Los buques de la vergüenza, por Brian Fincheltub - Runrun
Los buques de la vergüenza, por Brian Fincheltub

@BrianFincheltub 

Hace días publicaba en Twitter un mensaje donde hablaba del peligro que una alianza política entre Venezuela e Irán representaba para los venezolanos y para la región. Me referí específicamente a la llegada de cinco buques iraníes cargados con gasolina y el costo que esa transacción implicaba para el país.

El mensaje tuvo todo tipo de reacciones. Unos se mostraron de acuerdo con mi punto de vista, otros no tanto, al punto de que algunos me tildaron incluso de “antivenezolano”  por “oponerme a que llegara la gasolina para el pueblo”.

Estas respuestas me llamaron particularmente la atención no porque no pensaran como yo, sino porque no eran precisamente chavistas quienes me escribieron eso. Fue gente que se define como opositora.

En Venezuela quienes leen Twitter son generalmente personas que están, en promedio, mejor informadas que el resto de la población, no porque los demás no quieran informarse, sino porque no tienen acceso a internet o a un plan de datos que les permita ir más allá de la propaganda oficial y acceder a información sin censura.

Pero entonces ¿cómo es posible que alguna gente piense que una alianza con Irán pueda ser positiva  para el país? Aunque no me atrevería a ir tan lejos y afirmar eso, una gran parte simplemente piensa desde un punto de vista utilitario y en medio de inmensas penurias, ven cualquier medida, por insuficiente que esta pueda parecer, como un alivio a sus necesidades.

Eso es lo que pasa con la gasolina. Hay quienes piensan que, llegados los cinco buques iraníes al país, un poquito de ese millón y medio de barriles de gasolina que traen esas embarcaciones irá a parar a sus tanques y así podrán desplazarse al menos unos días.

Es posible que algunos lo logren tras hacer maratónicas colas. Pero la mayor parte de esa gasolina no viene a satisfacer las necesidades del venezolano de a pie, sino los privilegios de la élite en el poder y los negocios de unos pocos. Se calcula que el margen de ganancias por la venta de la gasolina, a un promedio de dos dólares por litro, pueda superar fácilmente los 400 millones de dólares.

Pero la discusión va más allá del destino que tendrá esta carga, toda esta situación debe ser analizada desde la condición que tiene Venezuela como país petrolero. Hablamos de la nación con las reservas de petróleo más grandes del mundo, de la nación que llegó a producir más de un millón de barriles de gasolina diario. El país cuya empresa estatal (PDVSA) era ejemplo de gerencia y eficiencia entre sus pares.

Ese es el debate que hay que dar, la desvergüenza que significa que la dictadura celebre lo que debería ser motivo de deshonra y será sin duda motivo de responsabilidad criminal en un futuro no muy lejano: la destrucción y el saqueo de nuestra industria petrolera.

El debate que también debe darse es cómo pasamos de ser un país que tenía excelentes relaciones con todo el mundo, a convertirnos en zona de influencia y campo de operaciones de grupos irregulares y terroristas. En ese tablero de intereses inconfesables entra Irán, para quien aliarse con Venezuela en estos momentos no se trata de un simple acto de solidaridad ideológica o de la cooperación entre dos miembros de la OPEP, como algunos me decían en Twitter. El régimen de los ayatolas ve en Venezuela la amenaza creíble para sus enemigos estadounidenses y eso lo saben muy bien en los Estados Unidos.

Yo me niego a creer que este sea el futuro de Venezuela y que todo pase frente a la inacción del mundo. La dictadura sabe que los están observando. Aunque desafían públicamente, en secreto siguen tratando de tender puentes con quienes califican como enemigos, no porque muestren disposición de apertura, sino porque saben que están rodeados.

Los venezolanos vamos a recuperar todo lo que nos han quitado y vamos a trabajar para nunca jamás las próximas generaciones vuelvan a vivir algo parecido. Evitarlo pasa por recordarlo siempre, pero también por no dejarnos arrastrar por la inmediatez y las manipulaciones de la crisis que hace la dictadura.

 

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