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Amistades peligrosas, por Brian Fincheltub
El apoyo de Maduro a Rusia está lejos de ser una simple solidaridad gremial entre carniceros. Va mucho más allá

 

@BrianFincheltub

Mientras Occidente en pleno se solidariza con Ucrania y condena la invasión rusa, hay quienes prefieren ponerse del lado del invasor. Aunque la lista de naciones que apoyan la agresión militar contra el pueblo ucraniano es minúscula, dichas naciones comparten entre sí una característica común: todas son dirigidas, al igual que la Rusia de Vladímir Putin, por autócratas y dictadores.

Pero el apoyo a Rusia está lejos de ser una simple solidaridad gremial entre carniceros. Va mucho más allá.

La política expansionista de Putin no comenzó la semana pasada y no tiene como solo campo de operaciones las exrepúblicas soviéticas. En Latinoamérica, Rusia está muy presente desde hace años y sin necesidad de disparar una sola arma.

Cuba, Nicaragua y Venezuela se han convertido en los patios traseros del Kremlin en Latinoamérica. El caso venezolano es más que preocupante. La presencia rusa en Venezuela no se limita exclusivamente a la venta de material militar y al auxilio económico que le ha permitido al régimen de Maduro sobrevivir sus peores crisis; la presencia de personal militar ruso en los cuarteles venezolanos es cada vez mayor y hay quienes, con pruebas, denuncian incluso la existencia de bases militares rusas en territorio venezolano.

Para los venezolanos, nada de esto nos sorprende. Sabemos que el chavismo, en su afán de mantenerse en el poder, ha puesto su destino en manos de regímenes interesados en ampliar su influencia en el continente americano e instalar repúblicas satélites a unas pocas millas de los Estados Unidos.

Las alianzas de Maduro con China, Rusia e Irán forman parte de esta estrategia y lejos de ignorarse prácticamente por la comunidad internacional deberían analizarse con la seriedad que merecen.

Lamentablemente, sin acciones eficaces para evitar la influencia de este tipo de regímenes que en nada tienen que ver con nuestra historia y que están lejos de ser aliados naturales de Venezuela, la seguridad y la estabilidad de la región seguirá gravemente amenazada.

No se trata de ver las alianzas de Maduro como simples bravuconadas que solo buscan molestar a los Estados Unidos. Hoy, nuestro país es campo de operaciones de grupos terroristas, autócratas con delirios de grandeza y con claras pretensiones expansionistas. Nuestro territorio, nuestros recursos y sobre todo nuestra posición geográfica privilegiada pudieran estar siendo utilizados para intereses inconfesables.

El caso de Bielorrusia refleja bien el peligro potencial que representa para el hemisferio la llave entre Putin y Maduro, pues el territorio bielorruso es utiliza por las tropas rusas para agredir Ucrania.

Los venezolanos y estoy seguro la gran mayoría de los rusos, no apoyamos ninguna acción que vaya en contra de la paz. Desafortunadamente, nuestros pueblos viven bajo regímenes de terror que encarcelan la disidencia, desaparecen a la verdadera oposición y restringen las libertades más elementales. Nadie quiere un conflicto en nuestra región, pero pocos se preocupan por evitarlo. Solo es posible detener la guerra cuando aún no ha comenzado; una vez que esta inicia, aunque se declare el cese al fuego, la guerra jamás termina para quienes tuvieron que vivirla.

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