Ni correr la arruga ni apostar al fracaso por María Elena Arcia Paschen @malarcia - Runrun

Ni correr la arruga ni apostar al fracaso por María Elena Arcia Paschen @malarcia

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La democracia como sistema de gobierno tiene muchas ventajas pero quizás una de las más importantes es que tiene los oídos lo suficientemente agudos para escuchar a la opinión pública cuando ésta clama por cambios de rumbo y el sentido común indispensable para rectificar el camino. Esta característica y ventaja es indispensable para garantizar la estabilidad y gobernabilidad sin las cuales cualquier gobierno está destinado al fracaso.

Recuerdo haber leído recientemente una entrevista que realizó Miguel Otero Silva a Rómulo Betancourt en el año 1963 y en la cual ante la pregunta de cual la parecía el hecho más positivo de su gobierno respondió que el gobierno constitucional hubiera ya durado cuatro años,  no se especulara en cuanto a su duración y existiera una conciencia pública de que a pesar de todas las dificultades y problemas, el gobierno concluiría su período y se iniciaría constitucionalmente el próximo.

La garantizada alternabilidad fue un factor fundamental para la implementación de las transformaciones que requerían de una apuesta al largo plazo ya que supondrían medidas económicas, sociales y políticas muchas veces impopulares, por lo que sin duda el no tener que preservar indefinidamente el poder permitió la toma de decisiones complejas pero necesarias para avanzar hacia un país moderno, democrático y estable.

Al no contar los sistemas de gobierno con las libertades que otorga la alternabilidad para tomar decisiones políticas y económicas oportunas que permitan corregir rumbos para evitar males mayores, se produce un efecto contrario y, como estamos viendo en la actualidad, se inicia un deterioro progresivo de la gobernabilidad que trata de ser ocultado con acciones que evidencien, aunque sea artificial y fugazmente, una fortaleza y control del poder hoy muy cuestionado.

No hay dudas de que en este momento nuestro país se  encuentra en una situación de caos que se manifiesta en todas las actividades. El caos actual es una señal de que somos una sociedad en transformación, aunque parezca en muchos casos que nos encontramos estancados. Muy por el contrario, estamos viviendo importantes transformaciones y cambios, aunque lamentablemente muchos en direcciones equivocadas.

La intolerancia, la falta de sensatez y la escasa objetividad que caracteriza a buena parte de nuestros gobernantes y también a un gran número de figuras públicas generadoras de opinión, han impedido que se sumen esfuerzos para implementar medidas de carácter urgente que cuenten con el apoyo de los sectores influyentes del país para así minimizar el impacto que las mismas puedan generar en la población. Corriendo la arruga, unos y apostando al fracaso, otros, es muy cuesta arriba lograr un equilibrio que permita progresar al ritmo de los tiempos actuales. Hay que evitar que los velos productos de las “preferencias” de cada grupo estorben el acceso a la racionalidad.

En este lento y agónico escenario que nos ha tocado presenciar como parte de la historia contemporánea de este joven país, resulta importante rescatar la racionalidad y el equilibrio para contribuir a canalizar los procesos y reorientarlos; la mayoría de la sociedad lo está exigiendo.

El presente resulta muy contradictorio, complejo y difícil pero no por esto debemos verlo con formas mentales atrasadas, por lo que nos toca entonces a los opinadores y demás “especies” similares contribuir  a generar ideas y propuestas concretas. No debemos desperdiciar el tiempo de nuestros lectores describiendo las cosas que se han hecho mal sino enfocar el esfuerzo en pregonar las cosas por realizar haciendo ruido suficiente para llegar hasta los encargados de convertirlas en realidades.

 

 

 

 

 

 

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