El rey de la casa, por Juan E. Fernández “Juanette” - Runrun
El rey de la casa, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

 

@SoyJuanette

Y acá estoy sentado en mi trono escribiéndoles desde mi reino de 35 metros cuadrados ubicado en el barrio porteño de Almagro. Ahora mismo llevo puesta ropa cómoda y me estoy tomando un café con chocolate y comiendo 3 trozos de torta de desayuno. ¿Saben por qué? porque en mi reino mando yo, así que puedo comer y hacer lo que quiera.

Seguramente después de desayunar dejaré los platos acumularse en la cocina. ¿Saben por qué? porque en mi reino se hace lo que yo digo, pues para eso soy el rey de la casa. Probablemente ahora suba a la terraza del edificio a tomar sol, o puede que me meta a remojarme en la tina con mucha espuma, ¿saben por cuánto tiempo? El tiempo que quiera porque básicamente soy el mandamás, la única figura de autoridad que existe en esta casa.

Y es que en mi hogar se hace lo que yo diga. Acá todos los que viven conmigo, hasta Malbec, esa especie de “Wilson” que fabriqué con almohadas y un balón de Racing como cabeza, hace lo que yo le diga. Y sin decir ni pío.

Hace algún tiempo, cuando estaba junto a la reina consorte (que desde que nos separamos todos le dicen “Reina con suerte”), trataban de mantenerme a raya. Imagínense, tenía la osadía de que hiciera la cama, pero para qué, si igual íbamos a dormir ahí de nuevo. Además, me mandaban a comer ensaladas… sí, ¡ensaladas! Porque la comida chatarra no era comida; la verdad era un suplicio, ni siquiera me dejaban cenar helado.

Pero yo pude contra la opresión y fundé un nuevo reino, donde como y hago lo que me plazca y donde la libertad, la mía, es la única ley…

¡Ups!, ahora que digo mía… Ya hoy es viernes y este fin de semana viene mi hija La Princesa Mía, así que debo cerciorarme de que cada cubierto esté en su lugar, que los platos estén bien lavados y en el lugar donde ella dispuso que deben guardarse.

¿Dónde estará la escoba? Porque también tengo que barrer, limpiar el piso, lavar el baño y quitar el polvo de todas partes. Porque si ella llega a encontrar una pizca del polvo arderá Troya. Ella, cuando llega, se para en la puerta de mi departamento, se pone un guante blanco, y va pasando su mano por los muebles, la mesa, la biblioteca, por todos lados. Y Dios libre que encuentre polvo o algo sucio.

Ojo, si usted llega a percibir que, en el momento que escribí esta columna estaba nervioso, se lo confirmo: ¡estaba nervioso! Porque usted no sabe cómo se pone mi niña si está algo desordenado. Bueno, ahora voy a tener que dejar de escribir, porque debo ir a comprar harina Pan, pues si no tiene sus arepas de desayuno, mi reino se va a tambalear este fin de semana.

Ahora quiero confesarles algo: no hay nada mejor para un rey que obedecer a su pequeña princesa.

 

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