Baltazar ¿un mensaje de Francisco? por Armando Martini Pietri

Baltazar ¿un mensaje de Francisco? por Armando Martini Pietri

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El cardenalato no es un ascenso, es un nombramiento, que sólo el Papa otorga. Es el más alto título honorífico que puede conceder a los sacerdotes católicos que siendo disciplinados y en general muy obedientes, no son militares. Pertenecer al Colegio cardenalicio es un honor.

 

Un cardenal puede ser al mismo tiempo obispo, tener sede simbólica, o pasarse años preso y torturado por el comunismo, otros tantos refugiado en una Embajada por la persecución del régimen soviético de antes del derrumbe del Muro de Berlín y la caída en cascada del imperio del abuso, la crueldad y el asesinato que consolidó Iósif Vissariónovich Dzhugashvil, el georgiano sanguinario hijo de zapatero y lavandera, conocido como Iósif Stalin que, fue alumno de un seminario ortodoxo, lo cual no le impidió ordenar la muerte, en nombre del marxismo leninismo y de su propio sostenimiento en el poder, a decenas de millones llevados a sucumbir, agonizar y morir de hambre y frío confinados en los olvidos de Siberia.

 

Ese cardenal mártir fue el heroico arzobispo polaco de Lublin, Varsovia, Gniezno y primado de Polonia, Stefan Wyszynski, que enfrentó por años, tras ser encarcelado, sometido a brutales e intensos interrogatorios y testigo en propia vivencia de la crueldad comunista contra los prisioneros, miles en aquella Polonia sojuzgada por el marxismo y la sevicia de Stalin.

 

Regresando a los ejidos suramericanos, por estos predios se han producido sacerdotes de altos méritos y firmes luchas sociales, acosados por nuestras tradicionales tiranías. Monseñor Oscar Arnulfo Romero o nuestro Monseñor Arias Blanco, ambos de permanente actividad en los sectores menos favorecidos. Entre muchos otros sacerdotes y obispos latinoamericanos que han llevado con orgullo y tenacidad el peso de la cruz de Cristo.

 

Este Papa, también Obispo de Roma, cariñoso, afable y fan del fútbol, creció desde la mejor escuela de la Iglesia católica en el mundo, el ejercicio parroquial en los barrios pobres y está estremeciendo la sobriedad del Vaticano. Ha decidido aumentar, el Colegio Cardenalicio, en el cual, Francisco –siervo de los siervos de Dios- esta consciente que hay demasiados príncipes octogenarios y a punto de merecida -a veces deseada- jubilación.

 

Pragmático y realista, el Sumo Pontífice está haciendo renovaciones en la Santa Madre Iglesia que no a todos gustan, está marcando un camino hacia una Iglesia más joven, moderna y activamente social, la que exigió Cristo, el Templo de los pobres. Jesús habló siempre de repartir las riquezas, pero nunca de comunas ni de colectivos.

 

Ahora Francisco -Vicario de Cristo- se saca de la santa manga un nuevo Cardenal para Venezuela, país que en democracia siempre tuvo uno y ahora, para preocupación del régimen castro-socialista y revolucionario, tendrá por primera vez dos. El reciente Cardenal no es uno más, de los varios obispos de diversas edades, el es aún joven de 73 años y en plenitud de vigor. Monseñor Baltazar Porras, Obispo de Mérida y quien fue uno de los más firmes opositores a las tentaciones y pecados de Hugo Chávez, lo cual le ha traído reproches por parte de políticos chavistas. El propio presidente fallecido lo vinculó con el golpe de Estado ocurrido en abril de 2002.

 

Monseñor dijo que Chávez incluía en sus discursos un lenguaje religioso, en el cual mezclaba el cristianismo con el socialismo, ¿la intención? mantener a los ciudadanos de su lado. Para luego aclarar: que se buscaba desviar la atención de los problemas fundamentales del país, como la pobreza, la inseguridad y el desempleo.

 

En 2007 comparó a Hugo Chávez con Fidel, líderes del nazismo y del fascismo, como Hitler y Mussolini. Su argumento fue la no renovación de la concesión de RCTV. Rechazó siempre la insistencia del presidente Chávez en vincular a la Iglesia con el golpe de Estado de 2002. Y aseguró, que las acusaciones eran una “burda manipulación” para hacer ver dividida a la Iglesia. Y Chávez, frente a militares, afirmó que el propio diablo se refugiaba en las sotanas de los sacerdotes, aludiendo molesto a Monseñor Porras.

Tras la muerte del presidente, los enfrentamientos entre Baltazar Porras y los dirigentes oficialistas continuaron. A finales de 2014, Diosdado Cabello aseguró en su programa “Con el mazo dando” que el arzobispo tenía una cuenta en un banco de Panamá, y que supuestamente poseía 10.000 dólares. En julio de 2016, Monseñor manifestó que la Iglesia venezolana está dispuesta a cumplir sus buenos oficios por la paz y la justicia, en medio de la crisis que atraviesa el país.

 

No obstante, Monseñor Porras parece haber estado algo menos controversial, quizás las exigencias de su pastoreo merideño lo llevaron a ocupaciones intensas, pero eso no significa que haya cambiado de sentir. Algunas opiniones sugieren que el Vaticano le recomendó bajar el perfil protagónico para evitar venganzas y atropellos de chavistas, maduristas y acólitos, que además de rezarle a Cristo en público, en secreto sacrifican animales y sacan huesos para rituales paganos nada cristianos y de oscuros orígenes cubanos y africanos.

 

Elevarlo a la curia romana, pasarlo de obispo a cardenal, príncipe de la Iglesia y elector del sucesor de Pedro, pudiera tener un sentido más agudo en nuestra siempre suspicaz percepción. ¿Por qué Porras y no otro? Algo que no conocemos e ignoramos anidó en la mente de Francisco, Papa pero también renovador, porque no ha sido Baltazar Porras ni el único ni el más duro crítico del régimen chavo-madurista, otros lo han sido aun mucho más y seguramente otros lo serán.

 

No hay que llamarse a engaño ni pecar de ingenuos, en el Vaticano la política y las estrategias juegan un papel, si no preponderante, muy importante. El Santo Padre no designa por providencia un cardenal, envía un mensaje. El caso se estudia, se consideran los pro y los contras, se evalúan los aportes y beneficios, ningún purpurado es producto de casualidades ni caprichos en la Iglesia Católica del siglo XXI. No existe duda que el Sumo Pontífice tiene una gran misión, una inmensa tarea para el nuevo cardenal Porras. Su designación ocurre en un momento crucial para la paz y la democracia. ¡Venezuela está bajo la lupa papal!

 

En todo caso quien debería responder no es ni la Iglesia venezolana ni el Nuncio Apostólico. Corresponde a la diplomacia, pero esperar explicaciones, razonamientos coherentes y creíbles de la actual cancillería madurista, no es pedir peras al olmo sino mandarinas a un cocotero.

 

Lo que sí es indudable que de tiranos y militares el Santo Padre conoce mucho, y aunque la Iglesia siga siendo una muy bien capacitada asesora para diálogos y acuerdos, muchas veces consigue resultados que nadie imagina. Basta preguntarles a los comunistas soviéticos, esfumados en el aire, y al castro-marxista del Caribe, afortunadamente en edad de jubilación. Quienes podrían iluminarnos Shannon, Kerry y Obama, los nuevos y auténticos reyes del mambo.

 

Comentario final: Monseñor José Hernán Sánchez Porras respetado por Chávez y primo del recién nombrado Cardenal, fue jefe de Capellanía del Ejército desde el año 2000 hasta 2014. Fue solicitado por aquél asustado Hugo Chávez para que le garantizara la vida y el buen trato, generando aquella confusión -aun no aclarada-, cuando apareció Monseñor Baltasar Porras, quien lo resguardo para luego ser acusado por su ingrato protegido de estar en sintonía con el diablo.

 

@ArmandoMartini

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