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OPINIÓN

Evo el mártir hipócrita, por Brian Fincheltub

La izquierda mundial tiene nuevo mártir. El elegido esta vez es Evo Morales, quien hasta hace poco pretendía ser el presidente vitalicio de Bolivia, pero tras manipular de manera vulgar los resultados electorales de la elección del pasado 21 de octubre, fue invitado cordialmente a abandonar el poder, invitación la cual aceptó. Inmediatamente se activó el aparato de propaganda de la izquierda, por cierto, apoyado por los grandes medios de la progresía mundial. Titulares van y titulares vienen criticando  el nuevo gobierno de transición. Es injusto, cuánto  hubiesen querido los bolivianos tener ese mismo centimetraje durante los 14 años que estuvieron, sin mayor repercusión internacional, las derivas dictatoriales de Morales.

Evo es para la izquierda lo que para Delia Fiallo era la joven pobre que se casaba con el millonario, el perfecto cliché. Para ellos el “presidente indígena” ha sido víctima de un complot de la “ultraderecha blanca y racista”. Como si en Latinoamérica hubiese un tal cosa llamada “raza aria” capaz de enarbolar las banderas del nazismo. Lo que si hay es gente que aún viste franelas con una os y un martillo, una ideología que junto al fascismo debería estar proscrita de toda la faz de la tierra. Han llegado hasta al punto de decir que a Evo lo “tumbaron” porque era indígena. Dos mentiras en una misma frase, no lo tumbaron porque renunció y lo hizo porque quedó descubierto ante el mundo su gran patraña electoral. 

No es extraño que este sea el nuevo héroe de la izquierda Latinoamérica y mundial. Esta es la misma gente que idolatra a un asesino como el Che Guevara o que le prende velas al carnicero de Joseph Stalin. Que ahora suban a su altar a un expresidente que se burló de la voluntad popular al menos dos veces para perpetuarse en el poder no es nada extraordinario. Los que hoy gritan “golpe” nunca les interesó Bolivia, ni les interesa. Es más, si usted les muestra un mapa de Latinoamérica, no sabrían ubicarla. Solo la ven como parte de su tablero de enfrentamiento entre izquierdas y derechas, como si la gente que vive allí no importara, no tuviera derechos. 

Para ellos lo que cuenta es ser de izquierda. Si eres de izquierda, eso te da derecho a todo, destruir ciudades enteras, saquear iglesias, incluso a morir en el poder. Por el contrario, si no comulgas con estas ideas, eres no solamente golpista, sino que no tienes derecho a nada, ni siquiera a quejarte. Es la hipocresía de la izquierda, la misma que vende mentiras como verdades y victimarios como víctimas.

@BrianFincheltub

Sumisos, remisos y zarandajos, por Antonio José Monagas

El análisis que a continuación completa esta disertación, no admite otra forma de iniciarse, sino es acudiendo a la acepción más inmediata y llana de lo que busca subrayarse con tan horondos adjetivos toda vez que el tema a ser explayado toca conductas humanas que pecan por actuar cuales individuos sumisos, remisos o zarandajos. 

O sea, lo que en un castellano aventurado y barriotero, implica a quienes dedican su tiempo a meras sandeces. Y que en la Venezuela del mal llamado y peor aplicado “socialismo del siglo XXI”, donde la “revolución bonita” no ha aportado otra cosa distinta que desastres, escombros y fatalidades, este tipo de crisis sólo beneficia a carroñeros y rastreros. O lo que es igual a quienes por defecto o por exceso de malos hábitos, se muestran cual lambucios o manganzones.

De entrada, el término “sumiso”, califica a quienes acusan una actitud despreocupada pues se reducen a comportarse de forma subordinada o subyugada. Particularmente, son quienes se someten y dejan dominarse por causa de las circunstancias. O por personas que buscan imponer su autoridad o su carácter, sin que los primeros se atrevan a reaccionar aceptando, modosa y sosegadamente, las exigencias hechas.

El vocablo “remiso” si bien no es frecuente en el vocabulario del venezolano, tiene una acepción que señala a quien por apático, maula o remolón, deja ver una conducta que, según la Real Academia Española, califica de “flojo, dejado o detenido ante la resolución o determinación de algo”. Es decir, deja llevarse por los sucesos. O deja zarandearse por la fuerza del azote que lo circunda.

La expresión “zarandajo”, tiene una connotación que aplica a quien actúa con desprecio ante el mundo que lo rodea. La actitud de este tipo de personas, raya con quien por mostrarse fachoso o caprichoso, cae en un comportamiento que lo sitúa alejado de toda razón. Por lo tanto, se muestra malcriado, imprudente, arrogante y chabacano.

Casi pudiera inferirse que luego de la caracterización de las conductas arriba cuestionadas, queda perfilado lo que el vigente proyecto de gobierno nacional, delineó hace veintiún años bajo la dialéctica de la ideología socialista que tutela el devenir revolucionario. Sobre todo, al momento que el actual régimen usurpador elabora y toma cada decisión.

Así sería posible concluir que lo que dicha ideología aduce como el “nuevo republicano”, esgrimido dicho apelativo en el preámbulo del controvertido “Plan de la Patria” y que anteriormente aludía como el “hombre nuevo” que habría de formarse bajo la égida de la educación socialista establecida a merced de los lineamientos del Plan de Desarrollo Económico y Social trazado por el régimen, es simplemente la conjugación de lo que define a individuos (venezolanos) cuyas conductas emulen actitudes que bien describan los contravalores propios de personas que sigan el proceder de sumisos, remisos y zarandajos.

Son varias las fechas que compiten por estar escritas en la partida de defunción de la URSS. Una de ellas es el 21 de diciembre de 1991, el día en que nací. Llegué al mundo cuando no solamente el socialismo soviético estaba expirando, sino que la “tercera ola” de democratización de Huntington estaba alcanzando su máxima altura y Fukuyama auguraba el triunfo definitivo de la democracia republicana. Latinoamérica no era la excepción. Para 1991, Cuba y Haití eran los últimos regímenes autoritarios en pie en al sur de Texas. Así que, como latinoamericano, por mucho tiempo me preguntaba cómo se sentiría atestiguar el fin de una dictadura en el vecindario.

Algo así como ver a los militares argentinos entregando el poder a Alfonsín o el derrocamiento de Stroessner en Paraguay. Finalmente pude experimentar esa sensación al comienzo de esta semana, cuando el régimen de Evo Morales se derrumbó cual castillo de naipes. Aunque fuera Bolivia y no Venezuela, quedé conmovido. No solo por mi rechazo a los despotismos de toda índole, sino por ser Morales un aliado firme del chavismo, que ha recibido regalitos pagados con dinero de todos los venezolanos.

Y hablando de venezolanos y Bolivia, como suele suceder cuando un dictador cae en cualquier lugar del mundo (sea Ucrania o Sudán), no tardaron en aparecer las interpretaciones de los hechos en el Altiplano señalando similitudes y contrastes con la causa opositora nuestra. Y, de nuevo, como suele suceder, algunas de las más repetidas entre dichas interpretaciones quedaron prêt-à-porter para las narrativas particulares de los sectores opositores. Me voy a referir a dos, argumentando que ambas están erradas por omitir diferencias clave entre los casos venezolano y boliviano.

La primera es fomentada por el bloque opositor que insiste en que los diálogos incondicionales y la participación en cualquier elección constituyen las únicas formas efectivas de lograr el cambio político en Venezuela. De acuerdo con este grupo, los bolivianos demostraron que las elecciones sí pueden ser el catalizador de la implosión de regímenes autoritarios, aunque las condiciones sean abrumadoramente desfavorables para la disidencia. Después de todo, los adversarios de Morales acudieron a las urnas con las mismas instituciones sometidas al Ejecutivo, produjeron aun así un resultado desfavorable para el Presidente y, cuando este lo desconoció, tomaron las calles en protesta hasta forzar una renuncia.

En otras palabras, demostraron que “si votamos, ganamos”, como rezó la consigna comicial de Henri Falcón el año pasado. Así que, de no haber sido por los “abstencionistas radicales”, Venezuela en 2018 hubiera vivido lo mismo que Bolivia hoy.

 

Tal explicación omite que, a diferencia de Falcón y compañía, la oposición boliviana sí tenía un plan para trascender el mero acto de votar en condiciones adversas. Una estrategia para sobreponerse a los posibles intentos de fraude que en efecto ocurrieron. La ciudadanía confió en la dirigencia, fue a votar en cantidades importantes, y cuando Morales trató de revertir el desenlace, se alzó para exigir el fin de los atropellos que niegan la democracia. Falcón, no me canso de repetirlo, no tenía tal estrategia. Cuando comenzó 2018, la oposición aun tenía mal sabor de boca por el fiasco de las regionales del año anterior.

Los partidos de la MUD tomaron parte y llamaron a votar alegando ser capaces de superar las trampas, tal como en las parlamentarias de 2015. En realidad no la tenían, y pasó lo que pasó. En ese contexto, Falcón lanzó su quijotesca candidatura. Pese a la experiencia de las regionales, no hizo más que seguir los pasos de la MUD. Se dieron las elecciones, Falcón denunció el resultado señalando los vicios que desde un principio se le advirtió que habría y…. Listo. Caso cerrado. No hizo más nada. No llamó a la ciudadanía a exigir que el proceso fuera declarado inválido, como sí pasó en Bolivia. Los niveles altos de abstención, excusa predilecta de este sector opositor para atribuir a otros el fracaso, en realidad no lo eximen de responsabilidad. Falcón tuvo que haber aprendido de la experiencia anterior para diseñar una campaña que sí generara confianza sobre la conveniencia del voto y capacidad para defenderlo. No lo hizo y su indisposición a llevar el reclamo postelectoral más allá de la palabra terminó de condenarlo.

Bien, veamos la otra interpretación. Esta sostiene que una dirigencia que aliente la protesta masiva es por sí sola capaz de destruir cualquier dictadura. Los bolivianos (y antes fueron los ucranianos, los sudaneses, etc.) manifestaron hasta ver a Morales caer. No hubo negociación de ningún tipo con el enemigo.

 

De acuerdo con este paralelismo, si el liderazgo opositor venezolano hubiera mantenido su llamado a protestar en las calles luego de las elecciones de 2013, Nicolás Maduro habría corrido la misma suerte que su amiguito boliviano. Era irrelevante que el país estuviera dividido en partes prácticamente iguales y que el chavismo representara a la mitad. Lo mismo sucede hoy en Bolivia y, no obstante, la disidencia se impuso sobre Morales.

En este caso, la diferencia obviada radica en los militares. Las Fuerzas Armadas bolivianas, aunque habían aceptado los abusos previos de Morales para mantenerse en el poder, resultaron ser mucho más institucionales y menos alineadas con la elite gobernante. En cambio, para 2013, los uniformados venezolanos estaban al servicio pleno del chavismo. Para muestra su reacción represiva a las protestas del año siguiente (y no veo razones para suponer que hubo un cambio determinante en apenas doce meses). Odio reconocerlo, porque supone un argumento cuasi pretoriano, pero los militares, como entidad capaz de ejercer la mayor coerción, tienen un papel determinante en estas situaciones. Si en Bolivia no se hubieran negado a suprimir las protestas opositoras ni instado a Morales a renunciar, el hombre seguiría hoy en el Palacio Quemado.

Se ha dicho que la disidencia boliviana no tenía el apoyo de las FF.AA., ni de ningún otro factor de poder, cuando salió a la calle. Empero, sí supo detectar que los vínculos entre el evismo y los militares no eran tan fuertes como para resistir la presión ciudadana exigiendo respeto al orden constitucional. Cambió la voluntad de una institución castrense que se había negado antes a apoyarla. Eso es poder en el más puro sentido weberiano. La oposición en Bolivia pudo desalojar al opresor sin negociar nada con él (excepto su salida del país) simplemente porque pudo, y me perdonan la tautología. Poder. Pregúntese usted si la oposición venezolana tiene ese poder. Naturalmente, no.

Por eso, es más probable que la movilización interna tenga éxito si se le combina con un elemento de presión adicional, como las sanciones internacionales, inexistentes en 2013. Y, también por eso, una salida negociada con el chavismo sigue siendo mucho más probable que otra en la que no se hagan concesiones.

 

Aun queda por ver el final de la película boliviana. No basta con haber expulsado a Morales. Ahora tiene que haber una transición que desemboque en elecciones libres y justas. Esperemos que así sea. Esperemos, y esforcémonos, porque los venezolanos también lleguemos a una situación en la que podamos sentirnos encaminados hacia un cambio para bien.

@AAAD25

“En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa” Antonio Machado (poeta español)

Realmente España es un país de difícil comprensión, incluso para nosotros los hispanoamericanos. Sánchez es el presidente de un gobierno denominado  “en funciones”, porque no ha podido, desde que sacaron a su antecesor, ser presidente con todas las de la ley (aunque algunos prefieren llamarlo “en defunciones”, por aquello de que, de momento, su único logro ha sido desenterrar a Franco). Negado rotundamente (“no es no”) en los meses precedentes a formar gobierno con el partido de Pablo Iglesias, tras múltiples  negociaciones sin acuerdo, convocó a unas nuevas elecciones, para ver si, en una de esas, no necesitaba el apoyo de nadie.

Resulta que en las elecciones que acaban de hacer, a pesar de que tanto el partido Socialista como Unidas Podemos, redujeron su votación, lograron en menos de 48 horas el acuerdo -que en meses no habían alcanzado- para formar gobierno y con Iglesias -nada menos- que de vicepresidente.

 

Para Venezuela esto es una mala noticia. Pablo Iglesias apuntala incondicionalmente todas las dictaduras Iberoamericanas, apoyó y asesoró el chavismo en nuestro país y -a su vez- fue financiado por él para torcer el rumbo de España (otro logro post mortem del comandante eterno). Suponemos que la política de España hacia Venezuela cambiará para pasar de la alcahuetería actual, al abierto respaldo. De hecho, no es casual que el primer mensaje haya sido para nosotros la tocata y fuga del Pollo Carvajal, cuya extradición solicitaba los Estados Unidos.

Parece que  todos en la madre patria se asombraron de que Carvajal supiese de la sentencia de la Audiencia Nacional, encargada de tramitar su extradición, antes que nadie. Risible asombro, a los venezolanos ya nada nos sorprende, menos de alguien de la calaña del personaje, portador de pasaportes falsos, especialista en contrainteligencia militar (que en nuestros países quiere decir brutalidad contra civiles) y en todo tipo de ilegalidades. Curiosamente, en vísperas de tan trascendente decisión, el gallinero de Carvajal en Madrid, permanecía sin vigilancia y ahora que se ha fugado han puesto un riguroso control policial en su casa, (je,je,je) será para evitar que regrese, dice uno.

Eso de que nadie aprende en cabeza ajena es una gran verdad. Los españoles consiguieron luego de la muerte de Franco, un gran acuerdo para la construcción de una de las naciones de mayor avance, progreso y bienestar del mundo, orgullosa de su diversidad cultural. En estos tiempos todos los bandos políticos, aunque a veces incluso lo ignoren, se han puesto de acuerdo para destruirla. Sánchez necesita, además de el de Iglesias, el apoyo de los separatistas. Algo muy propio de la contradicción del alma española: “para formar un gobierno en España, se requiere del apoyo de los que no creen en ella”. Si yo fuese independentista catalán consideraría que no hay mejor momento que este para mis (des)própositos.

La  diáspora venezolana no sale de un susto, en Argentina vuelven la Kirchner, Chile se desestabiliza, en Perú y Ecuador nuestra presencia no es del todo grata, México asusta, Trump pone restricciones a los asilos, que supone uno España comenzará a negar. Para un venezolano, emigrar se está convirtiendo en casi lo mismo que “cambiar de camarote en el Titanic”.

No está fácil, nos va quedando Islandia, Groenlandia y los países escandinavos. Ese cuento de que “España no es Venezuela” con el cual los españoles evalúan lo que les sucede, no consuela a ningún venezolano. Nosotros, que dijimos al comienzo de esta pesadilla nuestra con mucha seguridad y no poca vanagloria: “Venezuela no es Cuba”, mira ya por dónde vamos.

 

Es curioso comparando a España y América podríamos decir que tanto la pobreza como la abundancia extrema, producen monstruosidades políticas. En América se es de izquierda por estar mal y en España por estar bien.  Devolver la política al terreno del pensamiento visionario y lúcido, sustentado en ideas y principios, para arrebatárselo a la embestida oportunista del populismo demagógico, parece ser la tarea más urgente de la democracia actual para evitar que ésta se convierta -nuevamente- en Caballo de Troya de peligrosos totalitarismos. 

@laureanomar

El tema a tocar tiene que ser el del Consejo Nacional Electoral (CNE), el cual es el que está en la estrategia política y en la mente de todos. Lo comenta con énfasis Maduro en sus apariciones de radiotelevisadas. Habla sobre ello Diosdado, sin las burlas y groserías que usualmente le son propias, sino con seriedad y respeto. Guaidó y el resto de esa oposición declaran sobre este aspecto constantemente, al no quedarles más remedio. Y lo hacen también los dirigentes de los partidos opositores de la mesa nacional de diálogo, a quienes se debe precisamente la actual “popularidad” del tema. Igualmente, otros actores políticos, opositores de distintas tendencias, se pronuncian al respecto y exponen sus proposiciones.

El tema ha sido incorporado en la agenda de debates de la Asamblea Nacional (AN) con la participación de los diputados del PSUV, pese a la existencia del “desacato”, figura no aplicable legalmente sino a individuos y nunca a organismos colegiados, pero vigente dada la arbitrariedad derivada del poder real del gobierno. El desacato, la invalidación del referendo revocatorio presidencial y la elección de la Constituyente, son las tres imposiciones ilegales e inconstitucionales más claras y grotescas del gobierno de Maduro, que ha sazonado con la escogencia de los magistrados “express”, la suspensión de los diputados de Amazonas y las numerosas violaciones del debido proceso judicial contra sus adversarios.

Idealmente, el CNE estaría constituido por 5 personas de prestigio: incorruptibles, imparciales política e ideológicamente, justas en sus decisiones, de pensamiento lógico, actitudes éticas, dedicadas, eficientes y con gran amor por Venezuela y su pueblo. Seguramente estas personas existen en el país y no son escasas, pero no sabemos quiénes son ni dónde están, ni mucho menos la manera de buscarlas y escogerlas. Las leyes, las normas, el trabajo del Comité de Postulaciones, no nos ayudan en este sentido, entre otras cosas porque el equipo de selección debería tener las mismas cualidades y sabemos perfectamente que no es así. Y mucho menos las tienen los diputados que los van a elegir definitivamente.

Como en la mayoría de los casos, las concepciones ideales son imposibles de llevarse a la práctica. Nunca tuvimos en el pasado adecocopeyano un organismo rector electoral ideal. Tenemos que descender a tierra, aterrizar como algunos dicen, para plantearnos consideraciones dentro de lo posible. Entendamos también que lo posible es lo que puede suceder, pero no necesariamente lo que sucederá. Habría que trabajar por un CNE designado por consenso de las fuerzas políticas actuales, que genere confianza y sea imparcial, a pesar de estar integrado por personas cercanas o con simpatías por algunas de esas fuerzas políticas. Para esto sus integrantes tendrían que ser gente seria, respetable, justa y de pensamiento lógico.

Como dijimos, muchas veces lo posible no es probable que ocurra, y nuestra situación política no es la mejor para lograr este tipo de acuerdos, sobre todo cuando de lado y lado el extremismo político trabaja para frustrar cualquier acuerdo pacífico y democrático. Y este aspecto tiene más importancia en la oposición que en el gobierno, pues éste controla a sus locos con más facilidad,  mientras los “locos” de la oposición son proporcionalmente más numerosos que los del gobierno, tienen mayor poder y dirigen actualmente la política opositora. No son mayoría, pero tienen financiamiento y respaldo extranjero y recurren a un chantaje del cual la sensatez opositora no se ha podido zafar todavía.

No sé qué hacen Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Capriles, dejándose llevar por el extremismo guaidoísta, que conjuga a Voluntad Popular y a una parte de Primero Justicia, así como a grupos y personas más sectarios y extremistas como Vente Venezuela, Ledezma, Arria y Borges. Si lograran sacudirse del chantaje sería mucho lo que podrían hacer por Venezuela en la difícil coyuntura actual. O se le da una salida política, que tiene que ser pacífica y electoral, a la crisis terminaremos sufriéndola por muchísimo más tiempo. Hay que elegir un CNE que tenga el mayor consenso posible, con los mejores integrantes que se pueda y de una imparcialidad aceptable. Nada que ver con el actual de Tibisay.

Dos miembros cercanos al chavecismo gobernante, dos miembros de las oposiciones actuantes: uno de la AN y otro de quienes se sentaron en la mesa nacional de diálogo, y un quinto miembro seleccionado de común acuerdo, quien presidiría, escogido entre gente que haya enfrentado la polarización desde hace tiempo, capaz de pensar con cabeza propia y de razonar. Así eran los consejos supremos electorales de la mal llamada cuarta república. No eran nada del otro mundo. Logrado esto, ese organismo se encargaría soberanamente de rescatar el CNE y organizar los procesos electorales establecidos en la Constitución. Es realmente entonces cuando se iniciaría la tan necesaria transición política y el inicio de la recuperación nacional.

Sería mejor para el gobierno y todo el país si este CNE es seleccionado en la AN, aunque la opción de la omisión legislativa de ésta llevaría a que fuera nombrado por el TSJ. En cualquier caso tendríamos nuevo CNE.

Dígame usted… ¿cuál sistema prefiere? En los países de capitalismo salvaje, el modelo a seguir es el de un país muy grande, de economía poderosa y con un presidente capaz de quitar y poner gobiernos: Estados Unidos. En cambio, en los países de socialismo salvaje, el modelo a seguir es el de un país muy grande, de economía poderosa y con un presidente capaz de quitar y poner gobiernos: Rusia.

En los países de capitalismo salvaje, la cara oculta del gobierno son las grandes operaciones multinacionales de oferta y libre mercado. En cambio, en los países de socialismo salvaje, la cara oculta del gobierno son las grandes operaciones multinacionales de terrorismo y narco-lavado.

En los países de capitalismo salvaje, hay libertad de culto, pero el verdadero Dios es el dinero. En cambio, en los países de socialismo salvaje, no hay libertad de culto, pero el verdadero dios es el dinero.

 

En los países de capitalismo salvaje, puedes investigar al Estado, pero no a las corporaciones porque si no, te desaparecen. En cambio, en los países de socialismo salvaje, puedes investigar a las corporaciones, pero no al Estado porque si no, te desaparecen.

En los países de capitalismo salvaje, si te conectas bien, puedes llegar a ser millonario y convertirte en una de las familias dueñas del país. En cambio, en los países de socialismo salvaje, si te conectas bien, puedes llegar a ser millonario y convertirte en una de las familias dueñas del país.

En los países de capitalismo salvaje la banca puede dotarte de todo, pero si te equivocas con ella, quedas de patitas en la calle. En cambio, en los países de socialismo salvaje el Estado puede dotarte de todo, pero si te equivocas con ellos, quedas de patitas en la calle.

En los países de capitalismo salvaje, duermes muy poco porque te la pasas todo el día trabajando. En cambio, en los países de socialismo extremo, duermes muy poco porque te la pasas todo el día trabajando.

En los países de capitalismo salvaje, vives bajo la dictadura totalitaria de tu empleador (la empresa). En cambio, en los países de socialismo salvaje, vives bajo la dictadura totalitaria de tu empleador (el Estado).

En los países de capitalismo salvaje, el trabajo del pueblo va destinado a hacer millonaria a la élite política. En cambio, en los países de socialismo salvaje, el trabajo del pueblo va destinado a hacer millonaria a la élite política.

En los países de capitalismo extremo, el pueblo está molesto porque tiene poca capacidad de ahorro y acceso limitado a los servicios públicos, la salud y el transporte. En cambio, en los países de socialismo extremo, el pueblo está molesto porque tiene poca capacidad de ahorro y acceso limitado a los servicios públicos, la salud y el transporte.

 

En los países de capitalismo salvaje, el presidente termina su mandato más rico de lo que comenzó. En cambio, en los países de socialismo salvaje, el presidente termina su mandato más rico de lo que comenzó.

¿Leyó bien? Perfecto. Ahora, para decidirse por un sistema, lance una moneda. Si cae cara, vivirá en capitalismo salvaje. Si cae sello, vivirá en socialismo salvaje. Y dependiendo de cómo caiga esa moneda, su vida será completamente… idéntica.

 

@ReubenMoralesYa

El castro/madurismo y su oposición cooperante, dispuesta y obediente, señalan haber hecho de Venezuela un país estable. Sin fundamento y poca inteligencia, lo dicen y peor, como buenos engreídos están convencidos de semejante ingenuidad. Pero, como igualmente son crueles y se mantienen asustados, no es insensato predecir la represión contra quienes con el coraje que castro-maduristas y castro-opositores no tienen, se oponen con firmeza al panorama idílico de una luna de miel electoral. El contubernio incivil está en marcha.

Se conversa más de cohabitación, transición de la fiereza represora, abusiva, auténtica creación de Chávez y ampliación ineficaz, uniformada por el madurismo, a una democracia moderna, plena en libertades, de amplio espectro para un período inevitable de metamorfosis, pero con participación de ambos. Suena a Walt Disney, bonito, romántico, telenovelero, pero, ¿tiene sentido?

¿Cómo se cohabita con el enemigo? Aún peor, quienes hablan de convivencia están pensando en pequeñas tranquilidades, pero no en lo que, la ciudadanía aspira, incluyendo algunos chavistas de emociones arrinconadas. No es que pacten para llegar a un sofá donde todos quepan. A la gente no le interesa sólo cambiar al régimen vejatorio, violador de los Derechos Humanos, sino que anhela y necesita un cambio en profundidad, de raíz, total.

 

¡Cohabitación es colaboracionismo! Y se demuestra cada vez con más desparpajo, sin pudor o rubor, ni siquiera por decencia son capaces de guardar las formas. Han evidenciado su confabulación vociferando, la negociación electoral no se trata de la mejor alternativa, es la única; sumergiéndose en una relación tóxica, peligrosa, sin sentido ni futuro. La armonía entre sectores concubinos de orgasmos múltiples avanza esperando el éxtasis, por ahora sólo en prácticas y delirios. Están gestado un proceso electivo mórbido, infectado, defectuoso. Es vicioso, y como todo lo depravado, es retorcido, contrastante de sonrisas falsas, expresiones amargadas y retenidas.

¿Elecciones sin cese de la usurpación? No tendrá apoyo tampoco lo acompañará el ciudadano ni la comunidad internacional. Porque si lo que tiene que ir primero no va primero, el resto no funciona. El país no quiere tratados ni coexistencias, exige un cambio a fondo, la ilegitimidad se originó antes, el actual régimen es usurpador e ilegítimo. Son años de errores convertidos en fracasos, llevando a demasiada frustración, hambre, miseria, desesperanza y un creciente éxodo que los países van asimilando poco a poco, pero, así como alivia el desvaído presupuesto nacional con la acumulación de remesas, nos deja sin familia.

Eso no se arregla con un gobierno acomodaticio y de acomodamientos. Al país no le basta con la salida del usurpador y algunos más que, aunque tengan pocos sitios donde ir, tienen sólidas y robadas reservas atesoradas en Rusia, Turquía, India, Dubai, paraísos fiscales y bóvedas bancarias que todavía pasan desapercibidas de las sanciones.

Ciudadanos hartos, agotados, empobrecidos, no admiten una transición pactada ni cohabitación que son indignantes contradicciones. El país quiere que todo sea cambiado, no basta la escapatoria de unos pocos; la demanda, que se vayan todos.

Cuando piensan en arbitraje humanitario, aplicación del TIAR, 187.11, Doctrina Roldós, R2P, es eso lo que esperan, les quiten de encima la ignominia responsable de la ruina y desastre, culpables del hambre, infortunio, deficiencias en los servicios públicos, inseguridad, desatención e incompetencia generalizada. Cohabitar es pactar y la gente ya no acepta acomodamientos.

Podrían pasar sin la venganza, pero nunca negociar con enemigos. La cohabitación es justamente lo que el chavismo madurismo castrista quiere, ve con terror la explosión boliviana y la furia chilena, envidian salir a la calle con tranquilidad y paz, que se pueda volver a fomentar esperanzas como antes de esta perniciosa trampa cazabobos que ha sido el castro-chavismo.

 

Cohabitar es condicionar y los compromisos cupulares ya no son digeribles para una ciudadanía que ha visto su país, y condición personal, devastarse día tras día de pacto en pacto. Los venezolanos dentro y fuera del país persiguen soluciones concretas, de un solo camino. Por eso siente, resiente y rechaza a opositores que hablen de acuerdos que no son más sino pretextos para satisfacer deseos reales de los mismos bandidos que se han enriquecido aferrados a un poder sin ninguna disposición de abandonar. Quieren pactar, para no tener que irse, no tienen a dónde independiente de cuánto dinero tengan reprimido.

Se ha dialogado con el régimen dictatorial para una solución gatopardiana. Los representantes del PSUV y MUD/FA, admitieron el compromiso adquirido en la negociación de Oslo/Barbados. El cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, en ese orden, quedaron de lado, fueron olvidados, violaron la Ley que rige la transición y se burlaron inmisericordes del ciudadano.

Se inicia un equivocado, desafortunado y minado camino a las elecciones para un nuevo Parlamento, sin el cese y peor, con la participación del usurpador, lo que de antemano muestra raquitismo desde su propia concepción. La ciudadanía está hecha trizas, agotada, saturada de artimañas políticas sombrías y embaucadoras.

La postura valiente de la Fracción Parlamentaria 16J de no formar parte del sainete, es digna, y en concordancia con la representación y el sentir de la inmensa mayoría. Es una negociación sórdida, innoble, en contra y a espaldas del país. En consecuencia, es predecible su rotundo fracaso. Contradicción de la cohabitación.

 

@ArmandoMartini

Crímenes sin castigo | Señales de una tragedia, por Javier Ignacio Mayorca

Foto: Crónica Uno

Lo ocurrido en el Parque del Este pudo ser evitado. Hubo tiempo suficiente, y sin embargo nadie actuó para impedirlo ¿Quién permitió la celebración a todo trance del concierto Banderas Blancas?

La pregunta clave para determinar responsabilidades en la tragedia del Parque del Este, ocurrida el sábado 9 de noviembre, es quién tenía la responsabilidad de proteger a los asistentes, y si esa entidad o persona contó con suficiente tiempo para tomar las medidas que impidiesen la cadena de hechos que arrojó un saldo parcial de una adolescente fallecida y otros diecinueve lesionados.

La segunda parte quizá sea más fácil de abordar. La iniciativa de utilizar las instalaciones del referido parque para llevar a cabo un evento artístico gratuito era conocida por lo menos con nueve días de antelación. La administración del Instituto Nacional de Parques (Inparques) había recibido el 1 de noviembre una solicitud de autorización para celebrar un “concierto de música urbana” en la concha acústica, ubicada en el sector norte, aledaño a la salida hacia la avenida Francisco de Miranda.

Inparques, a juzgar por la documentación conocida, negó la realización de la actividad llamada Banderas Blancas. Pero esta negativa parece haber sido ignorada por los organizadores.

Ahora bien, si un ciudadano de a pie pide permiso para llevar a cabo una celebración en ese parque, y la autoridad del lugar lo niega, pues lo más lógico es que el solicitante busque un sitio distinto. De lo contrario, esta autoridad podrá acudir a la fuerza pública para imponer su voluntad.

 

En el caso del Parque del Este convergen tres instituciones que podrían ser denominadas “fuerza pública”: la Guardia Nacional, que posee una compañía en esas instalaciones; Inparques, cuyos empleados hacen rondas por los estacionamientos y caminerías, y la Policía de Miranda, cuyos funcionarios tienen un puesto en el sector conocido como Bolívar, justo al lado de unas oficinas que ocasionalmente utiliza el gobernador Héctor Rodríguez.

Todos estos representantes del Estado imponen restricciones a los usuarios. Por ejemplo, cuando se celebran actos del oficialismo en el nuevo sector del parque -donde Rodríguez despacha-, los agentes de la policía regional impiden a los usuarios y corredores cruzar el puente que pasa sobre la autopista Francisco Fajardo. También hacen apostamientos -de vez en cuando- en el sector conocido como “pista de tierra”, donde los deportistas son asaltados con frecuencia.

Todos estos cuerpos contaron con suficientes días para impedir la celebración del concierto. Pero no lo hicieron. Por el contrario, miraron impávidos cómo era instalada la tarima donde el trapero Neutro Shorty haría su presentación. Por cierto, frente al despacho del gobernador.

El día del show, también hubo la oportunidad de parar la tragedia, de haber leído a tiempo las señales. Según testimonios recabados, los adolescentes se agolparon frente a la reja del parque, en la entrada Norte, desde muy temprano. En su desespero por ganar acceso, una joven escaló la malla perimetral y sufrió lesiones leves en una pierna al caer en el interior de la instalación.

Los empleados del parque, disminuidos en número, optaron por cerrar todas las rejas, incluidas las del estacionamiento.

Esto hubiese sido suficiente para enviar al lugar una unidad de orden público, ya fuese de la GN o de la Policía Nacional, que cumpliese un rol disuasivo. Como no sucedió, los muchachos envalentonados derribaron dos santamarías de la entrada y corrieron como manada hacia el sector sur, donde se llevaría a cabo el concierto.

 

Fue en este momento cuando se produjo la mayor parte de los lesionados, y según el parte preliminar de la PNB, la muerte de la adolescente.

Al ver a esta multitud corriendo en desbandada, los deportistas que tradicionalmente utilizan el parque tuvieron que ocultarse.

Un segundo sitio de suceso fue en los alrededores del puente que pasa sobre la autopista. Allí los adolescentes intentaron trasponer las barreras a como diera lugar, lanzándose por los bordes de la estructura y cayendo en el sector Bolívar. Los paramédicos tuvieron que improvisar un puesto de atención en el borde del lago donde está la réplica de la carabela.

El problema radica en que, desde junio de 2018, Inparques pareciera haber perdido la potestad de manejar esas instalaciones. Ese mes, Nicolás Maduro aprobó una solicitud formulada por Rodríguez, y nombró a Gerardo Sánchez Chacón “autoridad única” del parque. Los empleados del instituto manifestaron su descontento.

Esta dualidad en el manejo de la instalación pudiera contribuir a explicar por qué los organizadores del evento hicieron caso omiso a la negativa de Inparques, y en cambio movieron el escenario desde la Concha Acústica hasta el sector sur. Sin duda, un poder superior los aupaba. El referido instituto pasó agachado, hasta que el escándalo por la muerte de la joven y los numerosos lesionados lo obligó a emitir un comunicado, en el que descargó la responsabilidad en los organizadores del evento.

Este suceso hace recordar otro caso luctuoso: el de la fiesta en el club conocido popularmente como Los Cotorros, en El Paraíso, donde murieron diecinueve personas, luego del lanzamiento de una bomba lacrimógena. Esto fue en junio de 2018. En esa oportunidad, los fiscales no solo imputaron a quienes arrojaron el artefacto sino también a quienes participaron en la organización del evento juvenil, a los encargados de la seguridad y al regente del establecimiento.

 

Es claro que hay diferencias entre el caso de El Paraíso y el del Parque del Este. La principal es que un lugar es de uso privado, y el otro público, es decir, al cuidado del régimen. Y este matiz, desde luego, lo tiene presente el Fiscal.

Breves

-Desde finales de octubre, las autoridades del estado Zulia están reteniendo las motocicletas que son detectadas en circulación luego de las 7 pm, en atención a una orden emitida por el gobernador de la entidad, Omar Prieto, a través de su cuenta twitter. El 15 de septiembre, Prieto argumentó que esta decisión formaba parte del “combate a la inseguridad”. Se desconoce qué elementos de juicio habrá tomado en cuenta el gobernante para emitir un mandato que restringe la libertad de circulación.

Las estadísticas, conocidas extraoficialmente de fuentes policiales, indican que las motos apenas son usadas en el 5,8% de los robos genéricos denunciados en Zulia. De hecho, en ese estado sucede algo curioso: las motos son menos utilizadas para asaltar que los carros o las camionetas, las cuales aparecen en 11,5% de los casos conocidos. Prieto pareciera guiado más por la intuición que por un criterio sólido. Finalmente, tanto en Zulia como en el resto del país, la mayoría de los robos (82,2%) es llevada a cabo por personas que van a pie.

-La división contra la Delincuencia Organizada de la policía judicial adelanta una averiguación sobre una red nacional de distribución de cosméticos falsificados. Las pesquisas fueron iniciadas el 16 de mayo, una vez recibida la denuncia de la representante legal de la empresa Drocosca, Adriana Menéndez. Esta firma es la encargada de comercializar los productos marca Valmy.

Según Menéndez, se detectó que productos tales como esmaltes y línea de tratamiento para uñas, que tradicionalmente son comercializados por grandes cadenas de farmacias, eran ofrecidos a través de la web MercadoLibre, e igualmente eran vendidos en quincallas y abastos en diversas ciudades como Barquisimeto, Maracaibo y San Cristóbal, a precios que representan casi la mitad de los que tradicionalmente tienen en las ventas al detal.

 

La fiscal 16 con competencia nacional, a cargo de Andrés Eloy Hernández y Milkary da Silva, coordina las diligencias de este caso. Luego de allanamientos en locales de Barquisimeto y La Urbina, se ha determinado que estos productos fueron traídos de China. Pero hasta el momento no ha sido posible encontrar un rastro documental que confirme el puerto de entrada. Los representantes de la compañía de cosméticos han solicitado un pronunciamiento del Instituto Nacional de Higiene, pues suponen que la baja calidad de los insumos utilizados para fabricar la mercancía “pirata” representa un riesgo para la salud de los usuarios.

Han detectado, además, que en las nuevas oleadas de importaciones los imitadores han refinado sus técnicas, al hacer que las etiquetas externas sean copias casi fieles de las que traen los productos originales.

@javiermayorca