El comunismo redentor, por Orlando Viera-Blanco* - Runrun
El comunismo redentor, por Orlando Viera-Blanco*
Tiempo de reivindicar la democracia liberal, relanzar el camino industrioso, armonioso/civilista entre capital y trabajo, de la prosperidad y la inteligencia del hombre, peligrosamente abatido por el comunismo redentor

 

@ovierablanco

Enrique Miguel Sánchez Moto en su obra Historia del comunismo, de Marx a Gorbachov, el camino rojo del comunismo nos comenta: “El marxismo y su vertiente político social, el comunismo, son totalitarios y obligan a los individuos a compartir la idea oficial y a no discrepar. Si lo haces (disentir) te espera el infierno del terror policial. Ese es el chantaje que ha vivido Venezuela y Cuba, y que por más de 70 años azotó la Rusia leninista, la China de Mao, secuestró el telón de acero de Europa del Este, a Vietnam o a Corea del Norte. 

Verdades y mentiras del comunismo

¿Qué hay detrás del comunismo? ¿Cuáles son sus verdades y sus mentiras? El primer mito del marxismo-comunismo es su oferta celestial. Una suerte de sistema de igualdades, que garantiza la paz eterna en un mundo ateo, donde todos somos iguales, socializamos libremente por no ser propietarios y lo entregamos todo para recibirlo todo. El comunismo se define como “una doctrina política, económica y social que aspira a la igualdad de las clases sociales por medio de la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción (la tierra y la industria)”.

A partir de esa vocación de fraternidad infinita e igualitaria, de ese ateísmo libertario y espiritual (donde la libertad del hombre racional e inteligente no existe sino por concesión de un estado contralor), el comunismo emerge como la nueva representación de la liberación en la tierra. De allí que el pensamiento marxista siga gozando de la tolerancia, la comprensión y el aplauso de muchos políticos, profesores e intelectuales, así como de propietarios o comentaristas de medios de comunicación (Sánchez Moto dixit).

Las tres grandes mentiras: I. Su oferta igualitaria a partir de la cual –al decir de Tocqueville– liquida la libertad; II. Vivir sin propiedad es bueno; III. El Estado es el garante de la paz porque evita el lucro (convirtiéndose ese “estado”, en el gran benefactor, propietario y explotador).

Las tres grandes verdades y carencias: I. Aceptación de la violencia para derrocar el orden social existente; II. La implantación de la dictadura del proletariado, una dictadura de partido único, y III. La eliminación de la propiedad privada de los medios de producción y de la economía de mercado.

La utopía del corazón

Lo cumbre de esta suerte de discoteca semántica reflexiva, socialista e intelectual, entre verbos y sentencias audaces, melodiosos, idealistas y románticos que los comunistas usan para atrapar el listón, es que ni practican lo que predican, ni a ciencia cierta se han leído El capital de Marx. «Luces» que encienden una sibilina inocuidad; palabras de paz que justifican el amor y la guerra a la vez, que nos conducen ciegamente a la teoría del poder absoluto y totalitario, con una sonrisa a flor de labios.

Alerta Sánchez que este modelo, “fue la referencia progre por excelencia y aún hoy sigue siéndolo para muchos… ¡Oh, la Cuba de Castro! ¡Oh, la boina del Che Guevara!” Cuantos bustos, camisetas, alegorías, templos y discursos desde la trasnochada Europa aún rinden oda a la revolución cultural de Gramsci, la bolchevique, la mexicana o la cubana, o el libro rojo de Mao, amén de la hambruna, la violencia y miseria que dejaron a su paso. 

“Los crímenes de las dictaduras comunistas a pesar de ser mucho mayores en número y crueldad que los de las dictaduras de derechas, son silenciados”. Y Sánchez hace una advertencia nada despreciable. “Muy pocos los denuncian (…) Igual ocurre con los crímenes de los grupos terroristas de izquierdas que, con éxito o sin él, han intentado implantar dictaduras comunistas. Se les suele considerar como «guerreros de la libertad y la justicia social» y nunca se les relaciona con los campos de concentración y con las salas de tortura”.

El presidente estadounidense Ronald Reagan, en Arlington, Virginia, el 25 de septiembre de 1987, habría dicho: “¿Cómo distingues a un comunista? Bueno, es alguien que lee a Marx y a Lenin ¿Y cómo distingues a un anticomunista? Es alguien que entiende a Marx y a Lenin”.

El justo medio entre libertad y fraternidad

Saint-Simon, Fourier y Owen pusieron de manifiesto que no existe un modelo único de producción y consumo para la sociedad humana. No cabe pensar en aplicar el ordenado régimen que existe en un hormiguero. No cabe pensar en una sociedad que elimine la libertad individual de poder acertar, equivocarse o distinguirse. El reto es definir un marco de reglas de juego que conjuguen la libertad y la fraternidad.

No estoy de acuerdo con la frase de Fourier que dice “no es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, es su ser social lo que determina su conciencia”. Ahí reposa pérfidamente el lenguaje socializante, esclavizante; el silogismo falaz del ser socialista cooptado por la trampa marxista y engeliana del manifiesto comunista: la dictadura del proletariado.

En los años posteriores, Marx y Engels (El Capital , La guerra Civil en Francia, Crítica del programa de Gotha, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado) exhibieron con extraordinaria esencia suma cero “llegar a una lucha final a vida o muerte entre el proletariado y la burguesía, con el objetivo de eliminar la propiedad privada de los medios de producción e implantar la dictadura del proletariado, como etapa de transición hacia la sociedad ideal comunista”.

Sin duda alguna, nos han arrebatado el verbo, la verdad y con ello la ilusión… Tiempo de reivindicar la democracia liberal, relanzar el camino industrioso, armonioso/civilista entre capital y trabajo; de la prosperidad y la inteligencia del hombre… peligrosamente abatido por el comunismo redentor. Tiempo de entender a Marx y a Lenin…

* Embajador de Venezuela en Canadá

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