drástica necesaria”, anunció Nicolás Maduro, el 16 de marzo de 2020 a través de una cadena nacional. Lo que se siente como un recuerdo en lo más profundo de la mente, realmente ocurrió y fue hace tres años. 

Hoy hace tres años, un lunes por la tarde, falleció un hombre de 47 años en el estado Aragua. Fue el primer fallecido registrado por COVID-19 en Venezuela. La vicepresidente Delcy Rodríguez indicó que el hombre, de identidad desconocida, sufría de una enfermedad respiratoria crónica “producto de su actividad laboral”. Rodríguez explicó que el paciente había ingresado a una clínica privada este mes de marzo por una neumonía, y tres días después se le practicó la prueba de COVID-19 en la que salió positivo.

La cuarentena decretada por el Estado venezolano no solo trajo a la población casos de COVID-19, confinamiento en casa, educación y trabajo a distancia, también trajo escasez de gasolina y de oxígeno, y miedo a decir que se padecía síntomas relacionados al COVID-19.

A tres años de la pandemia, las cifras oficiales de Venezuela reportan 552.322 casos de COVID-19, 5.854 fallecidos, 546.155 pacientes recuperados y 275 activos. La organización Médicos Unidos de Venezuela denunció que hasta febrero de 2022, 823 trabajadores de salud han fallecido a causa de COVID-19.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calculó unas 22.325 muertes asociadas al COVID-19 en el país hasta diciembre de 2021. Para esa fecha, la administración de Maduro solo reportaba 5.328 muertes acumuladas.

A tres años de ese martes en el que empezó el encierro, también se cumple el tercer aniversario de la escasez de gasolina y la extraña sensación de ver el cielo blanco, como el fondo de Pixar, por la calima que generaron los incendios. 

La logística que implicaba hacer el mercado y organizar las cosas en la cocina para muchos consistía en poner cestas en la puerta de la casa  para desinfectarlos con alcohol y de ahí llevarlos a la cocina. La ropa que salía de la casa iba directo al área del lavandero porque estaba “infectada”. Nadie tenía suficiente información de cómo se transmitía el COVID-19.

Calles sin carros, tanques sin gasolina

En el marco de logísticas, movilizarse era una de las cosas que más planificación debía tener. Durante los primeros tres meses de confinamiento, Venezuela se quedó sin gasolina. Adicionalmente, el Estado prohibió el paso entre estados, e incluso entre municipios con la intención de “evitar la propagación del virus”. 

Los puntos de control entre municipios de cada estado, e incluso entre parroquias, exigían a las personas tener un “salvoconducto” o un pase de movilidad, documentos que permitirían a las personas movilizarse. Este papel debía ser avalado por la Zona Operativa de Defensa Integral (ZODI). 

“Recuerdo que mi mamá estaba en Caracas el 13 de marzo y estábamos tomando café y me dijo: ‘Me puedo llevar a tus hijos mañana sábado a Valencia. Eso debe ser unos 15 días y te los traigo’. Pasaron dos meses allá. No lográbamos obtener un salvoconducto para traerlos. Tuvimos que pagar 120 dólares para buscarlos”, dijo Laura Castillo. 

Los carros a gas eran los únicos que lograban llenar sus tanques y movilizarse sin gasolina. Durante esos meses, inició el boom de medios de transporte que no necesitan combustible como bicicletas y patinetas. 

“Recuerdo perfectamente, como si hubiese sido ayer el 5 de junio de 2020, la primera vez que pagué en divisas, y a 0,5$ el litro de gasolina, por combustible”, indicó Carmen Ibarra. 

El sábado 30 de mayo de 2020, Nicolás Maduro anunció un aumento del precio de la gasolina en todo el país y la autorización para que algunos empresarios privados puedan venderla a un precio cercano al de Colombia.

La BBC reseñó que el anuncio tuvo lugar tras la llegada al país de buques cargados con gasolina iraní, con los que el gobierno intentaba resolver la escasez aguda de combustible que lo obligó a imponer un severo racionamiento en la nación que tiene las mayores reservas de petróleo probadas del mundo.

Durante el 3 y 4 de junio, las estaciones de servicio en Caracas empezaron a surtirse de combustible. El viernes 5, la familia de Carmen decidió estar atenta a avisos que daban por grupos de Telegram sobre estaciones de servicios abiertas y salir en caravana con sus hermanos a llenar los tanques de gasolina. En la dulce espera de tener el tanque del carro lleno, Carmen estaba nerviosa por varias razones:

  1. Que la enumeración de los carros que pondrían gasolina terminara justo en el carro delante de su familia. 
  2. Que uno de los carros de la familia se quedara por fuera de la cola.
  3. Que se contagiaran de COVID-19 después de tres meses aislados. 
  4. Pagar la gasolina. 

Por alguna razón que desconoce, la cuarta razón era la que más ansiedad le generaba. ¿Aceptarían tarjeta de débito en bolívares? ¿o solo será en efectivo? Si es efectivo, ¿tendrán cambio? ¿Cuántos litros faltan para un tanque lleno? ¿Y si el medidor está malo y no calcula bien los litros que necesita el carro? ¿Y si no vuelve la gasolina? Carmen no fue la única persona en tener las mismas inquietudes. 

Una semana con y una sin COVID-19

Esta salida en familia fue durante la primera apertura del confinamiento el 1 de junio, que constaba de cinco días de trabajo seguidos de 10 días de cuarentena. La apertura coincidió con el regreso de la gasolina al menos a la capital.

Dos meses después, inició el 7+7, esquema de flexibilización implementado por el Estado venezolano que incluía siete días de confinamiento seguidos de siete días de flexibilización general. El 7+7 era suspendido en caso de que hubiese un rebrote de casos de COVID-19.

Cada vez que había un rebrote de casos de COVID-19, la semana radical se extendía por una o dos semanas más. Durante el fin de semana, junto al reporte de cifras oficiales de coronavirus, se anunciaba si la semana sería la que correspondía según el esquema del 7+7 o si cambiaría. 

A pesar de esa apertura, la movilidad continuaba siendo un problema. En algunas zonas de la capital, circular durante una semana radical no estaba permitido. La salida de Caracas era uno de los puntos donde se generaba más tráfico durante el lunes, primer día de la semana radical. 

Tapabocas, caretas faciales y escasez de oxígeno

Una de las cosas que se olvidó a tres años de la cuarentena es el uso de una careta facial, algo inconcebible durante 2020 y algunos meses de 2021. 

Después del anuncio del 13 de marzo de 2020, el alcohol y los tapabocas escasearon en diferentes farmacias de Caracas. La escasez de tapabocas y alcohol duró poco. La que sí persistió fue la escasez de oxígeno. 

La Voz de América reseñó a mediados de 2021, que aún teniendo los recursos para costear una clínica privada donde se pagan más de 1.700 dólares diarios por un paciente en terapia intensiva, no había garantía de oxígeno. El portal relató el caso de una mujer que tuvo que trasladar a un familiar a otra clínica privada cuando la llamaron para anunciarle que el oxígeno en ese centro clínico estaba por agotarse.

A la espera de las PCR y la vacuna

Seguido a la búsqueda sin resultado de oxígeno, en sus inicios, la población venezolana no tenía acceso a las pruebas PCR (reacción en cadena de la polimerasa) para diagnosticar la infección de COVID-19.

A diferencia de otros países, en 2020, los venezolanos no tenían acceso a pruebas de diagnóstico de COVID-19. Según El País, hasta julio de 2020, cuatro meses después de la llegada de la pandemia, los números de la pandemia de COVID-19 en Venezuela se vieron a través del ojal de la limitada capacidad diagnóstica que tenía el país. 

“Un solo laboratorio en Caracas ha analizado desde marzo hisopos a través de pruebas moleculares. En cuatro meses, las confirmaciones superan los 13.000 casos y las muertes llegan a 124, números que están muy por debajo de la región y sobre todo de sus vecinos de Brasil y Colombia, que cuentan dos millones y 200.000 casos respectivamente”, indicó El País. 

Tres meses después, Venezuela se convirtió en el primer país de América Latina en probar la vacuna rusa contra el COVID-19, Sputnik V. La BBC aseguró que científicos occidentales dudaron de la validez del medicamento por la rapidez con la que las autoridades rusas aprobaron su producción y suministro, y por no haber agotado las etapas habituales de prueba. 

Los operativos de vacunación iniciaron una nueva etapa de la pandemia. “Un estimado de 600 personas en el hospital Dr. José Gregorio Hernández, de Los Magallanes de Catia. No hubo priorización. Se inmunizaron personas de 85 años o más y hasta un dirigente político de 38 años, sin aparente patología que lo calificara dentro de los grupos prioritarios”, reseñó Crónica Uno.

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