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OPINIÓN

¿Por qué es tan importante la misión de SpaceX y la NASA?, por Tomás Rojas
La misión Demo-2 de Crew Dragon, de SpaceX y la NASA, marca el amanecer de una nueva era en el espacio.

(@Tomas17)

La misión Demo-2 de la Crew Dragon de SpaceX y la NASA es un hito importantísimo en la exploración y explotación del espacio por parte de la humanidad. Por diversas razones: no solo de la órbita terrestre, sino también con miras a futuro y a las misiones a Marte.

Primero, más astronautas y experimentos en la ISS

Es la primera misión tripulada lanzada desde suelo estadounidense desde la última del transbordador espacial STS-135, en 2011. Desde entonces NASA había estado comprando asientos a la agencia rusa Roscosmos, quienes con su vieja pero confiable línea de cápsulas Soyuz, tenían el monopolio de llevar astronautas a la estación espacial. Los asientos de Soyuz le costaban de 3 a 4 veces más a NASA que un asiento de Crew Dragon, por lo que ahora la agencia espacial estadounidense podrá mandar más astronautas al espacio y tendrá mayor capacidad para mantener experimentos de forma simultánea.

SpaceX
Cápsula Crew-Dragon NASA

Es aquí donde vale destacar la importancia de los experimentos en la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés). El laboratorio orbital aloja experimentos únicos y cruciales para un sinfín de ramas de la ciencia, incluyendo la biología, la medicina y la mecánica de los fluidos. Un ingenio que nos permite estudiar fenómenos de pequeña escala que en la Tierra son completamente opacados por los efectos de la gravedad.

Un experimento en la estación espacial estudia la biofísica de una proteína que destruye las neuronas de los pacientes de Alzheimer.

Segundo, se rompe el paradigma de la innovación espacial

El segundo porqué la misión SpaceX y la NASA marca un hito es que el éxito del programa de tripulación comercial cambia por completo el paradigma de la innovación espacial.

Aunque existía la participación privada previo a esto, era con otro modelo. NASA firmaba contratos donde se comprometía a cubrir los costos del desarrollo de un equipo y, encima de ese costo, pagar un margen de ganancia. Esto trajo el alunizaje, pero también presupuestos muy onerosos que resultaron ser inviables financieramente como para perdurar en el tiempo.

Por contraste, con estos programas comerciales que empezaron en la era Obama (primero de carga, y ahora de tripulación) NASA dio premios en metálico a las mejores propuestas, pero licitó por precios fijos donde el riesgo lo asumirían las empresas privadas.

Esto detonó la creatividad de la empresa privada por la necesidad de lograr un producto competitivo, al tiempo que dejara un margen de ganancia que lo hiciera sustentable. Dos empresas resultaron ganadoras de contratos para esta fase de tripulación: SpaceX y Boeing, que está apenas a unos pasos atrás y se unirá a la fiesta muy pronto.

Tercero, la “democratización” del espacio

El resultado de esto será dramático. Ya dijimos que los costos van a bajar para NASA. Pero al ser compañías privadas las proveedoras del servicio y no el Gobierno, los vuelos a órbita estarán abiertos a cualquier cliente con suficiente dinero para pagar su viaje al espacio. De hecho, en el contrato con SpaceX, NASA se comprometió a autorizar vuelos privados de Crew Dragon.

Pronto no solo tendremos cohetes privados, sino también un sector de turismo espacial, empresas con sus propios astronautas, e investigación y desarrollo espacial con intereses privados posiblemente ejercidos en estaciones espaciales privadas. Este es el inicio de un proceso donde el acceso al espacio se abaratará de forma cada vez más rápida.

Tanto es así que el modelo va a ser replicado para las misiones que llevarán a la primera mujer – y al próximo hombre – a la Luna.

La fase de diseño de los diferentes conceptos del programa Artemis ya está en proceso con 3 compañías que incluyen también a SpaceX y a un consorcio liderado por Blue Origin, propiedad del fundador de Amazon y hombre más rico del mundo según la revista Forbes, Jeff Bezos.

El Gobierno de Donald Trump también anunció que estaba trabajando en un tratado internacional que regulase la minería lunar.

A menos de una semana de la misión Demo-2, SpaceX ya ha realizado otro lanzamiento de su cohete Falcon 9 y ha roto su propio récord con el quinto lanzamiento del mismo cohete de primera etapa. Este vuelo llevó el miércoles por la noche (3/6/2020) un último lote de 60 satélites que transmiten Internet para su creciente constelación Starlink. Y aterrizó sobre la plataforma Just Read The Instructions, en el Océano Atlántico.

Es el amanecer de una nueva era en el espacio. Una era que estará al alcance de muchas más organizaciones, países y personas.

* Tomás Rojas / Estudiante doctoral. Departamento de Ingeniería Mecánica, Aeroespacial y Nuclear, Instituto Politécnico de Rensselaer.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¡Es preferible ser sacudido por la verdad que besado por una mentira!, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini  

El régimen y sus embustes han hecho de la simulación, propaganda distorsionada, ocultamiento de cifras y realidades, una política de acción a lo largo de estos años. A esa ofensa no se pueden aceptar medias verdades, vaguedades, hipocresías e incluso falsedades por parte de una oposición organizada, dispersa.

Para politiqueros y fanáticos decir la verdad es pecado mortal. Despreciando a quienes están convencidos que hacerlo es lo correcto. El uso y abuso de la mentira es tan obsceno que la ciudadanía tiene sed de franqueza. El brete entre verdad y política no es exclusivo de Venezuela.

Hace mucho escuchamos “lo dice el periódico” para corroborar un aserto. Quien hoy lo dijera sería abucheado. Lo que nunca se ha hecho, ni entonces ni ahora, es utilizar como argumento de autoridad “lo dice este o aquel político”. Cuando proliferan embustes, contradicciones, incoherencias y omisión intencionada, la credibilidad de los dirigentes -pagan justos por pe­cadores- no es está en mínimos, sino que anda por el suelo y más abajo.

Es fundamental decir verdades claras, contundentes, frente a la ruina económica, miseria social, catástrofe ética, indiscreción moral, corrupción y calamidad política que devoran sin piedad a una sociedad engañada, confusa, abatida, incrédula.

Las cúpulas podridas apresuran en negociaciones oscuras la marcha estafadora hacia unas elecciones parlamentarias fraudulentas. Panorama que podría conducir al temido estallido social, que nadie quiere ni desea. No puede haber diálogo si no hay verdad y posibilidad de alcanzar algo de ella. No se crea la verdad con discursos, sino que sale al encuentro.

La tendencia en transformar la verdad de hecho en opinión es una forma moderna de faltar a ella.

Así, la verdad que se opone a un grupo político dominante, que asume la representación del todo, es descalificada, rechazada con hostilidad. El G4 y voceros se presentan -indebidamente- como la única oposición, pero no pueden continuar engañando al ciudadano, diciéndole que lo único necesario para cambiar y transformarnos en un país decente es ir a votar. Patraña generadora de expectativa e ilusiones imposibles de satisfacer. Mejor ejemplo, las elecciones parlamentarias de 2015 tras las cuales se ofreció de todo. Nada se cumplió.

El régimen ha perdido casi todo excepto poder, armas y el poco dinero que ingresa. La oposición decente, responsable, valiente tiene la mayoría ciudadana. La dictadura domina los poderes públicos que actúan sumisos y cumplen instrucciones oficialistas. El G4 dispone de votos, pero mucho más de rechazo y descontento por su incapacidad e incompetencia. Sus pequeñeces y errores son demasiados.

La negación de los hechos, es decir, la mentira, es hegemónica. Vicisitudes de dominio público son consideradas tabú por los súbditos del régimen, como sucedía en la Alemania de Hitler y la Rusia de Stalin, no se mencionaban los campos de concentración ni exterminio pese a que su existencia no era ningún secreto.

El régimen castro-venezolano tiene la fuerza, los contrarios la verdad. Las autocracias no se basan en la verdad sino en la fuerza. El castrismo sabe que por caminos legales y legítimos está perdido. Pero abusa del poder para cambiar lo que considere para sostenerse.

La estrategia obliga confrontar con la verdad. Los venezolanos no han dejado de responder firmes a los llamados a elecciones, excepto cuando las perciben fraudulentas, tramposas. Un magnífico ejemplo: los comicios presidenciales mayo 2018, que han permitido a la oposición el reconocimiento del mundo libre y democrático.

Es momento de autenticidad, sinceridad, honradez. Hora de apelar al coraje que venezolanos han demostrado una y otra vez. De explicar las cosas como son, no insultar a los que piensan decir la verdad es lo adecuado y correcto. Ese es el deber, el reto verdadero, de los dirigentes aspirantes de la oposición. No hacerlo es pintarse en la frente la derrota.

Los ciudadanos son en su mayoría moderados, amarrados a las circunstancias de su vida cotidiana, a la realidad de los hechos. En consecuencia, precisa y requiere se exponga la situación histórica en que se encuentra la nación, se detallen proyectos viables, se rechacen imposibles, se precisen logros, se reconozcan fracasos y rindan cuentas. Así de sencillo. Quien tenga el coraje de hacerlo será recompensado por algo de lo que carecen los políticos: autoridad moral, distinta de la potestad que les otorga la investidura democrática.

Una autoridad no es más que credibilidad sobre la que se funda el liderazgo merecedor de tal nombre. Y es imprescindible cuando un pueblo se encuentra inmerso en la confusión que conduce a la quiebra social, erosión económica y a una inexorable pérdida de oportunidades.

Hacen falta estadistas, líderes, partidos políticos fuertes, responsables, coherentes, pero, en tiempos de crisis, son irrelevantes sin un liderazgo provisto de autoridad para inspirar confianza y credibilidad.

La falsedad es tan escandalosa que el país reclama certidumbre. Hay que advertir con fuerza la falta de escrúpulo oficialista. En democracia la verdad es vital.

 

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La flaca Cayetana, por Sebastián de la Nuez

Cayetana Álvarez de Toledo. Foto PP Comunidad de Madrid / Wikimedia Commons, 2019.

@sdelanuez 

Cayetana Álvarez de Toledo es la vocera del Partido Popular con el estilete en la boca cada vez que se para frente al micrófono del Congreso de los Diputados, en Madrid. Cayetana, flaca y desenvuelta, elegante y soberbia en cada gesto, le ha dicho, con mejor claridad que nadie, al ministro José Luis Ábalos, del PSOE, “cómplice de la tiranía de Nicolás Maduro”. En estos días está empeñada en que dimita otro ministro, Fernando Grande-Marlaska, encargado de la cartera del Interior.

El Partido Popular mantiene un férreo cerco de oposición, incluso de obstrucción, al gobierno actual de Pedro Sánchez, que está plagado de buenas intenciones aunque no sepa muy bien cómo canalizarlas. Avanza a trompicones con sus contradicciones de nacimiento y su staff ministerial muy femenino (a la moda) cuya portavoz, la andaluza María Jesús Montero, parece que fuera a echarse a cantar “Sevilla tiene un color especial…” en cualquier momento, acompañada por Los Del Río. No es un gobierno muy de fiar, desde el principio ha sonado poco consistente, un tanto incoherente. Sánchez dice que el PP lo que no le perdona es haber perdido cinco elecciones al hilo (se refiere a las presidenciales, que hubo que repetir, y a las municipales y autonómicas), pero en realidad lo que no le perdona el partido de Aznar es la moción de censura contra Mariano Rajoy que prosperó hace exactamente dos años. Una cosa semejante, salvando las distancias, a la de Carlos Andrés Pérez en el año 92 por el manejo de la partida secreta y su consiguiente defenestración.

¿Contradicciones de nacimiento? Por supuesto. La primera de ellas tiene nombre y apellido, Pablo Iglesias: por ello es uno de los blancos preferidos de la flaca Cayetana. Ella, desde las alturas de su estampa escapada de la revista Hola, le ha dicho de todo. Todo lo que a un venezolano le gustaría decirle al señor Iglesias si lo tuviera enfrente. La flaca Cayetana, además de endilgarle el calificativo de “terrorista” al padre de Pablo, a cada momento le saca en cara su tumbaíto bolivariano, del cual jamás se ha desdicho.

Iglesias es una mácula demasiado fácil de batear en el gobierno socialista; por añadidura, al hombre no le gusta pasar inadvertido sino, por el contrario, ponerse de bulto, llamar la atención, hacerse el estoico en su sillón de diputado mientras fragua su próxima aventura contra el Poder Judicial o los grandes empresarios españoles. Al líder sempiterno de Unidas Podemos le encanta aparecer en los medios a cualquier precio. Iglesias es un provocador nato, un rebelde sin causa pero con casa (“casoplón”, le llaman aquí), un caso típico de izquierda de aula universitaria, caviar, cultivada.

Hay quien ha dicho que al pueblo español lo mueve o bien la fe, o bien la obediencia o bien el odio (gracias a su obediencia, debe decirse, se ha resuelto en buena medida el acoso del coronavirus). Hace unos meses, antes de la pandemia, por un trabajo que estoy haciendo recorrí parte de Casa de Campo, un escenario histórico pues allí se desarrolló, en buena medida, el asedio de los franquistas a la capital del Reino en tiempos de la Guerra Civil. El recorrido lo hicimos, un  grupo, de la mano de un guía que ha estudiado esa historia durante años. Nos llevó al cerro donde tuvo lugar la Operación Garabitas. Nos contó todo, con detalles. Le pregunté por qué, siendo ese paraje tan importante desde el punto de vista histórico, ese en especial donde hubo un ataque republicano contra los alzados entre los días 9 y 14 de abril de 1937, no había allí un monumento, un pilar o monolito, aunque fuese un letrero, que le dijera al paseante, al turista, al españolito de hoy, en síntesis, lo que allí había sucedido. No lo hay, por cierto, en cualquiera de los otros lugares de Casa de Campo donde sucedieron escaramuzas, o donde hubo una iglesia que los alzados volaron para que no sirviese de refugio a los rojos. En fin, no lo hay, me explicó el guía con toda la verdad de su experiencia, porque sería inútil intentar poner de acuerdo “a unos y otros” en lo que debería decir el letrerito o monumento.

En otras palabras, los hechos del pasado no han sido superados por el liderazgo español. Nada más y nada menos.

Se han escrito en España más de 22.000 libros sobre la Guerra Civil, a favor o en contra de Franco o del Frente Popular, y muchos otros perfectamente equidistantes, entre estos últimos los de hispanistas ingleses y norteamericanos, los mejores entre el cúmulo de tan vasta bibliografía. Sin embargo, la universalidad y liberación de la palabra escrita no parece haber llegado a la calle, al menos no a Casa de Campo. Ni a otros lugares de la civilidad. En Brunete, donde sucedió una de las batallas más cruentas de la Guerra Civil, no hay un sitio oficial que la explique; ni uno.

El temor puede que sea difícil de entender o, en todo caso, resulta absurdo: abrirle las puertas, con tanto afán pedagógico al aire libre, al resurgimiento de discusiones que se conviertan en encono irreversible, resucitando al volcán fratricida que ha permanecido aletargado desde 1939.

Tanto la flaca Cayetana como el estoico Iglesias parecen entrenados en el odio, si uno se atiene a lo que dicen el uno de la otra, o la otra del huno (valga la hache).

El venezolano de la diáspora piensa que “viene del futuro” y que por eso puede alertar a los españoles sobre ciertas tendencias que podrían dar lugar a un régimen indeseable. ¿No será al revés? ¿Podría ser posible que dentro de 80 años no se pudiese poner una placa, una señal, en la esquina de la calle Élice, de Chacao, que testimoniara y explicara sucintamente que fue allí donde un salvaje chavista asesinó el 12-02-2014 a un estudiante inocente que solo deseaba protestar?

 

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La somalización de Venezuela, por Orlando Viera-Blanco*

@ovierablanco 

La República Federal de Somalia es un país ubicado en el Cuerno este de África. Al oeste y noroeste limita con Etiopía y Yibuti [ex territorio Somalí], al sur con Kenia, norte con el golfo de Adén, y este con el océano Índico. Tras una larga guerra civil el país se dividió en pequeños estados independientes.

Somalia es un país que en los últimos 50 años ha estado sumergido en guerras con vecinos (Etiopía); guerras civiles étnicas, religiosas, donde la influencia radical islámica ha jugado un rol divisorio y violento. Es un Estado fallido. Ha sufrido una larga sequía por más de 20 años. Un Estado fragmentado que sufre los embates de la hambruna y ocupa el primer lugar del mundo en violencia y corrupción.

Breve historia de un desmembramiento

En el año 2004 diferentes facciones llegaron a un acuerdo para conformar un gobierno de transición. En 2012 se aprobó una nueva Constitución provisional. Su capital y ciudad más poblada es Mogadiscio. Somalia ha sido territorio ocupado por árabes, italianos, franceses, ingleses y portugueses.

La Liga de Juventud Somalí (LJS) se mantuvo en el poder en los años 1960, con el presidente Abdirashid Ali Shermarke. Fue asesinado en 1969 y un golpe militar elevó como presidente a Mohamed Siad Barre, quien lideró los años más prósperos de la historia de Somalia.

Este país mantuvo estrechas relaciones con la URSS, pero cuando esta apoyó a Etiopía, Somalia se volvió hacia Occidente. Ante la pésima situación de economía de guerra, surgió una oposición armada en el norte del país en 1987. En 1990, este grupo adquirió el control de la mayor parte del territorio, disolviéndose de facto el Estado somalí.

El grupo opositor se dividió en 1991 por distintos motivos, entre ellos las tradicionales enemistades entre diferentes clanes y etnias. Por un lado, el Movimiento Patriótico Somalí (MPS) en el sur y el Movimiento Nacional Somalí (MNS) en el norte. Por otro lado, el grupo Congreso Unido Somalí (CUS) tomó la capital del país, provocando la salida del presidente Barre.

En 1992 Estados Unidos envió tropas para asistir con la repartición de alimentos. Arreciaba la hambruna. Pero el CUS se opuso a la intervención y provocó la salida de la ayuda extranjera. En abril de 2000 se formó el llamado Gobierno Nacional de Transición de Somalia a partir de la Somalia National Peace Conference (SNPC) reunida en Arta, Yibuti.

Desde el 2000 hasta 2012 Somalia ha estado dividida en 18 clivajes territoriales, ocupada por grupos islámicos radicales (Jubalandia dominada por las Cortes Federales Islámicas) Galmudug que pasó a manos del Gobierno de Transición y el estado autónomo de Puntland.

El presidente de Somalia, Mohamed Abdullahi «Farmajo» Mohamed, ha pedido “unidad” y apoyo a sus connacionales para el cambio y consolidación republicana. Sin embargo la división, anarquía y violencia prevalecen a la par de la pobreza, corrupción, miseria y escasez. Cualquier parecido…

Así van. O no van…

La población de Somalia de 14 a 64 años representa más de la mitad de sus habitantes. El 44 % son jóvenes de hasta los 14 años, y el 3 % son mayores de 65 años. Se calcula que un millón de refugiados están fuera del país, en su mayoría en Italia o Inglaterra. El 60% son pastores nómadas. El resto, pequeños granjeros. Son el pueblo más pobre de áfrica y su expectativa de vida es de 48 años. La sanidad está controlada por militares. No cuentan con recursos. La tuberculosis y el sarampión son recurrentes y la promiscuidad devino en un problema socio-cultural.

La tasa de mortalidad es del 15 % (mueren 152 niños por  cada 1000 nacimientos) con un índice elevado de bajo peso. Por cada 100.000 nacimientos mueren 1000 madres. Desde 1991, cuando fue derrocado el régimen militar de Siad Barre, no ha habido ningún gobierno que controle el país.

Cuando Barre fue derrocado (1991), Somalia se hundió en la anarquía y el país quedó dividido por feudos de clanes rivales. Una coalición de grupos islamistas tomó la capital y gran parte del sur del país. Ello provocó la intervención de países vecinos que invadieron Somalia para expulsar al gobierno islamista. ¿Destino en ciernes?

Se trató de instalar un nuevo gobierno de transición apoyado por Occidente pero surgieron los insurgentes de Al Shabab aliados con Al Qaeda. Al Shabab comenzó a reclutar a miembros de los clanes que se oponían al gobierno apoyado por Occidente. Somalia no contó con un ejército para combatir a los yihadistas, por lo que los gobiernos de Occidente financiaron la AMISOM (Misión de la Unión Africana en Somalia). Fracasaron. Demasiado tarde… Aún Al Shabab controla la mayoría de las áreas rurales, especialmente en el sur del país, incluidas las carreteras que comunican a las ciudades y poblados. Incluso la capital Mogadiscio. EE. UU. ha intentado intervenir en el conflicto, sin éxito. La economía está en cero y las luchas entre los clanes empeora. Al Shabab recluta jóvenes a cuenta de fusil y comida…

Vernos en ese espejo

Estamos a tiempo de evitarlo. Mejor prevenir que lamentar. Una coalición internacional puede prevenir que se instalen en Venezuela fuerzas violentas como las yihadistas (terroristas según la UE y EE. UU.). Es evitar la somalización del continente. No es poca cosa…

* Embajador de venezuela en Canadá.

 

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El Consulado, por Laureano Márquez P.

@laureanomar 

Es una vieja institución de la República romana (la antigua Roma, anterior al imperio mesmo, aproximadamente 500 años a. C.). Era un cargo anual (o sea, de un año), una forma de gobierno ejercida por dos personas a la vez (cargo colegiado, que llaman). Consulado originariamente se refiere a “los que caminan juntos”, queriendo significar con ello que ambos magistrados tenían similar poder.

Palabras emparentadas con consulado son consultar, consulta y jurisconsulto, nada que ver con insulto o insultar, que literalmente significan “asaltar” o “saltar sobre otro”, pero más concretamente “agredir de palabra”, “mofarse” o “hablar de una persona en forma cruel o despectiva” i.t.m.d.m (incluye también mentada de madre).

Los cónsules compartían poder administrativo y militar y su poder se fue diluyendo progresivamente hasta que el Senado los terminó pasando como algo decorativo por el forro romano, allá por los alrededores del arco de Trajano.

A los cónsules inicialmente se les llamó pretores. En latín el prefijo “prae” significa “el que va antes de” o “delante de” (no confundir con “pran”, aunque este vaya delante de todo el mundo). De allí palabras como “prejuicio” (antes del juicio), “precoz” (antes maduro) o “prepucio” (delante del pucio).

Lo que sí está claro es que el cargo estuvo primeramente limitado a los patricios (y patricias, para usar lenguaje inclusivo). Cuando se promulgó la ley Licinia (estamos hablando del 367 a. C., a eso de las once y media de la mañana) se dispuso que uno de los dos cónsules debía ser electo entre los plebeyos (aquí sí que no “antes de bellos” porque en ese caso sería “prebellos”. Al respecto ver: “mi sangre, aunque plebeya, también tiñe de rojo” -rojo rojito, naturalmente-).

Bueno, para hacerles el cuento corto, como dicen los cubanos, la institución del consulado fue perdiendo poder en los últimos años de la República hasta convertirse en un cargo meramente honorífico. Al final, Cayo Aurelio, Cayo Claudio, Cayo Julio César, hasta que terminaron callando todos.

Vino entonces el tiempo de Siervo Suplicio con lo que la República llegó, no ya al Séptimo Severo, sino al XXI Severo. Ya Cómodo en el poder, Sila situación no cambia, Caracalla nos llevará a las catacumbas, pero eso es otro terma.

Los cónsules vestían con una “toga praetexta” una toga con un tejido “antes de” -nuevamente- la toga (de allí “pretexto”, aquello que “se teje” para cubrir algo). Los zapatos: “calcei senatorii”, solo ellos sabían dónde les apretaban. Los cónsules tenían una escolta y 12 lictores (que no lectores, porque realmente eran bastante brutos).

Como dato curioso, en el año 59 a. C. el cónsul que hacía pareja con Julio César, Marcus Calpurnius Bibulus, no tenía manera de contrarrestar las imposiciones de aquel. De manera que en ese año todo sucedió como si César hubiese gobernado solo. Los romanos, a modo de broma, hablaban del año del consulado de Julio y César. La única decisión que uno de los cónsules podía tomar por sí solo, sin que pudiera ser vetada por el otro, era el nombramiento de un dictador en caso de grave crisis. En la práctica, Julio César, “in pectore”, ya se había autodesignado.

Aunque se refería a otra forma de consulado, vale la pena, para terminar, recordar al gran humorista Francisco Pimentel (Job Pim) cuando en tiempos de López Contreras lo designaron cónsul en Sevilla para, de alguna manera, resarcir los maltratos de la dictadura. En aquel momento dijo una frase que viene a cuento: “Este es un consulado bueno, pero consulado malo”.

 

P.D.: en otro orden de ideas, que alguien le abra la puerta a Walter antes de que la Tierra vuelva a girar una vez más sobre su eje.

 

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El miedo a los aparecidos, por Elías Pino Iturrieta

@eliaspino 

Shakespeare, en el primer acto de Ricardo III, hace que el cortejo fúnebre de Enrique VII pase frente a su asesino. Cuando la urna está ante el homicida, el cadáver del rey se pone a sangrar. La obra, una de las emblemáticas de los tiempos modernos, recoge una tradición que remonta a Platón y fue difundida por Marsilio Ficino durante el Renacimiento, sobre la lenta separación entre alma y cuerpo que sucede después de la muerte.

Ya Ronsard había escrito sobre cómo los cadáveres sienten pasiones, alegrías y pesadumbres como las de los vivos, o como las que habitaron su cuerpo antes de dejar la existencia física. Esas pasiones, aseguró, “vienen por el aire para hacernos saber la voluntad de los dioses”. Además: “Aportan pestes, languideces, tormentas y rayos; hacen ruidos en el aire para espantarnos”. También delatan a los homicidas, como se ve en Ricardo III.

En la Antigüedad se consideraba que los muertos no estaban muertos del todo: podían hacer irrupciones, no pocas veces amenazadoras, en situaciones del presente.

Los difuntos, según algunos tratadistas influyentes, en especial cuando acababan de fallecer, se convertían en seres inmateriales y volátiles que podían asentarse a su manera en la realidad para cumplir propósitos pendientes, buenos y malos.

Agrícola, un médico famoso del siglo XVI, aseguró que se refugiaban en galerías subterráneas y que no solo se conformaban con mirar el desfile de los vivos: los podían atacar y maltratar, de acuerdo con su humor o con alguna cuenta pendiente. Pero, como se ve en el teatro de Shakespeare, podían hacer justicia. Se vuelve sobre el punto porque tal idea se incorporó a los usos del derecho penal de Alemania, en cuyas regulaciones se aseguraba que las personas fallecidas, debidamente interrogadas, podían ofrecer pistas sobre el delito del que fueron víctimas. “El muerto prende al vivo”, afirmaban policías y jueces.

Sobre el peso que ha tenido la idea de la permanencia de los muertos en la posteridad, y de la necesidad de tenerlos presentes para evitar percances que pueden ser costosos, se encuentra evidencia en los juicios contra  cadáveres archiconocidos, procesos que no fueron insólitos y se consideraron como imprescindibles.

Hay dos muy dignos de atención, trajinados por los historiadores. En 897 se desterraron de Roma los restos mortales del papa Formoso, quien fue exhumado para que los jueces leyeran expedientes sobre su nefasto pontificado y lo sentenciaran a ser ahogado en el Tíber. En Basilea, año del Señor de 1559, sacaron los despojos de un rico propietario llamado Jean de Brujes porque se descubrió que en realidad se trataba de David Joris, un activo promotor de la iglesia anabaptista. El descubrimiento de su identidad obligó a un juicio póstumo y a una ejecución del cadáver en plaza pública, que fue comentada durante años y divulgada en profusión de gacetillas. Si se ponían en el banquillo, era por compartir el postulado de que conservaban poder desde el más allá, o de que ese más allá podía permanecer en el más acá si no se metía la mano.

Pudiera completar tales anales la exhumación de Bolívar dispuesta por el comandante Chávez, ritual penumbroso para ver qué cualidades sacaba del santón nacional el desenterrador; novísima demostración de la influencia que la política concede a los difuntos, y de cómo los puede aprovechar, no sin temeridad, en sus planes de dominación.

Otras resurrecciones han promovido el comandante y sus sacristanes, pero no precisamente para buscar la concordia después de remover tumbas sino para traer los rayos, las languideces, las pestes y los ruidos que refería Ronsard. Mas, como ahora hablamos del más aparecido de los venezolanos, cuyas salidas de la tumba solo se han convertido en malignas después de las paletadas de tierra empujadas por los “revolucionarios”, quizá convenga dejar las cosas de este tamaño porque muchos seguirán con la esperanza de sentirlo de nuevo entre los vivos.

Debe recordarse que las danzas macabras que han prevalecido a través del tiempo son encabezadas por esqueletos que vencen el tiempo para atormentar a los hombres del porvenir; que el folklore del mundo está habitado por aparecidos amenazantes esperando en la penumbra a la vuelta de la esquina; que el cuidado de no visitar los cementerios de noche, ni a solas, se mantiene y respeta para que los durmientes no despierten, para evitar sus iras; y que, aunque no lo confesemos, rezamos y ordenamos misas tras el deseo de que los finados tengan realmente fin. ¿No son pruebas suficientes del miedo que provoca su segundo debut, aun en nuestros modernísimos tiempos?

 

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La pandemia es el progresismo, por Asdrúbal Aguiar

@asdrubalaguiar 

Me ocupa y preocupa el tiempo posterior a la covid-19. El planeta funciona “en piloto automático”, ayudado por la inteligencia artificial. Sobre sus autopistas digitales corren las narrativas de conveniencia. Los caídos son estadísticas útiles para lo funerario, y de quienes detentan el poder sin acotamiento moral.

La conseja más trillada y a la que la pandemia le viene como anillo al dedo es la de la vuelta del hombre a la Naturaleza, que grita según la ONU. Obvia que la “primera guerra global” presente, que es virtual pues no tiene cara visible y ataca por las espaldas, nace de una imprudencia o el dolo – algún día se sabrá – de los operadores de la ciencia, servidores del establecimiento farmacéutico. Pero vayamos a lo concreto.

La experiencia de la “dictadura constitucional” –los estados de excepción o emergencia– durante el flagelo que cobra víctimas reales: unas 355.000 muertes equivalentes a los homicidios durante los regímenes de Chávez y Maduro en Venezuela, de suyo no atenta contra el Estado democrático. Eso, si se le administra y controla mediante contrapesos al gobernante que manda por decreto.

Las mejores gestiones de la crisis, cabe observarlo, han sido realizadas por los Estados con mejores índices democráticos en la región: Costa Rica, Uruguay, Colombia. Lo que preocupa y me mortifica es la deriva a mediano plazo.

En el pasado, así como las dictaduras militares del siglo XX se refugian en la tesis de la “seguridad nacional” para confiscar nuestras libertades, otro tanto hacen las socialistas del siglo XXI, los despotismos progresistas esgrimiendo la defensa de los excluidos, los discriminados, los carenciados de todo, a quienes se les niega el derecho al “buen vivir”.

Sobre las mieles del “autoritarismo constitucional” en boga es predecible que, con sus excepciones, los gobiernos intenten prorrogarlo. Ahora para cuidar del empleo y para alimentar los desnutridos o enfermos.

Argentina ha decretado por un año su estado de necesidad y urgencia. Las gentes de todas partes habrán de abandonar sus nichos o madrigueras con disciplina, en orden, en lo posible favoreciéndose el trabajo a distancia dada la eficacia del Deus ex Machina y con respeto temeroso por la Pachamama.     

El Gran Frenazo ocurre, casualmente, al concluir el año 2019, pasados 30 años desde el quiebre histórico de 1989, cuando cae el socialismo real y la Humanidad ingresa en la era de la biotecnología y la robótica. Como toda guerra, la bacteriológica del coronavirus deja daños materiales y psicológicos que habrán de repararse integralmente, sin retardos.

Urge subsidiar a los desempleados. Asistir a quienes se quedan sin acceso a la comida y las medicinas, como velar por el universo de las pequeñas y medianas empresas que se han paralizado, no sus obligaciones, y en lo sucesivo huérfanas de capital para reactivarse. No digamos de las grandes empresas que atienden a la demanda de bienes y servicios, las mayores empleadoras, al borde de la quiebra.

Será inevitable, entonces, que la “dictadura constitucional” busque la resurrección del Estado asistencialista y proveedor, un parque jurásico que por todos hizo y por todos pensó en el pasado siglo, volviéndose cárcel de ciudadanos. Es el mal necesario de la transición hacia la normalidad.

El asunto grave es que la emergencia –he allí los ejemplos ominosos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y también España– puede favorecer intelectualmente y como narrativa de opinión a quienes aún se afanan para sujetarnos a una emergencia constante y estructural, de largo plazo, con propósitos de dominio totalitario.

Ese es el debate que avanza por sobre la realidad de la pandemia. Se cuela en sus intersticios y distribuye ataques o provoca silencios deliberados. Juzga los comportamientos de los gobernantes con la balanza de caradurismo pandémico.

El progresismo regional y el global se mueve con rapidez. Quiere despejar obstáculos, uno de ellos la Casa Blanca.

Les sobran los tontos útiles, como los que ejercen censuras y abren canales de comunicación a conveniencia desde las plataformas digitales y sus redes, sirviendo a tirios o a troyanos, pero nunca a la verdad.

La reconfiguración del marxismo o socialismo real a raíz la caída del Muro de Berlín y en Occidente la asume el Foro de São Paulo, hoy el Grupo de Puebla, una reunión de condenados por la justicia. Busca reconstituirnos a su imagen y abusa de nuestras debilidades hispanas: la astucia, el fingimiento, la picardía, el servir a varios amos, el engaño, la desconfianza, el resentimiento, tal y como las describe el Lazarillo de Tormes. Callan a sus muertos. Son heraldo de los ajenos.   

Lo cierto es que luego del amago criminal chino, bajo protesta de la progresista Unión Europea, Donald Trump aísla a su nación el pasado 12 de marzo. Prohíbe los vuelos internacionales, pero lo siguen esquilmando. La España de Iglesias anuncia su cuarentena dos días después. La Cuba comunista once días más tarde. El México de López Obrador con un rezago de cinco semanas, predicando que “hay que abrazarse, no pasa nada”. Entretanto la colonia que es Venezuela dice tener 11 fallecidos y su vecina Colombia, de igual población, declara que los suyos son 803. República Dominicana, isla como Cuba y similar en habitantes, señala que han muerto 474 personas. El régimen castrista, comunista, socialista y progresista, admite para sí 82 víctimas. No más.

La pandemia del progresismo marcha. Las ciudades bajo claustro callan, por ahora.

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¡Yo tampoco puedo respirar!, por Eddie A. Ramírez S.

El vil asesinato de George Floyd por parte de un policía seguramente racista merece la condena mundial y justifica la ola de  protestas, aunque no la destrucción. El culpable fue imputado y aspiramos a que los otros policías involucrados también lo sean.

La sociedad estadounidense debe realizar mayores esfuerzos para que la discriminación racial desaparezca del todo. El grito de ¡No puedo respirar!  de un agonizante Floyd nos llena de indignación. En Venezuela los atropellos del régimen, avalados por fiscales y jueces, también nos hacen exclamar ¡No podemos respirar! 

En un país donde no se respetan las leyes y no impera la justicia, se impone la barbarie. En Venezuela los fiscales que imputan y los jueces que sentencian no aplican el significado de justicia del diccionario de la lengua, que la define como Principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece; aquello que debe hacerse según derecho o razón. El concepto de justicia no admite confusión, aunque haya un grupo de plantas con ese nombre. 

Cuando los fiscales y jueces rojos fusilan a un escribidor de Twitter, a un manifestante, a un médico que informa del coranovirus, a un sindicalista, a un diputado, a un militar que no exclama ¡Chávez vive!, o a cualquiera que la narcodictadura considera que le estorba, ordenan el tradicional ¡atención, apunten, fuego!

En estos casos, donde el asesinato no implica necesariamente la muerte física del injustamente acusado y sentenciado, el pelotón de fusilamiento -integrado por seres de toga y birrete- dicta sentencias parecidas a una letanía de la muerte. Estas letanías no son iguales a la que le leyeron a Gardner en Utah cuando lo fusilaron en el 2010, sino algo profano y perverso como: Te miraré con mi rostro inexpresivo. No tendré compasión de ti, porque soy tu verdugo, tu destructor. Te condeno para asegurar mi riqueza.

Con frecuencia el condenado por estos jueces ha sido torturado previamente o a posteriori. En la cárcel sufre vejaciones y prohibición de visitas de familiares y amigos. A veces es asesinado, como los casos del concejal Fernando Albán y del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo. ¿Dormirán tranquilos esos fiscales y jueces? Probablemente sí, porque algunos son deshonestos y otros son fanáticos que justifican cualquier fechoría que les ordene cometer el régimen.

El último de estos asesinatos lo cometió la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Injusticia en contra de la Constitución que juraron defender. Sentenciar que la directiva de la Asamblea Nacional es la presidida por el desvergonzado Luis Parra, sin que haya pruebas de los diputados presentes, es una aberración.

Desconocer que la Asamblea instalada bajo la presidencia de Guaidó sí presentó la lista de los asistentes que formaron el quórum necesario, es un atropello a las leyes y a la inteligencia. Al respecto es obligatorio leer el artículo de Allan Brewer-Carías en El Nacional del 30 de mayo, titulado La fraudulenta y fallida magia del juez constitucional

Frecuentemente los medios recogen severas críticas, con razón, contra los militares por no ejercer la obligación constitucional de defender nuestra Carta Magna. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos de que los fiscales y jueces, particularmente los magistrados de la Sala Constitucional, son los indicados en señalar las violaciones a la Constitución.

Si contáramos con magistrados legítimos y probos, solo los fanáticos y corruptos estarían en contra de que el régimen sea depuesto por cualquier vía y ya no disfrutarían del poder usurpado.

¡Yo tampoco puedo respirar!

Como (había) en botica

* Las acusaciones infundadas de Leocenis García en contra de Voluntad Popular evidencian de qué lado está.

* Gracias a Chávez-Maduro, el país “potencia petrolera” importa gasolina y además la raciona; vende 120 litros al mes a 5000 bolívares el litro (0,02 dólares) siempre que se tenga el carnet rojo de la patria. El resto será  distribuido  por amigos del régimen y vendido a 0,5 dólares por litro. No solo es discriminatorio, sino que incrementará la corrupción, el bachaqueo y el contrabando, y la barata no se conseguirá.

* Chávez-Maduro satanizaron el dólar. Afirmaron que no lo utilizarían y sería sustituido por el petro, el yuan, el rublo, el trueque y los “billetes” emitidos por los paramilitares rojos, como el Chavito, el Lionza, el Zamorano, el Panal y otros. Sin embargo, desde hace algún tiempo aceptó la dolarización y ahora, oficialmente, puso el precio de la gasolina en moneda del “imperio”.

* El régimen tiene aislado desde hace más de cinco semanas al teniente coronel Igber Marín Chaparro con la absurda acusación de que desde la cárcel estaba relacionado con la Operación Gedeón. Aun en el caso negado de que fuese cierto, no hay justificación para que lo tengan desaparecido.

* Lamentamos el fallecimiento de los amigos Raúl Antoni, quien fue gerente de Asuntos Públicos de Maraven y de Pdvsa; y de Jesús Pietri, ex gerente general de una de nuestras refinerías, cuando se producía gasolina para el mercado nacional y de exportación.

* ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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