No hay que ser impaciente, pero hay que ser oportuno, por Luis Fuenmayor Toro - Runrun
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No hay que ser impaciente, pero hay que ser oportuno, por Luis Fuenmayor Toro

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No estoy entre el grupo de personas que puede ser calificado de impacientes, independientemente de que no me gusta dejar para mañana lo que puedo hacer hoy. Esto último lo aprendí durante toda mi formación educativo académica, desde la escuela primaria hasta el nivel universitario, incluyendo mis estudios de doctorado fuera del país, en eso que llaman el primer mundo. Recuerdo de niño, cuando llegaba a mi casa todos los días luego del colegio, inmediatamente me ponía a hacer “la tarea” escolar, que nos prolongaba en por lo menos una o dos horas el tiempo diario de estudios. Sólo luego de terminarla, me sentía con la disposición de descansar o mejor de divertirme en casa o con los vecinos amigos.

La usualmente enorme tarea que nos ordenaban realizar en los períodos vacacionales intermedios: carnavales, semana santa y navidades, cuya extensión guardaba relación proporcional directa con los días de asueto que disfrutaríamos, la comenzaba a hacer inmediatamente a mi llegada del colegio, el último día de clases previo a la interrupción escolar, y paraba sólo al concluirla horas después o en algunos casos uno o dos días más tarde. Esa era la única forma de sentirme libre de compromisos, sin la preocupación de tener algo pendiente, para entonces poder disfrutar a cabalidad del asueto vacacional. Era una sensación muy agradable de tranquilidad, de ser dueño de mi tiempo, además de sentir que había cumplido con mi deber.

Y el tema lo toco es en relación con el cumplimiento, por parte del gobierno, de los acuerdos firmados con cinco partidos opositores: Bandera Roja, Cambiemos, Movimiento al Socialismo (MAS), Soluciones para Venezuela y Avanzada Progresista, a los cuales se adhiere luego Esperanza por el Cambio. Hasta ahora se está instrumentado la incorporación de los diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) a la Asamblea Nacional, incorporación que tenía que ser inicialmente objetada o, por lo menos, no aceptada tranquilamente por la oposición de dicho organismo. Sin embargo, la sangre no ha llegado al río y los diputados del gobierno ya participan y han incluso aprobado uno o dos acuerdos con esta oposición.

El compromiso de liberación de presos políticos está en cambio virtualmente paralizado, pues, para el momento de escribir este artículo, sólo ha sido excarcelado el Vicepresidente de la AN diputado Edgar Zambrano. Para el gobierno, este aspecto debería ser tomado con mayor responsabilidad y seriedad, ya que es una situación muy delicada, en la cual están implícitas violaciones del debido proceso y de los DDHH, muy sentidas internamente y también por la comunidad internacional. Si quiere comenzar a lavarse la cara en este aspecto, no puede estar dándole largas a situaciones tan delicadas y que además dependen exclusivamente de su voluntad, por lo que se puede iniciar rápidamente dicha liberación, incluso sin mayores estudios.

Hay una serie de presos políticos que han cumplido sentencias más largas que las de sus condenas y que tienen además boletas de excarcelación. Terminar de una vez por todas con esta aberrante situación debería ser algo prioritario para el gobierno, por lo que es inentendible que no se haya hecho, cuando es más que grotesco que haya ocurrido. Y esta posición no tiene nada que ver con impaciencia, ni siquiera con la necesidad de que los acuerdos se ejecuten de manera oportuna. Se trata de la erradicación de una depravación que no tiene nombre y que, solamente con su existencia, bastaría para condenar al gobierno en cualquier foro internacional sin tener que demostrar más nada. 

Entiendo que según el Foro Penal Venezolano hay en este momento unos 450 presos políticos y varios miles con medidas cautelares, es decir no totalmente libres sino simplemente excarcelados. La inmensa mayoría de esta población penal no significa mayor peligro para la estabilidad del régimen, por lo que no se entiende que se insista en mantenerla en prisión. Si el gobierno sabe que el acuerdo firmado con los seis partidos no es reconocido como importante por la comunidad internacional que lo adversa, lo que ha llevado a la descalificación de esta mesa de diálogo, debería hacer esfuerzos para legitimarla y fortalecerla. Para que puede ser vista como una opción de arreglos pacíficos de la crisis existente.

Otro aspecto que no ha avanzado con la celeridad necesaria es el de la integración y funcionamiento de las ocho mesas de trabajo, que prepararían los acuerdos para su aprobación en la mesa nacional de diálogo. Sin pecar de apresurados, hay que entender que iniciar la solución de los problemas sociales y económicos es urgente, pues el sufrimiento del pueblo venezolano es trágico, inquietante y requiere soluciones inmediatas. El tema electoral también es urgente, pues en el mismo los lapsos los establece la Constitución vigente. Integrar un nuevo CNE, que satisfaga a todo el mundo, es vital para lograr se incorpore a por lo menos parte de la oposición de la AN, cuyo acuerdo es indispensable para que ese órgano designe al nuevo CNE.

O el gobierno da señales claras de que quiere enfrentar el desastre actual de común acuerdo con el mayor número de sectores y partidos nacionales, y logra la incorporación de estos en las negociaciones, o la iniciativa reciente fracasará con nefastas consecuencias para nuestra nación.

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