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OPINIÓN

Más sobre la gasolina, por Luis Fuenmayor Toro

@LFuenmayorToro 

Oír a Maduro decir, respecto del nuevo precio de la gasolina, algo así como que el litro de gasolina costaría menos que un Toronto, me pareció un insulto mayúsculo a los venezolanos, dada la burla implícita en tal expresión. Estaba diciendo que la gasolina, que él había aumentado varios miles de veces, era realmente baratísima y que cualquiera la podría adquirir sin mayores problemas.

Que el principal responsable de la debacle de PDVSA, de que no estemos produciendo gasolina a pesar de las “grandes reservas de petróleo del país potencia” y de haber producido en el pasado reciente toda la gasolina que consumíamos, se exprese de esa manera tan burda, sin la más mínima autocrítica, me causó una repulsión que no había sentido hasta ahora a pesar de todo lo que ha ocurrido.

Me pareció una burla inaceptable, un desprecio inhumano por los venezolanos, un grado de indolencia intolerable y una desfachatez pocas veces vista.

¿Ignora acaso el presidente que la hiperinflación, generada por sus erradas políticas monetarias y económicas en general, ha elevado los precios de todos los bienes y servicios en magnitudes desconcertantes? ¿No sabe acaso que la mayoría de los venezolanos no se puede comprar un Toronto? ¿Qué el salario mínimo es de apenas poco más de dos dólares mensuales? Se trata del salario mínimo más bajo del mundo. Así como se oye, sin exageración ninguna. Mundialmente se considera pobre a quien devengue por día, no por mes, menos de un dólar. Y en Venezuela el salario mínimo es de 0,075 dólares diarios, es decir solo el 7,5 por ciento del dólar.

Pero es que los sueldos de la administración pública, donde laboran 3 millones de personas por lo menos, no alcanzan a ser ni de medio dólar al día, excluyendo los altos cargos, que no se sabe a ciencia cierta cuánto ganan. El salario en Venezuela realmente ha desaparecido y en muchos casos la gente paga para trabajar, pues le cuesta en dinero mucho más ir al trabajo que lo que recibe luego como sueldo o salario. Pero a nada de esto se refiere nunca Nicolás Maduro, ni ninguno de los personeros oficiales cuando se dirigen a la población. Lo ignoran olímpicamente, como si las realidades desaparecieran al no querer verlas.

En Kenia, el salario mínimo es de 61 dólares mensuales; en Corea del Norte: 66; en Camerún: 73; en Haití es de 67 dólares al mes. ¿Cómo explican que Nicaragua, país hostigado por el Departamento de Estado, y con mucho menos recursos que Venezuela, tenga un salario mínimo mensual de 129 dólares?

Y esta destrucción salarial tiene mucho tiempo. Comenzó antes de Maduro, aunque a algunos le disguste la referencia al pasado cercano. Pero estuvo camuflada detrás del altísimo valor asignado oficialmente a un bolívar existente solo con fines de corrupción y saqueo.

Destruyeron PDVSA, algo que parecía imposible. Destruyeron todas las empresas básicas de Guayana, las empresas eléctricas y la CANTV; acabaron con el bolívar, con el BCV, con la nación entera. Y no hay ni siquiera un mínimo asomo de vergüenza, mucho menos de rectificación.

Solo sobreviven en el poder por la vía de la fuerza y la represión. Y porque han tenido una oposición todos estos más de 20 años a la medida de sus intereses, con sus mismos o peores vicios, y que no parece que cesará en sus aventuras violentas antinacionales.

¡Pobre pueblo!

 

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Sin confianza alguna, por Antonio José Monagas

@ajmonagas 

Referir la confianza en el contexto de la vida del hombre es distinto del significado que dicho término ostenta en el mundo de la política. Esta diferenciación no hace su interpretación del todo sencilla.

En el terreno espiritual y sentimental, la confianza se mueve entre variables de naturaleza emocional que ponen de relieve el afecto. Mientras que en la política la confianza se moviliza entre factores que se insuflan del poder que prodiga la oportunidad. Sobre todo, cuando se presenta en medio de circunstancias fortuitas o temerarias. Incluso predeterminadas por el mismo hombre, en su afán de aferrarse a eventos de los cuales busca aprovecharse.

Se dice que la confianza no deriva de la razón que pueda argumentarse, sino del hecho de enfrentar o encarar circunstancias sin temor a verse atrapado por ellas. No obstante, la seguridad y la osadía ante una situación de dudosa consistencia son razones que le imprimen sentido a la confianza. Confianza para avanzar de cara a los avatares que están a lo largo de todo camino por donde el hombre ha de pasar. Por eso el poeta español Antonio Machado escribía “se hace camino al andar”.

El problema estriba en el ejercicio de la política. Las razones de las que se sostienen quienes ostentan vivir en la cúspide de la política son infundidas por vicios. Así sucede casi siempre. La seguridad tiene un componente que la vincula con el afán de valerse de alguna coyuntura en beneficio propio.

Asimismo ocurre con la osadía. De ahí que los discursos políticos despiertan enjundiosas dudas. Esto interfiere en la posibilidad de asir la confianza a alguna acción demostrativa de loable acción. Que casi nunca aparece. Ni exhibe su perfil.

Y ese resquebrajamiento que dejan ver muchos políticos de oficio al inicio, a mitad o al final de su empresa, pone al descubierto la codicia o el egoísmo que bien disfrazan con una narrativa aparatosa con la que solo buscan encubrir su solapada voluntad.

Entonces, ¿cómo apuntalar alguna confianza en autoridades públicas que se ufanan de actuar a distancia de lo que su retórica pronuncia?

Lejos está de aceptar la confianza entre los valores de una democracia. Sobre todo, si luce esquilmada por la acción de un proyecto político farsante y demagógico. La pretensión de considerar la confianza hacia las autoridades gubernamentales, como puntal de un ejercicio político, se cae por su propia pesadez. Además, reconocer un proyecto ideológico como propuesta suprema de “(…) refundar la República para establecer una sociedad democrática (…)” (del preámbulo de la Constitución de Venezuela, 1999) representa un insólito y grave desmentido.

Que los valores de la democracia sean la prudencia, la tolerancia, el respeto mutuo, la moderación, la libertad, el pluralismo, la competencia justa, el apego el ordenamiento jurídico, el balance del poder y la confianza hacia la autoridad pública, es una cosa distinta del hecho de aceptar que esos mismos valores sean lo que fundamentan un remedo de democracia en el terreno de un régimen autoritario y hegemónico. Peor aun, delincuencial. Por tanto, solicitado por la justicia internacional. Tal cual es el caso Venezuela. 

Particularmente lo que contempla el artículo segundo de la Constitución nacional luce contradictorio. Sobre todo, ante lo que a diario acomete en descrédito de lo que exalta el contenido de la Carta Magna. Entonces, ¿cómo actuar frente a un régimen que se contradice en palabra y acción? No hay más respuesta que la justificada por la desconfianza hacia la autoridad pública.

Todo, por embrolladora, engañadora, insolente, opresora, hostigadora, corrupta, resentida, inmoral, pendenciera, abusadora, mediocre, inepta, codiciosa, entre otras enfermedades éticas, culturales, sociales y políticas. No hay de otra que proceder a actuar. Pero con el poder que aprisiona al país entero, sin confianza alguna…

 

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Dualidad de precios de la gasolina aviva la corrupción, por Víctor Álvarez R.

@victoralvarezr    

Fijar dos precios para la gasolina es un incentivo perverso a la corrupción, la especulación y el contrabando. En moneda nacional, el precio subsidiado es de 5000 Bs/L. Este equivale a solo 2,5 centavos de dólar, mientras que el precio dolarizado se fijó en 50 centavos de dólar el litro, 20 veces más.

Está comprobado que los sistemas diferenciales de precios degeneran en un incentivo perverso a la corrupción, tal como pasó con Cadivi, Sicad, Simadi y Dipro.

Estas entidades fijaban una tasa de cambio subsidiada a la que solo tenían acceso unos privilegiados, que luego revendían las divisas baratas a una tasa de cambio mucho más cara en el mercado paralelo, acumulando así jugosas ganancias.

La irracionalidad del nuevo precio subsidiado está a la vista. Una botella de litro y medio de Coca-Cola cuesta 250.000 bolívares, suma con la que se pueden comprar 50 litros de gasolina. En las fronteras con Colombia y Brasil un litro de gasolina cuesta al menos 0,70 $/L, razón por la cual, ni siquiera el precio de 0,50 $/L detendrá el contrabando.

Si no se corrige el enorme diferencial de precios, lo más probable es que la ilusión de la gasolina barata dure apenas unas semanas. Nuevamente tenderá a desaparecer y solo se conseguirá en las estaciones de servicios dolarizadas hacia donde se dirigirá el trasvase y jugosa reventa de la gasolina subsidiada.

También veremos florecer el negocio de pimpineros ambulantes. Estos revenderán al detal -y en dólares- los combustibles subsidiados que reciben transportistas, vehículos oficiales y privados, cuyos tanques serán vaciados para ser revendidos.

El reconocimiento más patético de este incentivo perverso a la especulación que genera el sistema dual de precios lo hizo el miembro de la ANC, David Paravisini, quien señaló sin pudor alguno: sacaste tu carnet de la patria, pagaste 120 litros, 600 000 bolívares, que son tres dólares y lo puedes vender en sesenta dólares”. 

En vez de subsidiar los combustibles, lo que hay que subsidiar es el transporte de carga y de pasajeros a través de transferencias monetarias directas. Estas se financiarían no con emisiones de dinero inflacionario por parte del BCV, sino con los ingresos que se recauden al internacionalizar el precio de los combustibles.

Si el precio de la gasolina se iguala al nivel que tiene en la frontera, no solamente se erradicaría el contrabando de extracción, también se generarían al menos 1300 millones de dólares anuales que bien pudieran ser destinados a:

* Dolarizar los salarios de los médicos, maestros, profesores universitarios y empleados públicos.

* Modernizar y ampliar el precario sistema de transporte público en los 335 municipios del país.

* Repotenciar las refinerías para darle una solución de mediano y largo plazo a la escasez de combustibles.

Converso de este tema en #PedagogíaEconómica / YouTube: 

 

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Construcción de nuevas cárceles, asunto urgente en Venezuela, por Carlos Nieto Palma

@cnietopalma

Definitivamente Venezuela no es Suiza, Suecia u Holanda, que están cerrando cárceles por falta de presos y la disminución de la delincuencia. En Venezuela la situación es muy grave. Y el hacinamiento es más grave aun.

Los calabozos policiales, espacios transitorios donde los reclusos no deberían estar por más de 48 horas, se han convertido en cárceles permanentes donde los presos permanecen hacinados y viviendo en condiciones infrahumanas. Esto no le importa a nadie, incluyendo los representantes del Estado con la obligación expresa de velar por los derechos humanos de este grupo excluido de la sociedad.

¿Acaso han visto ustedes al Defensor del Pueblo velar por los derechos de los presos? Sí, esa es una de sus responsabilidades.

Me atrevo a decir que los presos no les importan al Gobierno, pero tampoco a la oposición. Unos y otros solo buscan un rato de publicidad, como recientemente ocurrió en la cárcel Cepella de Guanare, donde masacraron a 47 presos y hubo más de 67 heridos graves. Un mes después estos siguen pidiendo ayuda, sin que los políticos se volvieran a ocupar de ellos. Unos días de show y nada más.

Tal vez soy duro en mis apreciaciones, pero como no soy político sino defensor de derechos humanos y no busco un cargo público, me atrevo a decirlo sin miedo, porque es la realidad.

Para dar unas cifras aproximadas, porque aquí eso de cifras oficiales no existe, nuestras investigaciones de Una Ventana a la Libertad dicen que tenemos 110 000 presos. 45 000 en cárceles comunes y 65 000 en calabozos policiales.

La ministra Iris Varela ha cerrado 10 cárceles desde que fue creado el Ministerio para el Servicio Penitenciario, el 26 de julio de 2011, y les ha mandado el problema a los policías, que no tienen la función de cuidar presos. Esta responsabilidad le toca a ella, así no quiera asumirla.

Afirmo sin ninguna duda que la ministra Iris Varela es la responsable del terrible caos que vivimos en el sistema penitenciario del país.

Decir que “se van a construir nuevas cárceles en Venezuela” son solo discursos vacíos que no llegan a nada. Es necesario recordar el Plan Nacional de Humanización Penitenciaria presentado por el exministro de Interior y Justicia Tareck el Aissami, quien manejaba el tema carcelario antes de la creación del Ministerio para el Servicio Penitenciario.

Este plan contemplaba en su ejecución, a materializarse entre los años 2006 y 2011, la construcción de 10 comunidades penitenciarias, 5 ampliaciones de cárceles existentes, 5 centros penitenciarios de producción socialista y 5 centros de producción socialista de máxima seguridad, para un total de 25 nuevas obras. De estas, menos del 15 % se hicieron.

Con la creación del Ministerio para el Servicio Penitenciario, en julio de 2011, las promesas de construcción de nuevas cárceles continuaron. La titular de este despacho, Iris Varela, en entrevista concedida al periodista Eligio Rojas en el diario Últimas Noticias el 15/6/2012, anunciaba que en el lapso de 2 años construiría 24 cárceles, promesa que hasta la fecha tampoco ha cumplido.

En Venezuela hay actualmente 5 estados sin ninguna cárcel: Vargas, Cojedes, Apure, Amazonas y Delta Amacuro. Y 3 que funcionan a media máquina: La Planta en Caracas que solo funciona lo que era el Centro de Tratamiento Comunitario Francisco Canestri, un sitio pequeño al lado de la antigua Planta; la Cárcel de San Antonio en Nueva Esparta, con muy pocos reclusos en la actualidad; y el Retén del Marite en Zulia, funcionando al 30 % se su capacidad.

Venezuela vive la situación penitenciaria más grave de toda su historia, y si no se trabaja entre todos los actores involucrados en buscar una solución, todo irá a peor.

De manera personal creo que cada estado del país debería tener un establecimiento cerrado para procesados y uno para penados o condenados, y que funcionen de manera descentralizada como establece la Constitución.

Este sería el comienzo de una solución si es que acaso quieren buscar alguna, porque pareciera que no. Y a la vez una sanación a nuestra maltratada población penitenciaria que, aunque no lo crean muchos y la excluyan por ser delincuentes, tiene derecho a ser reinsertada en la sociedad.

Razón tenía mi maestro Elio Gómez Grillo cuando decía que las cárceles eran un negocio tan productivo como Pdvsa (la de otros tiempos), que producía mucho dinero ilícito y que, mientras esto ocurriera, las cárceles no las iban a arreglar.

[email protected]

 

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¿Por qué es tan importante la misión de SpaceX y la NASA?, por Tomás Rojas
La misión Demo-2 de Crew Dragon, de SpaceX y la NASA, marca el amanecer de una nueva era en el espacio.

(@Tomas17)

La misión Demo-2 de la Crew Dragon de SpaceX y la NASA es un hito en la exploración y explotación del espacio por parte de la humanidad. Por diversas razones: no solo de la órbita terrestre, sino también con miras a futuro y a las misiones a Marte.

Primero, más astronautas y experimentos en la ISS

Es la primera misión tripulada lanzada desde suelo estadounidense desde la última del transbordador espacial STS-135, en 2011. Desde entonces NASA había estado comprando asientos a la agencia rusa Roscosmos, quienes, con su vieja pero confiable línea de cápsulas Soyuz, tenían el monopolio de llevar astronautas a la estación espacial. Los asientos de Soyuz le costaban de 3 a 4 veces más a NASA que un asiento de Crew Dragon, por lo que ahora la agencia espacial estadounidense podrá mandar más astronautas al espacio y tendrá mayor capacidad para mantener experimentos de forma simultánea.

SpaceX
Cápsula Crew-Dragon NASA

Es aquí donde vale destacar la importancia de los experimentos en la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés). El laboratorio orbital aloja experimentos únicos y cruciales para un sinfín de ramas de la ciencia, incluyendo la biología, la medicina y la mecánica de los fluidos. Un ingenio que nos permite estudiar fenómenos de pequeña escala, en la Tierra son completamente opacados por los efectos de la gravedad.

Un experimento en la estación espacial estudia la biofísica de una proteína que destruye las neuronas de los pacientes de Alzheimer.

Segundo, se rompe el paradigma de la innovación espacial

El segundo porqué la misión SpaceX y la NASA marca un hito es que el éxito del programa de tripulación comercial cambia por completo el paradigma de la innovación espacial.

Aunque existía la participación privada previo a esto, era con otro modelo. NASA firmaba contratos donde se comprometía a cubrir los costos del desarrollo de un equipo y, encima de ese costo, pagar un margen de ganancia. Esto trajo el alunizaje, pero también presupuestos muy onerosos que resultaron ser inviables financieramente como para perdurar en el tiempo.

Por contraste, con estos programas comerciales, que empezaron entre el final de la era Bush y el principio de la era Obama (primero de carga, y ahora de tripulación), NASA dio premios en metálico a las mejores propuestas, pero licitó por precios fijos donde el riesgo lo asumirían las empresas privadas.

Esto detonó la creatividad de la empresa privada por la necesidad de lograr un producto competitivo, al tiempo que dejara un margen de ganancia que lo hiciera sustentable. Dos empresas resultaron ganadoras de contratos para esta fase de tripulación: SpaceX y Boeing, que está apenas a unos pasos atrás y se unirá a la fiesta muy pronto.

Tercero, la “democratización” del espacio

El resultado de esto será dramático. Ya dijimos que los costos van a bajar para NASA. Pero al ser compañías privadas las proveedoras del servicio y no el Gobierno, los vuelos a órbita estarán abiertos a cualquier cliente con suficiente dinero para pagar su viaje al espacio. De hecho, en el contrato con SpaceX, NASA se comprometió a autorizar vuelos privados de Crew Dragon.

Pronto no solo tendremos cohetes privados, sino también un sector de turismo espacial, empresas con sus propios astronautas, e investigación y desarrollo espacial con intereses privados posiblemente ejercidos en estaciones espaciales privadas. Este es el inicio de un proceso donde el acceso al espacio se abaratará de forma cada vez más rápida.

Tanto es así que el modelo va a ser replicado para las misiones que llevarán a la primera mujer – y al próximo hombre – a la Luna.

La fase de diseño de los diferentes conceptos del programa Artemis ya está en proceso con 3 compañías que incluyen también a SpaceX y a un consorcio liderado por Blue Origin, propiedad del fundador de Amazon y hombre más rico del mundo según la revista Forbes, Jeff Bezos.

El Gobierno de Donald Trump también anunció que estaba trabajando en un tratado internacional que regulase la minería lunar.

A menos de una semana de la misión Demo-2, SpaceX ya ha realizado otro lanzamiento de su cohete Falcon 9 y ha roto su propio récord con el quinto lanzamiento del mismo cohete de primera etapa. Este vuelo llevó el miércoles por la noche (3/6/2020) un último lote de 60 satélites que transmiten Internet para su creciente constelación Starlink. Y aterrizó sobre la plataforma Just Read The Instructions, en el océano Atlántico.

Es el amanecer de una nueva era en el espacio. Una era que estará al alcance de muchas más organizaciones, países y personas.

* Tomás Rojas / Estudiante doctoral. Departamento de Ingeniería Mecánica, Aeroespacial y Nuclear, Instituto Politécnico de Rensselaer.

 

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¡Es preferible ser sacudido por la verdad que besado por una mentira!, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini  

El régimen y sus embustes han hecho de la simulación, propaganda distorsionada, ocultamiento de cifras y realidades, una política de acción a lo largo de estos años. A esa ofensa no se pueden aceptar medias verdades, vaguedades, hipocresías e incluso falsedades por parte de una oposición organizada, dispersa.

Para politiqueros y fanáticos decir la verdad es pecado mortal. Despreciando a quienes están convencidos que hacerlo es lo correcto. El uso y abuso de la mentira es tan obsceno que la ciudadanía tiene sed de franqueza. El brete entre verdad y política no es exclusivo de Venezuela.

Hace mucho escuchamos “lo dice el periódico” para corroborar un aserto. Quien hoy lo dijera sería abucheado. Lo que nunca se ha hecho, ni entonces ni ahora, es utilizar como argumento de autoridad “lo dice este o aquel político”. Cuando proliferan embustes, contradicciones, incoherencias y omisión intencionada, la credibilidad de los dirigentes -pagan justos por pe­cadores- no es está en mínimos, sino que anda por el suelo y más abajo.

Es fundamental decir verdades claras, contundentes, frente a la ruina económica, miseria social, catástrofe ética, indiscreción moral, corrupción y calamidad política que devoran sin piedad a una sociedad engañada, confusa, abatida, incrédula.

Las cúpulas podridas apresuran en negociaciones oscuras la marcha estafadora hacia unas elecciones parlamentarias fraudulentas. Panorama que podría conducir al temido estallido social, que nadie quiere ni desea. No puede haber diálogo si no hay verdad y posibilidad de alcanzar algo de ella. No se crea la verdad con discursos, sino que sale al encuentro.

La tendencia en transformar la verdad de hecho en opinión es una forma moderna de faltar a ella.

Así, la verdad que se opone a un grupo político dominante, que asume la representación del todo, es descalificada, rechazada con hostilidad. El G4 y voceros se presentan -indebidamente- como la única oposición, pero no pueden continuar engañando al ciudadano, diciéndole que lo único necesario para cambiar y transformarnos en un país decente es ir a votar. Patraña generadora de expectativa e ilusiones imposibles de satisfacer. Mejor ejemplo, las elecciones parlamentarias de 2015 tras las cuales se ofreció de todo. Nada se cumplió.

El régimen ha perdido casi todo excepto poder, armas y el poco dinero que ingresa. La oposición decente, responsable, valiente tiene la mayoría ciudadana. La dictadura domina los poderes públicos que actúan sumisos y cumplen instrucciones oficialistas. El G4 dispone de votos, pero mucho más de rechazo y descontento por su incapacidad e incompetencia. Sus pequeñeces y errores son demasiados.

La negación de los hechos, es decir, la mentira, es hegemónica. Vicisitudes de dominio público son consideradas tabú por los súbditos del régimen, como sucedía en la Alemania de Hitler y la Rusia de Stalin, no se mencionaban los campos de concentración ni exterminio pese a que su existencia no era ningún secreto.

El régimen castro-venezolano tiene la fuerza, los contrarios la verdad. Las autocracias no se basan en la verdad sino en la fuerza. El castrismo sabe que por caminos legales y legítimos está perdido. Pero abusa del poder para cambiar lo que considere para sostenerse.

La estrategia obliga confrontar con la verdad. Los venezolanos no han dejado de responder firmes a los llamados a elecciones, excepto cuando las perciben fraudulentas, tramposas. Un magnífico ejemplo: los comicios presidenciales mayo 2018, que han permitido a la oposición el reconocimiento del mundo libre y democrático.

Es momento de autenticidad, sinceridad, honradez. Hora de apelar al coraje que venezolanos han demostrado una y otra vez. De explicar las cosas como son, no insultar a los que piensan decir la verdad es lo adecuado y correcto. Ese es el deber, el reto verdadero, de los dirigentes aspirantes de la oposición. No hacerlo es pintarse en la frente la derrota.

Los ciudadanos son en su mayoría moderados, amarrados a las circunstancias de su vida cotidiana, a la realidad de los hechos. En consecuencia, precisa y requiere se exponga la situación histórica en que se encuentra la nación, se detallen proyectos viables, se rechacen imposibles, se precisen logros, se reconozcan fracasos y rindan cuentas. Así de sencillo. Quien tenga el coraje de hacerlo será recompensado por algo de lo que carecen los políticos: autoridad moral, distinta de la potestad que les otorga la investidura democrática.

Una autoridad no es más que credibilidad sobre la que se funda el liderazgo merecedor de tal nombre. Y es imprescindible cuando un pueblo se encuentra inmerso en la confusión que conduce a la quiebra social, erosión económica y a una inexorable pérdida de oportunidades.

Hacen falta estadistas, líderes, partidos políticos fuertes, responsables, coherentes, pero, en tiempos de crisis, son irrelevantes sin un liderazgo provisto de autoridad para inspirar confianza y credibilidad.

La falsedad es tan escandalosa que el país reclama certidumbre. Hay que advertir con fuerza la falta de escrúpulo oficialista. En democracia la verdad es vital.

 

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La flaca Cayetana, por Sebastián de la Nuez

Cayetana Álvarez de Toledo. Foto PP Comunidad de Madrid / Wikimedia Commons, 2019.

@sdelanuez 

Cayetana Álvarez de Toledo es la vocera del Partido Popular con el estilete en la boca cada vez que se para frente al micrófono del Congreso de los Diputados, en Madrid. Cayetana, flaca y desenvuelta, elegante y soberbia en cada gesto, le ha dicho, con mejor claridad que nadie, al ministro José Luis Ábalos, del PSOE, “cómplice de la tiranía de Nicolás Maduro”. En estos días está empeñada en que dimita otro ministro, Fernando Grande-Marlaska, encargado de la cartera del Interior.

El Partido Popular mantiene un férreo cerco de oposición, incluso de obstrucción, al gobierno actual de Pedro Sánchez, que está plagado de buenas intenciones aunque no sepa muy bien cómo canalizarlas. Avanza a trompicones con sus contradicciones de nacimiento y su staff ministerial muy femenino (a la moda) cuya portavoz, la andaluza María Jesús Montero, parece que fuera a echarse a cantar “Sevilla tiene un color especial…” en cualquier momento, acompañada por Los Del Río. No es un gobierno muy de fiar, desde el principio ha sonado poco consistente, un tanto incoherente. Sánchez dice que el PP lo que no le perdona es haber perdido cinco elecciones al hilo (se refiere a las presidenciales, que hubo que repetir, y a las municipales y autonómicas), pero en realidad lo que no le perdona el partido de Aznar es la moción de censura contra Mariano Rajoy que prosperó hace exactamente dos años. Una cosa semejante, salvando las distancias, a la de Carlos Andrés Pérez en el año 92 por el manejo de la partida secreta y su consiguiente defenestración.

¿Contradicciones de nacimiento? Por supuesto. La primera de ellas tiene nombre y apellido, Pablo Iglesias: por ello es uno de los blancos preferidos de la flaca Cayetana. Ella, desde las alturas de su estampa escapada de la revista Hola, le ha dicho de todo. Todo lo que a un venezolano le gustaría decirle al señor Iglesias si lo tuviera enfrente. La flaca Cayetana, además de endilgarle el calificativo de “terrorista” al padre de Pablo, a cada momento le saca en cara su tumbaíto bolivariano, del cual jamás se ha desdicho.

Iglesias es una mácula demasiado fácil de batear en el gobierno socialista; por añadidura, al hombre no le gusta pasar inadvertido sino, por el contrario, ponerse de bulto, llamar la atención, hacerse el estoico en su sillón de diputado mientras fragua su próxima aventura contra el Poder Judicial o los grandes empresarios españoles. Al líder sempiterno de Unidas Podemos le encanta aparecer en los medios a cualquier precio. Iglesias es un provocador nato, un rebelde sin causa pero con casa (“casoplón”, le llaman aquí), un caso típico de izquierda de aula universitaria, caviar, cultivada.

Hay quien ha dicho que al pueblo español lo mueve o bien la fe, o bien la obediencia o bien el odio (gracias a su obediencia, debe decirse, se ha resuelto en buena medida el acoso del coronavirus). Hace unos meses, antes de la pandemia, por un trabajo que estoy haciendo recorrí parte de Casa de Campo, un escenario histórico pues allí se desarrolló, en buena medida, el asedio de los franquistas a la capital del Reino en tiempos de la Guerra Civil. El recorrido lo hicimos, un  grupo, de la mano de un guía que ha estudiado esa historia durante años. Nos llevó al cerro donde tuvo lugar la Operación Garabitas. Nos contó todo, con detalles. Le pregunté por qué, siendo ese paraje tan importante desde el punto de vista histórico, ese en especial donde hubo un ataque republicano contra los alzados entre los días 9 y 14 de abril de 1937, no había allí un monumento, un pilar o monolito, aunque fuese un letrero, que le dijera al paseante, al turista, al españolito de hoy, en síntesis, lo que allí había sucedido. No lo hay, por cierto, en cualquiera de los otros lugares de Casa de Campo donde sucedieron escaramuzas, o donde hubo una iglesia que los alzados volaron para que no sirviese de refugio a los rojos. En fin, no lo hay, me explicó el guía con toda la verdad de su experiencia, porque sería inútil intentar poner de acuerdo “a unos y otros” en lo que debería decir el letrerito o monumento.

En otras palabras, los hechos del pasado no han sido superados por el liderazgo español. Nada más y nada menos.

Se han escrito en España más de 22.000 libros sobre la Guerra Civil, a favor o en contra de Franco o del Frente Popular, y muchos otros perfectamente equidistantes, entre estos últimos los de hispanistas ingleses y norteamericanos, los mejores entre el cúmulo de tan vasta bibliografía. Sin embargo, la universalidad y liberación de la palabra escrita no parece haber llegado a la calle, al menos no a Casa de Campo. Ni a otros lugares de la civilidad. En Brunete, donde sucedió una de las batallas más cruentas de la Guerra Civil, no hay un sitio oficial que la explique; ni uno.

El temor puede que sea difícil de entender o, en todo caso, resulta absurdo: abrirle las puertas, con tanto afán pedagógico al aire libre, al resurgimiento de discusiones que se conviertan en encono irreversible, resucitando al volcán fratricida que ha permanecido aletargado desde 1939.

Tanto la flaca Cayetana como el estoico Iglesias parecen entrenados en el odio, si uno se atiene a lo que dicen el uno de la otra, o la otra del huno (valga la hache).

El venezolano de la diáspora piensa que “viene del futuro” y que por eso puede alertar a los españoles sobre ciertas tendencias que podrían dar lugar a un régimen indeseable. ¿No será al revés? ¿Podría ser posible que dentro de 80 años no se pudiese poner una placa, una señal, en la esquina de la calle Élice, de Chacao, que testimoniara y explicara sucintamente que fue allí donde un salvaje chavista asesinó el 12-02-2014 a un estudiante inocente que solo deseaba protestar?

 

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La somalización de Venezuela, por Orlando Viera-Blanco*

@ovierablanco 

La República Federal de Somalia es un país ubicado en el Cuerno este de África. Al oeste y noroeste limita con Etiopía y Yibuti [ex territorio Somalí], al sur con Kenia, norte con el golfo de Adén, y este con el océano Índico. Tras una larga guerra civil el país se dividió en pequeños estados independientes.

Somalia es un país que en los últimos 50 años ha estado sumergido en guerras con vecinos (Etiopía); guerras civiles étnicas, religiosas, donde la influencia radical islámica ha jugado un rol divisorio y violento. Es un Estado fallido. Ha sufrido una larga sequía por más de 20 años. Un Estado fragmentado que sufre los embates de la hambruna y ocupa el primer lugar del mundo en violencia y corrupción.

Breve historia de un desmembramiento

En el año 2004 diferentes facciones llegaron a un acuerdo para conformar un gobierno de transición. En 2012 se aprobó una nueva Constitución provisional. Su capital y ciudad más poblada es Mogadiscio. Somalia ha sido territorio ocupado por árabes, italianos, franceses, ingleses y portugueses.

La Liga de Juventud Somalí (LJS) se mantuvo en el poder en los años 1960, con el presidente Abdirashid Ali Shermarke. Fue asesinado en 1969 y un golpe militar elevó como presidente a Mohamed Siad Barre, quien lideró los años más prósperos de la historia de Somalia.

Este país mantuvo estrechas relaciones con la URSS, pero cuando esta apoyó a Etiopía, Somalia se volvió hacia Occidente. Ante la pésima situación de economía de guerra, surgió una oposición armada en el norte del país en 1987. En 1990, este grupo adquirió el control de la mayor parte del territorio, disolviéndose de facto el Estado somalí.

El grupo opositor se dividió en 1991 por distintos motivos, entre ellos las tradicionales enemistades entre diferentes clanes y etnias. Por un lado, el Movimiento Patriótico Somalí (MPS) en el sur y el Movimiento Nacional Somalí (MNS) en el norte. Por otro lado, el grupo Congreso Unido Somalí (CUS) tomó la capital del país, provocando la salida del presidente Barre.

En 1992 Estados Unidos envió tropas para asistir con la repartición de alimentos. Arreciaba la hambruna. Pero el CUS se opuso a la intervención y provocó la salida de la ayuda extranjera. En abril de 2000 se formó el llamado Gobierno Nacional de Transición de Somalia a partir de la Somalia National Peace Conference (SNPC) reunida en Arta, Yibuti.

Desde el 2000 hasta 2012 Somalia ha estado dividida en 18 clivajes territoriales, ocupada por grupos islámicos radicales (Jubalandia dominada por las Cortes Federales Islámicas) Galmudug que pasó a manos del Gobierno de Transición y el estado autónomo de Puntland.

El presidente de Somalia, Mohamed Abdullahi «Farmajo» Mohamed, ha pedido “unidad” y apoyo a sus connacionales para el cambio y consolidación republicana. Sin embargo la división, anarquía y violencia prevalecen a la par de la pobreza, corrupción, miseria y escasez. Cualquier parecido…

Así van. O no van…

La población de Somalia de 14 a 64 años representa más de la mitad de sus habitantes. El 44 % son jóvenes de hasta los 14 años, y el 3 % son mayores de 65 años. Se calcula que un millón de refugiados están fuera del país, en su mayoría en Italia o Inglaterra. El 60% son pastores nómadas. El resto, pequeños granjeros. Son el pueblo más pobre de áfrica y su expectativa de vida es de 48 años. La sanidad está controlada por militares. No cuentan con recursos. La tuberculosis y el sarampión son recurrentes y la promiscuidad devino en un problema socio-cultural.

La tasa de mortalidad es del 15 % (mueren 152 niños por  cada 1000 nacimientos) con un índice elevado de bajo peso. Por cada 100.000 nacimientos mueren 1000 madres. Desde 1991, cuando fue derrocado el régimen militar de Siad Barre, no ha habido ningún gobierno que controle el país.

Cuando Barre fue derrocado (1991), Somalia se hundió en la anarquía y el país quedó dividido por feudos de clanes rivales. Una coalición de grupos islamistas tomó la capital y gran parte del sur del país. Ello provocó la intervención de países vecinos que invadieron Somalia para expulsar al gobierno islamista. ¿Destino en ciernes?

Se trató de instalar un nuevo gobierno de transición apoyado por Occidente pero surgieron los insurgentes de Al Shabab aliados con Al Qaeda. Al Shabab comenzó a reclutar a miembros de los clanes que se oponían al gobierno apoyado por Occidente. Somalia no contó con un ejército para combatir a los yihadistas, por lo que los gobiernos de Occidente financiaron la AMISOM (Misión de la Unión Africana en Somalia). Fracasaron. Demasiado tarde… Aún Al Shabab controla la mayoría de las áreas rurales, especialmente en el sur del país, incluidas las carreteras que comunican a las ciudades y poblados. Incluso la capital Mogadiscio. EE. UU. ha intentado intervenir en el conflicto, sin éxito. La economía está en cero y las luchas entre los clanes empeora. Al Shabab recluta jóvenes a cuenta de fusil y comida…

Vernos en ese espejo

Estamos a tiempo de evitarlo. Mejor prevenir que lamentar. Una coalición internacional puede prevenir que se instalen en Venezuela fuerzas violentas como las yihadistas (terroristas según la UE y EE. UU.). Es evitar la somalización del continente. No es poca cosa…

* Embajador de venezuela en Canadá.

 

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