Las ciudades vacías, por Pedro Méndez Dager - Runrun
Las ciudades vacías, por Pedro Méndez Dager

@pedro_mendez_d

Ver las ciudades vacías en medio de la cuarentena nos hace pensar en aquellas cosas que las hacen ser tan trascendentes para el progreso, para la convivencia, para el desarrollo de casi todo. Porque casi todo será mejor en la medida en que muchos pensemos y trabajemos juntos y al mismo tiempo en ello. Y las ciudades son, por excelencia, los espacios en los que la gente se encuentra para lograr objetivos comunes. Al respecto algunas reflexiones:

Ver las calles, espacios públicos, bibliotecas, universidades, oficinas vacías nos hace extrañar eso que es característico de las ciudades: la proximidad entre unos y otros. Es cierto que allí está el internet, las computadoras, los teléfonos inteligentes. Es cierto que algunos hemos estado hiperconectados a propósito de la pandemia, pero esto de ninguna forma sustituye al contacto humano.

Como nunca se demuestra la paradoja de la distancia, que nos dice que a pesar de estar superconectados seguimos valorando el estar juntos y las actividades presenciales. Estar aislados impide que las ideas fluyan, se hagan más complejas, sean cuestionadas y mejoradas por el enorme crowdsourcing que ocurre naturalmente en las ciudades. Estar aislados hace que los emprendimientos no ocurran y que los negocios y el empleo, esos dos grandes magnetos de las ciudades, no se den.

En Caracas y en Venezuela en general encontrarnos y conectarnos se ha hecho cada vez más complicado. Entrar y salir del país se hace cada vez más difícil, pero además movernos entre las ciudades y dentro de las mismas se ha hecho difícil, costoso, peligroso y muy desagradable. A esto sumemos que la falta de gasolina producto de la destrucción que el socialismo infringió a nuestra industria petrolera, ha hecho que, incluso desde antes de la COVID-19, Venezuela estuviese en cuarentena.

Por otra parte, la movilidad es el elemento que nos permite disfrutar a los habitantes de todas las bondades de una ciudad. La cuarentena nos aísla y, como demuestran los datos de la plataforma de Google COVID-19 Informes de movilidad comunitaria, la gente ha dejado de moverse.

Así, el transporte público (que solo es posible y rentable en las ciudades), al estar detenido nos impide disfrutar de las opciones que ofrece la ciudad, mientras que lo poco de lo que podemos disfrutar depende, en parte, de un costoso delivery. 

El encuentro en el espacio público, el debate público y la política en general se hacen cada vez más difíciles y podría correrse el riesgo de que el aislamiento haga aun más tensos los debates, más extremas las posiciones y más complejos los acuerdos.

En estas circunstancias las ciudades parecieran perder eso que las hace eficientes y productivas que es el encuentro. Cada uno encerrado en su “suburbio” aunque estemos a pocos metros unos de otros, pero sin la posibilidad del contacto y el encuentro.

Así vemos que los parlamentos han dejado de reunirse, las ruedas de prensa no se dan, la posibilidad de visitar las comunidades desaparece como una opción para la política y para los políticos. Es decir, las ciudades como el mejor lugar para ejercer la ciudadanía, entendida como derechos y deberes de una persona dentro de un cuerpo político, simplemente desaparecen.

Por todo lo anterior, durante la coyuntura las sociedades deben hacer todos los esfuerzos por comunicarse, por no abandonar los espacios virtuales de encuentro, entendiendo que no todos los miembros de una sociedad tienen las mismas posibilidades de estar conectados.

Paralelos a los esfuerzos de apoyo económico y los esfuerzos sanitarios, debemos hacer todo lo posible por mantener al número más grande de conciudadanos posibles conectados y en red. Esto último requerirá el desarrollo de fórmulas novedosas y mucha innovación para la comunicación política.

Luego, de cara al futuro, será conveniente defender la densidad y la posibilidad de movernos en las ciudades.

Habrá seguramente movimientos que pretendan generar un aislamiento de las ciudades, disminuir el número de vuelos y la conectividad en general, pero por encima de eso será bueno darle valor a todas las cosas positivas que generan para nosotros las ciudades como grandes nodos de encuentro, de desarrollo de ideas, de emprendimiento y de riqueza para todos.

 

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