Noche de paz, por Julio Castillo Sagarzazu

Noche de paz, por Julio Castillo Sagarzazu

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TODOS LOS QUE VIMOS EL FILM DE CHRISTOPHER CARION “Feliz Navidad”, que llego a ser nominado al Oscar como mejor película extranjera, quedamos conmovidos por él. La película trata sobre un acontecimiento de la vida real ocurrido el día de Navidad de 1915 en la localidad de Ypres, en Bélgica, en medio de las trincheras cavadas por los soldados que se enfrentaban en la Primera Guerra Mundial. Estaba basada en el libro de Stanley Weintraub, “La pequeña paz de la Gran Guerra”.

El conmovedor evento comienza cuando un grupo de vigías británicos dan cuenta de que en las posiciones enemigas se habían encendido las luces de varias velas. Cuando auscultan con los binoculares, se dan cuenta que los soldados alemanes habían cortado un gran árbol y le habían adornado con aquellas luces. De pronto escuchan que, desde aquel mismo sitio, aquellos hombres comenzaban a entonar una canción en alemán que a ellos les era también familiar, podían entender “Stille Nacht, Heilige Nacht”. Movidos por un resorte invisible ellos mismos comenzaron a cantarla en inglés.

En cuestión de minutos, se vaciaron las trincheras y aquellos hombres, endurecidos por el horror de la guerra, comenzaron a confraternizar, a compartir cigarrillos y raciones. Aquel campo de la muerte se había convertido, gracias al poder universal de la música, en un campo y en una noche de paz.

Así trascurrió todo el día de navidad, hasta que a las 8 y 30 am del día 26, el capitán C.I. Stockwel del Real Regimiento de Fusileros Galeses hizo tres disparos al aire. Se acercó a la trinchera alemana, inclino su cabeza en señal de saludo al oficial alemán, quien hizo igualmente dos disparos al aire y ambos regresaron a sus posiciones para reanudar el horror de una carnicería que costo más de veinte millones de muertos.

Si este acontecimiento fue insólito, lo fue más aún que ningún diario importante del mundo se hizo eco de él, a pesar de que la noticia había corrido de boca en boca, como un reguero de pólvora. Solamente el Daily Mirror publicó un reportaje ilustrado con fotos del momento y con testimonios de los solados protagonistas. Todos ellos coincidían en una cosa, en declarar aquella guerra como brutal y poniendo de manifiesto que las rivalidades que habían enfrentado a las naciones y sus gobiernos no habían hecho nacer el odio entre ellos.

Todos aquellos gobiernos temieron, y seguramente con razón, que una ola pacifista nacida de las trincheras y encabezadas por los propios soldados hubieran dado al traste con los intereses geopolíticos que estaban en juego entonces. La paz era subversiva, en pocas palabras.

Este último hecho nos hizo recordar el famoso partido de futbolito jugado en las navidades del 2002, en medio del fragor de las movilizaciones populares que tenían lugar en contra del gobierno de Hugo Chávez.

Ese día, dos grupos de manifestantes enfrentados (partidarios del gobierno y de la oposición) organizaron un partido de futbolito utilizando como cancha la autopista de Prados del Este en Caracas.

Puedo recordar, como si fuera hoy, la virulencia con la que Hugo Chávez ataco aquel gesto de convivencia, como radicalizo su lenguaje y como repotencio su lenguaje de odio y enfrentamiento.

Desgraciadamente hay también que recordar como caímos de nuevo en su trampa infalible de la polarización. Como logro que contestáramos su discurso con una agenda politizada que paso por alto la necesaria “transversalidad” de las propuestas de toda oposición inteligente que se hace eco de las dolencias sociales de los ciudadanos para caer en el pozo sin fondo del “¡CHAVEZ VETE YA!” que nunca nos funcionó.

Pisamos el paral de dejar que nos dividieran entre patriotas y apátridas, escuálidos y enchufados, gobierno y oposición, izquierda y derecha, ricos y pobres.

La oposición perdió la inmensa oportunidad de convertirse en el eje de las reivindicaciones sociales de los venezolanos y organizar el descontento evidente ya desde entonces, fortalecer sus organizaciones y la de crear un verdadero frente social con los descontentos del chavismo.

Nos encandilo y nos hizo arrogantes ver a millones de personas en las calles, creyendo que “la luna era pan de horno porque la veíamos redonda” y pensamos que el camino a Miraflores estaba pavimentado.

Aun hoy, creemos que porque madruguemos amanece más temprano. Aun hoy, millones de nuestros compatriotas siguen luchando solos por sus problemas (Y si, hasta por sus perniles) y nosotros despreciamos esas pequeñas luchas porque no están a la altura de nuestras respingadas narices de intelectuales que luchamos por la libertad y no por un pedazo de pan o una bolsa CLAP. Aun llamamos traidores a los viejitos que se sacaron el carnet de la patria y seguimos de vedettes sacándonos selfies cuando la gente sale a pelear, pero después los dejamos solos y no los volvemos a ver.

Nuestro “Bravo Pueblo” está muy lejos de haberse entregado y de no querer luchar. Lo va a hacer de nuevo, pero es necesario que vea un liderazgo firme, preocupado por sus problemas y no por los malabarismos del twitter.

Entender con humildad esta falencia, nos haría dar un gran paso adelante esta navidad. Ojalá recuperemos el espíritu de aquel partido de Prados del Este que quedo en el primer tiempo y salgamos en el segundo a darlo todo en la cancha.

¡Feliz Navidad para todos!

@juliocasagar

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