La verdad, las sanciones y la covid-19, por Luis Fuenmayor Toro - Runrun
La verdad, las sanciones y la covid-19, por Luis Fuenmayor Toro

@LFuenmayorToro 

En Venezuela las cosas más que evidentes hay que explicarlas porque hay gente no las quiere entender. Y no es que sean brutos, aunque muchos lo parezcan, sino que están totalmente alienados por sus posiciones políticas e ideológicas.

Hoy, tenemos muchas veces que explicarle a la gente y tratar de convencerla de que “el sol sale por el este”. Y no es que rápidamente se dan cuenta de que no era por el norte ni por el oeste que salía el astro rey, sino que tardan muchísimo, quizás no en comprenderlo sino en aceptarlo.

Llevan tanto tiempo errando y diciendo falsedades, que les cuesta salir de ese pantano y asomarse a la verdad.

Cuando muchacho, me explicaba el Tío Juan, no el de la canción de Alí Primera sino el fundador del Partido Comunista venezolano, que la única forma de dilucidar una discusión era apelando a la realidad de lo que sucedía. Lo hizo con un ejemplo sencillo. Me decía: “imagínate que hay dos personas discutiendo en una calle sobre si el próximo vehículo que apareciere vendría rodando o volando”.

Ambas deberían tener algún argumento para sustentar su predicción. Quien afirmara que el carro vendría rodando diría que “hasta el momento, todos los carros que han pasado por esa calle han venido rodando. El otro, algún argumento daría o simplemente así lo creía. Al pasar el vehículo esperado, la discusión debería terminar. Si pasaba rodando, pues la razón la tenía quien así lo predijo. Si pasaba volando, sería al contrario.

He recordado ese pasaje de mi vida muchas veces en los últimos años, pues aunque los carros pasan rodando, quienes afirmaban lo contrario lo siguen afirmando sin hacer ningún caso a la realidad. Claro. Debo decir que la realidad no es tan simple como la del ejemplo, pero eso no significa que no se puedan analizar las cosas un poco más objetivamente y atenerse también “un poco más” a los hechos, de forma de poder determinar los errores cometidos y no seguirlos repitiendo.

Muchas veces, la conducta ante las evidencias aplastantes es simplemente voltear la cara y argumentar cualquier cosa no relacionada con la materia. El caso de las sanciones económicas es uno muy evidente. El desastre nacional comenzó antes de las sanciones. Allí no hay discusión. La destrucción de PDVSA, de la CVG, de las empresas eléctricas, de la CANTV, del suministro de agua, de los hospitales y otros centros, de las escuelas y liceos, de las vías de comunicación, fue muy anterior a la imposición de las sanciones. Pero debería ser también muy claro que estas incrementan ese deterioro e impiden iniciar un proceso de recuperación.

Pero no. Para unos, las sanciones tuvieron efectos nocivos antes de existir, algo absolutamente imposible. O han existido siempre, incluso en momentos en que el país funcionaba con cierta normalidad. Para otros, son medidas que no causan ningún efecto en la gente sino solo en Maduro y sus allegados.

DirecTV se va del país y dicen que fue porque Maduro les quería imponer algo ilegal. En su locura, afirman que la empresa tenía que cumplir la orden ejecutiva gringa y no las leyes y normas venezolanas, ni el contrato firmado hace años con el Estado. En este caso también influye la cobardía politiquera de quienes impulsan las sanciones, pero cuando estas golpean a 10 millones de personas, se lavan las manos tratando de evitar daños políticos.

Son como Trump, culpando a los chinos de su incompetencia e indolencia en el manejo de la actual pandemia. O como Maduro, que ante el crecimiento exponencial de los contagios que viene, ya apunta su dedo acusador hacia sus vecinos, para decir que le están mandando venezolanos infectados para arruinarle su estadística.

Es una atrocidad culpar a quienes regresan de ser armas biológicas. Atrocidad que ya ha tenido su efecto en la conducta perversa y delictiva del gobernador del Zulia, quien ha dicho que a esos venezolanos les hará pasar la cuarentena judicializados en una celda, si se atreven a ingresar por vías alternas a las oficiales. Los han convertido en los leprosos del presente.

Creía que lo había visto todo.

 

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