La verdadera faz del bolívar, por Alejandro Armas - Runrun
La verdadera faz del bolívar, por Alejandro Armas

HASTA HACE NO MUCHO CORRESPONDÍA Nicolás Maduro anunciar muchas de las decisiones que su régimen tomaba en materia económica. Por años, emulando a su antecesor, presentó esas nuevas ante ante grupos de simpatizantes y empleados públicos obligados a marchar en respaldo de la elite chavista. Luego este tipo de actos se volvió menos frecuente y Maduro optó por hacer sus dichosos anuncios económicos encerrado en Miraflores o algún otro lugar de acceso restringido, acompañado solo por sus colaboradores cercanos. Últimamente, ni eso. Del más reciente aumento salarial decretado por el régimen nos enteramos gracias a la Gaceta Oficial. Parece que la alta jerarquía chavista se ha dado cuenta de la nula credibilidad de su mensaje más allá de un reducido grupo de fanáticos, y de la consiguiente falta de entusiasmo entre la población. Ello explicaría también por qué unos tuits escuetos del Banco Central de Venezuela fueron los primeros en pregonar la introducción de billetes de 10.000, 20.000 y 50.000 bolívares dizque soberanos. En cambio, el cono monetario creado en 2017 lo anunció Maduro con tono apoteósico.

La propaganda totalitaria siempre intentará engañar a los oprimidos en absolutamente todos los aspectos de sus vidas. Pero hacerlo con los cotidianos es bastante difícil. Nada más cotidiano que la microeconomía. Todos tenemos que manejar dinero e ir al mercado a proveernos de víveres. Mentirle a la gente sobre el uso del dinero es en tal sentido harto complicado, razón por la cual un Estado que ha perdido la confianza de los ciudadanos como garante del valor de la moneda no puede recuperarla solo con trucos baratos y la propaganda en torno a estos. La confianza en el bolívar está pulverizada. Las políticas económicas del chavismo arrasaron con ella. Por eso espontáneamente la moneda nacional ha sido reemplazada por otras o por el trueque. No hay eliminación de dígitos o emisión de billetes nuevos que pueda cambiar esto.

Si bien el chavismo llevó a extremos nunca antes vistos el maltrato al bolívar, en honor a la verdad no fue quien lo inició. El Estado venezolano ha estado plagado de irresponsabilidad fiscal y monetaria al menos desde los años 70. Se ha gastado sin control y las medidas para contener la inflación han tenido poco éxito, con algunas excepciones. El resultado ha sido devaluación tras devaluación y un bolívar que da cada vez menos poder adquisitivo a quienes lo tienen. Empero, como ya se dijo, fue el sistema actual el que llevó las cosas al extremo. Hugo Chávez fue un botarate compulsivo que no se detuvo ante nada para conseguir dinero para financiar irresponsablemente sus sobreestimadas “inversiones sociales”. Haber contado con la mayor bonanza petrolera de la historia no le bastó. Así que, empezando con aquel tristemente recordado “millardito” en 2005, usó al Banco Central de Venezuela para cubrir los gastos de su gobierno.

Naturalmente, la inflación se mantuvo elevada y llegó un momento en el que los billetes de mayor denominación no bastaron para las transacciones del día a día. En 2007 el Ejecutivo y el Banco Central anunciaron algo que dejó perplejos a muchos venezolanos por inusual: una reconversión en la que se eliminarían tres ceros de la moneda. Si bien por un tiempo se cumplió el propósito de facilitar las transacciones, economistas advirtieron entonces que la medida no solucionaría de ninguna forma los problemas fiscales e inflacionarios de la nación. Con la arrogancia que lo caracteriza, el chavismo ordenó a su aparato de propaganda desmentir estas advertencias (no hace mucho alguien extrajo del baúl de los recuerdos una cuña que atacó a los medios que transmitieron las alertas sobre la futilidad de la reconversión, caricaturizándolos como un villano de cómic bautizado “Mediomalo”). Tanta seguridad tenían las autoridades monetarias en el futuro del bolívar que le pusieron el ridículo adjetivo “fuerte”. Encabezadas por Rodrigo Cabezas, Armando León y Gastón Parra Luzardo, llegaron a pontificar que tendrían que pasar al menos 20 años para que Venezuela necesitara un billete de Bs 200 (el de mayor denominación emitido entonces era de 100).

Hecho el retoque y con todo “costando mil veces menos”, el gobierno de Chávez siguió con su despilfarro… Y la inflación siguió aumentando. Nicolás Maduro no enderezó el rumbo luego de entrar a Miraflores. Cero sorpresas. Se trata de un hombre adicto a las doctrinas de la extrema izquierda desde su militancia adolescente en la Liga Socialista, receptor de formación política en Cuba en su adultez temprana y, ya como Presidente, asesorado por economistas marxistas incluso más radicales que los que rodearon a Chávez. Sujetos como el tristemente célebre Alfredo Serrano, quienes han negado sistemáticamente que la inflación monstruosa obedezca a la generación desbordada de bolívares para financiar el gasto público, sobre todo después de que se acabara la bonanza petrolera y la recaudación tributaria fuese arruinada.

Pasó lo que tenía que pasar. Venezuela cayó en hiperinflación en 2017, trayendo de vuelta a Latinoamérica una pesadilla que asoló a varios países de la región en los años 80 y 90. Así pues, los billetes del bolívar se volvieron mucho más inservibles de lo que sus predecesores eran una década antes. Muy a pesar del pronóstico hecho entonces, solo hicieron falta nueve años para introducir un billete, no de Bs 200, sino de 100.000. Las señales de la calamidad eran obvias. Pero el régimen, con el absoluto desprecio por la calidad de vida de los ciudadanos que lo caracteriza, ni siquiera entonces tomó las medidas que urgía tomar. Solo por poner un ejemplo, en julio del año pasado la liquidez monetaria creció un degenerado 82%. Ah, pero es que por esas fechas ya estaba listo el siguiente truco de prestidigitación para simular que se estaba haciendo algo por corregir el desastre. ¡Otra reconversión! Y esta vez no de tres ceros, sino de cinco. El bolívar “fuerte” se convirtió en el aun más ridículo bolívar “soberano” y por enésima vez Maduro prometió que la recuperación económica estaba a la vista.

La hiperinflación ha seguido haciendo estragos y, tal como previeron los expertos cuando se lanzó el tercer cono monetario de la era chavista, los billetes no tardaron en volverse obsoletos. Por eso ahora, con mucha más pena que gloria, llegan las piezas de hasta 50.000 bolívares “soberanos”. Esto es 5.000.000.000 en términos de bolívar “fuerte” y 5.000.000.000.000 en términos de bolívar a secas. Cinco billones. Cinco millones de millones. Todo esto es parte del tan cacareado legado de Chávez, preservado por Maduro y compañía. Esa es la verdadera faz de nuestra moneda, sin el maquillaje de las dos reconversiones, hinchada y morada tras la golpiza brutal del puño rojo rojito.

Por desgracia, no hay razones para ser optimistas sobre lo que viene. Este año el régimen por primera vez ha intentado frenar la inflación retirando dinero de la calle. Pero en vez de admitir su responsabilidad, discretamente ha puesto a la banca, la otra fuente de masa monetaria, a pagar los platos rotos. Al aumentar drásticamente los encajes (porcentaje de los depósitos captados que obligatoriamente se deben congelar en el BCV como reserva), el crédito ha sido restringido. Entre eso, el desplome del consumo por parte de ciudadanos empobrecidos y una economía paralizada por apagones reiterados, la inflación mensual pasó de tres dígitos a dos. Sin embargo, el incremento desmedido en los encajes ha puesto a los bancos en severos aprietos de liquidez y el sacrificio del crédito es otro problema para empresas que ya tienen el agua al cuello. Supone un riesgo de reducir aun más la productividad y agravar la depresión económica. Y para colmo, los mismos especialistas que por años advirtieron sobre la catástrofe en proceso alertan hoy que las nuevas medidas del régimen tampoco cumplirán por mucho tiempo su objetivo de frenar el aumento de precios. Los golpes al bolívar siguen y la caja de cosméticos para disimular el daño se está quedando vacía.

 

@AAAD25