¿Cómo y cuándo?, por Armando Martini Pietri

¿Cómo y cuándo?, por Armando Martini Pietri

Venezuela-2.jpg

Es de esas interrogantes que ningún entrevistado quiere que le pregunten, difícil de contestar, pero no imposible. Un político realmente conductor, guía, es quien, en medio de las dificultades generadas por las crisis profundas, como la que vivimos en Venezuela, surge con talento, coherencia y sinceridad hombre o mujer que expresan lo que el ciudadano tiene que oír aún en las condiciones y ambientes más difíciles, son estadistas.

El politiquero, en cambio, es aquel que sólo dice, grita, lo que el pueblo quiere oír, sin importarle circunstancias ni consecuencias pensando sólo en el interés propio, de conveniencia y partidista.

Ejemplos hay de estadistas como Simón Bolívar, Libertador de cinco naciones, Rómulo Betancourt y su frase memorable: “cuando Venezuela necesitó libertadores no los importó, los parió”; o la tarea de Abraham Lincoln, creador del estado moderno norteamericano, que libró una guerra civil en defensa de la libertad, y le tocó luego la ardua y difícil labor de armonizar el país; o Winston Churchill, que dijo al pueblo inglés: “sólo puedo ofrecerles sangre, sudor y lágrimas”, cuando fue electo Primer Ministro en medio de la segunda guerra mundial; la extraordinaria e irrepetible Golda Meir, una de los arquitectos de la independencia de Israel; el espectacular Nelson Mandela -Madiba- líder del anti-apartheid en Sudáfrica. Sólo unos pocos de tantos que han liderado la historia universal.

Venezuela requiere de un conductor, un estadista para sacarnos con urgencia de este régimen parlanchín, corrompido y cruel que no es más que un comunismo castrista maligno e ignominioso, tiránico e irrespetuoso de los derechos humanos y la ley, enemigo de la democracia y libertad.

Ese guía capaz, idóneo y competente, se reconocerá por su carácter auténtico y coherente, la fuerza de sus convicciones, valentía, visión a largo plazo, aferrado a la verdad, con sentido de nación, un líder de verdad y no de la boca para afuera.

Las naciones en decadencia y amenazadas en sus cimientos más profundos, tienen la oportunidad siempre, el destino así lo avala, para encontrar el líder, el conductor que pueda convertir en realidades las medidas siempre duras necesarias para salir del atolladero y renacer. Políticos y politiqueros electoreros nos sobran, lo que buscamos es el dirigente para ésta y las próximas generaciones, capaz de convocar al ciudadano al más alto sentido de sacrificio y empeño sin que le importe perder popularidad. Las simpatías de las masas son para los politiqueros, la historia para los estadistas.

No ha muerto aun lo que tiene que irse, y está naciendo lo que ha de brotar. El castrismo es un cáncer incurable condenado a alimentarse de sufrimiento y muerte. El nuestro entró en etapa terminal, muerde y resuella mientras crece lo nuevo en la voluntad, convicción y audacia de dirigentes que conduzcan los reclamos y necesidades ciudadanas, que analicen y comprendan la dimensión gigantesca de la tragedia, y sepan que postergarla por egos y personalismos e intereses partidistas, es un verdadero crimen, cómplice y protector de los de lesa humanidad.

Es momento de políticos estadistas y no de simples politiqueros de estupidez cooperante que han hecho tanto daño a la sociedad venezolana, es tiempo de compromiso y grandeza, no de palabrerío y espacios partidistas.

Es imposible encauzar el rompimiento de cadenas si no se está absolutamente sereno y claro sobre el período que se vive, sin divisiones, intereses egoístas e indecisiones permanentes. Es el tiempo de la coherencia dura, sin concesiones ni titubeos, es el momento de Venezuela como nación, como país y no de cada venezolano según su interés personal.

Algunos creen que con diálogos denigrantes se van a evitar males mayores. Se equivocan. Estamos condenados al fracaso si pensamos que aún se pueden lograr unas elecciones libres, con un régimen como éste en pleno ejercicio de su poderío.

El país está en plena ebullición, se gesta calle a calle la rebelión popular ciudadana -que no un golpe de estado- expresada el 16J, el 20M y en las decenas de protestas por diferentes razones en las calles todos los días, sumado todo ello a una situación de creciente descontento militar porque son parte activa de la sociedad, y, en consecuencia, sufren y padecen. Afuera la decidida y creciente presión internacional.

Impera la obligación de construir un compromiso político y social, que debe acompañarse con una clara política y toma de decisiones fundamentales. La Asamblea Nacional -única institución legitima y de reconocimiento internacional- que con su actuar tímido, servicial de cogestor para convivir, perdió respeto y confianza ciudadana, tendrá que recuperarlos formando desde su ámbito la propuesta para la salida del régimen, un plan concreto de acciones y escenarios para un gobierno de transición, sin complejos, temores ni cortapisas. Es allí donde está la siembra del éxito.

No será fácil la tarea de conducir la Venezuela después del chavismo. Si en algún momento la nación necesita estadistas, es ahora, las condiciones están forjándose en cárceles, exilio, lucha en la calle, clandestinidad, centros de discusión y pensamiento.

Están a la vista, solo faltan detalles, que se pongan de acuerdo, que actúen con desprendimiento, camaradería y sensatez, táctica y destreza. No es necesario que se unan en el cariño, pero si en la nación, objetivo y estrategia. El país sabrá reconocer a quienes den el primer paso en la dirección correcta, y sin duda, obtendrán la confianza y el respaldo ciudadano.

@ArmandoMartini

Enviar Comentarios



© Manapro Consultores

Enviar Comentarios