Los tramposos, por Luis Fuenmayor Toro - Runrun

Los tramposos, por Luis Fuenmayor Toro

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UN TRAMPOSO ES UNA PERSONA QUE HACE TRAMPAS, que engaña, que violenta las leyes o reglas del juego o de cualquier actividad para beneficio propio, de sus familiares, amigos, personas de su interés o de su grupo. También se aplica a quienes no pagan sus deudas, a quienes engañan, embaucan, defraudan, estafan, conspiran y traicionan. Una trampa es un dispositivo físico o un método engañosos, empleados para vencer, detectar, capturar, lesionar o perturbar a un enemigo, adversario o intruso o a una presa en el caso de una cacería. Cuando se habla coloquialmente de “hacer trampa” se refiere a la comisión de algún acto fraudulento, violación de algún acuerdo o normativa, expresión aplicada principalmente en los juegos y en los procesos electorales.

De las anteriores precisiones es claro que la lucha política en Venezuela ha devenido en una lucha de tramposos, en la que lo usual es la trampa, el engaño, el fraude y la traición y lo esporádico es la actitud honrada, sincera, veraz y leal. Y no es que esté siendo ingenuo en materia política. Sé lo que la lucha por el poder significa, y más en un país de potenciales riquezas de carácter estratégico para el mundo. Pero como todo en estos 20 años, la política también ha degenerado junto a las instituciones venezolanas y a los principios y valores de la población. La trampa, el engaño, la calumnia, el cinismo, la agresividad, el fanatismo se han apoderado totalmente del escenario político del país, lo que dificulta en mucho mayor grado la solución de la grave situación existente.

Las decisiones de la Asamblea Nacional (AN) actual han estado plagadas de trampas desde un principio, desde que Ramos Allup estableció de facto, en su discurso de toma de posesión de la presidencia de la misma, que la salida de Maduro era casi un mandato constitucional y que debía cumplirse en seis meses. Y esto lo dijo estando el Presidente presente en el acto protocolar de juramentación. Luego vino el invento de la doble nacionalidad del Presidente o de que era colombiano y que debía ser destituido si no renunciaba. Más adelante que había abandonado el cargo, cuando realmente lo ejercía en exceso. Fue entonces destituido con cualquier argucia, para luego volverlo a destituir, el característico sin fin de enredos que siempre acompañan a los relatos mentirosos.

El gobierno, por su parte, ha liderado muchas veces este fraudulento modo de operar. El TSJ desincorpora a unos diputados con el falaz argumento de compra de votos en su elección, simplemente para quitarle a la oposición la mayoría calificada de los dos tercios. Pero luego de más de 4 años no ha decidido sobre el fondo de la materia. Inventaron la figura del desacato para invalidar totalmente a la AN y dejar al país sin Poder Legislativo, algo que les resulta muy normal y apegado a derecho. La sustituyen convocando a una Constituyente (ANC) sin someter sus bases a referendo popular y, peor aún, elegida en forma corporativa a lo Mussolini. Afirman que es plenipotenciaria como Dios por lo que está por encima de la Constitución vigente, lo que coloca al país como una monarquía absolutista del siglo XV.

La oposición extremista da golpes de Estado que transforma en sus discursos en vacíos de poder y operaciones por la libertad. El gobierno llama a sus golpes fracasados del pasado insurrecciones cívico militares patrióticas, y las conmemora con bombos y platillos. Sus injerencias en los asuntos internos de Colombia, Honduras y Paraguay, los llama internacionalismo bolivariano. Los despojos de la MUD condenan la “invasión” de chinos, rusos y sobre todo cubanos, pero casi suplican que vengan el ejército gringo a ayudarlos porque “solos no podemos”. Deciden que los bonos emitidos sin la aprobación de la AN son ilegales y así se lo hacen saber a sus tenedores, pero al primer vencimiento de intereses deciden pagarlos e inventan que si no lo hacen se pierde CITGO.

Guaidó no negocia con delincuentes, a menos que lo convoque Noruega y no se sepa. Un artículo constitucional que se refiere a misiones militares extranjeras en el país lo transforman en una autorización para la invasión militar, como si esa insensatez traidora pudiera estar prevista en alguna constitución del mundo. Maduro, como hacía Chávez, llama a nuestro sistema electoral el mejor del mundo, aunque permita el claro ventajismo gubernamental, abuse del voto asistido, constituya las mesas con militantes del PSUV y haya eliminado la proporcionalidad establecida en el artículo 63 de la Constitución. En la misma línea, el bolívar es la moneda más dura del mundo, la hiperinflación no tiene que ver con la masa de dinero inorgánico, la devaluación es producto de una página web, PDVSA está destruida por las sanciones y la gente va al Guaire porque la oposición les paga.

Ninguno de los polarizados tiene un verdadero proyecto nacional de desarrollo. Sus planes son mantenerse en el poder a como dé lugar o hacerse de éste por cualquier medio. Ambos mantuvieron y quieren continuar manteniendo la ignorancia y la miseria de la población, pues desean seguir usufructuando esas ventajas en sus gobiernos. Es un simple “quítate tú para ponerme yo” a hacer lo mismo que tú. O se avanza en la construcción de una opción radicalmente distinta o Venezuela no tiene futuro. Si no existe un líder que aglutine y entusiasme a la gran mayoría, habrá que presentar un equipo de dirigentes que sumen sus respaldos y simpatías en función del triunfo electoral. Es quizás una oportunidad para acabar con el mesianismo que siempre nos ha perseguido.

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