#CrónicasDeMilitares | El cuidado de los caballos en 1821, por Elías Pino Iturrieta - Runrun
#CrónicasDeMilitares | El cuidado de los caballos en 1821, por Elías Pino Iturrieta
Un «tras cámara» de la refulgente Independencia, o cómo era la laboriosa y vital faena de cuidar a los caballos en 1821

 

@eliaspino

Los estudiosos de la Independencia han preferido analizar y exaltar el aspecto heroico, sin detenerse en las urgencias de las campañas, no pocas veces capaces de conducirlas al fracaso y a través de las cuales se advierte el esfuerzo que realmente significaron. Ahora nos aproximaremos al vital asunto a través de un oficio que envía el general Pedro Briceño Méndez al coronel Bartolomé Salom, Jefe del Estado Mayor General.

Es una correspondencia fechada en el cuartel de Tinaquillo, el 18 de agosto de 1821, en la cual trata el vital asunto del suministro de caballos y la necesidad de su oportuno cuidado. Un primer fragmento de interés discurre como sigue:

Por el oficial que manda el piquete de Húsares que esperaba aquí a S.E. para servir de escolta, se ha sabido que los caballos que trae no llegarán a San Carlos, porque tal es su mal estado. El mismo asegura que estos eran los mejores que había en la madrina del escuadrón. Así, es seguro que si marcha, éste perderá todos los caballos y retardará el cargamento que debe venir escoltando. En atención a esto, dispone S.E. que regrese el piquete que formaba su guardia y vaya a reunirse a su cuerpo. Que el escuadrón todo, marche a acantonarse en las plantaciones de tabaco de Guaruto con orden de que ponga a engordar los caballos con el malojo que actualmente está muy abundante allí, porque se han perdido todos los maizales y los labradores dan hasta de balde el malojo, con tal de que lo corten; pero si no se pudiere conseguir de este modo, se procurará de cualquier otro. En ambos casos habrá una escrupulosa economía y vigilancia en las distribuciones para que no se cause un gasto extraordinario y para asegurarse de que en efecto se consume todo en las bestias.

Las letras no necesitan comentario, porque se explican por sí solas. Tampoco el siguiente párrafo, sobre el robo de esos animales tan necesarios para la guerra. Dice así:

En un potrero inmediato a las plantaciones de Guaruto se echaron a engordar, al cuidado de un oficial, cuatrocientos caballos del Estado. S.E. ha sabido ahora que el oficial dice que no hay sino trescientos cincuenta, y quiere que V.S averigüe la causa de la disminución. Si se los han robado o se han perdido castigará al oficial cuidador, porque tuvo orden de dar parte de estas novedades para remediar el mal, y en este caso hará también que se mude la caballería a un potrero cerrado que hay en Maracay, perteneciente al doctor Marrero, entregándolos y encargándolos a un oficial de dragones, el más cuidadoso y celoso que haya.

El documento permite que conozcamos necesidades y rutinas que habitualmente subestimamos. Preferimos contemplar estatuas, sin parar mientes en las razones de su elevación. Nos traslada a un lapso crucial de la guerra, cuando se ha triunfado en Carabobo y está a punto de comenzar una campaña dirigida hacia lugares remotos, desconocidos y escabrosos, como Quito y el Perú. Si estudiamos sin prisas unas  contingencias como la que se acaba de mostrar, tendremos cabal idea de la magnitud de la empresa.