Recetas para madurar, por Juan E. Fernández - Runrun
Recetas para madurar, por Juan E. Fernández

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette 

Estoy escribiendo estas líneas un domingo por la noche, pero no es cualquier domingo, sino el domingo del Día del Padre. Hace unos minutos tuve un show vía Zoom, y la verdad la remé en dulce de leche, porque es algo nuevo, y es jodido comenzar de nuevo ¿no es así?

Luego de cenar con mis hijos, Nico Amado (ese es el apellido de mi amigo Nico, aunque sí, le hace honor a su apellido pues todos le amamos), me pidió que grabara un video donde contara una anécdota graciosa con mi papá. La verdad es una tarea titánica, pues quienes conocieron a papá saben que era un tipo gracioso.

Luego de pensar en la anécdota graciosa, me acordé de las recetas que tenía mi padre para que un jovencito se convirtiera en hombre, madurara pues. Así que les contaré acerca de “Las recetas para madurar”.

Una frase recurrente que me decía mi viejo cuando me convertí en preadolescente era: “Juancho, tienes que madurar”. Para mi viejo madurar era hacer más trabajo manual y, ojo, no que dejara de leer, pero sí que le metiera más trabajo físico al asunto

Pero ¿hay alguna receta para acelerar la maduración? Según mi papá sí. Recuerdo que, cuando yo tenía 13 años, veía a mis amigos en el secundario presumir de sus tres pelos en la barba. Y yo me frustraba mal, porque no tenía ninguno. Así que acudí al único que me podía ayudar: Juan de la Cruz, mi papá, pues tenía una barba bastante poblada.

Fue ahí cuando me convertí en víctima de las recetas para madurar. El consejo de mi padre para tener una barba decente fue el siguiente: “Juancho, agarra la cáscara del plátano verde (no puedo escribir concha porque esto lo leen argentinos también, así que no insistan, no escribiré concha) póntela en la cara, y en unos meses te saldrá. Desde ese día, todas las noches, antes de dormir, lo hice religiosamente.

Y la verdad no me salió barba, pero capaz fue porque abandoné antes de tiempo. El tema es que a la semana ya el olor a platanal no se aguantaba en mi cuarto, así que desistí.

Pasó el tiempo y, cuando me mudé a Buenos Aires, decidí dejarme la barba. Recuerdo que, en una de esas videollamadas que hacía con papá cada noche, notó que me estaba dejando la barba y me dijo: “Me alegra no solo verte bien, sino saber que en Argentina también hay plátano verde y que has madurado”.

En otra ocasión, con esto de la madurez, papá le dijo a mi primo “Enriquito” (de 11 años en aquel entonces) que tenía que madurar, y que para hacerlo debía hacerse un sombrero con papel periódico, pues a los aguacates, para madurar, los envolvían en periódico… ¿Adivinen que hizo mi primo?

Bueno hasta aquí la columna de hoy. Y si por esas cosas del destino algún preadolescente lampiño llega a leer esto, aplique las recetas para madurar de “El viejo Juan”… Capaz usted, estimado joven, tenga más aguante que yo.

¡Feliz Día del Padre, papá!

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