Praxis política de “manchada ralea”, por Antonio José Monagas - Runrun
Praxis política de “manchada ralea”, por Antonio José Monagas

En política, no “todos los caminos llevan  a Roma”. Si bien las circunstancias de la vida, resultan ser consustanciales con necesidades que pueden convertirse en realidades, pero en la medida que se tracen objetivos contentivos de estrategias comunes, en materia política no luce posible que distintas ideas terminen convergiendo en un mismo lugar. Sobre todo, si el dicho terreno está ocupado. O su espacio se ha consignado a nombre de ideales diversos.

En el ejercicio de la política, aunque hay sus excepciones, no siempre cada problema planteado apunta según una dirección preestablecida. Más, cuando ésta se expone apelando a la diversidad de condiciones posibles. Aunque las mismas apunten a una única solución. Por inmejorable, excelente o magnífica que pueda ser.

La historia política de los pueblos, está colmada de casos que demuestran el carácter demoledor de aspiraciones contentivas de tantas promesas como puedan servir al juego de premeditadas argucias políticas. Acá, las necesidades de desarrollo de incontables sociedades se han viso truncadas por presunciones que sencillamente atascan los caminos sin que alguno pueda llevar al punto o meta esperada o trazada. 

Pero ese no es todo el problema. La política, además de verse estorbada por la sombra que ella misma crea en su desenvolvimiento, muchas veces torpe, los caminos a ser transitados, aunque semejen los de una travesía de frescos aires y entre parajes de esplendoroso verdor, son de escabroso suelo y abrupto nivel. 

Sin  embargo, quienes en política determinan el rumbo a seguir a instancia de las decisiones que toman en el transcurso de los acontecimientos en desarrollo, obvian, omiten o desconocen las implicaciones o riesgos en ciernes. En consecuencia, el proceso de elaboración y toma de decisiones lo hacen a tientas. Si acaso.  Y de no ser así,  no consideran la existencia de instrumentos que aporta la ciencia política, o la teoría de gobierno. 

Es cuando el gobernante, activista u operador político, incurre en problemas cuyo análisis no logra llevar a cabo. Mucho menos, comprender sus implicaciones desde la correspondiente complejidad. Particularmente, cuando condicionantes y variables de distinto tenor aparecen en escena buscando desvirtuar la naturaleza de los problemas en cuestión. Esto, al lado de un crudo conjunto de amenazas y presiones propias de dificultades sistémicas que envuelven los espacios que alojan la política, sus ejecutores e interventores terminan revirtiendo cualquier esfuerzo de articulación entre democracia y desarrollo. 

A todas estas, no es difícil inferir que detrás de complicaciones de tan grueso calibre, se tiene otros problemas cuyas ímpetus superan los escollos imaginados. En Venezuela, la sola idea de escapar de los desastres a que ha llevado al país político, económico y social las presunciones revolucionarias, sobrepasa cualquier contingencia registrada en los anales de la historia política contemporánea. 

Los dirigentes políticos venezolanos de la oposición democrática comprometidos con tan arduo compromiso, se hallan actualmente en la más enconada y apretada de las situaciones. Así ha sucedido desde que importantes secretos saltaron a la palestra para hacerse públicos, notorios y comunicacionales. 

La suspicacia minó el pensamiento y esperanzas de venezolanos que habían depositado su confianza en hombres dispuestos a rescatar al país de las manos ensangrentadas que hoy se arrogan ilegítima, ilegal e inconstitucionalmente, facultades (falsamente) jurídicas y políticas. Pero impuestas bajo represión, a costa de balas asesinas, bayoneta calada y gases asfixiantes y opresivos, para de esa forma arremeter contra quienes profesan valores de libertad, justicia y dignidad. Que son igualmente, quienes se resisten a ser sometidos por las tribulaciones de un régimen pusilánime, desesperado y sediento de poder por poder. 

El país ha devenido en un vergonzoso zigzagueo que parece no llevar a ninguna parte. Por lo contrario, tiende a vararlo entre militantes de la desidia mutiladora del pensamiento crítico. O sea, entre acosadores, envalentonados, soberbios, furibundos, arrogantes, matones, ilusos, resignados, insolentes, ignorantes, orilleros. Y todas aquellas especies de individuos comulgantes del odio y del resentimiento. 

Quizás, buscando otras bases y otros valores que fundamenten una acción política de nueva resolución o una ideología fundamentada en la solidaridad, el pluralismo político y el respeto a la disidencia y consideración a la desconformidad de la cual se sostiene la diversidad política serán partes de las realidades en curso. Entonces será posible y viable encontrar la ruta de escape que ansiosamente se persigue. 

El país pareciera estar dejando ver en medio de las confusiones que se han armado, además sin justificación mayor que la de agraviar derechos y garantías democráticas, la mediática pero también consistente configuración de una tiranía aguantada sobre indecentes excusas. Porque lo que está observándose, sin duda, es una praxis política de “manchada ralea”.