Navidad a 40 grados, por Juan Fernández “Juanette” - Runrun
Navidad a 40 grados, por Juan Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Cuando viví mi primera Navidad en Argentina me arrepentí de no haber pasado alguna vez las fiestas en Higuerote o en el desierto del Sahara para estar preparado. Justamente ese es el entrenamiento que se necesita para sobrevivir al último mes del año en el hemisferio sur.

¿Recuerdan las patinatas, las luces, las bufandas, los suéteres tejidos, y a Pacheco bajando de El Ávila cuando llegaba la Navidad a Caracas? Bueno eso acá en Argentina no existe. Ojo y no es porque la gente sea mala onda y no les guste celebrar la Navidad, sino porque tienes que decidir si celebras las fiestas o te ocupas de colocarte protector solar y talco en partes del cuerpo por las que no sabías que se podía sudar.

Y acá quiero hacer una mención especial a esos paisanos venezolanos que se sacrifican para mantener nuestras tradiciones vivas, a pesar del clima. Son admirables aquellos que se reúnen en un monoambiente de 20 metros cuadrados para hacer 250 hallacas, que posteriormente serán cocinadas en una ollita donde caben dos hallaquitas. Y en una cocina eléctrica. Obviamente tendrán que trabajar todo el año para pagar la luz que gastaron ese día.

Y ni hablar de aquellos venezolanos que se visten en Nochebuena y Año Nuevo con ropa de fiesta, es decir, trajes largos, camisas mangas largas, corbatas, flux, pantalones de vestir, lentejuelas, escarcha, y por supuesto la gorra tricolor que no puede faltar; mientras los argentinos o quienes ya llevamos tiempo acá, nos ponemos ropa fresca para soportar el calor decembrino de esta tierra.

No solo es la tolerancia al calor. Otro de los puntos que resalto es la resistencia física de los venezolanos. En las navidades argentinas uno se sienta a la mesa y conversa con los amigos, obviamente de política. La mesa navideña argentina es el campo de batalla de los tíos fachos y los sobrinos progres que, aunque se gritan y debaten sus distintas visiones del mundo, tratan de no gesticular mucho (que para los genes italianos de un argentino es un montón) en las acaloradas discusiones. Pero no por la polémica, sino porque la temperatura es muy alta.

Mientras que los venezolanos a 40 grados bailan merengue, salsa, bachata, cumbia, tambores, reguetón, salsa casino, danza árabe, gaita, polo margariteño, tamunangue y algún otro ritmo, sin perder la compostura ni sudar.

Pero lo que más disfruto es el timming que tienen mis compatriotas el 31, no solo en Argentina sino en todo el mundo. ¿Por qué? Porque el venezolano se da el feliz año dos veces; el primero cuando son las 12 de la noche en Venezuela, y el segundo cuando son las 12 en el país donde viven. Es decir, que los argentinos saben que falta una hora para saludar al nuevo año, cuando ven a los venezolanos dando la vuelta a la cuadra con la maleta en la mano.

En fin, fue un año bastante raro, donde todos teletrabajamos. Así que, si en esta Navidad no ve a Santa surcando los cielos, entre a su casa, encienda el Zoom, verifique su conexión de internet y espérelo.

Y ahora un consejo final: por favor, no le pida al 2021 que lo sorprenda. Con que sea un año más normal que 2020 me doy por servido.

Felices fiestas.

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