Tiempos de política , por Antonio José Monagas - Runrun

Tiempos de política , por Antonio José Monagas

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EL TIEMPO ES IMPLACABLE pues no se detiene su trazo. Su rigurosidad, no mide tristezas. Tampoco se compadece de ellas. Su fuerza es imbatible. No se compara con nada. No hay otro elemento de la naturaleza más exhaustivo. En él, se condensan no sólo razones para abatir recuerdos. También, causas para impulsar actitudes. Pero sobre todo, para motivar vida. Más si se entiende, que cada aliento de vida es función de su magnánima consideración, respuesta servida o esperanza permitida.

Así pudiera comprenderse el tiempo como concepto. Asimismo, como hecho bajo el cual se suscita todo evento descrito por la historia o esperado del porvenir. La Biblia es bastante explícita en cuanto al propósito de reconocer el tiempo como el único vehículo en el que se moviliza todo lo que ha de ocurrir. Bien porque habrá de acontecer, o porque puede preverse y evitar cualquier contingencia capaz de malograr un objetivo constructivo o en construcción.

En ese sentido, debe reconocerse que hay un tiempo para todo y que Dios es dueño de ese tiempo. Según el dictado bíblico, las cosas ocurren bajo el tiempo perfecto de Dios. No suceden ni antes, ni después. “Todo tiene su tiempo. Y todo lo que se quiere debajo del Cielo, tiene su hora” (Eclesiastés 3:1-8). O cuando describe que “en tus manos están mis tiempos” (Salmos 31:15)

Pero en política, los tiempos son distintos. Más aún, para la política de oficio. Sus tiempos, aunque extremadamente inexorables, severos, marcan horas diferentes. Por ejemplo, el tiempo de lo urgente difieren del tiempo de lo prioritario. El hambre, no tiene tiempo de espera para saciarse, cuando la miseria hostiga el estómago del indigente o del menesteroso. Las enfermedades tampoco. Fundamentalmente, cuando la salud se extingue.

El carácter inmediatista de la política, tiende a desconocer las consecuencias del tiempo. Es cuando el ejercicio de la política, se desentiende de las realidades. Sobre todo, de lo que narra la historia. Pero igualmente, de los análisis retrospectivos tanto como de estudios prospectivos. Estos, son desatendidos por negligencia, afán o soberbia. Por esas razones, generalmente, se impone la improvisación o el pragmatismo. Es ahí donde los intereses de grupos o personales, exhiben su dominio volcándose hacia problemas intermedios del sistema político. Por tanto, se abandonan problemas terminales del sistema social generándose así graves complicaciones de difícil desenredo.

Es entonces cuando los encumbrados en el poder político, se deslindan de consideraciones tan vitales que pudieran devenir en un buen gobierno, O de cometidos basados en pautas propias de la planificación estratégica en la incertidumbre. Igualmente, del análisis de situaciones integrales. O de reparos que deben tocar diatribas y reveses que atascan complejos problemas de gobierno. Pero así no se dan los hechos.

Esos personajes que se regodean de utilizar o de aprovecharse de los símbolos del poder político para proyectos ideológicos particulares, no terminan de comprender que manejarse en concordancia con los tiempos que azoran las realidades, no es tan sencillo como pareciera. Sin embargo, es lo que define un dictamen. Una decisión. Casi siempre mal concebida o elaborada. Aunque en situaciones así de confusas, se establece el equilibrio entre el poder y las circunstancias que circunscriben los hechos.

Saber medir los tiempos, saber enfrentar las exigencias que imponen las nuevas realidades, saber lidiar con las expectativas o saber conciliar propuestas con otros actores y agentes políticos acusando conceptos renovados o debutantes de la teoría política, se convierte en un “valor presente” propio de una ingeniería política vista en su nueva fase de concepción formulada en el fragor de crisis políticas recientes y en procesos de insurgencia.

Los tiempos de la política no son solamente críticos cuando son advertidos en el curso de alguna emergencia que tienda a desestabilizar el equilibrio del cual depende la consecución de objetivos estratégica y funcionalmente establecidos. El ejercicio de la política, acometido con la conciencia histórica que reclama todo proyecto de gobierno configurado en aras de construir o consolidar una sociedad en democracia, es cuestión a determinar por las decisiones a tomar. Pero decisiones debidamente comedidas.

También debe entenderse que tales decisiones son función de lo que trace la actitud del gobernante, su disposición ante el Derecho y la Justicia, y su capacidad democrática para que sus decisiones se tomen en pos del bienestar integral del colectivo al cual van dirigidas. En conclusión, es el modo de cómo se concibe la vida de una sociedad libre pensada en tiempos de política.

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