La necesaria negociación, por Luis Fuenmayor Toro – Runrun

La necesaria negociación, por Luis Fuenmayor Toro

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ES INENTENDIBLE QUE PERSONAS en su sano juicio hagan afirmaciones que son totalmente contrarias a su experiencia cotidiana de vida: “con los tiranos no se negocia”, “no se puede negociar con delincuentes”, “no hay nada que negociar, cese la usurpación”. La historia venezolana, latinoamericana y mundial nos ha enseñado precisamente lo contrario. Se negoció con Pinochet para que aceptara la realización de un referendo consultivo y terminó aceptándolo y perdiéndolo. Y nadie me va a convencer que Maduro es más dictador y tirano que Pinochet. Fueron unas negociaciones, las que le permitieron a Violeta Chamorro, en la Nicaragua sandinista del primer gobierno de Daniel Ortega, ganar unas elecciones y gobernar como Presidente del país centroamericano. Luego del golpe de 2002 contra Chávez, hubo negociaciones que llevaron a la realización del referendo revocatorio de 2004, con un CNE producto de esas negociaciones.

Cuando los grupos enfrentados beligerantemente por la toma del poder no tienen suficiente fuerza para derrotar al contrario, pueden escoger continuar la pugna indefinidamente, con el daño y desgaste que eso les produce y el grave perjuicio que se le genera a toda la nación, o pueden sentarse a negociar una salida pacífica a sus enfrentamientos, que se base precisamente en que ninguno de los dos le puede imponer salidas al adversario. Deben, por lo tanto, alcanzar consensos que pongan fin a un combate inútil. Ésta es la situación de la Venezuela actual, independientemente de que guste o no guste a los involucrados directamente en la contienda ni a sus seguidores. Personas como el Padre Ugalde, el expresidente colombiano Santos, insospechables de ser cercanos al gobierno de Maduro, se han pronunciado claramente en este sentido, lo que debería hacer reflexionar a quienes mantienen una actitud opositora que se opone a las negociaciones.

Pero en el caso venezolano además, la imposibilidad de conversar y negociar tiene como resultado que una de las facciones en pugna, la gubernamental, sigue manteniendo el poder e imponiendo su voluntad. Lo hace con enormes dificultades, pues la oposición de la Asamblea Nacional (AN) goza de un apoyo internacional importante, que ha devenido en la aplicación de severas sanciones económicas contra el país. Éstas entorpecen enormemente el desempeño gubernamental, con consecuencias muy lamentables para todo el pueblo venezolano, aunque los enfrentados pretendan ignorarlas. Luego, el régimen gobierna pero en condiciones de tremendas limitaciones, lo que lo obliga a tener que negociar y llegar a acuerdos que restauren en el país la gobernabilidad. Se impone entonces una negociación en la que ambas partes cedan en sus máximas aspiraciones y abran una ruta nacional, democrática y constitucional a la ya muy larga crisis existente.

Las negociaciones no pueden tener como premisa la derrota anticipada del adversario, a menos que se tengan fuerzas para ello. Pero si no se tienen, y en el caso venezolano ninguno de los sectores enfrentados las tienen, es totalmente absurdo colocar una condición de este tipo para su inicio y desarrollo. El cese de la usurpación proclamado por la AN es una condición de este tipo, sólo posible si se tuvieran las fuerzas para ello. Es como si el gobierno exigiera como requisito para negociar la disolución de la AN. Durante 20 años, esa oposición no ha podido hacer valer la premisa inmediatista del “vete ya”: ni con golpes, ni con guarimbas, ni con grandes manifestaciones, ni con llamados a huelgas, ni con abstenciones electorales, ni con sanciones diplomáticas y económicas como las actuales. Ésta es una realidad más que evidente. El régimen, por su parte, no ha podido acallar a estos sectores ni con represión, ni judicializando inconstitucionalmente las protestas, ni con violaciones del debido proceso y los DDHH.

Negociar, entonces, no sólo es una conducta que no se debe despreciar ni mucho menos anatemizar, sino que es la alternativa para salir de manera pacífica en tiempo razonable del impase actual. Entendiendo que se quiere un cambio en paz y democrático, la negociación debería iniciarse con el cambio de la integración del Consejo Nacional Electoral (CNE), para tener un organismo imparcial, justo, de gente idónea y con las potestades de un poder independiente del resto de los poderes, como lo obliga la Constitución. Sería éste el organismo que, luego de actualizar el Registro Electoral Permanente, reestructurar todos sus componentes nacionales, regionales y locales; aplicar las normativas sobre la integración de las mesas electorales, el voto asistido y la proscripción de las acciones electorales ventajistas del Ejecutivo, así como resolver el problema de las inhabilitaciones de líderes y partidos políticos, organizaría todos los eventos electorales futuros.

Esta hoja de ruta llevaría a tener que sacar a la AN del desacato en que ha sido colocada en forma inconstitucional, a la reincorporación del PSUV a dicho organismo y al funcionamiento constitucional del Poder Legislativo. La ANC se dedicaría sólo a preparar en un plazo perentorio el proyecto de Constitución, que se sometería a votaciones en la forma establecida en la Constitución vigente (voto universal, directo y secreto). Las sanciones y otras medidas diplomáticas y económicas contra el gobierno desaparecerían y las próximas elecciones a realizarse serían las de la AN seguidas del Referéndum Revocatorio presidencial. Toda esta hoja de ruta podría ser votada por el pueblo venezolano en referendo consultivo previo.

He expuesto sólo algunas ideas para destrancar la actual situación de incomunicación existente e iniciar una ruta diferente con probabilidades de éxito. Las cosas no tienen por qué fluir exactamente de esta manera; la práctica irá señalando el camino a recorrerse definitivamente.

 

@LFuenmayorToro

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