Opinión - Runrun

OPINIÓN

Eso que llaman coraje, por Víctor Maldonado C.

Vivimos épocas de falsa cosecha porque antes no se ha sembrado

Vivimos tiempos en donde hasta tus mejores amigos te recomiendan docilidad y apaciguamiento. Otros insisten en que no es tanto lo qué se dice sino el cómo se dice, porque al final las formas importan, y por eso mismo alegan que no tiene sentido que el costo sea tanta gente ofendida por una argumentación que insiste en ir a contracorriente, llevando la contraria al humor y a la interpretación convencional, que suele ir de comparsa y en procesión en el mismo sentido errático de sus dirigentes. Lo mismo da que estemos hablando del combate al totalitarismo o si nos estamos refiriendo a las diversas expresiones del flanco democrático. Todos coinciden en el mismo exhorto: la verdad no es tan importante como la necesidad de mantener las ligazones entre nosotros. La recomendación más popular insiste en que es preferible el compadrazgo fundado en la mentira que la soledad que provoca algunas veces mantener el foco en la realidad.

Por esa razón en Venezuela se la hacen olas a una unidad sin deliberación y sin condiciones. Una congregación donde todos deben sumar, aunque sean sus contradicciones y desvaríos. Una forma de avanzar retrocediendo donde lo importante es la falsa liturgia del estar juntos, a pesar de que en el transcurrir se rompa cualquier fundamento de la confianza y el compromiso. Una unidad planteada sin proyecto común, que por esa misma razón es un homenaje a la fuerza y al fraude. Una unidad que aspira a recomponerse luego de la traición y el desprecio, pero que obviamente nunca lo logra. Una ficción alucinante a la que lamentablemente los venezolanos le rinden pleitesía. Son, por lo tanto, épocas donde se le hacen demasiadas reverencias a la flaqueza de espíritu y muy mala propaganda al coraje.

El coraje y el asumir riesgos insensatos no son la misma cosa

Por otra parte, hay una predisposición a confundir el coraje con la temeridad. No son la misma cosa.  El temerario afronta el peligro sin buen juicio. Arriesga todo, lo suyo y lo ajeno, en embestidas irreflexivas que a veces salen mal. El que es excesivamente imprudente termina tarde o temprano atropellado por su propia insensatez. Nada más peligroso que los que asumen la vida como una partida de dados donde en cada lanzamiento se lo juegan todo. Sin embargo, en el imaginario nacional, hay una especial predisposición a estimular en los otros esa conducta, con el pecado adicional de querer sacar provecho político del que se arriesgó y murió o fue cogido preso, para después terminar negociando la renovación de una capitulación que ya lleva veinte años. Lo verdaderamente repugnante es estimular la conducta temeraria en los otros, esperando que ese cálculo convenga a las propias maquinaciones.

Tampoco es equivalente a la simulación de la lucha

Otros afirman que en el camino han “dejado el pellejo”. Eso ni es coraje ni es temeridad. Es simulación de la lucha. Los que lo dicen por lo general gozan de buena salud e inmejorable posición. Pero ellos insisten en hacer valer como bueno el esfuerzo sin resultados, y la ineficacia que aun así exige reconocimiento social, sin importarles en qué medida terminan pervirtiendo el sistema de méritos cuando se insiste en que es más importante la lástima que los efectos esperados de una política. Teniendo presente el creciente número de políticos que reclaman “el haber dejado el pellejo en la lucha”, nuestra época parece, en muchos sentidos, una telenovela donde la protagonista es la lástima, porque el fracasado pide el homenaje debido a su sufrimiento, esperando además que todos acaten su reciente sabiduría política y social “que solo produce el pasar por condiciones extremas”. No está demás decir que es una conocida falacia el hacer pasar una cosa por la otra. 

¿Y entonces, qué es el coraje?

El coraje es otra cosa. Juan Pablo II decía que el coraje caracteriza a todos los que tienen el valor de decir “no” o “sí” cuando ello resulta costoso. Es una característica propia de los hombres que dan testimonio singular de dignidad humana y humanidad profunda. Justamente por el hecho de que son ignorados, o incluso perseguidos por su compromiso con la verdad y los valores trascendentales como la vida, la libertad, la propiedad, la verdad y la justicia. El coraje es hacer lo correcto, vivir una moral de interrogaciones que se resiste al endoso automático, y tener claro por qué y por quienes vale la pena asumir el riesgo.

El hombre que tiene coraje cívico sabe que la vida correcta tiene sus peligros. Sabe que debe afrontarlos. Sabe que muchas veces, por defender una causa justa, va a tener que experimentar dificultades y soportar la adversidad. Sabe que tiene que encarar el miedo cotidiano. Y que debe superar la tentación que está allí susurrando que nada vale la pena, que mejor es inclinar la cerviz y dejar pasar, o peor aún, que solo tiene sentido “jugar a ganador” así sea por los mendrugos que recibe de la mesa de sus amos. El que tiene coraje no se da por vencido tan fácilmente, no abandona el esfuerzo sin intentar al menos enfrentar el desafío cuando está en juego lo valioso de la vida. Pero no lo hace irreflexivamente. El coraje es el talante de aquellos que son capaces de diseñar una estrategia y mantenerse en su curso con disciplina.

En el Evangelio según Mateo, capítulo 10, Jesús enseña a sus discípulos la magnitud del compromiso de predicar en su nombre: “Mirad, yo os envío como corderos en medio de lobos. Sed cautos como serpientes y cándidos como palomas”, mantengan la sencillez, prediquen con la verdad, no pierdan la fe ni la confianza en Dios, reúnanse con gente honorable, sean firmes en la adversidad, no teman a la contradicción ni al conflicto, asuman su responsabilidad y sean generosos tanto en el dar como en el recibir. Váyanse de donde no los quieran, y resistan hasta el final. ¿No es ese el coraje que hemos estado buscando como signo de la política buena y sustanciosa?

La ruta del coraje la emprenden los que tienen coraje

Si tuviéramos que hacer un inventario sobre las condiciones del coraje, el primero de ellos sería un indeclinable compromiso con la verdad. Tarea nada fácil porque estamos presionados constantemente para apartar la mirada y dirigirla hacia la mentira por la vía de la ofuscación, el debilitamiento de la voluntad, el relativismo y el escepticismo. Es más fácil vivir aferrados a una mentira condescendiente que asumir la verdad con todos sus requisitos.  Recordemos a Max Weber. Es racional quien hace buenos cálculos entre medios y fines, teniendo como condición que hay un estado de derecho que nos permite predecir la conducta de los otros. Deja de ser racional quien se deja llevar por las emociones o por la tradición, y es más difícil todo cuando se vive bajo el signo de la arbitrariedad totalitaria y la impunidad narco-criminal. Pero nada nos obliga a la evasión. Y mucho menos al silencio cómplice. Este ecosistema se nutre de nuestra complacencia y de la tibieza con la que asumimos la lucha. Nuestro silencio y el constante beneficio de la duda son sus nutrientes, y lo que le ha permitido mantenerse tantos años. La verdad exige el compromiso de proclamarla con claridad y vigor.

Juan Pablo II en su Encíclica “El esplendor de la verdad” nos recuerda el deber ineludible de diferenciar lo que es bueno de lo que es malo, y la búsqueda de la verdad “como acto de la inteligencia de la persona, que debe aplicar el conocimiento universal del bien en una determinada situación y expresar así un juicio sobre la conducta recta que hay que elegir aquí y ahora”. Esta recta razón es la que nos posibilita y exige la disolución de cualquier forma de connivencia con el mal, cualquier arreglo con los que lo provocan, cualquier posibilidad de dejarlo sobrevivir en las estructuras sociales que han medrado hasta aniquilarlas. La ruta del coraje exige ruptura radical con el patrocinio del mal.

Por eso me gustaría decir que la ruta del coraje exige un ineludible sentido de la realidad, ese esfuerzo siempre inacabado de comprender y reconciliarnos con lo que está ocurriendo, sin que necesariamente esto signifique que sea posible la componenda, el perdón o el sometimiento a lo que nos daña y nos reduce al ser animal desprovisto de humanidad. Arendt nos acompaña en este difícil proceso cuando nos propone que entender esto que nos está pasando es reconocer que vivimos en un mundo donde estas cosas que nos ocurren son posibles. Son posibles la crueldad, la traición, la deslealtad, el saqueo, el crimen, el asesinato, la violación de derechos, el desvarío y el alejamiento radical de lo humano. También son realizables sus contrarios, y en eso precisamente consiste el llamado a comprender para luchar por un mundo mejor, en el que la verdad, discernida apropiadamente, puede ser un instrumento de liberación.

El sentido de realidad da paso a otra condición de la ruta del coraje: No se pueden usar medios inútiles, así como tampoco se pueden proponer fines retóricos. La verdad y su concomitante sentido de la realidad, nos exige que evitemos las cláusulas condicionales.

  1. No es verdad que un ecosistema narco-criminal y terrorista pueda ser derrotado de una forma tan simple como sacar del cargo ejecutivo a uno de ellos. Por lo tanto, proponer esas elecciones donde el retador exige “que ambos se despojen del cargo para ir parejos a unas elecciones” es inútil por incompleto e inconsistente con un diagnóstico apropiado de la situación.
  2. No es verdad que un ecosistema narco-criminal y terrorista tenga incentivos para dejar el poder mediante procesos de diálogos o negociaciones pactadas. No sólo por su condición de sistema difuso, ambiguo y líquido, sino porque sus condiciones para la cohesión interna exigen el uso impune de la fuerza pura y dura, y que ninguno de ellos caiga en desgracia o sea entregado.
  3. No es verdad que un ecosistema narco-criminal y terrorista acceda a ceder el poder mediante su sometimiento a elecciones libres, porque es incapaz de garantizarlo y porque el régimen de ventajas, extorsiones, chantajes e impunidad forman parte de la esencia del ecosistema.
  4. No es verdad que un ecosistema narco-criminal y terrorista se pueda despojar de su propia naturaleza arbitraria, ventajista y mafiosa para abrir espacios al reconocimiento y respeto por otras opciones.
  5. No es verdad que un ecosistema narco-criminal y terrorista se pueda afrontar eficazmente mediante una rebelión popular que sume testimonialmente más presos y mártires políticos. Porque no hay condiciones de marco institucional que velen por derechos y garantías ciudadanas.
  6. No es verdad que un ecosistema narco-criminal y terrorista practique la decencia pública y la honestidad en el manejo de los recursos. Todo lo contrario, se enriquece porque practica la corrupción, el saqueo y el cohecho para afianzar su poder y para debilitar moralmente a los que se les oponen. El ecosistema tiene en sus garras a una oposición corrompida, sin principios, incapaz de discernir y diferenciar lo bueno de lo malo, y que se ha visto reducida a ser el contorno del régimen que dicen combatir.
  7. No es verdad que un ecosistema narco-criminal y terrorista sea derrotado por la vía de una unidad entre corruptos, amorales y honestos. Por eso la unidad ha sido el fetiche explotado e implorado por todos los bandos para simular la lucha e imponer vía trampa y fraude un cómodo modus vivendi entre unos y otros que ahora tiene componentes y escenarios internacionales.
  8. No es verdad que solos podemos derrotar este ecosistema que se nos ha impuesto por la vía de la fuerza. La oposición honesta, no corrompida y que apuesta al coraje necesita toda la ayuda internacional posible.

Entonces la ruta del coraje exige que, reconociendo la realidad tal y como es, se pida ayuda internacional y se nos reconozca como víctimas cuyas estadísticas de éxodo, enfermedad, violencia política y muerte hablan por nosotros. Esta ruta exige denunciar la impostura de medios que no son tales, de cursos estratégicos que simulan la lucha, tanto como la profesionalización de la política como farsa y espectáculo que pide a cambio recursos sobre los que no rinden cuentas, ni permiten observaciones sobre eficacia y efectividad. El coraje exige de nosotros denuncia y propuesta, sin caer en la tentación de la promesa vana. Es una ruta que se esfuerza por tener resultados, usando el tiempo apropiadamente, teniendo presente todas las consecuencias que el mal inflige a la gente, y que insiste en lo que es obvio: que un régimen de hecho solo sale por la fuerza.

Por eso la ruta del coraje necesita de líderes con coraje: Para atenerse a la verdad, analizar los hechos con sentido de realidad, denunciar el mal y comprometerse con el bien, y solamente usar medios eficaces para intentar lograr los resultados que se buscan. Finalmente alinear y organizar el esfuerzo para lograr la fuerza que necesitamos: Alineación internacional, con un solo diagnóstico, un único significado y una sola modalidad de lucha; Alineación institucional, con un solo discurso de denuncia y necesidad de cambio, sin que sean colonizadas por partidos y programas de partidos; Alineación ciudadana, para que sean partícipes cotidianos de la ruta del coraje. Y todos asociados a la misma fuerza moral, capaces de discriminar lo bueno de lo malo, la paja del trigo, la verdad de la mentira, y lo eficaz de lo inútil.

Quisiera terminan citando a José Antonio Marina: “La valentía (el coraje) es la virtud del despegue, porque nos permite pasar del orbe de la naturaleza, sometido al régimen de la fuerza, al orbe de la dignidad, que está por hacer, y que debe regirse por el régimen de la dignidad. Es también la virtud de la fidelidad al proyecto (de la libertad), porque nos permite perseverar en él a pesar de los pesares, al permitirnos esa transfiguración que transforma nuestra fiereza en valor y el egoísmo en razón compartida”. Dicho de otra forma, debemos convertirnos en adalides de nuestra propia liberación sin ceder, sin dudar, sin caer en el conformismo, sin corrompernos ni prostituirnos. Esa es la ruta del coraje.  

 

@vjmc

Pensando en la Venezuela post-chavista no puedo dejar de reflexionar sobre cómo vamos a resolver el tema de la división… ¡Chávez, Maduro y sus acólitos han tenido como política sembrar odio y lo han logrado!

En Venezuela hay odios por razas –algo que nunca había existido- odios por estrato socio-económico, donde contradictoriamente ocurre que a quienes se odia es a los empresarios (en su mayoría honestos y trabajadores), que son quienes han echado el país hacia delante, y no a los groseramente ricos que amasaron sus fortunas robando el tesoro nacional, tanto chavistas como opositores.

 

Hay odios por educación (¿les suena conocido el lema de Zamora en la Guerra Federal “mueran los ricos y los que sepan leer y escribir”?), una suerte de bandera para perpetuar la ignorancia y hacer más fácil la manipulación de las masas. Hay odios por pensar distinto, y aunque Twitter no es Venezuela, es una buena muestra de cómo cualquier foro o grupo se convierte en un hervidero de insultos, descalificaciones, ultrajes y mofas. España tuvo una guerra civil cuyas heridas siguen abiertas setenta y cinco años después y cada vez más expuestas… ¿es eso lo que queremos?… Todos pierden en una guerra.

Hoy es el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Aquel genocidio planificado para acabar con los judíos de todo el planeta, por fortuna no tuvo éxito. Pero quedaron como trágica huella 6 millones de muertos, entre ellos 1,5 millones de niños. Con los sobrevivientes que he conocido y en los testimonios que he leído, busco siempre la respuesta a la pregunta de cómo seguir adelante después de haber vivido la crueldad humana en toda su extensión. “No siento odio”, me dijo varias veces mi amiga Trudy Spira.

“Yo estoy aquí, tengo hijos, tengo nietos. Hitler no logró su cometido”. Leyendo a Víctor Frankl, éste explica que pudo soportar aquellos horrores proyectándose en el futuro para no sufrir tanto el presente. Por ejemplo, pensando cómo explicaría a sus alumnos aquello que estaba viviendo.

Los venezolanos tenemos que reencontrarnos. Vernos de frente, darnos la mano. Que el chavismo, como Hitler, no venza en sus propósitos. Y como Frankl, pensar en cómo relatar en el futuro la historia de estos 21 años, para que al unísono exclamemos “¡nunca jamás!”.

@cjaimesb

Informe Otálvora: EEUU paraliza la flota aérea del castrochavismo, por Edgar C. Otálvora

Delcy Rodríguez llega a Buenos Aires el 14DIC16 a bordo de un avión de Pdvsa acompañada del boliviano David Choquehuanca. Foto: @planwac

 

Diario Las Américas

 

El gobierno provisional de Bolivia, encabezado por Jeanine Añez notificó el 23ENE20 a la cancillería de Cuba la decisión de suspender las relaciones diplomáticas. “Esta determinación obedece a las recientes e inadmisibles expresiones del Canciller Bruno Rodríguez Parrilla y la permanente hostilidad y constantes agravios de Cuba contra el Gobierno Constitucional boliviano y su proceso democrático” según el comunicado público. Las relaciones entre los dos gobiernos se mantendrán a nivel consular.

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Quince aeronaves ejecutivas utilizadas por el gobierno de Nicolás Maduro fueron incluidas por el Departamento del Tesoro de EEUU en el listado de propiedades a ser bloqueadas o incautadas en territorio estadounidense. Además ciudadanos y empresas con intereses en EEUU quedaron impedidos de abastecer, rentar o comprar la flotilla que aparece como propiedad de la petrolera estatal Pdvsa. La medida que entró en vigencia el 21ENE20, además de entorpecer las actividades de la burocracia internacional petrolera del régimen, impacta directamente en la logística de las intensas actividades internacionales de la alianza castrochavista.

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La flota sancionada por EEUU que incluye aeronaves para uso VIP, ha servido de soporte a la movilización de personalidades, jefes de Estado, activistas, desde y hacia Venezuela por una década. El activismo internacional del régimen chavista ha tenido en la flota de Pdvsa una de sus herramientas. El colombiano Ernesto Samper Pizano, el español José Rodríguez Zapatero, el boliviano Evo Morales, el nicaragüense Daniel Ortega, el primer ministro de San Vicente y las Granadinas y operador del castrochavismo en el Caribe Ralph Gonsalves, la excanciller argentina Susana Malcorra, entre incontables nombres, han sido usuarios de la flotilla de Pdvsa.  De hecho el 28ENE15 cuando en Costa Rica se realizaba la última cumbre presidencial realizada del CELAC, en las pistas del Aeropuerto Internacional Juan Santamaría que atiende a San José, permanecieron cinco de las aeronaves ahora sancionadas. En ellas habían viajado parte de la delegación que acompañaba a Maduro así como mandatarios “amigos” especialmente caribeños.

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Las siglas YV correspondientes a las aeronaves venezolanas sirvieron al régimen chavista y a sus aliados internacionales hasta hace poco, para transitar por el mundo sin mayores limitaciones por parte de autoridades de seguridad. Incluso el gobierno de Cuba, por acuerdo de una década atrás entre Fidel Castro y Hugo Chávez, adoptó el uso de aeronaves con matrícula venezolana para los viajes internacionales de los altos jerarcas cubanos. Los jet Dassault Falcon 900EX y Dassault Falcon 50 con matriculas venezolanas YV2053 y YV-1128 asignados para el uso de la Presidencia y de la Cancillería de Cuba desde finales de la década pasada, no fueron incluido en el listado de Departamento del Tesoro de EEUU emitido el 21ENE20. 

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Las sanciones impuestas a la flotilla de Pdvsa potencializan el impacto de las sanciones establecidas por EEUU, casi todos los países de Europa y varios países de Latinoamérica que prohíben el ingreso a sus territorios de decenas de jerarcas chavistas. Desde 2017, Nicolás Maduro y los altos jefes del chavismo han estado evadiendo aeropuertos europeos en sus movilizaciones aéreas convirtiendo a Argelia y Turquía en sus sitios preferidos para repostar.

El diario español Vozpópuli reveló que en la noche del domingo 19ENE20 arribó al aeropuerto de Barajas en Madrid una aeronave con matrícula de Turquía en la cual viajaba Delcy Rodríguez, la vicepresidente Ejecutiva del gobierno Maduro,  junto a su equipo y al Ministro de Turismo del régimen Félix Plasencia quien asistiría a una feria en la capital española. El Secretario de Organización del PSOE y actual Ministro de Transporte, el socialista José Luis Ábalos, se hizo presente en la terminal aérea y estuvo en contacto con Rodríguez quien tiene prohibición de ingreso a los países de la Unión Europea desde el 25JUN18. Tras contradictorias versiones, el gobierno español aseguró que entre Ábalos y Rodríguez se produjo un “saludo forzado por las circunstancias” y que la funcionaria chavista “no ingresó a territorio de la UE” permaneciendo hasta la tarde del lunes 20ENE20 en una sala de espera (sala de frontera) del aeropuerto bajo vigilancia de la Guardia Civil y Policía. Según versión del diario El País, Ábalos “subió al avión para convencer a Rodríguez de que no abandonase el aparato, tras ser advertido de que esta pretendía bajar a tierra, lo que hubiera provocado un incidente diplomático”. El gobierno español había estado informado desde la tarde del domingo sobre la presencia de Rodríguez a bordo del Dassault Falcon 900LX de la empresa Sky Valet que en ese momento aún sobrevolaba el Atlántico. Aparte de la crisis política desatada dentro de España por la presencia secreta de Rodríguez en el aeropuerto de Madrid, el hecho de viajar en una aeronave privada camino a Turquía y la imposibilidad de ingresar legalmente a España bajo riesgo de detención, dejaron en evidencia el impacto real que las sanciones internacionales sobre la actividad de la jerarquía chavista.    

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Los sucesos en el aeropuerto de Barajas reforzaron las críticas de la oposición española contra el gobierno de Pedro Sánchez por su actitud ante la presencia de Juan Guaidó en Madrid prevista para el 25ENE20.

El 24ENE19 luego de una reunión con el ecuatoriano Lenín Moreno y el colombiano Iván Duque, el presidente del gobierno español Pedro Sánchez telefoneó a Guaidó desde Davos, Suiza, y le anunció el reconocimiento español como encargado de la Presidencia de Venezuela. Si bien la posición oficial de España no se ha modificado, ante las noticias de una inminente gira europea de Guaidó el gobierno español dejó saber que Sánchez no recibiría oficial o privadamente al venezolano delegando la recepción a la ministra de exteriores Arancha González Laya.

La impresión entre diplomáticos latinoamericanos que hacen vida en Madrid, es que Sánchez procuraba evitarse roces con sus socios comunistas del partido Podemos con quien actualmente cogobierna. Podemos, el partido del actual vicepresidente español Pablo Iglesias, nació financiado por los gobiernos de Irán y Venezuela y mantiene una solidaridad automática con el régimen chavista. Durante la gira europea de Guaidó, que lo ha llevado a Londres, Bruselas, Davos y Paris, el venezolano fue recibido (fuera de agenda oficial) por el primer ministro Boris Johnson y el presidente Emmanuel Macron, así como por el Alto Representante de la Unión Josep Borrell. En Londres y París, Guaidó fue recibido como Presidente Encargado de Venezuela y en Bruselas como Presidente de la Asamblea Nacional ya que algunos gobiernos de la UE no reconocen la condición de jefe del Ejecutivo de Guaidó.

La presencia del tema Venezuela en la vida política española tiene un peso muy alto, no sólo por el número de venezolanos migrados a España, sino por la correlación entre los partidos españoles con las fuerzas políticas venezolanas. Venezuela se ha convertido en un asunto de la política interna española y la maniobra de Sánchez para evadir la presencia de Guaidó no podía tener éxito. 

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La reunión anual del Foro Económico Mundial se ha convertido en un sitio obligatorio para la élite planetaria ver y dejarse ver. La presencia de Guaidó en Davos fue ocasión para encuentros de pasillo, reuniones y contactos. Sus fotografías junto a la alemana Angela Merkel o con Ivanka Trump fueron ampliamente difundidas por los medios. Una reunión más discreta fue poco comentada: Guaidó sostuvo una conversación con Wilbur L. Ross el Secretario de Comercio de EEUU. Ross es el responsable dentro del gobierno estadounidense del diseño del plan “de reconstrucción” de la Venezuela “post-chavismo”. Chile Los esbozos de ese plan fueron expuestos por Ross en agosto del 2018 al gobierno de Brasil y en Lima durante la conferencia internacional sobre Venezuela celebrada el 06AGO19.

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El 01MAR20 se producirá el cambio de gobierno en Uruguay. El lapso de quince años de gobiernos de la alianza izquierdista Frente Amplio concluye con la llegada al poder de Luis Lacalle Pou del histórico Partido Nacional. En temas de política exterior se esperan cambios de orientación con respecto al esquema seguido por el saliente Tabaré Vázquez. El nuevo gobierno de Uruguay se dispone a votar favorablemente por la reelección del uruguayo Luis Almagro como Secretario General de la OEA en contraste con la posición sostenida por Vázquez de rechazo a la gestión de su paisano. Si bien existía la presunción de un cambio radical en la posición de Uruguay ante la situación venezolana, Lacalle califica a Nicolás Maduro como “dictador” anunció que no reconocerá a Juan Guaidó como Presidente de Venezuela. “Nosotros reconocemos a Juan Guaidó como el Presidente de la Asamblea Nacional que es el organismo legítimo. Reconocerlo como Presidente cuando está ejerciendo de facto como está ejerciendo Maduro, es un paso más que por ahora no podemos dar” afirmó Lacalle el 22ENE20 durante el programa radial “Primera Mañana” de la estación El Espectador 810 AM de Montevideo. En la misma entrevista Lacalle se quejó porque durante una conversación telefónica sostenida el 06ENE20 con el Secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, el estadounidense le habría respondido que “no estaba en condiciones de responderle” cuando el uruguayo sugirió el inicio de negociaciones para un acuerdo de libre comercio entre ambos países.

 

@ecotalvora

Una falsa sensación de prosperidad (II), por Alejandro Grisanti Capriles

Tras la publicación de mi artículo “Una falsa sensación de prosperidad” se ha abierto un debate muy interesante en torno a diferentes temas que exigen algunas precisiones sobre el tamaño de la burbuja, la dolarización y la ubicación de los bodegones, entre otros. Lo que quería destacar en ese artículo es que si bien el usurpador viene tomando medidas económicas más ortodoxas y más cercanas al mercado y se ha hecho la vista gorda con los controles de precios y de cambio, la crisis económica desafortunadamente se mantuvo en 2019 y redujo de forma drástica el nivel de consumo de los venezolanos. Por mi parte veo difícil una recuperación económica en el país —con Nicolás Maduro usurpando el
poder—, por lo que una condición necesaria, mas no suficiente, es tener este año una visión 20/20 que nos permita liberar a nuestro país de esta tiranía.

Hay bodegones hasta en Catia

El primer comentario que me llegó es que la reactivación del comercio a través de los bodegones no se concentra en el este de Caracas, pues se trata de un modelo masivo que incluye toda la capital, así como otras ciudades medianas y pequeñas. Que el Gobierno se esté haciendo la vista gorda con el control de precios y de cambio, hasta permitir la dolarización de la economía, efectivamente tiene que traer el florecimiento de la actividad comercial, no solo por parte de pequeños negocios sino también de los canales modernos de distribución. Dentro de la actividad comercial, hay actores que pueden estar vendiendo mucho menos unidades, pero sus márgenes por unidad son muchos más altos y, por ende, su rentabilidad medida en moneda dura es mucho mayor. Que el sector comercio esté mejor y que ahora en Venezuela se encuentre de todo, no quiere decir que los venezolanos estén mejor. Cabe recordar que una importante red de supermercados vendió 46,4% menos en 2019 que en 2018 y que una importante red de distribución de medicinas y artículos de salud tuvo una contracción de 33,2%, ambos en el número de unidades vendidas.

¿Se acuerdan del Dakazo?

Otro de los comentarios que recibí es que tener un instrumento de cambio (US$) como moneda estable en cantidades importantes en la economía (efectivo, Zelle, transferencias bancarias) tiene que traer efectos positivos. Si bien para el sector comercio se han simplificado y reducido los costos transaccionales y esto redunda en el surgimiento del comercio, me preocupa que esta dolarización informal genere un ambiente de confianza irracional. No me gusta ser profeta del desastre, pero sí creo importante recordar que los que hoy disfrutan del poder, son los mismos que en diferentes ocasiones confiscaron a empresas comercializadoras, como en 2013, con Daka, la red de tiendas de línea blanca y electrodomésticos, y en 2014, con el Plan Navidades Felices. Este Gobierno está haciendo caso omiso de los controles de precios y de cambio, sin modificar para nada la estructura legal. El único cambio que yo he observado es discursivo porque Nicolás Maduro pasó de hablar del “dólar criminal” a decir de forma dubitativa en una entrevista con José Vicente Rangel el pasado 17 de noviembre que no ve mal que la economía esté dolarizada (https://www.youtube.com/watch?v=dcgLdfVDoS4). No será la primera vez que el Gobierno cambie de dirección, y por eso es necesario recomendar a los comerciantes que se protejan, no a través de generales o ministros, sino con seguros financieros y operaciones de cobertura cambiaria. Justo es decir en este aspecto, que ya comenzaron a filtrarse algunas informaciones que el gobierno está considerando cambiar los esquemas impositivos para imponer nuevos impuesto sobre el creciente número de ventas realizadas en dólares. De moverse en este sentido, la frustración regresará  al gobierno dado que pechar transacciones en efectivo o a través de Zelle se les va a ser cuesta arriba, por decir lo menos. 

La dolarización informal a un tipo de cambio muy elevado está matando la industria nacional

En los últimos cuatro años se ha producido en Venezuela una gran apreciación del dólar y un importante incremento en la volatilidad de su cotización. Como la inflación ha superado con creces la devaluación, hoy un dólar compra mucho más fuera de Venezuela que su equivalente en bolívares en el país. Además, el sistema cambiario, al registrar algunas semanas de relativa estabilidad que súbitamente terminan en una aguda devaluación, exacerba la incertidumbre y hace prácticamente imposible la posibilidad de planificar. Si a este “nuevo modelo cambiario” le sumamos el colapso de los servicios públicos, el deterioro de la infraestructura y la inseguridad, es difícil no llegar a la conclusión que se está perdiendo lo poco que queda de tejido industrial. Hoy en día, para las empresas multinacionales es mucho más barato y menos riesgoso producir en el exterior e importar a Venezuela que producir en el país.

Otro aspecto que hay que resaltar también —que además actúa contra la industria nacional— es el auge de las importaciones, que cada vez son más difíciles de rastrear, pues posiblemente estén ingresando al país mediante el famoso esquema “puerta a puerta” sin pagar aranceles. Durante mucho tiempo, las importaciones venezolanas podían predecirse utilizando las cifras de nuestros principales socios comerciales. Sin embargo, la brecha de lo que reportan nuestros principales socios comerciales como exportaciones a Venezuela se ha ido incrementando con respecto a lo que el país publica como importaciones. A septiembre de 2019, las cifras consignadas por los primeros 20 socios comerciales no llegaban a 50% de las importaciones reportadas por Venezuela (y por supuesto que están incluidos los “nuevos socios comerciales” del régimen). Esta cifra solía ser superior a 90%. Desafortunadamente, la hiperinflación distorsiona mucho las cifras de recaudación aduanera, por lo que no se puede calcular el porcentaje de las importaciones que están ingresando al país sin pagar aranceles o IVA. 

Aumento de otros ingresos en divisas (legales o ilegales) 

Un tercer comentario que me hicieron tiene que ver con que si bien es cierto que el país registró una caída en la producción petrolera de 560.000 barriles por día —lo que representa que Nicolás Maduro recibió US$13.220 millones menos en 2019 que en 2018—, no es menos cierto que se ha generado un mayor número de divisas por remesas, narcotráfico, extracción de oro, etc. Para responder este comentario, es necesario aclarar que para contrarrestar la caída de ingresos petroleros, es necesario calcular el cambio que han tenido estas actividades con respecto al año anterior. De acuerdo con cálculos de Ecoanalítica basados en datos de COMTRADE de las Naciones Unidas, la extracción ilegal del oro llegó a US$2.711 millones en 2018, frente a un máximo histórico cercano a los US$2.960 millones en 2016. Asimismo, Ecoanalítica calcula, con cifras de Insight Crime, que los beneficios atados al narcotráfico sumaron US$2.650 millones en 2018. Si estas actividades ilícitas se elevaran en 40,0% y 10,0% en 2019, es decir, a US$3.795 millones y US$2.915 millones, respectivamente, se obtendrían ingresos adicionales de US$1.349 millones, lo que equivale a apenas 10,2% de la caída de los ingresos petroleros. Es decir, los cambios en las exportaciones de oro y posiblemente narcotráfico, si bien pueden contrarrestar en parte la caída de los ingresos petroleros, sus magnitudes son mucho mas bajas, por lo que la caída en los ingresos de la nación continua siendo importante. 

Y, por último, están los ingresos provenientes de las remesas. Es bien sabido que los venezolanos —impulsados por la crisis— han ido dejando el país. Hoy casi 5 millones de venezolanos están radicados en otras latitudes, trabajando y ganándose la vida dignamente. En la medida en que los venezolanos consolidan su posición económica en el exterior, están en mejor capacidad de ayudar a sus familiares en Venezuela. Ecoanalítica calcula que las remesas aumentaron en 40%, para pasar de US$2.500 millones en 2018 a US$3.500 millones en 2019, lo que representa un incremento de US$1.000 millones o de 7,5% de la caída de los ingresos petroleros. Todo esto quiere decir que lo que oímos en la prensa sobre la extracción legal e ilegal del oro, el narcotráfico y las remesas tan solo logra contrarrestar 17,7% de la caída de los ingresos petroleros. 

Hoy tenemos un Gobierno relativamente más pobre 

Cuando vemos los diferentes flujos de divisas en 2019, encontramos que el Gobierno se ha empobrecido más que proporcionalmente que el resto de la economía por el desplome de la producción y exportación petroleras. Hoy, la caída de los ingresos públicos ha depauperado a todos los que reciben alguna compensación formal del Estado. Esta imagen del Estado venezolano, con su industria petrolera, como principal motor de la economía ha cambiado. Hoy, el sector privado, a través de las remesas, el ahorro externo y también del narcotráfico y la extracción del oro, serán los actores clave para mitigar parcialmente la crisis. Un sector privado muy pobre, pero relativamente mejor posicionado que el sector público, es un equilibrio muy inestable para este régimen. Un Nicolás Maduro incapaz de satisfacer las principales demandas de sus seguidores seguirá buscando opciones para incrementar sus ingresos, así sea de forma momentánea. En este escenario es imposible descartar nuevos episodios de confiscación o expropiación, en los que el gran culpable volverá a ser el sector privado.

Anoche vi a Juan Guaidó, por Sebastián de la Nuez

Anoche vi a Juan Guaidó. De lejos, pero lo vi y escuché en directo, en la plaza de Sol, el área más populosa, emblemática y turística de Madrid, la capital del Reino, de la Madre Patria, como dice el líder del PP, Pablo Casado, que le dicen los venezolanos a España, y es verdad: España es la Madre Patria. Ayer, el connotado diario El País publicó un editorial justo y claro sobre la ambidextra actitud del Ejecutivo de coalición ante el periplo de Guaidó por Europa, detrás del cual no ha podido estar otra persona sino Felipe González —y probablemente Juan Luis Cebrián—, uno de los mejores amigos que tuvo Carlos Andrés Pérez en vida. Los partidos españoles sufren cismas, relevos generacionales, trastabilleos propias del compromiso y el chantaje, remezones del crecimiento, las presiones del poder. El PSOE pudiera ser, quizás, víctima de algún tipo de chantaje en este tema relativo a Venezuela.
Anoche vi a Juan Guaidó, y no hay duda de su energía, de su autenticidad, de que es, como quien dice, “uno de los nuestros” con su padre de taxista en Tenerife y su voz guaireña resonando en los altoparlantes de esta plaza universal. Lo pone todo en su discurso. Pone su talento, pone su formación, pone su sentido de la oportunidad. Puede que Ledezma sea una sombra pavosa, puede que su embajador en Madrid sea un tanto pusilánime, pero Juan Guaidó se ha convertido en una referencia de lucha por la libertad, un símbolo, un río que en algún momento se va a desbordar y ya se sabe que los ríos arrastran de todo, llegada la crecida.
Anoche vi a Juan Guaidó y todos en la plaza, donde no cabía literalmente un alfiler, vieron en él una esperanza concreta de futuro. Eso es lo que anima a la gente: una voz, una ilusión de reencuentro en paz. Un horizonte para un país desahuciado, acogotado hasta la asfixia. No hizo ningún anuncio concreto, habla de valores y asegura que las cosas pronto cambiarán y que todos los venezolanos podrán regresar a su país pero no indica cómo será posible esto. Recalca el apoyo internacional. Asegura que los venezolanos no están solos. Dice que cada quien en el exterior tiene algo por hacer, y es comunicarse en positivo. En fin, su discurso es motivador, reivindica la voluntad de mantenerse en pie, insiste en llamar a la calle y habla de algo que lleva por dentro cada venezolano de la diáspora: no se puede ser tolerante con el chavismo. «Yo les pido que nos paremos firmes por nuestros valores, por la democracia, por lo que podemos ser como sociedad. Ya hemos sufrido demasiado», dijo.
También dijo que su generación no llegó a repartir culpas sino a asumir responsabilidades.
Los momentos conmovedores estuvieron en su homenaje a la diputada de AD, Addy Valero, fallecida recientemente debido a un cáncer, quien se negó a ser extorsionada por el gobierno madurista en la AN, y cuando hizo un recorrido verbal por las ciudades de Venezuela. La nostalgia también moviliza.
Había recibido, poco antes, las llaves de la ciudad (honor solo reservado a jefes de Estado) de manos del alcalde José Luis Martínez-Almeida. El Partido Popular ha sacado provecho de la visita de Guaidó a España, y lo ha hecho con total legitimidad. Si el partido socialista pone al aire sus costuras, nadie más que el partido socialista tiene la culpa de ello. Que vean cómo ponen en regla sus contradicciones. Nadie tiene la culpa de las torpezas del ministro José Luis Ábalos sino el PSOE. Nadie tiene la culpa de arrastrar a Rodríguez Zapatero y su cuate Raúl Morodo sino el PSOE. Pedro Sánchez, en vez de recibir anoche a Guaidó, prefirió irse a Málaga a derrochar físico en la entrega de los premios Goya. La farándula no le salvará de enfrentar las cosas como son, con esa cara de futuro que tienen.
Anoche vi a Juan Guaidó en Puerta del Sol, la foto que acompaña esta nota no es gran cosa pero es mía, con esas dos banderas como foco de atención en el ayuntamiento.
Anoche vi a Juan Guaidó en plena faena. Créeme, Rodríguez Zapatero, es el futuro, no tus 38 viajes a Venezuela (¿a cobrar en efectivo?), que son apenas el pasado ante el cual el país democrático no será tolerante.

Ene 26, 2020 | Actualizado hace 1 día
Guaidó en la Puerta del Sol, por Victor Suárez

Noche de sábado emocionante. No se sabe aún cuántas personas asistieron a Puerta del Sol en Madrid para recibir a Juan Guaidó. Esta concentración pudo haber superado todos los récords que en los libritos responden a una pregunta anodina: ¿Cuál ha sido la reunión política más concurrida de una colonia extranjera en este sitio tan centurial? Nelson Bocaranda, editor del portal Runrun.es, me lo ha preguntado. Los helicópteros de la Guardia Civil tienen plenaa certeza de lo que ha pasado allí, los policías terrestres supieron cuánta diáspora cruzó sus diez bocacalles, el gobierno del PSOE ha debido acusar, a esta hora, que lo inusitado de ese convite le ha colocado en posición defensiva.
Juan Guaidó, que venía rejoneando en afamados burladeros de Londres, Bruselas, Davos y París, entró al trapo en Madrid, y triunfó en su toma de alternativa más rutilante. Venezuela allí no se acochipaló, y ganó. Los exiliados fueron exigidos, y respondieron. Maduro y sus podemitas callaron, sus exégetas huyeron. Venezuela expuso su pecho en el centro de Hispanoamérica, y el aplauso fue clamoroso.
No es tontería.
Un masaje diplomático caracterizó el discurso de Juan en Madrid. ¿Voy a recriminarle a Pedro Sánchez que no me haya recibido en Moncloa? ¿Voy a romper esa aldaba que me da entrada y expande nuestro grito en Europa? ¿No voy a ser capaz de comprender por qué Podemos presiona, y por qué Sánchez recula? ¿No sé yo que Borrell, el canciller de Europa, es más importante que cualquier otra Arancha en Exteriores? Guaidó no se refirió en ningún momento a dificultades circunstanciales. Ni allí, ni en los espacios que precedieron la concentración.
Dice el diario El País en su editorial: “No cabe pasar por alto que la incongruencia de promover el reconocimiento de Guaidó como presidente de Venezuela para luego devaluarlo a la condición de jefe de la oposición, según ha hecho el vicepresidente Pablo Iglesias, repercutirá negativamente en el papel de España en la Unión Europea”.
En sus treinta minutos de exposición, Guaidó evitó vientos adversos. En todo momento fue positivo, en cada inflexión (bien modulada, decían a mi alrededor) insistió en conceptos bastante liminales: unidad nacional, certidumbre política, socorro internacional. “Nuestra generación sabe que la democracia no es algo que se regala, sino que es una lucha de todos los días”, dijo.
Una hora y pico debieron esperar los concurrentes. Guaidó estaba constreñido por una pauta sobrevenida. (A las seis es la cita, no te olvides de ir, tengo tantas cositas que te quiero decir…). La medalla, la llave de oro de la ciudad, los parabienes de partidos políticos españoles, los reacomodos de última hora que querían ganar indulgencias, un encuentro con la prensa, la firma de un libro de honor, el tránsito de Cibeles a Sol, los parones obligados ante las cámaras de televisión, los selfies de rigor, hicieron que todos consintiéramos, bajo la frígida garúa, en que si somos los últimos por saludar, con mucho gusto le esperaríamos.
La bella actriz Ana María Simon comenzaba a animar a la multitud, pero la presencia alargada y azul de Juan la interrumpió. Estaba allí, en ese punto colindante con La Mariblanca, la réplica idealizada de las diosas Venus y Fortuna que Madrid aun no sabe por qué la entronizó allí en 1625.
Para las tres oleadas de exiliados que viven hoy en Madrid, Guaidó es un personaje que puede y no puede, que sabe y no sabe, que sueña y despierta, que encandila pero no enceguece. Pero el raudal de jóvenes, de treintones, cuarentones y de tercera edad que vi en el Metro, me sorprendió. Salían, se expresaban, cantaban. Los jubilados y pensionados, que Maduro ha dejado al garete desde 2016, también estaban allí, añadiendo ese calor profundo de la vejez.
Guaidó, desde el lunes, cuando llegó a Europa, vía Londres, había surcado un rebullón muy extenuante. Y se plantó en la tribuna madrileña como si estuviera llegando a la Plaza O´Leary en El Silencio, el Día D, el de la victoria. “Cuando vuelva a Venezuela, llevaré buenas noticias”, había dicho la semana pasada cuando se apareció de improviso en Bogotá en la Cumbre Hemisférica Anti Terrorista, escapado de tantas alcabalas siniestras.
El premier inglés Boris Johnson parecía sorprendido cuando notó las tres cuerditas a colores que llevaba en la muñeca, la Merkel mantuvo la respiración cuando le habló bastante saltarino, Josep Borrell le tomó del brazo como a los viejos conocidos, Macron se mostró distante y a poco le abrazó en el Palacio del Eliseo, el de Austria conversó como si estuvieran en un bautizo, la hija de Trump, Ivanka, le hizo guiños seductores. No se había visto a Antonio Tajani, expresidente del Parlamento Europeo, tan contento como cuando Julio Borges se lo presentó en Bruselas. Pedro Sánchez había dicho que prefería presenciar la entrega de los premios Goya y huyó por el callejón malagueño, aunque después, obligado, declaró tartajeante: “Siempre hemos apoyado a la oposición (venezolana). Queremos que se celebren elecciones rápidas”. Maduro, herido, en llanto, a 8 mil de distancia le imprecaba, mientras besaba a Maradona y recibía el Premio Lenin, ofrecido por el minúsculo Partido Comunista ruso, muy distinto al Premio Lenin de la Paz que le otorgó la URSS a Miguel Otero Silva en 1979.
Con aura recién nimbada llegó Guaidó a Sol. “Agradezco a todos”. Es una generalidad de libro. Pero Guaidó no habló del incidente protagonizado por Delcy Rodríguez en un avión sin bandera en el aeropuerto de Barajas, caso que tendrá más secuelas el Yo Acuso de Emil Zolá. No se refirió a la conchupancia del trío maléfico Iglesias-Zapatero-Maduro. Ni siquiera rozó la sangre marchita que tiene el coral, prefirió solazarse ante el oso y el madroño de Sol.
Afirmativo, asertivo. Le preguntan, con mala leche, en rueda de medios, y par de verónicas le apuntalan en el ruedo. Guaidó, ni la oposición venezolana, va a romper con España. España es España. Sánchez no ha roto con la Venezuela democrática. Se ha reunido con la ministra de Exteriores Arancha González (que no le abrió las puertas del Palacio de Santa Cruz sino las de Casa de América), ambos se comprenden, ambos aseguran una ruta factible en la Unión Europea (“pleno respaldo del gobierno español a su figura”, le dijo), ambos saben que ni Borrell, en su alto cargo, ni el PSOE, van a dejar a Venezuela en la estacada. Ni que Podemos se lo exija. Podemos y el Psoe se juegan un deslinde soberano. Felipe González ha sacado sus cimitarras, la comisión de Internacionales del Psoe está en guardia, los llamados barones comarcales se muestran prestos a pasar facturas. Eso no se ha había visto nunca. ¿Será que la situación de Venezuela determinará que un gobierno europeo caiga, a raíz de una disputa vecinal?
Guaidó en España tuvo que vérselas con todos. Es probable que el apoyo del ultraderechista Vox no le suene bien a muchos en Venezuela, lo mismo si la oposición a Sánchez (a favor de Venezuela) pudiera ser capitalizada por el Partido Popular y Ciudadanos. Guaidó no habla de eso. Tiene ponchera ancha, donde caben todas las adhesiones.
El gobierno recién asumido de Sánchez tiene un bojote de cuestiones internas por resolver ante una legislatura que se presume altamente frágil. Pero que a medianoche de domingo la policía de fronteras llame al ministro de Transportes, que a su vez es el segundo en el orden al bate desde el punto de vista de la organización socialdemócrata gobernante, para que aplaque a una usurpadora con prohibición de entrada en el llamado Espacio Schengen, en clímax maníaco en la pista del aeropuerto de Barajas, es una situación que no está inscrita en ningún manual. La decisión de no recibir a Guaidó en Moncloa ya había sido un traspié que llevaba poco más de una semana en boca europea: “¡Qué bolas tiene Pedro”. El show de Delcy Rodríguez en el aeropuerto (querer bajar del avión que la llevaba a Turquía, solo para comprarse algún abalorio en el Duty Free), ha puesto en aprietos al gobierno español. Tendrá que explicarlo todo, tendrá que ofrecer satisfacciones o inmolarse ante los partidos que la semana que viene le acribillará en el Congreso de los Diputados. José Luis Ábalos, el personero que se negó a aplicar las sanciones que pesan sobre la susodicha (al igual que a otros 24 malhechores), que evitó que la policía fronteriza la detuviera, que actuó (según una de sus cinco versiones) para “evitar lo peor”, tendrá que sortear la petición de dimisión que están exigiendo al menos 151 diputados de los 350 que componen el parlamento español.
Guaidó obvió todo eso en su discurso en Sol. Ya tenía en sus alforjas la reiteración del apoyo de dos continentes. El lunes 27 se verá con Justin Trudeau, primer ministro de Canadá. Podría ser recibido el martes en la Casa Blanca, antes de volver a su país por donde mismo salió.
Evacuada la plaza, con los callejones repletos, grupos musicales venezolanos cantando a todo pulmón, carteles y pancartas dejados en los hombrillos, banderas y bufandas tricolores replegándose a casa, un grupo numeroso se refugia en el centenario Café Varela, en calle Preciados, en Callao. En la puerta, un español genuino le dice a su gente en retirada: “¿miraron?, todos son venezolanos, estuve a punto de gritar Maduro coñetumadre”.

Humano Derecho #154 con David Cedeño representante de Federación de centros de estudiantes de La Universidad Simón Bolívar

¿Qué acciones ha tomado la USB tras la sentencia del TSJ?, ¿Cual es el riesgo de tener un rector oficialista en la universidad?, ¿Qué esfuerzos está haciendo la federación para articular a los gremios obreros de la universidad? Estos y otros temas los estaremos conversando con David Cedeño, presidente de la Federación de centros de estudiantes de la Universidad Simón Bolívar, una Asociación Civil abocada a la velar por los intereses de la comunidad estudiantil de esta casa de estudios, además tiene como objetivo mejorar la calidad de vida universitaria y promover  la defensa de los valores y principios del estudiantado en la defensa de la autonomía universitaria.  

“Más allá de las barreras que algunos quieren imponer, nosotros estamos dispuestos a tender los puentes entre la comunidad y entender que hoy lo que  nos jugamos no son unas elecciones, sino es la universidad”.

En la primera pausa musical escucharás el tema “Pantera” de Anakena seguido del tema “Otra Noche” de Kaotiko, y finalmente escucharás el tema “Despegar” de Nueve Noventa; estas son las pausas musicales que escucharás para este Humano Derecho #154. 

En esta oportunidad contaremos con Genesis Zambrano (@medicenmouzo) y Luis Serrano (@AkaLuisSerrano) como presentadores, quienes les estarán haciendo la suplencia a @fanzinero y @MelanioBar. Somos el radio web show semanal que mezcla la buena música con gente que ayuda a gente. Transmitido por diferentes plataformas del país, es producido por RedesAyuda y Provea. Más contenido en www.humanoderecho.com

 

Vuelvo sobre algunas reflexiones anteriores, esta vez a propósito de la lúcida y oportuna consideración que nos hace el catedrático venezolano Román J. Duque Corredor: “El reto es consolidar … la transición… mediante el restablecimiento… de la Constitución”.

Las crisis constitucionales que ocurren en todo Estado son abordadas, de ordinario, a través de formas transitorias de “dictadura” constitucional. Se habilita al gobierno mediante ley para que dicte medidas de excepción, sobre materias que son competencia del parlamento, hasta lograrse la normalidad institucional. Pero distinto es, lo recuerda Duque, que el mismo gobierno o en colusión con otros poderes deje a una nación sin Constitución. No es que se la viole o desconozca, haciendo posible un debate interpretativo, sino que se la destruye, en pocas palabras, se auspicia una vida social y política desligada de toda regla, sólo fundada en el poder despótico o la anarquía.

Venezuela es, en cuanto a lo anterior, un emblema, si bien media allí un puente entre la constitucionalidad y su desaparición, calzando aquí lo descrito por Piero Calamandrei en Il regime della menzogna: “Las palabras de la ley no tienen más el significado registrado en el vocabulario jurídico. Hay un ordenamiento oficial que se expresa en las leyes, y otro oficioso, que se concreta en la práctica política sistemáticamente contraria a las leyes… La mentira política, … se asume como el instrumento normal y fisiológico del gobierno”.

Dos experiencias, una pasada, otra actual, pueden ilustrarnos.

A los dictadores militares latinoamericanos del siglo XX les molesta no se les llame presidentes constitucionales; y es que, accediendo al poder por vías de hecho, las revisten de sacramentos constitucionales. Se rinden ante sus formas. Las “dictaduras” del siglo XXI, cultoras del comunismo, matizadas hoy de progresismo, se inician con la implosión de los edificios constitucionales en vigor. Arguyen, a conveniencia, que la voluntad del pueblo actúa y decide a su arbitrio, desligada de toda normatividad ética o formal.   

En 1999, por ende, de espaldas a la Constitución de 1961 y con el aval de los jueces supremos, se dicta en Venezuela una nueva Constitución a través de un mecanismo constitucionalmente inexistente, la Asamblea Constituyente. Luego, a pesar de las graves desviaciones autoritarias y militaristas que consagra su texto, deja de existir, integralmente, en sus aspectos dogmáticos y en los orgánicos. Lo que da lugar, ahora, a un esfuerzo para su restablecimiento, con un Estatuto para la Transición que adopta, el pasado año, la Asamblea Nacional que aún resta sobre el descampado de la ilegitimidad actuante.

La experiencia de las transiciones encuentra su primer foco de actividad en los países de Europa oriental salidos del comunismo y en procura, según las Asambleas de la ONU que se inauguran en Manila, Filipinas, en 1988, de “democracias nuevas” o restauradas. El desiderátum es el dictado de una Constitución. Es una de las alternativas que menciona el profesor Duque Corredor en su exposición, antes de abordar la que le interesa, la de la transición para el restablecimiento de una Constitución abandonada, violentada, destruida en su totalidad, incluso huérfana de sustentos institucionales.

Se trata de un predicado válido, también para los casos de Ecuador y Bolivia, cuyos ordenamientos históricos también los desmontan profesores españoles – escribanos al servicio de La Habana – apoyados en la citada opción constituyente, la de la tabula rasa, que imagina y crea sociedad y Estado como si nunca hubiesen existido, desmemoriadas, sin raíces ni parentelas.

Alain Touraine comenta que en el siglo corriente “la democracia es esclava de su propia fuerza”. No le falta razón. Lo cierto es que en el vacío de transición las expresiones políticas emergentes – que ya no dictan ni son dictaduras, sino que disuelven – ocupan, a manos de distintas organizaciones de la criminalidad transnacional, los espacios nacionales y globales para forjar, exactamente, cinturones de impunidad, ajenos al imperio de cualquier ley, recreadores de un relativismo absolutizado. Al cabo, castigan y lapidan, con la mayor severidad y manipulando a la propia ley, a las fuerzas o actores que se le oponen, reescribiendo sus historias y expedientes, mientras, a la par, avanzan en la disolución de lo constituido y sus órdenes. España en la siguiente escala.

A la luz de la subliminal crítica que me dirige Roberto Viciano Pastor, uno los señalados profesores venidos desde la Madre Patria (véase mi Revisión Crítica de la Constitución Bolivariana, 2000), tachando mi compromiso con los valores éticos de la democracia, sí debo decir que esa Constitución, la de 1999, es el “pecado original”. En sus normas se explica el fenómeno que ahora da lugar a la doctrina de la transición democrática, obligando a los demócratas a morderse la cola.

Pero la tesis de Duque Corredor es saludable y oportuna, desde mi perspectiva. Antes que sugerir lo inevitable, la vuelta a la Constitución destruida por vía de una transición que prescriben sus normas, deja una enseñanza fundamental: Mal podrá debatirse otra Constitución sobre el vacío – como ocurre con la que hoy busca restablecerse – si se aspira a que refleje nuestras raíces.

El Cardenal Jorge Mario Bergoglio, en su opúsculo La nación por construir, 2005, no por azar recuerda que la ruptura y discontinuidad del diálogo intergeneracional “prohija toda una gama de abismos y rupturas: entre la sociedad y la clase dirigente y entre las instituciones y las expectativas personales”.

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