Zapatos para salir, por Juan Eduardo Fernández - Runrun
Zapatos para salir, por Juan Eduardo Fernández

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

 

@SoyJuanette

Lo pensé muchísimo… tenía que analizar si era prudente o no hacer ese gasto porque con la economía como viene, cualquier inversión innecesaria haría que mi golpeado presupuesto desaparezca.

Todo comenzó 117 días después de la cuarentena, cuando fui a la despensa y ya no tenía ni café, ni mate, ni harina pan y de las galletitas ni hablemos. Así que, arriesgando mi vida, tomé la decisión de salir e ir al supermercado chino que está a media cuadra de casa.

Y como siempre he tenido el pálpito de que encontraré al amor de mi vida el día menos pensado, me bañé, me afeité, me perfumé, y cambié mi pijama de unicornio por ropa más adecuada para la ocasión. Me puse las crocs de gala, ojo, no me refiero a las azules desvencijadas que compré en una playa de Naiguatá, sino a las amarillas que adquirí en unas vacaciones que pasamos en Aruba, cuando mi vida era otra, y podía ir a los all inclusive.

En fin, hace tanto que no me las calzaba que cuando estaba a medio camino de llegar a mi objetivo, descubrí que ese sería el último viaje de esos zapatos tan cómodos, pues pisé un charco de agua y mis elegantes medias de palta quedaron empapadas… Había ocurrido lo inevitable: un vidrio o un alambre habían perforado mis queridas crocs amarillas, símbolo de una época de opulencia en mi vida. Y no pude hacer nada para salvarlas, por lo que las despedí en el contenedor que estaba frente a mi edificio.

Pasé un tiempo de luto. Estuve varios días sin comer, pero no por la tristeza, sino porque no había podido llegar al supermercado chino.

Así que aguardé hasta tener fuerzas para fingir el acento porteño con el que agradezco al Rappi venezolano que me trae las compras. Ojo: no por maldad, sino porque una vez le dije a un repartidor “Gracias mi pana” y el tipo me miró con odio, como diciendo: pero qué bolas este tipo que esclaviza a su propio pueblo… Desde entonces me despido con un “Grande Che querido”, con la tonada porteña más exagerada que pueda. 

Al tiempo me di cuenta de que tenía que seguir con mi existencia. Así que me puse a navegar para encontrar un reemplazo a mis crocs fallecidas. Pero al ver los precios, me decidí por comprar unos zapatos. No cualquier tipo de zapatos: tenían que servirme para ir al chino, a una reunión y hasta para un matrimonio.

Y finalmente durante una mañana fría y lluviosa, en un arrebato de locura, ingresé a Mercadolibre, que es nuestro Amazon argentino. Y cometí la locura de comprármelos; era un par de “zapatos para salir”, negros, con suela blanca y de cuero. Por si fuera poco, los acompañé con unas medias de gala, estampadas con trozos de pizza. Esperé ansioso los tres días que dijo la plataforma que tardarían en llegar, pero pasaron, 4, 5, 6 y al 7mo día, Dios vio que todo era bueno… ah no perdón, me confundí de historia, al séptimo día llegaron mis zapatos y mis medias nuevas.  

Y ahí fue cuando me di cuenta de la estupidez que había cometido: me compré unos zapatos para salir, en un mundo donde ya no podemos salir. Pero, como dice Drexler, “Nada se pierde, todo se transforma”. Con lo que me costaron ahora serán mis zapatos para bañarme, cocinar y dormir.

 

 

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