Opinión - Runrun

OPINIÓN

Entre el 9 y 11 de noviembre el mundo conmemoró tres hechos que denotan lo malo y lo bueno del ser humano: la firma del armisticio, el 11 de noviembre de 1918, que puso fin a la matanza de la I Guerra Mundial, la ‘Noche de los cristales rotos” producto del odio, el 9- 10 de noviembre de 1938, y el derrumbe del vergonzoso Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, por parte de ciudadanos ansiosos de libertad.

Curiosamente, tanto la I Guerra Mundial, con sus millones de muertos y de heridos, como la Noche de los cristales rotos, con la intensificación de la persecución a los judíos, se iniciaron con el asesinato de una persona. En el primer caso, con el del Archiduque Francisco Fernando, heredero del imperio austro-húngaro, y en el segundo con el asesinato de Rath, Secretario de la Embajada de Alemania en París.

El Archiduque fue asesinado por un fanático serbio-bosnio. Lamentablemente, los dirigentes políticos de la época fueron incapaces de entender que la mala acción de una persona no puede conducir a desatar una conflagración mundial. El armisticio despertó, ingenuamente, la creencia de que esa terrible guerra de trincheras sería la última que vería la humanidad. Para garantizar la paz se creó la Sociedad o Liga de las Naciones, antecesora de la ONU.

Como sabemos, dos décadas después se desató la II Guerra Mundial, y gradualmente se produjeron muchas guerras locales. Ninguna de esas dos organizaciones lograron el cometido de la paz y hoy en el Consejo de Derechos Humanos de la OEA están representados países como Venezuela y Cuba, que violan los derechos humanos. El hombre sigue siendo un lobo para el hombre, como dijo Hobbes.

El caso de la Noche de los cristales rotos fue diferente. El joven judío polaco Herschel Grynszpan, actuó por reacción ante el atropello cometido por los nazis en contra de sus padres. Esa acción personal sirvió de pretexto a Hitler para intensificar la persecución en contra de los judíos, a quienes culpaba, con desvengorzada patraña, de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial, así como de la hiperinflación. Una mil sinagogas y miles de negocios fueron saqueados y destruidos, y unos 30.000 judíos detenidos y deportados a campos de concentración, como parte del Holocausto o Shoá que costó a la vida a unos seis millones de judíos, además de otros millones también asesinados por los nazis.

Todavía hoy en día, gente fanática, envenenada con mentiras, quema sinagogas y profana cementerios en Estados Unidos, Alemania, Francia y Argentina, y persigue a ciudadanos de esa fe ancestral, ejemplo de laboriosidad y de aporte a la ciencia en beneficio de la humanidad.  

 

El mundo se sorprendió cuando hace veinte años una multitud ávida de libertad se atrevió a derrumbar el muro de la vergüenza, construido en Berlín oriental para impedir que los alemanes del oeste pudiesen vivir en un país con democracia. Se desconoce la cifra exacta de ciudadanos asesinados por la policía para impedir que pasaran a occidente, pero se estima en unos 200 y unos 3000 los detenidos; poco antes de la construcción del muro unos tres millones y medios había huido de Alemania del oeste, irónicamente denominada República Democrática.

Cincuenta y seis años de opresión y adoctrinamiento comunista no impidieron que los ciudadanos tumbaran el muro y al oprobioso régimen. Como dijo la Canciller Merkel: “No hay muro tan alto o tan ancho que no se pueda atravesar ”, palabras que deben servirnos de guía para continuar nuestra lucha en Venezuela para derribar la narcodictadura totalitaria.

Los comunistas de ayer se hicieron los ciegos ante las barbaridades cometidas por Lenin, Stalin y sus secuaces que estaban al frente de los países satélites que integraban la URSS. Dirigentes rojos del mundo entero y personalidades como Neruda alabaron a estos asesinos. Los de hoy intentan revivir ese fracasado e inviable sistema que degrada al ser humano, apelando a nombres como Socialismo Siglo XXI.

 

Nuevamente solicitamos a nuestra dirigencia a unirse. El reciente Acuerdo de los   ministros de relaciones exteriores del Grupo de Lima, integrado por Argentina, Brasil, Canadá, Honduras, Paraguay, Perú, Chile, Colombia, Costa Rica y Guatemala, con representación de Estados Unidos, Ecuador, El Salvador, Unión Europea y Secretariado de la OEA, se comprometió “ a otras medidas de presión, excluyendo el uso de la fuerza, sobre el régimen de Maduro….”.   Quienes no acepten esta realidad y pretendan seguir actuando en contra del grupo mayoritario evidenciarán que actúan por intereses personales ¡Ya basta !

Como (había) en botica: Los bolivianos y sus fuerzas armadas lograron la renuncia del doble tramposo Evo. Ojalá le permitan salir del país y no haya agresión contra los suyos. La tragedia en el Parque Rómulo Betancourt es responsabilidad de Rangel Ávalos, alcalde de Sucre y del coronel comandante del pelotón de guardias nacionales que custodian el Parque ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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Nov 09, 2019 | Actualizado hace 3 días
CNE: omisión versus consenso, por Luis Fuenmayor Toro

Para la mayoría de los actores políticos venezolanos, no habrá consenso en la designación del Consejo Nacional Electoral por parte de la Asamblea Nacional. La oposición extremista continúa, por lo menos declarativamente, hablando del cese de la usurpación, es decir de la salida de Maduro como condición previa a cualquier arreglo posterior. El gobierno, por su parte, tiene en la permanencia de Maduro su límite en cualquier negociación.

Maduro no se irá por las malas, ni por la puerta trasera; eso lo han mantenido desde hace muchísimo tiempo. A lo mejor, no está negado a irse, pero no de la forma en que los extremistas opositores quieren, y en Venezuela no existe una revuelta popular a lo chileno o boliviano que pueda obligarlo, ni las tropas gringas están en la frontera listas para la invasión.

Esta situación hace predecir el disenso en torno a la designación de un nuevo CNE. La oposición extremista se prepara entonces para designar un CNE por su cuenta, con sus diputados, sin tener la mayoría de los dos tercios que requeriría. CNE que pasaría a sumarse a todas las instancias hasta ahora existentes de un pseudo gobierno paralelo o en el exilio, pues tendríamos entonces dos presidentes, dos asambleas nacionales, dos tribunales supremos, dos fiscales y dos consejos electorales.

Dicho en términos más directos: se trataría de extender la política que lleva casi un año de fracasos y que en absoluto ayudaría a buscar una salida pacífica en el mediano plazo, por lo que pudiéramos predecir que el sufrimiento de la nación continuaría y se agravaría.    

 

El gobierno, por su parte, pasaría a designar el nuevo CNE en consenso con los seis partidos hasta ahora integrantes de la mesa nacional de diálogo, lo cual no tendría el reconocimiento internacional necesario para mejorar su situación ni la de los venezolanos, ni reduciría la beligerancia del extremismo opositor. No voy a decir que se estaría en las mismas condiciones que se estuvo en la elección presidencial de Maduro, pues la situación actual no es la misma en varios aspectos.

Un llamado a la abstención no tendría el mismo respaldo que tuvo en mayo de 2018, ni la abstención por desencanto tampoco sería la misma. El sólo hecho de que se designe un CNE sin la presencia de Tibisay Lucena ya es un avance en el sentido de credibilidad del organismo, lo cual resultaría en una mayor participación electoral de la gente.

Pero en cualquier caso no es la mejor salida a la crisis actual, aunque es muy probable que sea lo que acontecerá. De ser así, habría que salir a votar en las elecciones de AN del próximo año, sin atender el llamado suicida de los abstencionistas patológicos, sobreponiéndonos a la desesperanza para tratar de tener un Poder Legislativo donde el PSUV no tenga la mayoría absoluta, independientemente de que como fuerza individual sea mayoritario. Y si eso no es posible, que lo sería si hay una adecuada votación, evitar la hegemonía gubernamental en la Asamblea. Estas posibilidades van a depender también de la unidad que logren los partidos de la oposición democrática.

@LFuenmayorToro

Hasta el siglo XX, desde mucho antes de que se produjese el gran quiebre de la historia en 1989, cuando se derrumba la Cortina de Hierro y emerge con fuerza inusitada la inteligencia artificial, los Estados territoriales – ahora piezas de museo – si eran democráticos se organizaban sobre la base de la división del poder, del ejercicio de contrapesos entre sus distintas manifestaciones: la legislativa, la judicial, la administrativa o de gobierno. La elección de sus titulares, por ende, si bien implicaba el otorgamiento de un voto de confianza, se dispensa a beneficio de inventario, no es total. En las cabezas de la política y de la Ciudad se confía, por ende, pero no tanto como para dejar de vigilarlas.

La democracia, siendo sustancialmente representativa, expresa así un modelo o sistema de desconfianza constante. Para mantenerla, dentro de límites razonables y a fin de asegurar la gobernabilidad, se predica la participación en las tareas de control, sea por los propios ciudadanos, sea, en nombre de éstos, por los demás poderes del Estado distintos del controlado.

El espacio público, en suma, es una casa de cristal cuyo interior lo observan todos, las 24 horas del día.

¿A qué viene todo esto?

Más allá de las conjuras – que las hay y toman cuerpo desde el Foro de São Paulo y la sede de su casa matriz, La Habana – la violencia popular destructiva y sin destino que se aprecia en la región, no solo en la América Hispano-Lusa sino igualmente en el Occidente, cuyas raíces culturales y cristianas están siendo vapuleadas por la onda de relativismo y amoralidad que ahora se expande como pólvora encendida, refleja desconfianza, un estado de incredulidad suma por parte de la gente hacia el poder político. Lo hace precario.

No se trata, como lo afirman los reduccionistas, de un quehacer irresponsable por la supuestamente anti-política sociedad civil, pues, así como nuestras sociedades se están parcelando y pierden sus texturas, la idea de la política, en lo adelante incluye al mundo de la intimidad, el de los enojos personales, ahora transformados en cuestión pública. Esto es así, así resulte absurdo. Cabe entenderlo, si el propósito es reconducir ese fenómeno con sabiduría y espíritu abierto, en procura de renovar el sentido de la política, afirmado en raíces y el servicio a la verdad.

La cuestión es que quienes, asumiéndose como líderes y además considerándose con derecho a usufructuar, a su arbitrio, del Internet y las redes “sociales” para su oficio y la práctica cotidiana del narcisismo digital, parecen no digerir las reglas de este cosmos. Luego se rasgan las vestiduras cuando al quedar al descubierto sus abusos de confianza o su falta de pudor ante la orfandad existencial de los internautas, estos se vuelven en su contra.

 

César Cansino, lucido teórico del tema de la posverdad – que deja de lado los hechos objetivos al momento de incidirse sobre la opinión pública, apelando más a las creencias y sentimientos personales – destaca, entre otros, dos efectos de este inédito panorama que presenciamos: Uno, el paso de las sociedad de masas – con una cultura unitaria, atada a visiones compartidas – a la individualización de la sociedad, que hace reparo difuso y diversificado contra todas las versiones oficiales de quienes se consideran detentadores del poder. El otro, el tránsito desde una sociedad de confianza hasta otra de desconfianza.

Si bien en la confianza, incluso relativa, ayer radica la unidad social bajo un orden político dado y compartido, ahora, mediante la inevitable práctica de la ciudadanía digital y mientras logra educarse ella para atajar las irrealidades que se construyan como verdades, por lo pronto rige una “sociedad de distanciamientos”, de seres aislados, prevenidos. Unidos todos, eso sí, al momento de expresar sus indignaciones y drenar sus desconfianzas, no sólo entre ellos mismos sino fundamentalmente contra quienes no reparan en los ánimos predominantes en las redes y los desafían con desparpajo.

Cabe, pues, separar la paja del trigo. El problema no radica tanto en la práctica del periodismo digital que trabaja en línea inversa, por lo explicado, al periodismo profesional. Cada internauta parte de su estado de ánimo o aspiración y va en búsqueda sólo de aquel pedazo de la realidad que le serena y le valida su convicción personal; así no muestre toda la realidad, pues no le importa. La cuestión es que quienes usan las redes para las Fake News y a tal propósito disponen de Bots para hacerlas correr con destino a centenares de miles de internautas, creando hechos falsos para estimular la crispación o para dividir y sembrar mayor desconfianza entre la gente, son esencialmente los actores políticos; quienes se han corrompido al medrar en las aguas cenagosas de la mendacidad, tanto a la derecha como a la izquierda, y los grupos que los financian, para beneficiarse, unos y otros, del caos constitucional de transición.

Cabe estar conscientes que, si al Homo Videns de Sartori se le podía acusar de estúpido y pasivo, el Homo Twitter de Cansino racionaliza el discurso con aguda inteligencia. Es capaz de crear metáforas de la realidad con apenas 140 caracteres, y de atarlas a lo que ve, evitando que las imágenes hablen por sí solas o confundan.

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Inmensas fueron las esperanzas que se forjaron en diciembre 1998, al apoyar la candidatura del militar indultado de la causa político-militar que, en febrero 1992, afectó la legitimidad institucional establecida en Venezuela. Para entonces, se jugaron distintas razones que, en el curso del correspondiente proceso electoral, dio como triunfador al militar golpista, desatinadamente sobreseído. Fueron los hechos que determinaron el sorpresivo rumbo que trazó el trágico destino nacional, en toda su amplitud.

Los tiempos que a continuación siguieron, se vieron marcados por el crudo conflicto entre las fuerzas políticas que, históricamente, habían antagonizado por la detentación del poder. Sin embargo, el clima de expectativas que había ponderado el cambio de naturaleza política que asumió el gobierno nacional a partir de enero 1999, no se mantuvo como era esperado.

Una nueva especie de orden dominante, comenzó a provocar una mutación en la correlación de fuerzas políticas. Esto arrastró consigo una serie de problemas que se afincaron en la incidencia de eventos que luego destapó una inusitada violencia. Violencia ésta que adquirió forma, no sólo fáctica. También, de naturaleza económica, política y social.

 

Así vio venirse la resurrección de la violencia que si bien fue primeramente algo circunspecta en su forma, posteriormente adquirió la ferocidad de tiempos superados. A pesar de que el discurso político se revestía de llamados de paz, tolerancia y avenencia. Pero entre la arenga y las realidades, se implantó una brecha que con dificultad podía salvarse. Y cuando lograba evitarse o franquearse, surgían nuevos problemas o se exasperaban aquellos que para entonces se habían acumulado.

Reaparecieron eventos asaltados por la irracionalidad del terrorismo. Aunque peor aún, fue el terrorismo de Estado lo que matizó buena parte de los actos de violencia que comenzaron a ocupar las calles del país. Y aunque el alto gobierno lo negaba, siempre algo revelaba su encubierta presencia. Era la Venezuela de finales de la primera década del siglo XXI e inicios de los años siguientes.

De hecho, fue razón para diseñar, formular y sancionar una normativa cuyo absurdo motivó su aplicación. Es la paradójica normativa que aterrizó con la denominada “Ley contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia”, aprobada por la espuria Asamblea Nacional Constituyente y publicada en Gaceta Oficial el 8 Noviembre de 2017. Diseñada para penalizar la disidencia política, dicha ley establece sanciones penales enormes que buscan constreñir las libertades. Ello, con la ridícula excusa de “promover y garantizar (…) la diversidad, la tolerancia y el respeto recíproco (…) erradicar la violencia política, odios e intolerancia a los fines de asegurar la vigencia de los derechos humanos (…) el desarrollo humano (…) la paz y la tranquilidad pública (…)” (Del artículo 1ᵒ)

Parecía haber sucedido que del civilismo que, supuestamente, buscaba exhortarse por cuanto medio era posible, el país cayó en un ámbito de vandalismo donde la muerte colmó de sangre de sus calles. No sólo por acontecimientos amparados por la grosera impunidad protagonizada por colectivos parapoliciales y paramilitares financiados por el régimen. Igualmente, inducidos por el hambre, la inseguridad en todas sus expresiones y la violación de derechos fundamentales y preceptos constitucionales.

Esa sumatoria de causales, hizo que el país sucumbiera sin razón ni justificación alguna. La crisis se insufló en extremo. Así se convirtió en el lastre que detuvo al país en su intentado proceso de crecimiento. Y del desarrollo económico y social, tan ansiado y necesario.

 

La violencia acuciada por la revolución “terrorista” y el régimen “usurpador”, tiene un propósito particular y profundamente político. Aunque nada que ver con la violencia que la historia muestra entre Estados o entre facciones de importante tamaño y gruesos intereses. Esta violencia tiene nombre y apellido pues en sus fauces radica el odio. De ahí que el odio, es acusado como ejercicio de la política. Pero de la política sombría, desesperada y contrariada.

El socialismo del siglo XXI, trajo en sus alforjas -revestidas de democracia y todo cuanto hipócritamente exalta libertades y derechos- el odio. Vino camuflado. Aunque su práctica es histórica, la revolución que ha querido implantarse lo tiene entre sus recursos de urgente y prioritaria aplicación. Sobre todo, si llegó asociado a lo que mal se denomina “revolución socialista”. O peor aún, “revolución bolivariana” o “revolución bonita”. Esta, ofertada como “pacífica, pero armada”.

Esta violencia requiere de la creación de “víctimas inocentes” pues al matar gente honrada o confesos opositores, encauza el odio como razón que justifica cualquier argucia predeterminada o desgracia inducida. Siempre, por fines políticos. Por eso, se hace acompañar de mecanismos de complementación que encubren la crueldad bajo la cual se organiza todo. Entonces puede decirse que la violencia ha fungido como la amenaza gradual sobre cualquiera persona que disienta de las ejecutorias del régimen.

La motivación que está detrás de cada acto de horrorosa condición, evidencia lo torcido de pensamiento y sentimiento que caracteriza a personajes de marras enfundados en el poder por el poder. Todo da cuenta de la irracionalidad que acompaña cada idea puesta al descubierto y emprendida, pese a las consecuencias que incite cada decisión (de rojo color).

Pero lo más grave de todo esto, es el odio que premedita tales decisiones al predecirlas y presidirlas en todo su curso de acción. El odio es enardecidamente el instrumento sobre el cual se moviliza la política mal concebida y peor profesada. Y bajo el “socialismo revolucionario” del que se aferra cualquier ideario tumultuario, como el vigente en Venezuela, considera el odio como ejercicio político (socialista).

@ajmonagas

El Banco Central de Venezuela publicó una nueva resolución en la que autoriza el ajuste de los créditos comerciales al comportamiento de la tasa de cambio oficial. Al sincronizar los préstamos en bolívares con el precio del dólar, si éste sube, el saldo a pagar en bolívares también sube y absorbe la ganancia cambiaria, desestimulando así la especulación en divisas.

La combinación de bajas tasas de interés, creciente inflación y alza permanente del dólar hizo de la especulación cambiaria un gran negocio. Tras la fachada de créditos comerciales, agrícolas o industriales un torrente de bolívares iba a parar al mercado paralelo, presionando el precio de la divisa.

Endeudarse con tasas de interés muy por debajo de la las tasas de inflación para comprar un televisor, una nevera, una lavadora o simplemente dólares, resultó ser un gran negocio que se hizo a expensas del activo de la banca, cuyos préstamos a cobrar en bolívares se derritieron como cubitos de hielo bajo el voraz fuego inflacionario.

Para muestra un botón: en 2017, a la tasa de cambio oficial de entonces, el activo de la banca en bolívares equivalía a $ 12.120 millones, pero al cierre de septiembre de 2019 apenas llegaba a $ 259 millones. A medida que subía la tasa de cambio, la expresión en bolívares del total de créditos era cada vez menor.

Ahora se aprueba la indexación de los créditos en bolívares a la evolución de la tasa de cambio oficial, pero esta medida -que si bien protege los activos de los bancos-, se hace a expensas de los deudores que no podrán pagar los créditos, si la tasa de cambio se dispara. Así, quien haya comprado a crédito una secadora, probablemente tendrá que vender la lavadora para poder pagar el saldo deudor, evitar que éste siga creciendo y no tener que vender también el televisor.

Al indexar los créditos a la tasa de cambio y limitar la demanda de créditos dirigido a la adquisición de divisas, ciertamente se frena el tipo de cambio, pro también encarece el financiamiento al sector comercio y al aparato productivo en general.

 

La resolución del BCV establece que, en adelante, los bancos deberán expresar el crédito otorgado en una unidad de cuenta llamada Unidad de Valor de Crédito Comercial (UVCC). Es como una especie de Unidad Tributaria cuya expresión en bolívares se irá ajustando al ritmo de la devaluación. La UVCC resulta de dividir el monto del crédito en bolívares entre el llamado Índice de Inversión (IDI), el cual aumentará al ritmo del precio del dólar. Por ejemplo, si la devaluación es de 25% en el primer mes, el índice base de 100% sube a 125. En otras palabras, si a Ud. le prestaron Bs. 100.000, con la indexación del crédito al ritmo de la devaluación, al mes siguiente Ud. deberá Bs. 125.000 y así sucesivamente.

El gran riesgo es que, aunque en términos de UVCC se mantenga constante, en términos de bolívares no se establecen límites al incremento del capital adeudado. Y en caso de una variación desproporcionada del tipo de cambio, el saldo deudor en bolívares alcanzará montos impagables, mientras que si lo que ocurre es una reducción del tipo de cambio, el capital adeudado no puede ser menor al monto del crédito otorgado.

Los créditos indexados son buenos para la banca en tanto protegen sus activos de la hiperinflación y la devaluación, pero también representan un riesgo de impago que puede acarrear un grave daño en la calidad de su cartera crediticia. Quien no facture en dólares estará condenado al sobreendeudamiento.

Para proteger su patrimonio, la banca se concentrará en el crédito comercial indexado al dólar y exigirá garantías en divisas. Solo los exportadores o grandes clientes corporativos con capacidad de traspasar los costos financieros a los precios podrán asimilar este esquema. El resto de los préstamos, como el financiamiento al consumo mediante las tarjetas de créditos, tenderá a desaparecer.

 

La medida afectará sobre todo a los comercios que cobran sus ventas en bolívares pero luego pagan el crédito indexado que aumentará al ritmo de la tasa de cambio. En consecuencia, como nadie que tenga un crédito querrá vender su mercancía en bolívares, la medida de indexar los créditos comerciales a la evolución del tipo de cambio oficial generará presiones para acentuar la dolarización del comercio, del crédito y de la economía nacional.

@victoralvarezr

[ENTREVISTA] Ewald Scharfenberg: Documentar la cleptocracia chavista
El portal de periodismo de investigación ArmandoInfo acaba de recibir la mención especial del premio Moors Cabot, de la Universidad de Harvard. Su fundador, Ewald Scharfenberg, está contento por el premio y porque sus seguimientos informativos están contribuyendo a poner en evidencia la criminal corrupción del gobierno de Nicolás Maduro en el mundo

“La cleptocracia nunca se da en términos pacíficos, siempre tiene que matar y coaccionar”, afirma Ewald Scharfenberg, cabeza de ArmandoInfo, cuyos informes o reportajes, cargados de datos duros sobre las andanzas de Maduro, Cabello y compañía, resultan escandalosamente verídicos y, sin embargo, parecen caer en una blanda piscina de almas aletargadas.

ArmandoInfo, junto a El Pitazo, Runrunes, Efecto Cocuyo y otros medios digitales, constituyen el frente beligerante del periodismo que ha debido darse en Venezuela desde hace mucho tiempo y es ahora, en medio de la inabarcable desgracia del país, cuando lo viene a tener.

Está llamando la atención del mundo, al menos del mundo occidental. Notas de ArmandoInfo han servido, recientemente, para que Washington imponga nuevas sanciones o la Fiscalía colombiana impute al comerciante Alex Saab.

Exiliado en Bogotá tras una amenaza de encarcelamiento por las denuncias en torno a los Clap, Scharfenberg, de padre alemán y madre venezolana, define a su portal como site dedicado a documentar la creación y desarrollo de la corrupción chavista. Junto a tres colegas en el tren fundador y directivo —Joseph Poliszuk, Alfredo Meza y Roberto Deniz— le sigue el rastro a un Estado criminal. Hacen un periodismo de investigación factual, sin adjetivos, junto a 18 profesionales contando periodistas, diseñadores, administrativos, etc., en la sede central de Caracas. Los cuatro líderes no pueden estar allí pues las garras de la injusticia andan pendientes. Ni piden cuartel ni lo dan: Scharfenberg anuncia nuevos informes producto de filtraciones que se están procesando, y probablemente dos libros sobre sendos casos estrella: Odebrecht y Clap.

—Les ha ido bien, se mantienen operativamente. Pero desde afuera uno tiene la percepción de que es cuesta arriba vivir de eso, del periodismo de investigación.

—Es parte de la debilidad de estos nuevos medios. Hasta nuevo aviso, al menos, esto va a ser una lucha por levantar fondos. Como bien sabes, con la quiebra del modelo de negocios tradicional del periodismo se perdieron las dos principales fuentes de sustentación: la publicidad y la compra del ejemplar en circulación. Eso nos puso a inventar. En el caso nuestro, sobre todo hablo por Joseph y por mí, creo que sesenta por ciento de nuestro tiempo se va en búsqueda de financiamiento: contactar posibles donantes, a las ONG internacionales que soportan el periodismo independiente. Es la realidad que impone el nuevo esquema de funcionamiento de las empresas periodísticas. Al principio pensábamos vivir de las suscripciones, pero con la involución de la situación venezolana lo que haríamos, de seguir en eso, sería recolectar bolívares inútiles, que no financian nada. Eso nos ha obligado a cambiar.

Pero no es lo único que hemos tenido que cambiar de nuestro plan original. Al principio queríamos hacer una especie de cooperativa de periodistas, una empresa en la cual los profesionales se podrían ir incorporando como si se tratase de un bufete. Pusimos un sistema de pago para tener acceso a ciertos contenidos. Llegamos a unos 600 suscriptores y se registraron unos veinte mil usuarios durante una primera etapa. Pensábamos perseverar en eso hasta que el año pasado comenzamos a sufrir un bloqueo constante por parte del gobierno, básicamente una avalancha de peticiones buscando colapsar nuestro servidor. Luego, directamente una agresión, al parecer, desde la propia CANTV que nos hace perder nueve de cada diez personas que hacen click desde dentro de Venezuela.

CÓMO DEFENDERSE

Ha sido una lucha constante ante el acoso gubernamental. No es el único medio que ha sufrido esto, desde luego. Scharfenberg asegura que se trata de bloqueos constantes, al estilo cubano o chino. Decidieron que, ya que apenas uno de cada diez usuarios tiene acceso, abrirlo completo a los contenidos, y ahora la página es completamente libre. Por eso empezaron a apostar más por las donaciones voluntarias, con varias opciones. Y están los otros financistas, las ONG. ArmandoInfo publica cada cuatro meses un informe de transparencia que recoge logros de audiencia y da cuenta de los financistas.

—¿Cuál es el futuro, entonces, en esta perspectiva?

—De ahora en adelante, todos estos medios, al menos los pequeños llevados por periodistas, van a tener que estar todo el tiempo viendo cómo financiarse, haciendo un mix cada vez más renovado de las fuentes de financiamiento. Es parte de lo que nos toca en esta época.

—Esta trágica situación venezolana ha hecho que el periodismo tenga un repunte, a pesar de sus carencias tradicionales en el país, ¿no?

—Sí, Venezuela es ahora, digamos, un caso “sexy” de la Prensa internacional pues finalmente, después de casi veinte años, ha concitado la atención de la Academia, de los medios y también de los donantes internacionales, que notan los esfuerzos que están haciendo estos pequeños medios electrónicos. Aunque suene un poco cínico, es verdad, la crisis venezolana le ha dado cierta vitalidad al periodismo. Y, aunque te suene un poco darwinista, ha hecho que la nueva generación haya logrado templanza al calor de esas dificultades. Por supuesto no es algo general, sigue habiendo las mismas falencias y dificultades y taras que como sabes siempre ha tenido el periodismo en Venezuela. Pero sí te podría identificar a una treintena de periodistas que hoy en día están haciendo periodismo con estándares internacionales.

—¿Cómo funciona esta red de bases de datos y acceso a leaks de los que han podido extraer información que hasta ahora permanecía oculta?

—Somos el primer medio con una unidad interna de bases de datos y a partir de allí hemos hecho varios trabajos. Uno de ellos ganó un premio, hace dos años, de periodismo de investigación: cruzamos la data de diez años de la Gaceta Oficial venezolana con el registro nacional de contratistas que antes era público, luego el gobierno lo tumbó pero nosotros tuvimos la previsión de bajarlo. Lo cruzamos además con un libro que tiene todas las graduaciones de las diferentes cohortes militares. Ese trabajo nos permitió encontrar que más de 200 militares en activo eran contratistas del Estado. Sabes que por ley los militares tienen prohibido contratar con el Estado.

 

En Venezuela los registros no están informatizados, se ha tumbado información que antes estaba en línea pero, a la vez, este gobierno es amante de las bases de datos como medio de control social: saber qué personas están en cuál misión, quién ha votado por el PSUV alguna vez. Eso es una buena fuente y supongo yo que por la misma crisis del gobierno de Maduro algunas fuentes, que hasta ahora estaban cerradas, han empezado a soltar información. Eso nos ha puesto contentos porque hemos sentido que estamos preparados para recibirla y procesarla. Pronto tendremos temas como producto de algunas filtraciones que hemos recibido.

—¿Cómo ves, desde esta atalaya privilegiada, el caso Venezuela como centro de una red internacional de corrupción?

—Diría que a final de cuentas nuestra misión es documentar la evolución de un Estado que es una cleptocracia. Forma parte de los gobiernos que, más que ideológicos, son concertaciones de grupos del crimen organizado para usar los recursos del Estado en su favor. En ese grupo incluiría a Rusia, por ejemplo, muchos estados africanos e islas del Caribe dedicadas al off shore. Hemos ido entendiendo que este es nuestro trabajo, centrarnos en la cleptocracia venezolana. El dinero venezolano, que ahora no es tanto pero antes sí era mucho, contribuyó a corromper administraciones públicas e instituciones privadas en el exterior. Dicho de otra manera, queremos documentar cómo se han desarrollado las grandes fortunas del chavismo. Lo documentamos para que algún día la justicia pueda tomar acciones a partir de esos datos o bien quede como memoria histórica. Y, además, documentar las consecuencias de eso en términos de derechos Humanos, porque la cleptocracia nunca se da en términos pacíficos, siempre tiene que matar y coaccionar.

—¿Qué piensas del comportamiento de España respecto al flujo de capitales provenientes de la corrupción entre las dos orillas?

—En general es vergonzoso y se puede corroborar tanto en las administraciones del PP como del PSOE. España en primer lugar, y luego República Dominicana, son los dos grandes aliviaderos de las fortunas hechas de manera corrupta durante la revolución bolivariana. Y a veces es tan obvio que uno no puede sino preguntarse cómo es que las autoridades españolas no hacen nada frente a eso. Probablemente haya un tema allí de procesos judiciales que yo desconozco. Pero la Prensa española ha denunciado estos casos de propiedades mal habidas, y sin embargo las autoridades permanecen bastante inactivas.

 

-ArmandoInfo saca casos de miles de millones. ¿La gente ha perdido su capacidad de escandalizarse quizás? ¿Incluso los organismos internacionales la han perdido?

—En efecto, al menos en Venezuela estamos hablando de miles y miles de millones de dólares. Y son cosas que ocurren mientras la sociedad se iba hundiendo en esta espantosa tragedia. Sí, a veces uno se siente frustrado: uno dice, oye, mira, esta historia es sensacional y debería tener un efecto, y no lo tiene. Por supuesto, esto tiene que ver con la situación venezolana, como el control de los medios masivos por parte del gobierno y ese cierto carrusel de fake news que se producen a diario: si te escandalizaras por todo lo que aparece en Twitter todos los días, llegaría un momento en que te saturarías. Una vez hablaba con Ricardo Uceda, del Ipys [Instituto Prensa y Sociedad, una institución que nació en Perú durante el fujimorato]: él personalmente cubrió varias cosas terribles, de matanzas y actos de corrupción. Sentían los periodistas peruanos cierta frustración porque publicaban esas cosas y pensaban, bueno, esto sería suficiente para tumbar cualquier gobierno. Pero eso no sucedió hasta que aparecieron los famosos vladivideos. Pero entonces, comentaba Uceda, hay que pensar que quizás no hay una sola “bala de plata” que hace que esto suceda, sino que lo que uno puede esperar es el efecto acumulativo.

—¿Y ha habido feedback por parte de organismos financieros internacionales frente a lo publicado por ustedes?

—Eso ha sido un consuelo frente al silencio del público local. De hecho, la semana que nos anunciaron que nos habían dado el premio Moors Cabot fue la misma semana en que Estados Unidos impuso sanciones financieras a la pareja Saab-Pulido [protagonistas del comercio Clap] y la misma en que un tribunal de Florida les abrió un juicio por lavado de dinero en Miami. Esas dos cosas las sentimos casi como un trofeo, nos alegramos tanto como con el premio. Y en Colombia se abrió una investigación contra esa pareja. La Fiscalía imputó a Saab, incluso. En esos casos sabemos que nuestros datos les han sido útiles a las autoridades.

@sdelanuez

Es la pregunta que se hacen los ciudadanos, en Venezuela y el resto del mundo. Si existe un país en el cual sobran razones y circunstancias que justifican la unión de voces opositoras a un régimen perverso, patibulario, violador de los Derechos Humanos y decadente, es sin duda Venezuela. Sin embargo, ese esfuerzo unitario detrás de la línea que la concentre y tenga fuerza para derrumbar lo que está corroído, no se logra por la infinidad de pequeñeces, por las cuales el interino dilapidó el capital libertario.

Para empezar, se ha hecho de la unidad un chantaje absurdo para beneficio de pocos, con alardes e hipocresías cacareadas que esconden los motivos reales, la inconsistencia entre aquello que se defiende y lo que realmente se hace, sin el menor propósito de enmienda ni contrición.

Quienes vociferan “¡unidad!”, acusan de divisionistas a quienes tienen un pensamiento profundo, comprometido con la realidad ciudadana, de “romperla”, lo hacen con interés egoísta de exigencia obligada, coaccionando el deseo mayoritario de una población angustiada, deseosa de cambio, que muere de hambre, padece problemas de salud, además de frustración, y en consecuencia la furia creciente, por la pobreza, miseria, y evidente indiferencia del régimen, ése sí “unido” en el desastre corrupto.

Con falsedades, estafadores lanzan mentiras y se enmarañan en ellas, obscurecen perspectivas y pierden el horizonte, mientras los estafados aprenden en carne propia a no creer en neblinas ni aromas que desprenden fragancias que atraen para envenenar.

 

Se busca entrampar a los ciudadanos con demandas de unidad mediante requerimientos que rayan en la coerción -de hecho, lo son- con el deleznable argumento de que “atacas a la oposición más que al régimen”. Son tramposos que justifican así su simpleza y, peor, se ocultan en la impunidad perversa en la que se cobijan, es decir, guardar silencio; lo que se convierte en complicidad de la porquería en que están inmersos políticos y no políticos que se favorecen, usufructúan y lucran del absolutismo que se busca imponer disfrazado de democracia, estrategia similar a la del régimen. Han hecho de la unidad una estafa continuada en la que algunos sucumben de buena fe. Esa defensa a ultranza, perniciosa de una unidad construida con dobleces, falsedades y disimulo es prueba irrefutable de que trabajan para mantener el estatus que precisa quien gobierna para sobrevivir y permanecer.

La convicción altanera de quienes se consideran descendientes de héroes libertadores, herederos y dueños del futuro, por tanto, libres de compromiso y cumplimiento de la palabra empeñada, en los acuerdos, en el Estatuto que Rige la Transición a la Democracia. Asimismo, existen personajes retorcidos, bolichicos titiriteros, que trazan fórmulas intermedias y posturas acomodaticias, que consisten en realizar algunos cambios para que en esencia todo siga igual, salvo para ellos que lograrían conformar, una aparente legítima, pero sumisa oposición. Dócil a la dictadura, no a la voluntad ciudadana.

La opción que no insista en el cese inmediato de la usurpación, no tendrá posibilidad de éxito ni sustentabilidad. Mientras no entiendan la catadura del régimen, su calibración de estado fallido, fracasarán. Y partiendo de esa base, convencidos de que en la unidad está la fuerza y tiempo, hoy, probablemente no dé para que exista otra oportunidad; de aceptar, lograr lo que la inmensa mayoría desea, cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, en ese orden. Solo cuando se logre será el momento histórico para Venezuela.

El Foro de Sao Paulo es un desecho fecal. El plan desestabilizador que se acordó, en el XXV encuentro en Caracas, apenas comienza, y se disponen ajustarlo con el nuevo encuentro de ese disfraz hediondo y pestilente llamado Grupo de Puebla.

 

Mientras el continente se alborota, cierta clase política venezolana evade la realidad e insiste terca en participar en elecciones fraudulentas sin el cese de la usurpación. Muchos afirman que usurpador e interino son, a simple vista, enemigos políticos, pero al observar en detalle la confrontación entre ellos, destaca un rasgo, hasta ahora clandestino: la convivencia, cohabitación, que han desarrollado a pesar de las inminencias de acabarse mutuamente, al menos en la visión tergiversada de quienes enarbolan la unidad como control y obediencia, no como voluntad de luchar.

En Venezuela no hubo rescate democrático, la posibilidad humanitaria fue discutida, estuvo sobre la mesa, pero fue la comitiva del gobierno interino quien la descartó por negligentes colaboracionistas y mal cálculo. La comitiva interina, con embustes y medias verdades, persuadió a los aliados con la teoría improbable de que Maduro saldría corriendo por la simple amenaza. Cometieron el error de creer semejante estulticia que sólo pueden proponer cohabitantes, cómplices y socios comerciales cooperantes. De allí, el fracaso del 30 abril y recelo de la Casa Blanca. Lo cierto es que, tras descubrir la estafa provisoria y su línea pro socialista, han decidido -por lo pronto- hacer mutis y vigilar. No se desvinculan, pero tampoco se comprometen. Con gente como esta hay que ser prudentes. No pueden quitarle el respaldo a Guaidó, sin admitir el fracaso dentro de la opinión pública de sus países; se limitan a manifestar preocupación. No arbitrarán mientras siga la mediocridad dirigiendo.

El discurso combativo alivió, no tendría lógica emplear recursos en salir de la dictadura castrista si quienes la sustituyen son chavistas light, y se agregan a la falsa transición funcionarios responsables de la ruina y destrucción. Pero ¡cuidado!, continuaran las sanciones, ningún culpable está libre de investigaciones, aunque sea parte del fracasado y disminuido interinazgo.

 

La tensa calma que vive Venezuela ocurre mientras el castrismo venezolano busca sobrevivir, continúan los desplazamientos y la calidad de vida se deteriora. Son pocos los días para la renovación de la Directiva en la Asamblea Nacional, para ello, deben cuadrar votos en subasta, activar la calle y reforzar el apoyo de los países aliados, hoy, incrédulos, engañados y decepcionados.

@ArmandoMartini

Con esta investidura Canadá hace gala de su coherencia política, institucional y diplomática, pero también de su nobleza. Y ahí reposa la importancia de esta protocolización”. 

El pasado viernes 1 de noviembre de 2019, tuvo lugar el acto protocolar de presentación de credenciales como Embajador Plenipotenciario y Jefe de Misión Diplomática de Venezuela en Canadá ante la representante de La Corona británica, la Gobernadora General Julie Payette, evento que cierra un ciclo de reconocimiento político y diplomático de Canadá a nuestro Presidente legítimo de Venezuela Juan Guaidó Márquez. Muchas emociones encontradas se apoderaron de nuestra humanidad en este momento….

!OH CANADÁ!

Canadá es uno de los países que exhibe una de las democracias más solventes, representativas y sólidas del continente.  Un modelo parlamentario, representativo, donde el Primer Ministro hará gobierno con los Ministros parlamentarios elegidos mayoritariamente La separación de poderes es parte de la cultura de Canadá.  No se limita a un estricto respeto de competencias entre la justicia, el poder ejecutivo o el parlamento, sino entre las mismas dependencias de cada despacho.  Cancillería no debe intervenir en lo que hace  IRCC (Immigration, Réfugiée, Citizenship Canadá), quien a su vez no transita en Seguridad de Fronteras o políticas públicas laborales, sino por requerimiento.

En otras palabras en Canadá “la mano derecha no lava la izquierda y viceversa” al punto que el propio Primer Ministro a pesar de candidatear la representante de Canadá ante la Reina de Inglaterra, es La Corona quien autoriza a la Gobernadora  General del Commonwealth Británico, elevadísima instancia ante quién entregan credenciales diplomáticas. 

Nuestra acreditación como Embajador Plenipotenciario y Jefe de Misión Diplomática de Venezuela en Canadá agotó rigurosos procesos de protocolo previstos tanto en la Convención de Viena como en las normas de agrément y placét de Canadá.  Este reconocimiento al Gobierno Legítimo del Presidente Juan Guaidó Márquez, es más que una formalidad. Es acoplar aspectos inéditos en la diplomacia, como asimilar el orden constitucional previsto en Venezuela designando un nuevo Presidente Interino, instar nuestra restauración democrática y avocarse a la defensa de los DDHH en Venezuela

Con esta investidura Canadá hace gala de su coherencia  política, institucional y diplomática, Pero también de su nobleza. Y ahí reposa la importancia de esta protocolización.  El reconocimiento real e inmensamente ciudadano a cada Venezolano que lucha por la paz, la justicia, la dignidad, que es nuestro derecho a vivir seguros, prósperos  y felices, que en definitiva es !ser libres!  como lo es el bravío, humilde y tranquilo pueblo de Canadá.

 

SENTIMIENTOS ENCONTRADOS.

Sin duda han sido momentos muy emotivos. Emociones cruzadas. Por un lado el orgullo infinito que siento por representar a mi país ante el regio gobierno de Canadá y la propia corona inglesa-monarquía constitucional fuente originaria del pensamiento liberal y democrático-y por otro, hacerlo en momentos de tanto dolor para nuestro pueblo. Justo y sentido a la vez. 

Un acto magnánimo, emotivo, pleno de sobriedad, donde cinco naciones tan disímiles como Afganistán, China, Jordania, Kuwait y Venezuela compartimos sana y amablemente, sin otro protocolo que el sentido humano y gentil que significa representar a nuestros pueblos. Un instante en el que cabalgan en mi alma y en mi presencia, “dos ceremonias, dos procesiones”.  Una que va por dentro y otra por afuera.

UN SEGUNDO, UNA ETERNIDAD

Cuando el Jefe de Protocolo me emplaza a entregar credenciales, me quedé paralizado en el asiento. En un segundo pasó por mi mente una seguidilla de vivencias cual negativo de una película con cientos de fotografías. En ese segundo permanecí sentado, inerme, ido, emocionado. Vi a través de la inocente cara mis hijos, mi madre, mi esposa, mis familiares y amigos presentes, imágenes de nuestros niños, de nuestra gente sufrida en Venezuela. Regresé en el tiempo a mi primera visita a Canadá [siendo un imberbe de 17 años]; vi a papá ausente por su párkinson pero presente por el único tío de 12 hermanos; el amanecer de una Venezuela hermosa y abundante, entre llanos y sabanas…Y pensé en los que se que se han marchado…En quien me trajo por primera vez a Canadá-mi suegro-y jamás hubiese imaginado [1982] que aquí y así estaríamos tres décadas más tarde…

Pero Leopoldo García Iturbe-mi otro padre- si hubiese estado satisfecho porque él decía que “en Canadá siempre pasa lo que tiene que pasar ¡nieve, enfríe o se congele!”, por lo que parafraseándole hoy diría; y hoy [Canadá ]hará lo propios para que que en Venezuela pase lo que queremos que pase ¡llueva, truene o relampagueé!

 […] Ante la mirada increpante del Jefe de Protocolo, “Orlando move on”, me alcé de mi transe. Caminé y regresé a lo solemne: “Respetada y Excelentísima Gobernadora General de Canadá,  Julie Payette. En nombre del noble pueblo de Venezuela, de nuestro Presidente legítimo, Juan Guaidó Márquez y en nombre propio, tengo el honor y el placer de presentar ante vuestra distinguida autoridad, nuestras credenciales como nuevo Embajador Extraordinario y Plenipotenciario Jefe de misión Diplomática de Venezuela en Canadá”.

Gracias Canadá y gracias venezolanos por su confianza, solidaridad y apoyo en esta elevadísima misión patria. Un honor servirles.

 

Y pasará….

@ovierablanco