Entrevista | Mayte Navarro, Madame Glamour : “La elegancia es ser tú mismo”, por Carolina Jaimes Branger - Runrun
Entrevista | Mayte Navarro, Madame Glamour : “La elegancia es ser tú mismo”, por Carolina Jaimes Branger

Mayte Navarro, conocida como Madame Glamour. Retrato de Mónica Trejo.

«Aprendí en casa a ser anticomunista. Mi abuela todas las noches nos hacía rezar para que nunca el comunismo se apoderara de Venezuela», nos cuenta Mayte Navarro, conocida como Madame Glamour

 

@cjaimesb

Le tiene terror a la hipocresía y a los halagos. Es distinguida, sobria y muy inteligente. Periodista por amor a la historia y a la cultura. Tiene un espacio en mi programa del Circuito Éxitos todos los sábados desde hace trece años, donde su «recreíto», como ella lo llama, es la sección más esperada, pues por espacio de diez minutos tiene la virtud de sacarnos de nuestra realidad y llevarnos a otros espacios, mejores o peores, pero distintos. Madame Glamour se ha ganado por mérito propio un espacio en el corazón de sus radioescuchas.

Educada con sobriedad, agradece que le hayan inculcado desde muy niña la honestidad, la disciplina y el trabajo como valores principales. Nada era gratis, porque todo había que ganárselo. Su casa fue una casa de mujeres, donde el único hombre era su papá. Eso la enseñó a no sentir que los hombres eran «superiores». También fueron superexigentes con los estudios, pues consideraban que era la única vía para tener éxito en la vida.

Mayte Navarro es culta y muy grata. Lectora empedernida y viajera impenitente, una puede conversar con ella por horas sin cansarse. Su musa fue Oriana Falacci, aunque luego se dedicó al periodismo de sociales y de la realeza, donde encuentra que sucede lo mismo que en cualquier casa de familia. Y, a veces, mucho más.

Sobre Venezuela, no cree que seamos «la tapa del frasco», pero siente que junto a quienes destruyen, denigran y abusan, también están quienes crean, los que hacen su trabajo con entusiasmo, pensando en quienes pueden beneficiar, sin esperar más que el bienestar colectivo. Y eso es una esperanza.

– Tuviste la oportunidad de viajar desde joven. ¿Cómo comparas los lugares que conocías con la Venezuela de aquella época?

– Los viajes siempre los consideré como una oportunidad para crecer. Más que comparar los lugares con mi país, me dedicaba a descubrir los sitios emblemáticos. Conocer su gente.

Creo que los primeros viajes son como un entrenamiento, porque te dan una idea general de los lugares. Cuando regresas a esa misma ciudad o pueblo, entonces comienzas el verdadero conocimiento, porque ya sabes cómo ubicarte. Recuerdo mi primer recorrido por el Museo del Prado. Al llegar a la sala dedicada al Greco, creo que fui presa del síndrome de Stendhal. No podía creer que estaba en frente de una de las obras del pintor que admiraba a través de las imágenes de un libro, las obras de la que hablaba la profesora.

En una gran ciudad como Nueva York, sentía que Caracas era algo pueblerina, pues su oferta cultural no guardaba las mismas dimensiones.

– ¿Qué fue lo más importante que aprendiste en tu casa?

– Creo que la disciplina y la honestidad. Desde pequeña me decían que nada es gratis en la vida, que tenías que trabajar para lograr las cosas. Mis padres eran exigentes. Una boleta con 17 no era motivo de orgullo.

En la secundaria fue igual. Me repetían una y mil veces: tu responsabilidad es estudiar y pasar al otro curso. Tú sabes qué debes hacer para lograrlo. Solo tú puedes hacerlo. La honestidad siempre fue una bandera en mi casa. No había posibilidad de hacer trampas para lograr algo.

Recuerdo que estando en primer grado llegué con un sacapuntas diferente al mío. Mi mamá me preguntó que de dónde lo había sacado y le respondí que era un cambio que había hecho con una de mis compañeras. Esa noche no pude usar el sacapuntas y la mañana siguiente estaba devolviéndolo a su dueña originaria. Eso me enseñó a no desear los objetos de los demás. Si los quiero, debo trabajar para ello.

Quizás mi discreción sea otra conducta aprendida en casa, donde detestaban lo avasallante. Y si la honestidad era una bandera, la hipocresía no tenía cabida. 

Mi casa era un lugar de mujeres. El único hombre fue mi papá. Ese hecho me marcó porque nunca he sentido la superioridad de ningún hombre por el solo hecho de serlo.

La otra cosa que aprendí en mi casa fue ser anticomunista. Mi abuela, que era una católica practicante, todas las noches nos hacía rezar para que nunca el comunismo se apoderara de Venezuela. También nos contaba los terrores que sucedían en las naciones que se encontraban tras el “telón de acero”.

– ¿La Comunicación Social fue una vocación determinante o pensaste estudiar otra cosa?

– A medida que una va creciendo va cambiando. En tercer grado decía que iba a ser bióloga marina. Ya en cuarto grado comencé a escribir en la revista del colegio. Yo estudié en el Politécnico y allí se impartía una verdadera educación integral. Recuerdo que más de una vez se publicaron mis composiciones.

A esto habría que sumar la presencia de los periódicos. Yo podría decir que aprendí a leer en El Universal, que no faltaba en casa, así como La Religión. Los domingos se sumaba El Nacional. Abundaban las revistas. Quizás allí nació mi deseo de ser periodista, mi admiración por la moda y el placer de ver la vida de los demás a través de las reseñas sociales. Leer a Oriana Fallaci fue algo decisivo para estudiar periodismo. En sus escritos hay mucha pasión.

– ¿Cuándo y por qué escogiste dedicarte al periodismo de sociales, noticias de la realeza y la farándula?

– No puedo decir que la farándula esté dentro de mi trabajo periodístico. Sociales quizás surgió porque siento que es contar relatos de la vida de alguien. Por otra parte, lo cultural está tan relacionado con la vida social, que creo que es otra manera de narrar la cultura.

La realeza siempre me ha encantado porque no es más que el espejo de una sociedad. Lo que pasa en un palacio también sucede en una casa sencilla. Todos los seres humanos podemos ser víctimas de la envidia, de la intriga y también del heroísmo. La historia está llena de ejemplos.

– Sin duda eres una mujer sofisticada. ¿Cuál es tu concepto de la elegancia?

– Creo que la elegancia es ser tú mismo. No imitar a nadie. No ser esclavo de la moda. Ser elegante es saber estar. Es saber convivir con los demás y no dejarte llevar por los gustos de la mayoría.

Madame Glamour ha sido un verdadero hit en la radio de los fines de semana. La gente te espera con ansias, te alaba y te agradece el «recreíto», como tú lo llamas. ¿Cómo recibes los halagos?

– A los halagos le tengo terror. La fama me parece que es pasajera. Podría decirte que disfruto del afecto que me transmite la gente. Agradezco las bellas palabras y me siento comprometida con cada salida al “ruedo”. Eso me obliga a indagar más en cada entrega.

– ¿Qué significa Venezuela para Mayte Navarro de Veloz?

Para mí Venezuela, es mucho más que paisajes hermosos o una naturaleza exuberante. Venezuela son sus hombres y mujeres. Venezuela son recuerdos y vivencias. No creo que seamos la tapa del frasco, como muchos dicen, porque de serlo no estaríamos pasando tanta necesidad. Pero junto a quienes destruyen, denigran y abusan, también están quienes crean, los que hacen su trabajo con entusiasmo, pensando en quienes  pueden beneficiar, sin esperar más que el bienestar colectivo. Venezuela es una parte del mundo y por lo tanto un reflejo de lo bueno y de lo malo que sucede en el planeta azul.