Medias verdades, mentiras y realidades, por Luis Fuenmayor Toro - Runrun

Medias verdades, mentiras y realidades, por Luis Fuenmayor Toro

BanderaVenezolana.jpg

Uno de los graves problemas existentes en el país, a raíz de la confrontación polarizada entre el gobierno y la oposición que estuvo alrededor de la Coordinadora Democrática, primero, y después de la Mesa de la Unidad Democrática, es la creación de un escenario político donde reinan las medias verdades, las mentiras, las calumnias y las fantasías. Es un escenario complejo, confuso, violento y generador de desaliento e incertidumbre, en el cual la actividad política se dificulta enormemente, sobre todo para quienes están ajenos a toda esta vorágine manipuladora y sufren además las consecuencias de la crisis económica y social existente: la mayoría del pueblo venezolano.

Las perversiones del lenguaje son parte importantísima de este estado de cosas, pues la gente ya no puede comunicarse ni comprender bien los procesos, al ser estos disfrazados con denominaciones incorrectas y muchas veces contradictorias con lo que es su verdadera esencia. No pienso que la actividad política, entendida como la lucha por la toma del poder, es algo cristalino y limpio per se, ajeno al engaño y la manipulación; sería una actitud completamente ingenua de mi parte. Pero en Venezuela, ha adquirido una magnitud cualitativamente distinta de la existente en el pasado, cuando la realidad no era totalmente ocultada por los elementos distorsionadores existentes.

El gobierno, el actual y el de Chávez, ha sido fundamental en el impulso de estos escenarios de total incertidumbre, al mentir descaradamente sobre las causas de su más que evidente fracaso. Éstas siempre le han sido ajenas, según sus declaraciones, las cuales repiten en forma idéntica todos y cada uno de sus funcionarios y de sus líderes partidistas y sociales, como una letanía, con una homogeneidad estereotipada casi patológica. No hay duda ninguna que les gusta un mundo poco diverso y no cambiante, de lenguaje monótono, casi clerical y de conducta simple, de total similitud de opiniones, en el que la disidencia aparezca como una enfermedad psicosocial que debe de alguna forma ser tratada y curada por los esbirros “bolivarianos”.

Todas sus acciones son directamente decididas por su comandante en jefe, Chávez primero y Maduro después, lo que deben repetir cada vez que declaren sobre cualquier tópico. Lo mismo ocurre con la profanada “mayor suma de felicidad posible” y otras expresiones trilladas como “viviremos y venceremos”, “no pasarán”, que resumen su esencia continuista. Pervirtieron conceptos universales: “revolución, patriotismo, socialismo”; cambiaron “igualdad” por “igualitarismo” y las lacras del pasado adecocopeyano, que juraron combatir, las elevaron a grados inimaginables, pero ocultas tras eufemismos que cambian al “preso” por “privado de libertad”, al “ajusticiado” por “dado de baja”, al “paramilitar” por “colectivo”.

La oposición que participa del juego polarizador desde hace 20 años no se ha quedado atrás, ni en las mentiras políticas ni en las distorsiones del lenguaje. Para ellos, nunca han perdido una elección en este siglo, pues todos los triunfos del oficialismo han sido por trampas y métodos exóticos, como el del cable cubano que desde La Habana cambia los resultados, o el de un “software” indetectable que cambia lo expresado por el elector. Algo muy parecido al ataque electromagnético contra El Guri denunciado por Maduro y a las denuncias de la izquierda en el pasado, que siempre atribuía sus derrotas al fraude electoral, que cambiaba el color de las tarjetas en el interior de los sobres con métodos químicos.

Desde hace 20 años hablan de la dictadura, la ausencia total de libertades, del “ya no se aguanta más”, de la tiranía, del genocidio. Es el cambio de la conducta del régimen lo que ha ido alcanzando lentamente a sus denuncias. Un golpe de Estado en 2002 pasó a ser un “vacío de poder” por la renuncia de un presidente secuestrado, un sabotaje contra PDVSA se presentó como una “huelga” de sus trabajadores, un “lockout” empresarial pasó a ser una huelga general. Y aún siguen hablando de asesinatos de francotiradores en las inmediaciones de Miraflores, pero sin explicar por qué el brevísimo régimen de Carmona los dejo en libertad y los sacó del país, luego de ser capturados y entregados por la Policía Metropolitana.

La brutalidad policial es denunciada como tortura sistemática ordenada desde el alto gobierno, los crímenes que ocurren son todos de “lesa humanidad” y hablan alegremente del narco gobierno en un país que no produce estupefacientes, mientras califican al, ése sí, narco régimen asesino de Duque en Colombia como adalid de la lucha por la democracia y los derechos humanos. Es un escenario político de medias verdades, de mentiras y calumnias, que muchas veces pretende acallar a quienes disienten de esa forma retorcida de distorsionar la realidad. Aunque seguramente quienes enfrentamos el actual orden de cosas lo seguiremos haciendo sin cansarnos, sin atemorizarnos y en forma permanente.

La realidad, sin embargo, se va imponiendo sobre las fantasías. La escasez, hiperinflación y mega devaluación, no pasarán jamás como resultados de una guerra económica; la ignorancia, negligencia e indolencia del gobierno no podrán ser ocultadas detrás de las agresiones imperiales. La corrupción y la represión no podrán ser escondidas, por más esfuerzos que se hagan. Sólo los fanáticos, enchufados y tontos les creerán, pero nunca serán mayoría. El inmediatismo político de la dirigencia de la Asamblea Nacional, presente desde el primer triunfo de Chávez, aparecerá más que claro con el fracaso de la actual hoja de ruta, y sus seguidores por convicción u oportunismo tendrán mucho que explicar. Una nueva oposición aparecerá.

 

Enviar Comentarios



© Manapro Consultores

Enviar Comentarios