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Presidente encargado y constitucional, por Armando Martini Pietri

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VÍSTEME DESPACIO QUE TENGO PRISA, decían -¿Fernando VII, Napoleón Bonaparte o Carlos III?– a su ayudante, señalando que cuando hay apuro las cosas deben hacerse con más cuidado y precisión. Así marchó Juan Guaidó -y quienes están dándole soporte constitucional- desde que este 5 de enero fue electo presidente de la Asamblea Nacional. Pasito a pasito, con la astucia de la cautela, le ha dado la vuelta en 18 días a una fiebre populista descarnada, mentirosa, y a una tiranía de 20 años de destrucción, corrupción y violación de los derechos humanos, entre muchos etcéteras.

Tuvo la paciencia de marcar el avance sin aspavientos y cero concesiones al populismo que tanto daño ha hecho. Fue pragmático, sacó las decisiones políticas de los salones e infames escondrijos partidistas para llevarlas a las plazas públicas de los acertadamente llamados cabildos, donde fueron los ciudadanos que, como el 19 de abril de 1810 en Caracas, y antes en Fuenteovejuna, (obra del dramaturgo español Félix Lope de Vega, publicada en 1619; considerada uno de los dramas teatrales de mayor relevancia del Siglo de Oro español. La obra está dividida en tres actos y tiene como temas principales el honor, el poder colectivo y el abuso de poder), lo fueron ratificando como el venezolano a cargo.

Así, la esperanza y fe venezolanos fueron renaciendo y fortaleciéndose paso a paso, entusiasmo a entusiasmo. Hoy, días y semanas después, se presenta ante la multitud, le habla al país y finalmente, después de soportar presiones, acepta formalmente, constitucionalmente, la responsabilidad de la presidencia interina y de transición, lo hace, inteligente, rodeado de manos en alto, un juramento ciudadano, de las mayorías, mucho más allá de sólo un compromiso personal.

Eso es lo que desbanca a un castrismo/madurismo desesperado, torpe, que sólo atina a desplegar ironías que a nadie hacen sonreír, y amenazas que cada día asustan menos. Ya Guaidó no tiene sólo el entusiasmo y la esperanza de sus compatriotas -con el estupor y el desconcierto de los pocos chavistas que van quedando, frenados por la propia Guardia Nacional que este martes, ¡oh, sorpresa, oh felicidad!, corrieron a proteger a los diputados opositores y a pegar contra la pared a los tarifados colectivos con palos y chalecos antibalas, tan reducidos que ni siquiera pudieron llenar la Plaza 0’Leary, sino también de Washington -oficialmente y por escrito-, seguidos de los presidentes de Colombia, Brasil, Paraguay, Canadá y muchos otros que lo manifestaran durante las próximas horas.

Juan Guaidó cumplió con lo expresado en la Constitución, y no se auto proclamó -como la estulticia de algunos pretenden hacer ver-, se encarga de la recuperación de la economía y el ambiente social, recatar los principios éticos, valores morales y buenas costumbres ciudadanas. Tarea nada fácil, recargada de dificultades y obstáculos, pero con luz ahora mucho más clara de un túnel que hasta hace 18 días era oscuro y parecía sin final. El presidente encargado está indicando dónde está la culminación y salida a un campo abierto de libertad y democracia.

Vienen días de mayor o menor conflictividad dependiendo de la actitud que tome la dirigencia que usurpa el poder, pocos de cuyos miembros tienen dónde ir. Podrían negociar su salida rápida en vista de la realidad que terminó de estallar este 23 de enero, pero ya conocemos aquél refrán de que Dios ciega a quien quiere perder, (se lee en la profecía de Ezequiel). Siempre hay “un ciego que quiere guiar a otros ciegos”. Este es el caso de algunos políticos venezolanos. A lo largo de este tiempo en el cual se han oído barbaridades, incluso frases ofensivas. Sólo un exilio negociado y con cesiones tiene posibilidades. Pero si deciden que será por las malas, habrá sangre, angustia y las cárceles de Iris Varela esperando por ellos.

Comienza una nueva etapa, la aplicación del artículo 350: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”. Y del artículo 333: “Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia”. Para alcanzar en desobediencia, rebelión y coraje la tranquilidad de la restitución del orden constitucional.

Los próximos días serán muy difíciles para Juan Guaidó, -quien debe cuidarse de los descontentos internos que desató cuando con valentía y coraje decidió ponerse del lado ciudadano y se desligó para no continuar atado a compromisos de blandengues cooperantes, cuyas caras descompuestas pudimos observar- y la arremetida que viene de los defensores de acuerdos y pendejadas. Sería muy grave, gravísimo que la insensatez de estos idiotas irresponsables produjera una fractura que solo favorecería al castrismo madurismo.

 

@ArmandoMartini 

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