Opinión - Runrun

OPINIÓN

La dictadura ha sacado nuevamente a la calle sus juguetes de guerra, eso sí, no sin antes aclarar en voz de Freddy Bernal que las cosa no es contra los Estados Unidos, porque ellos no quieren problemas con el imperio. La pregunta de los mil petros es ¿Contra quién o quiénes va entonces todo ese despliegue guerrerista? La respuesta parece evidente: contra la ciudadanía. Sin conflicto internacional a la vista, la dictadura apunta
sus armas contra la población civil, enviándoles un mensaje camuflado de amenaza: si se atreven nosotros también.

Para la dictadura atreverse no significa mucho más que protestar de nuevo. La amenaza es creíble porque aunque frente a un ejército extranjero medianamente constituido toda esa chatarra soviética no tardaría mucho en ser inutilizada, frente a un pueblo desarmado su poder para causar muerte y destrucción no debe subestimarse. De allí que hayan colocado sus misiles y baterías antiaéreas a la vista de todos, en zonas residenciales, apuntando a universidades y otros sitios que han logrado sobrevivir al chavismo como símbolos de la civilidad.

No sería la primera vez que una dictadura masacra a su pueblo para mantenerse en el poder. De hecho, hay quienes aseguran que no hace falta una declaración de guerra oficial para darse cuenta que el régimen chavista tiene años aniquilando a su pueblo. No es sorprendente que en términos de proyección el número de desplazados venezolanos supere al de la devastada Siria. Los organismos internacionales no pueden decirlo, pero esos venezolanos huyen de la única fábrica que funciona en socialismo: la que produce muerte y miseria.

Aunque pueda generar miedo en algunos, quizás sea contraproducente abusar de la amenaza militar. En veinte años los venezolanos hemos perdido tanto que ni los tanques y fusiles oxidados de la dictadura, por más poder de daño que tengan, no podrán ser capaces de detener lo inevitable. Por más impresionante que sea el número de bajas, la población venezolana no ha sido derrotada, se repliega momentáneamente para volver y hacer frente a la dictadura. Hay una inmensa convicción de victoria que comienza a florecer, quizás esta vez sea diferente y las capacidades estén dadas para que ningún otro inocente muera por la libertad de su país. Yo estoy seguro que será diferente y serán  derrotados. Pero lo más importante, viviremos para celebrarlo y ese histórico momento vendrá pronto.

@BrianFincheltub

¿De qué trata “Lejos de Casa”? ¿Por qué decidieron llevar estos cine foros a las universidades? ¿Cómo encontraron las historias? Estos y otros temas los estaremos conversando con Oriana Martínez y Yangel Machado, representantes de los cine foros “Lejos de Casa”, una serie documental que se hizo para CECODAP (Centros Comunitarios de Aprendizaje) tomando como foco los niños y adolescentes que se quedan sin sus padres en el país producto de la migración. 

“Todo el mundo siente que la migración sólo afecta al que se va, pero nadie toma en cuenta que un gran porcentaje de los que se quedan son niños, que en la mayoría de los casos, son ambos padres los que se van del país para buscar una  mejoría”.

En la primera pausa musical escucharás el tema “Frijolero” de Molotov, seguido del tema “Cursi” de Desorden Público, y finalmente escucharás el tema “Sanitarios” de Caramelos de Cianuro; estas son las pausas musicales que escucharás para este Humano Derecho #157. 

En esta oportunidad contaremos con Génesis Zambrano (@medicenmouzo) y Luis Serrano (@AkaLuisSerrano) como presentadores, quienes les estarán haciendo la suplencia a @fanzinero y @MelanioBar. Somos el radio web show semanal que mezcla la buena música con gente que ayuda a gente. Transmitido por diferentes plataformas del país, es producido por RedesAyuda y Provea. Más contenido en www.humanoderecho.com

Feb 15, 2020 | Actualizado hace 2 días

Escribo esta nota no para señalarle al gobierno lo que debería hacer para convertirse en un buen gobierno, para gobernar en función de las necesidades del país y de su población, para establecer políticas, programas y acciones dirigidas a nuestro despegue del subdesarrollo y del atraso en que nos encontramos, lo cual sí nos conduciría a ser una Venezuela realmente independiente y soberana. Objetivos presentes en el discurso gubernamental pero totalmente ausentes en sus intenciones y muy escasas realizaciones. No. No es eso lo que quiero, pues sería como pedirle “peras al horno”, expresión de un “filósofo” zuliano, quien fue candidato presidencial y sigue campante en el escenario y los negocios políticos.

Lamentablemente, como todo el mundo sabe, quienes nos gobiernan no están interesados en hacer un buen gobierno. Nunca lo estuvieron, ni antes con Chávez ni ahora con Maduro. Sólo les interesa mantenerse en el poder a como dé lugar y para ello utilizan todas las armas posibles: desde las pacíficas, como la propagandística, la demagogia, la mentira y la calumnia, el soborno y la corrupción, hasta las violentas, como las que se expresan en la utilización de los tribunales, las cárceles y las acciones delictivas de los llamados cuerpos de seguridad del Estado, de los tristemente famosos colectivos supuestamente revolucionarios y populares y los grupos armados provenientes del narco Estado colombiano.

Escribo para decirle al gobierno lo que pienso debe hacer o por lo menos tomar en cuenta para salir lo mejor parado de la situación actual, pero sobre todo para que el pueblo venezolano, el pobre pueblo venezolano, vislumbre una salida, que le permita dejar de sufrir tan intensamente el desgobierno existente y las consecuencias de los enfrentamientos con una oposición que iguala o supera al régimen en sectarismo, violencia e indolencia.

Escribo para tratar que se entienda que estamos transitando el camino de la disolución de la república, de nuestra desaparición como nación. Sólo quedarán escombros como premio al ganador de la confrontación, si es que hay realmente un ganador y no somos todos simplemente perdedores.

 

La oposición guaidoista no tiene fuerza interna suficiente para derrotar al gobierno de Maduro. Sus posibilidades electorales derivan del amplio rechazo de la población al régimen, que la llevaría a votar por alguno de sus partidos o por una coalición de éstos, si considera que tienen posibilidades de triunfar electoralmente. La fuerza fundamental de Guaidó radica en el apoyo estadounidense, en el respaldo del gobierno de Trump, que arrastra el de otros 58 países.

En la aplicación de las sanciones contra el país, en el estrangulamiento económico y diplomático de Venezuela, lo cual no es poca cosa y no puede ser derrotada sólo con el apoyo de Rusia y China. El soporte gringo a Guaidó no es nada despreciable y no se debe subestimar.

La forma de enfrentar esta política es la realización de elecciones legislativas con un CNE que tenga el respaldo de la mayoría de las fuerzas políticas existentes, lo que debería incluir a AD, UNT y la fracción de Capriles de Primero Justicia. El intento de designar el CNE en la Asamblea Nacional era políticamente correcto. De haberse hecho se habría desmontado toda la conspiración internacional contra el gobierno y el país estaría en la vía de su institucionalización.

No se pudo o no se hizo el suficiente esfuerzo en ese sentido. No lo quería Guaidó, pues sellaba su derrota y la de Trump; no lo quiso tampoco el gobierno, producto de sus miedos a un descalabro en unas elecciones con mayor participación.

 

O el gobierno asume una posición sincera y valiente en función de unas elecciones legislativas equitativas y transparentes, con un CNE difícil de ser objetado, con la más amplia participación de partidos y otras organizaciones, con una distribución de los curules legislativos apegada estrictamente a la proporcionalidad electoral establecida en la Constitución, sin el ventajismo descarado usual y sin el uso de los recursos del Estado por parte del PSUV, o se profundizará y eternizará la pesadilla de la situación actual.  

@LFuenmayorToro

Los hombres de pensamiento del mundo libre y democrático, se encuentran en una incómoda y difícil situación. Han sido arrasados por contradicciones que pululan realidades de confundida caracterización. En lo particular, Venezuela no ha escapado de tan crudo problema. Desde la Independencia hasta la actualidad, el país se ha servido de criterios dictados por naciones que, políticamente, pudieron adelantarse a las circunstancias imperantes en cada momento histórico. Naciones que se valieron del liberalismo a la inglesa, del federalismo a la norteamericana, del socialismo a la francesa. O que hacían equilibrio entre posturas ideológicas.

Sin embargo, de poco valió que Venezuela se hubiese aprovechado de ello cuando a fin de cuenta, los ejercicios de gobierno que se implantaron durante buena parte del siglo XX y en lo que va de siglo XXI, dieron cuenta del carácter contradictorio que se fraguaron bajo los lineamientos de política que trazaron el rumbo que fue tomando el país. Rumbo éste que, lejos de enmarcar una praxis política apegada al concepto de “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia”, esgrimido por distintas constituciones de la época, terminó deformando cada ejercicio de gobierno. Así Venezuela fue ajustándose a atroces coyunturas, Bien improvisando, o sumiéndose en arbitrariedades. Más aún, sin un plan que diera con salidas urgentes a la anarquía que indujo el populismo y la demagogia.

Cuando los tiempos comienzan a marcar el inicio de la tercera década del siglo XXI, Venezuela parece no poder más con el inmenso peso que gravita sobre su curso. La crisis política, la crisis económica y la crisis social, han arreciado de tal modo, que el país se volvió un dilema. O peor, un charco de “rojas” inmundicias.

 

La palabra “desarrollo”, tantas veces enunciada a manera de promesa o compromiso político, particularmente en tiempo de campaña electoral, con la idea de afianzar a Venezuela sobre bases y valores que soporten de forma segura el devenir político, fueron sólo voces zarandeadas por el viento. El finado presidente militar, al momento de hacer público las Líneas Generales del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2001-2007, exponía que “en ellas se consolidan los fundamentos y políticas para la dinámica del crecimiento económico sostenido, las oportunidades y equidades, la dinámica territorial y ambiental sustentables, la ampliación de las oportunidades ciudadanas y la diversificación multipolar de las relaciones internacionales”. (Crasa burla y tenaz engaño).

Sus mentados “cinco equilibrios”, no fueron otra cosa que la vía más expedita para un vulgar maniqueo alrededor de propuestas que terminaron convirtiéndose en una contraoferta de la que luego se sirvió el régimen político para enquistar las causas que determinaron la ruda crisis de Estado que en un “santiamén”, engulló al país. Y además, se radicalizaron decisiones que descompusieron al país llevándolo a la situación en la que hoy se encuentra.

Actualmente, el tema que angustia a los venezolanos, producto del trauma político padecido en veinte años de autoritarismo hegemónico, está relacionado con los modos, formas o maneras de evitar que todos aquellos problemas arrastrados por la razón política que acusa el país, continúen causando los estragos hasta ahora soportados.

Últimamente, la oposición democrática ha traído a colación razones que traten dicho tema. La labor parlamentaria de los últimos cuatro años, ha sido contundente a ese respecto. De hecho, las esperanzas volvieron al venezolano. El país comenzó a visualizar el túnel por el cual habrá que transitar para salir al otro lado. Quizás lo más importante alcanzado por la gestión de parlamentarios resteados con y por la democracia, ha sido el apoyo internacional obtenido con el propósito de hacer del conocimiento de las naciones del mundo libre, sobre el profundo problema que vive el país que una vez fuera referente en democracia y gestión de gobierno. En consecuencia, se ha visto la respuesta solidaria de una comunidad internacional que supera ya los sesenta países y gobiernos del entorno democrático.

Se ha hablado de distintos métodos capaces de contar con la disposición necesaria para disipar el tizne que se ha cernido sobre el horizonte político, económico y social venezolano. De esa forma, se ha hecho referencia a modelos de fuerza y esquemas jurídico-políticos que pudieran fungir como estrategias o tácticas en torno al problema que arrasó con todo lo que se erigía como factor de desarrollo nacional.

 

Se han mencionado procedimientos que van desde órdenes de detención, incursión militar extendida o puntual, operaciones de fuerza de baja intensidad, hasta negociaciones que impliquen acciones categóricas que incidan sobre eventos y procesos de extracción de capitales, acuerdos según el modelo “militar a militar” y manejos de inteligencia financiera que den con los cabecillas de estructuras criminales y narcotráfico. Acciones que consideren protestas dirigidas a provocar presiones a lo interno y externo del régimen político.

Asimismo, se ha hecho alusión de aplicación de sanciones a quienes le hayan sido comprobados delitos de índole penal o financiero. Delitos que hayan afectado al patrimonio público, erario o hacienda nacional. Incluso, a naves y aeronaves que se hayan prestado a transgresiones de igual naturaleza. Además, a quienes han participado de disposiciones que hayan violado derechos humanos, tanto como facultades institucionales y constitucionales.

En fin, todo ello apunta al respeto de lo que encarna y simboliza el “Estado de Derecho” bajo el cual debe ceñirse toda decisión asumida en nombre de la justicia, del pluralismo político, la responsabilidad social y la democracia. Por eso, se ha dicho que, de cara a la recuperación de las libertades y garantías que asisten al venezolano en todas sus manifestación y necesidades de vida, es válido actuar según la posibilidad de considerar dictámenes que tomen en cuenta: todas las opciones…

La necesidad de aumentar la producción petrolera, por Luis Oliveros
Cada vez que revisemos nuestra industria petrolera, debemos recordar: En 1998 Colombia producía 775.000 bd, Brasil 1.003.000 bd y Venezuela 3.447.000 bd (Fuente BP).

En este inicio del 2020 Colombia está en torno a los 900.000 bd, Brasil 3.110.000 bd y Venezuela en 733.000 bd (Fuente OPEP). Pronto tendremos que meter a Guyana en estas comparaciones, quien va encaminado a una producción promedio de 100.000 bd y que en cuestión de 5 años estaría produciendo mucho más petróleo que nuestro país. Hace 10 años producíamos 6 veces más petróleo que Ecuador, todo parece indicar que para dentro de 1 año, ese país nos superará (ya se salieron de la OPEP para quitarse las ataduras de la organización y poder aumentar su producción).

¿Qué hicieron esos países para aumentar la producción? Todo lo contrario, a lo que hizo Venezuela, sobre todo en los últimos años.  Por ejemplo: colocar a personas que sean expertos del negocio petrolero al frente de la industria petrolera, parece algo obvio, pero hay países donde el reparto del poder entre la élite gobernante, impide que eso ocurra. 

La Junta Directiva actual de Pdvsa ha sido consistente, en cada inicio de año le prometen a Maduro y al país que ellos van a aumentar la producción petrolera en 1.000.000 bd. No por casualidad, su gestión muestra un descenso en la producción (desde que tomaron posesión de sus cargos hasta la fecha) de 1.000.000 bd (más del 50%). Mas allá de que podamos entender que hay un efecto sanciones, la realidad es que hoy nuestra industria petrolera muestra una exacerbación del deterioro y no hay muestras de que se estén tomando acciones concretas para revertir tal situación.

Sobre planes de recuperación de la industria petrolera, hay abundante literatura de gente seria. Desde economistas, ingenieros hasta organizaciones que agrupan a las empresas petroleras privadas, hay cierto consenso en torno a que se puede recuperar buena parte de lo perdido en estos últimos años, no obstante, pareciera que o no hay la voluntad política para hacerlo o no hay interés de quienes toman las decisiones o tan sencillo como la opción de dejar de ser un país petrolero para convertirnos en el nuevo Haití de la región ganó la batalla dentro del gobierno de Maduro. Esta última posibilidad, nos llevará a ser un país pobre para siempre.

Recuperar la producción petrolera debería ser una obsesión, el país necesita a toda costa aumentarla, la única industria capaz de generar en el corto plazo, de manera sostenible y en volúmenes importantes, divisas que sirvan para orientar esta economía al crecimiento económico, es la petrolera, además que sirva como palanca para los demás sectores económicos del país. 

Para eso, Venezuela necesita reformar la Ley Orgánica de Hidrocarburos en algunos artículos (no debe ser la prioridad, al menos en el corto – mediano plazo, una nueva ley, sobre todo por el difícil escenario político), para eso deben ocurrir consensos mínimos en el ámbito político para que esos cambios ocurran respetando la legalidad y las instituciones. El conflicto político actual en nuestro país hace que ese objetivo de lograr cambios en la Ley Orgánica de Hidrocarburos luzca lejano. Aumentar la participación de las empresas privadas en las empresas mixtas, atrayendo con esto tecnología, recursos financieros y humanos, es un punto fundamental para lograr un aumento en la producción petrolera y no debe ser para nada complicado lograr acuerdos en relación a esa idea. Nadie en su sano juicio en la actual Venezuela puede criticar la entrada y aumento de responsabilidades del sector privado en el sector petrolero. 

La revisión de la Ley Orgánica de Hidrocarburos también debe tomar en cuenta la no satanización de la inversión extranjera, como ha sido la practica común de algunos sectores radicales de izquierda venezolanos. Hoy Venezuela compite con Brasil, con Guyana, con Colombia, con Ecuador, con Argentina, con Ecuador (por solo nombrar 6 países), en la región, para atraer inversión extranjera. Esto indica que hay que ser agresivo, entender la situación actual del mercado de nuestra industria y la necesidad que como país tenemos en la actualidad.

El debate estéril sobre la soberanía debe quedar atrás. Otorgarles mayor participación a los privados, buscando más divisas para el país debería ser un argumento suficiente. Generar ingresos que permitan al gobierno de turno mejorarle la calidad de vida a sus habitantes es ser mucho más soberano que insistir en que los recursos naturales solo los pueden explotar las empresas públicas de ese país. Menos pobreza y más bienestar es soberanía.

Ojalá y las cosas cambien en la industria petrolera de Venezuela. Es necesario para disminuir la pobreza, atacar la hiperinflación e impulsar esta economía que se empequeñece a un ritmo preocupante.

Feb 14, 2020 | Actualizado hace 3 días

Uno de los aspectos más importantes de la necesidad de cambio que exige el país es el de la construcción de un nuevo pacto de convivencia social. Una nueva convivencia que debe construirse sin exclusiones y favoritismos. El Estado debe velar y defender los derechos de todos y no parcializarse por un grupo o sector.

Este equilibrio fundamental para el bienestar y el desarrollo social no existe en Venezuela. Este contexto de desigualdad, exclusión e injusticia se evidenció grotescamente el pasado 4 de febrero, cuando el régimen celebró de nuevo la intentona golpista de 1992 mientras prohibía la entrada al país de la delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Esta comisión iba entrevistarse con víctimas de las FAES, presos políticos y sus familiares, pacientes del J.M. de los Ríos, entre otros grupos representativos de las víctimas de las masivas violaciones a los derechos humanos que se producen desde el Estado.

Este hecho expresa claramente la ideología militarista que ha propiciado el modelo autoritario que padecemos.

Se mantiene un discurso oficial que niega, desconoce y desvaloriza los logros alcanzados desde la sociedad civil, sobre todo en los periodos democráticos, exacerbándose las taras del caudillismo y la figura del hombre “fuerte” que hemos venido lastrando a lo largo de nuestra historia. Taras que Hugo Chávez aprovechó, en la implementación de su proyecto de poder, de forma irresponsable y con las terribles consecuencias que ahora padecemos.

En la actualidad, el apoyo de una cúpula militar es uno de los factores principales que sostienen el modelo destructivo encabezado por Nicolás Maduro. De igual forma, la ideología militarista se ha apropiado de áreas tan sensibles como la producción petrolera, la explotación de recurso naturales, el acceso a alimentos o servicios básicos o la seguridad ciudadana, intensificado las crisis en estos ámbitos a niveles inéditos de corrupción y colapso.

En este sentido debe reconocerse que el papel de las Fuerzas Armadas en cualquier sociedad es fundamental para su desarrollo, pero esta participación no puede darse sino en términos horizontales y en articulación con la sociedad civil.

Lo sucedido el martes muestra a qué grado este balance vital ha sido violentado por la dictadura. Pero también expresa la resistencia que se mantiene desde los grupos civiles, a través de redes de apoyo y solidaridad, así como ONGs, que visibilizan realidades y defienden derechos humanos desde la manifestación pacífica, la organización y participación civil. En estos logros, alcanzados superando la violencia y la imposición de la tiranía, se resguardan las semillas de civismo que debemos preservar e impulsar en el camino hacia una nueva Venezuela.

Roberto Patiño

Coordinador de Movimiento Mi Convive

Miembro de Primero Justicia

robertopatino.com

La hiperinflación es un impuesto para financiar el déficit del gobierno, por Víctor Álvarez R.

@victoralvarezr   

 

A comienzos de 2019, el FMI pronosticó para Venezuela 10.000.000 % de inflación. Esta espeluznante cifra fue ajustada a 1.000.000 % en abril y luego a 200.000 % en septiembre. Finalmente, el BCV acaba de informar que en 2019 la inflación cerró en 9.585,50 %. Este dato oficial es mayor al 7.374,4% que publicó la Asamblea Nacional (AN), el cual se  creía sobreestimado debido a que en 2018 el BCV reportó una inflación de 130.060,2%, mientras que la AN la calculó en 1.698.844,2%.

Cualquiera que sea la cifra, Venezuela nuevamente tiene el siniestro privilegio de liderar el ranking de los países con mayor inflación. Zimbabue está de segundo con 161,8%, mientras que Argentina figura en el tercer lugar del podio con 53,8 %.

No se puede seguir confundiendo la hiperinflación con la especulación y atacándola como si se tratara de un delito. La hiperinflación tiene una causa estructural en la prolongada recesión que ha reducido la economía a apenas 1/3 del tamaño que tenía en 2012. Esta debacle justamente es la que explica la persistente escasez y, como ya sabemos, el producto más caro es el que no se consigue.

Pero la hiperinflación también tiene un grave factor propagador en las desmesuradas emisiones de dinero que realiza el BCV para financiar el déficit de unas empresas públicas quebradas por la corrupción y por unas tarifas largamente congeladas que no les permiten facturar ni siquiera para pagar la nómina. Y si a una economía postrada y castigada por altos índices de escasez se le inyecta una excesiva liquidez, está claro que mucha plata detrás de productos escasos dispara los precios a un nivel cada vez mayor. 

De allí que las desmesuradas emisiones de dinero para financiar el déficit de las empresas públicas -en lugar de sincerar las tarifas o aumentar los impuestos-, en la práctica operan como un impuesto inflacionario. La hiperinflación destruye el bolívar como signo monetario nacional que tiende a ser sustituido cada vez más por el dólar a la hora de fijar los precios y realizar las operaciones de compra-venta. De más está decir que en Venezuela nadie ahorra en bolívares. La moneda nacional dejó de cumplir sus funciones de unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor.

Para superar esta problemática es necesario un cambio radical en la política económica. Abatir la hiperinflación requiere una eficaz política de reactivación del aparato productivo, exige a su vez corregir el déficit de las empresas públicas y de todo el gobierno y, sobre todo, erradicar su financiamiento con emisión de dinero sin respaldo, toda vez que esta práctica se traduce en un impuesto inflacionario que azota a las familias, empresas e instituciones que no logran sincronizar sus ingresos con la velocidad hiperinflacionaria.

Cualquier gobierno que sustituya al régimen de Nicolás Maduro recibirá un país en ruinas. Desde el inicio tendrá que aplicar drásticas medidas para corregir los graves desequilibrios macroeconómicos que causan la escasez e hiperinflación. Para aliviar el déficit fiscal y erradicar su financiamiento con emisiones de dinero inflacionario, el nuevo gobierno tendría que sincerar las tarifas de los servicios públicos de electricidad, agua, gas y telecomunicaciones, lo cual no sería bien recibido en un país castigado por una prolongada escasez y voraz hiperinflación. Por si fuera poco, también tendría que sincerar el precio de la gasolina.

A las medidas de ajuste económico suele atribuirse un impacto social y un costo político. Macri heredó del kirchnerismo unas tarifas de los servicios públicos tan bajas que su recaudación no permitía cubrir los costos de mantenimiento. Para corregir el déficit fiscal y aliviar las presiones inflacionarias, tomó la decisión de sincerar las tarifas de los servicios públicos, pero la clase media urbana, las pymes y los trabajadores sintieron que sobre sus espaldas recaía el mayor peso del ajuste. El creciente descontento social se expresó en un costo político-electoral que abortó las reformas económicas y llevó al reemplazo del gobierno que impulsó las mismas.

En Ecuador, la reducción del subsidio a la gasolina -con su impacto en las tarifas de transporte público-, se anunció luego de aprobar una ley que ofreció generosas exoneraciones de impuestos a las grandes inversiones de capital. En Chile, el aumento en las tarifas del Metro fue la gota que rebosó el vaso y dejó al descubierto el enorme descontento social acumulado a lo largo de varios años. 

La viabilidad de una transición política en Venezuela, sin marchas y contramarchas, tiene que mirarse en el espejo de estos países. Los problemas económicos heredados después de largos períodos de gobiernos populistas no pueden corregirse cargando el costo del ajuste sobre la población más vulnerable. El creciente descontento que se genera terminará restaurando al viejo orden que ya se creía definitivamente superado.

Hasta ahora, la atención nacional ha estado muy enfocada en el debate político y no se está prestando suficiente atención a la viabilidad económica y social de la transición política. La lección está clara: quienes en Venezuela predican que sin cambios políticos no habrá cambios económicos, y aspiran gobernar al país para darle un viraje al modelo rentista y populista plagado de subsidios y gratuidades indebidas que se pagan con el impuesto inflacionario, tendrán que prestar más interés y atención a la distribución de los costos que generan los ajustes macroeconómicos. Si no se prevén las debidas compensaciones, y si las medidas no se comunican y explican bien, el rechazo de los sectores afectados puede dar al traste con el programa de reformas económicas. 

Parece obvio que el régimen castro madurista no estaba preparado para el regreso del Presidente (E) Juan Guaidó. Con entonación despectiva, de forma displicente aseguraron que era nada, “la nada”, y después apurados, a la carrera atiborraron el aeropuerto internacional Simón Bolívar con una pequeña porción de lerdos que sólo supieron vociferar pendejeras, chillaron ¡Fuera! ¡Vende Patria!, agredieron como hienas sedientas de sangre, luciendo cuchillos cual forajidos, similares a las garras de un dragón ciego y derrotado antes de poder siquiera lanzar una llamarada. Obstruyeron tosca y rabaneramente la autopista, despojaron de la cédula de identidad a un ciudadano que venía investido y documentado por los principales dirigentes del mundo.

Despliegue burdo y antipático de la delincuencia del odio, realizada por colectivos, castristas y trabajadores chavistas que lo repudiaron e increparon por pedir más sanciones, solicitando su encarcelación. Alharaca venenosa, tóxica, desordenada e incompetente que sólo sirvió para mostrar como conquista el zapato que le quitaron -robaron- a un profesional que, hacia su trabajo, un periodista, previa golpiza mal intencionada, pero no suficientes para frenar al interino Presidente que llegó a su casa, para después pronunciar un discurso ante quienes lo esperaban.

Los verdaderos dirigentes recibieron con afecto y respeto al viajero que, en vez de entrar sigiloso, a escondidas, sin previo aviso, lo hizo erguido, dando la cara, de frente, y fue convertido en víctima que superó los necios obstáculos de una muchedumbre que sólo sabe gritar y arremeter, pero no pensar.

 

El castromadurismo no entiende -quizás por eso lo hace una y otra vez- que cada vez que produce una víctima pare un héroe, símbolo vivo que alienta el rechazo y la rebelión contra la tiranía asesina e inútil, perseverante en la destrucción y el fracaso.

Fue mucho lío, mucho ruido, para nada. Juan Guaidó regresó y el régimen madurista sólo atinó a desatar lo mismo que tanto daño les hace a sus propias promesas, la violencia, su única salida, sin sentido ni justificación, para intimidar y generar miedo; el berrear sin objetivo porque son voces que sólo hacen ruidoso el criterio de una política de seguridad social en la cual fracasan con empeño digno de mejor causa.

¿Qué puede decirle el régimen que fracasa en todo lo que plantea a los venezolanos que ya no esperan nada, sino que se termine de ir? ¿Qué logra explicar a los pocos que arrastra por la fuerza a eventos que una vez fueron masivos y ahora se muestran en fotos cerradas falsificando multitudes? El problema no es tanto el regreso de un venezolano que retorna de un viaje contundente, que dará mucho de qué hablar, sino de quien se supone debería ser el guía del país no es más que un fracasado pertinaz en el error, la mentira y derrota.

Y que además está solo, encapsulado en búnkers, rodeado de quienes no confía, ni siquiera capaces de conservar espacios relevantes en una Asamblea Nacional que perdieron incluso con la siempre dudosa participación de un Consejo Nacional Electoral que hasta en la trampa falla.

 

Gran parte de los venezolanos incluyendo carnetizados por conveniencia, interés y necesidad está en la calle, pero no defendiendo al régimen castrista campeón de fiascos, frustraciones y desengaños, sino pidiéndole que termine de irse, reclaman seguridad, medicina, comida, mejor calidad de vida, servicios públicos confiables, desean un cambio, no solo de presidente sino de sistema, dicen ¡no! rotundo al comunismo castrista y socialista venezolano; para que de una vez por todas dejen campo libre para que políticos comprometidos, serios, coherentes, valientes, que cumplan y honren la palabra empeñada, plenos de coraje, estadistas conductores y guías, empresarios responsables, dirigentes eficaces, ciudadanos de principios éticos, valores morales y buenas costumbres ciudadanas, puedan iniciar la reconstrucción del país, abrir compuertas a la democracia plena, sin restricciones, libre desarrollo y libertad.

¡Eso sí! sin cómplices ni corruptos, convivientes, ladrones del tesoro público, sin las inmoralidades, indecencias, deshonestidades, que dieron pie a esta ignominia y aun, los mantienen, aunque precariamente. Necesario despedir y someter a la justicia, a los bandidos de la dignidad venezolana y cuatreros de la venezolanidad.

Este nuevo fracaso en Maiquetía fue costoso en lo político, ridículo y considerable en el empeño para mostrar un zapato robado como triunfo.

@ArmandoMartini