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Temas de historia, paleografía y archivos | Los alumnos, los OPUESTOS

Por robar una hogaza de pan el implacable inspector Javert hostiga toda una vida a Jean Valjean, quien intenta liberarse de sus culpas en el buen proceder ciudadano. Es la Francia del siglo XIX. A pesar del cambio de identidad, superación social, trasmutación de modales, el protagonista no logra dejar atrás sus obras, su pasado, ni a su perseguidor. Llevada al cine en diversas versiones, el clásico de Víctor Hugo sintetiza justicia, redención y lucha de los oprimidos. La tensión entre el bien y el mal en una sociedad marcada por injusticia y desigualdad. Valores expuestos en un tiempo y lugar sometidos a los peores flagelos. Al hambre, la enfermedad, la muerte.

Nadie escapa de sus obras, ni del personaje que se construye. Sea esa construcción consciente o inconsciente. Ya sabemos lo que le pasó a la Dañera del Arauca cuando intentó desandar el camino.

Ayer me encontré con este alumno de la Escuela de Historia de la ULA, Edduard El Khuffash Alvarez.

Representa él un tiempo, un momento de “las luchas estudiantiles”, del desenvolvimiento juvenil en la universidad, de los valores que comenzaban a permear a la dirigencia cuando el modelo nacional comenzaba a hacer aguas y la Universidad respondía de lo más torpe a ello. El momento aquel cuando se formaban grandes peleas en el Comedor de La Liria por una papa sumergida en agua y los alumnos debían llevar sus propios utensilios para comerla. Hablo de la primera década del siglo XX.

Este descendiente de moros y yo poco tenemos que ver. Y siempre he dicho que es una mentira eso de que todos los alumnos son iguales. De todo podrá acusárseme, pero no de demagogo. Alumno es gente y gente es individualidad.

Alguien decía entre nosotros: “Árabe vende colchones, judío es dueño de banco”.  Sin embargo, conversábamos mucho. De la escuela y del país. Del mundo y sus incoherencias. En sus visiones agudo, certero, descarnado y sarcástico, sin ser atrevido o procaz. Una generación identificada y partícipe del proyecto chavista.

De la Escuela de Historia ULA muchos ya se han bajado de ese Volkswagen. Muchos siguen participando de sus andanzas. Algunos utilizan la doble faz. Aunque afortunadamente fueron pocos los profesores sumados a la causa y fue mucha más la simpatía e identificación entre los estudiantes, lo que explica la ubicación posterior.

Tutoreado por el profesor Hernán Lucena Molero en 2013 con una tesis sobre las relaciones diplomáticas entre Venezuela e Israel (1947-1969), de la cual se publicó un artículo en la revista Humania del Sur en 2014. Fallido estudiante de la maestría en Historia UCAB y cursante tesista de la maestría en Historia de la ULA, El Khuffash Alvarez es parte de los círculos de “el proyecto”, esos que han hecho decir: “En ningún momento había tantos egresados de la Escuela de Historia participando en el gobierno”.

Es cierto, una larga lista en la cual destacan nombres como Ebert Cardoza, Pausides Reyes, Rodolfo Vivas, Richard Lobo Siboli, Miguel Reyes, Pedro Alvarez, Jesús Chourio, Oscar Arvelo, Robert Castillo, Juan Duarte, Carlos Rivas, Mayelis Moreno, Carlos Alberto Rivas, y otros menos notorios. Algunos en la dirigencia político-administrativa y otros en la educacional. Poco ha servido tal figuración para que el riesgo cese sobre la documentación histórica de la Biblioteca Febres Cordero o del Archivo General de Mérida, poco para asistir y ayudar a la Biblioteca Gonzalo Rincón Gutiérrez de la Facultad de Humanidades donde ellos estudiaron.

La frase me hace recordar al maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa y habrá que ver actuación y el beneficio, el aporte que la historia evaluará, como dijo Fidel Castro ante los tribunales por el asalto al Cuartel Moncada en octubre de 1953. Pensar históricamente es obligación del historiador, no solo coleccionar enunciados y conceptos sobre la Historia. Lo cierto es que entre la zamarrería llanera de El Khuffash y el intento mío por no ser coriano bobo, la conversación sigue fluyendo y en el diálogo de los contrarios hay sin embargo consideración y respeto. O eso creo yo.

Como Jean Valjean, por robar pan me llaman ladrón. Y los alumnos van haciendo un mito a partir de alguna frase ingeniosa copiada de algún libro y soltada en plena clase, de las alarmas en medio del examen sobre la existencia de mi Padre Satán o de alguna palmada de aprecio. Pero las obras lo persiguen a uno, y no podemos quejarnos ni volver atrás. Es tonto pensar eso. El personaje queda hasta bajar el telón y enfrentarse al saludo final del público sin máscaras.

Se aprecia la inteligencia, sagacidad, capacidad del contertulio. Se sabe que el proyecto académico ni es sostenido, ni es coherente. Una muestra más de un tiempo. Pero agrada poder seguir en la conversa sobre asuntos del ayer y del hoy, de la escuela y del país. Agrada también encontrar al opuesto y que no sea el resentimiento la única posibilidad. Yo no seré el juez y menos el verdugo.

Y aunque no se si algún día podré sentarme con los directamente responsables y ejecutores del expediente que pesa sobre mí, con quienes me golpearon y vejaron en inmundas celdas en Punto Fijo, o con los altos jerarcas de la cúpula que gobierna mi país en este oscuro momento de su devenir, nunca me ha gustado el personaje de Javert.

Eso es también la Universidad y en eso yo creo.

@YsaacLpez | Mérida, 4 de septiembre de 2025.

  • Isaac López es historiador, profesor de Universidad de Los Andes y doctor en Historia por la UCAB. Mérida.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Por robar una hogaza de pan el implacable inspector Javert hostiga toda una vida a Jean Valjean, quien intenta liberarse de sus culpas en el buen proceder ciudadano. Es la Francia del siglo XIX. A pesar del cambio de identidad, superación social, trasmutación de modales, el protagonista no logra dejar atrás sus obras, su pasado, ni a su perseguidor. Llevada al cine en diversas versiones, el clásico de Víctor Hugo sintetiza justicia, redención y lucha de los oprimidos. La tensión entre el bien y el mal en una sociedad marcada por injusticia y desigualdad. Valores expuestos en un tiempo y lugar sometidos a los peores flagelos. Al hambre, la enfermedad, la muerte.

Nadie escapa de sus obras, ni del personaje que se construye. Sea esa construcción consciente o inconsciente. Ya sabemos lo que le pasó a la Dañera del Arauca cuando intentó desandar el camino.

Ayer me encontré con este alumno de la Escuela de Historia de la ULA, Edduard El Khuffash Alvarez.

Representa él un tiempo, un momento de “las luchas estudiantiles”, del desenvolvimiento juvenil en la universidad, de los valores que comenzaban a permear a la dirigencia cuando el modelo nacional comenzaba a hacer aguas y la Universidad respondía de lo más torpe a ello. El momento aquel cuando se formaban grandes peleas en el Comedor de La Liria por una papa sumergida en agua y los alumnos debían llevar sus propios utensilios para comerla. Hablo de la primera década del siglo XX.

Este descendiente de moros y yo poco tenemos que ver. Y siempre he dicho que es una mentira eso de que todos los alumnos son iguales. De todo podrá acusárseme, pero no de demagogo. Alumno es gente y gente es individualidad.

Alguien decía entre nosotros: “Árabe vende colchones, judío es dueño de banco”.  Sin embargo, conversábamos mucho. De la escuela y del país. Del mundo y sus incoherencias. En sus visiones agudo, certero, descarnado y sarcástico, sin ser atrevido o procaz. Una generación identificada y partícipe del proyecto chavista.

De la Escuela de Historia ULA muchos ya se han bajado de ese Volkswagen. Muchos siguen participando de sus andanzas. Algunos utilizan la doble faz. Aunque afortunadamente fueron pocos los profesores sumados a la causa y fue mucha más la simpatía e identificación entre los estudiantes, lo que explica la ubicación posterior.

Tutoreado por el profesor Hernán Lucena Molero en 2013 con una tesis sobre las relaciones diplomáticas entre Venezuela e Israel (1947-1969), de la cual se publicó un artículo en la revista Humania del Sur en 2014. Fallido estudiante de la maestría en Historia UCAB y cursante tesista de la maestría en Historia de la ULA, El Khuffash Alvarez es parte de los círculos de “el proyecto”, esos que han hecho decir: “En ningún momento había tantos egresados de la Escuela de Historia participando en el gobierno”.

Es cierto, una larga lista en la cual destacan nombres como Ebert Cardoza, Pausides Reyes, Rodolfo Vivas, Richard Lobo Siboli, Miguel Reyes, Pedro Alvarez, Jesús Chourio, Oscar Arvelo, Robert Castillo, Juan Duarte, Carlos Rivas, Mayelis Moreno, Carlos Alberto Rivas, y otros menos notorios. Algunos en la dirigencia político-administrativa y otros en la educacional. Poco ha servido tal figuración para que el riesgo cese sobre la documentación histórica de la Biblioteca Febres Cordero o del Archivo General de Mérida, poco para asistir y ayudar a la Biblioteca Gonzalo Rincón Gutiérrez de la Facultad de Humanidades donde ellos estudiaron.

La frase me hace recordar al maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa y habrá que ver actuación y el beneficio, el aporte que la historia evaluará, como dijo Fidel Castro ante los tribunales por el asalto al Cuartel Moncada en octubre de 1953. Pensar históricamente es obligación del historiador, no solo coleccionar enunciados y conceptos sobre la Historia. Lo cierto es que entre la zamarrería llanera de El Khuffash y el intento mío por no ser coriano bobo, la conversación sigue fluyendo y en el diálogo de los contrarios hay sin embargo consideración y respeto. O eso creo yo.

Como Jean Valjean, por robar pan me llaman ladrón. Y los alumnos van haciendo un mito a partir de alguna frase ingeniosa copiada de algún libro y soltada en plena clase, de las alarmas en medio del examen sobre la existencia de mi Padre Satán o de alguna palmada de aprecio. Pero las obras lo persiguen a uno, y no podemos quejarnos ni volver atrás. Es tonto pensar eso. El personaje queda hasta bajar el telón y enfrentarse al saludo final del público sin máscaras.

Se aprecia la inteligencia, sagacidad, capacidad del contertulio. Se sabe que el proyecto académico ni es sostenido, ni es coherente. Una muestra más de un tiempo. Pero agrada poder seguir en la conversa sobre asuntos del ayer y del hoy, de la escuela y del país. Agrada también encontrar al opuesto y que no sea el resentimiento la única posibilidad. Yo no seré el juez y menos el verdugo.

Y aunque no se si algún día podré sentarme con los directamente responsables y ejecutores del expediente que pesa sobre mí, con quienes me golpearon y vejaron en inmundas celdas en Punto Fijo, o con los altos jerarcas de la cúpula que gobierna mi país en este oscuro momento de su devenir, nunca me ha gustado el personaje de Javert.

Eso es también la Universidad y en eso yo creo.

@YsaacLpez | Mérida, 4 de septiembre de 2025.

  • Isaac López es historiador, profesor de Universidad de Los Andes y doctor en Historia por la UCAB. Mérida.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Edduard El Khuffash Alvarez representa él un tiempo, un momento de “las luchas estudiantiles”
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Por robar una hogaza de pan el implacable inspector Javert hostiga toda una vida a Jean Valjean, quien intenta liberarse de sus culpas en el buen proceder ciudadano. Es la Francia del siglo XIX. A pesar del cambio de identidad, superación social, trasmutación de modales, el protagonista no logra dejar atrás sus obras, su pasado, ni a su perseguidor. Llevada al cine en diversas versiones, el clásico de Víctor Hugo sintetiza justicia, redención y lucha de los oprimidos. La tensión entre el bien y el mal en una sociedad marcada por injusticia y desigualdad. Valores expuestos en un tiempo y lugar sometidos a los peores flagelos. Al hambre, la enfermedad, la muerte.

Nadie escapa de sus obras, ni del personaje que se construye. Sea esa construcción consciente o inconsciente. Ya sabemos lo que le pasó a la Dañera del Arauca cuando intentó desandar el camino.

Ayer me encontré con este alumno de la Escuela de Historia de la ULA, Edduard El Khuffash Alvarez.

Representa él un tiempo, un momento de “las luchas estudiantiles”, del desenvolvimiento juvenil en la universidad, de los valores que comenzaban a permear a la dirigencia cuando el modelo nacional comenzaba a hacer aguas y la Universidad respondía de lo más torpe a ello. El momento aquel cuando se formaban grandes peleas en el Comedor de La Liria por una papa sumergida en agua y los alumnos debían llevar sus propios utensilios para comerla. Hablo de la primera década del siglo XX.

Este descendiente de moros y yo poco tenemos que ver. Y siempre he dicho que es una mentira eso de que todos los alumnos son iguales. De todo podrá acusárseme, pero no de demagogo. Alumno es gente y gente es individualidad.

Alguien decía entre nosotros: “Árabe vende colchones, judío es dueño de banco”.  Sin embargo, conversábamos mucho. De la escuela y del país. Del mundo y sus incoherencias. En sus visiones agudo, certero, descarnado y sarcástico, sin ser atrevido o procaz. Una generación identificada y partícipe del proyecto chavista.

De la Escuela de Historia ULA muchos ya se han bajado de ese Volkswagen. Muchos siguen participando de sus andanzas. Algunos utilizan la doble faz. Aunque afortunadamente fueron pocos los profesores sumados a la causa y fue mucha más la simpatía e identificación entre los estudiantes, lo que explica la ubicación posterior.

Tutoreado por el profesor Hernán Lucena Molero en 2013 con una tesis sobre las relaciones diplomáticas entre Venezuela e Israel (1947-1969), de la cual se publicó un artículo en la revista Humania del Sur en 2014. Fallido estudiante de la maestría en Historia UCAB y cursante tesista de la maestría en Historia de la ULA, El Khuffash Alvarez es parte de los círculos de “el proyecto”, esos que han hecho decir: “En ningún momento había tantos egresados de la Escuela de Historia participando en el gobierno”.

Es cierto, una larga lista en la cual destacan nombres como Ebert Cardoza, Pausides Reyes, Rodolfo Vivas, Richard Lobo Siboli, Miguel Reyes, Pedro Alvarez, Jesús Chourio, Oscar Arvelo, Robert Castillo, Juan Duarte, Carlos Rivas, Mayelis Moreno, Carlos Alberto Rivas, y otros menos notorios. Algunos en la dirigencia político-administrativa y otros en la educacional. Poco ha servido tal figuración para que el riesgo cese sobre la documentación histórica de la Biblioteca Febres Cordero o del Archivo General de Mérida, poco para asistir y ayudar a la Biblioteca Gonzalo Rincón Gutiérrez de la Facultad de Humanidades donde ellos estudiaron.

La frase me hace recordar al maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa y habrá que ver actuación y el beneficio, el aporte que la historia evaluará, como dijo Fidel Castro ante los tribunales por el asalto al Cuartel Moncada en octubre de 1953. Pensar históricamente es obligación del historiador, no solo coleccionar enunciados y conceptos sobre la Historia. Lo cierto es que entre la zamarrería llanera de El Khuffash y el intento mío por no ser coriano bobo, la conversación sigue fluyendo y en el diálogo de los contrarios hay sin embargo consideración y respeto. O eso creo yo.

Como Jean Valjean, por robar pan me llaman ladrón. Y los alumnos van haciendo un mito a partir de alguna frase ingeniosa copiada de algún libro y soltada en plena clase, de las alarmas en medio del examen sobre la existencia de mi Padre Satán o de alguna palmada de aprecio. Pero las obras lo persiguen a uno, y no podemos quejarnos ni volver atrás. Es tonto pensar eso. El personaje queda hasta bajar el telón y enfrentarse al saludo final del público sin máscaras.

Se aprecia la inteligencia, sagacidad, capacidad del contertulio. Se sabe que el proyecto académico ni es sostenido, ni es coherente. Una muestra más de un tiempo. Pero agrada poder seguir en la conversa sobre asuntos del ayer y del hoy, de la escuela y del país. Agrada también encontrar al opuesto y que no sea el resentimiento la única posibilidad. Yo no seré el juez y menos el verdugo.

Y aunque no se si algún día podré sentarme con los directamente responsables y ejecutores del expediente que pesa sobre mí, con quienes me golpearon y vejaron en inmundas celdas en Punto Fijo, o con los altos jerarcas de la cúpula que gobierna mi país en este oscuro momento de su devenir, nunca me ha gustado el personaje de Javert.

Eso es también la Universidad y en eso yo creo.

@YsaacLpez | Mérida, 4 de septiembre de 2025.

  • Isaac López es historiador, profesor de Universidad de Los Andes y doctor en Historia por la UCAB. Mérida.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

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