El mundo de la fantasía por Luis Fuenmayor Toro

El mundo de la fantasía por Luis Fuenmayor Toro

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Hay dos venezuelas, decíamos en el pasado adeco copeyano, al referirnos a la existencia de una gran masa de venezolanos sumergidos en la miseria, viviendo en condiciones deplorables y sin mayor posibilidad de ejercer todos los derechos de los ciudadanos de repúblicas contemporáneas. A su lado, la otra mitad de la población, muy lejos de ser homogénea desde el punto de vista económico, pero que gozaba de mucho mayores derechos, comenzando con la tenencia de una vivienda equipada con todos los servicios urbanos necesarios. La apreciación de las dos venezuelas en absoluto significaba que una de ellas era la causa de la otra, como dicen quienes gobiernan, sino que el sistema o modelo económico existente generaba aquellas diferencias, por lo que había que modificarlo para lograr eliminarlas permanentemente.

Acentuar en el imaginario colectivo esas diferencias y dividir el país en dos: los buenos (la “revolución”, los chavecos, los desheredados) y los malos (el resto que se le opone o que no se manifiesta), una caricatura de la división establecida por Bolívar en el Decreto de Guerra a Muerte, fue objetivo primordial. Polarizar, tratando de tener del lado gubernamental la mayoría, lo cual es relativamente fácil si recordamos que esa mayoría es pobre, mesiánica, ignorante y entusiasmable con esperanzas, como la Lotería Misión Vivienda. Si a estas condiciones agregamos la existencia de suficiente dinero, no para acciones que saquen a nadie de la miseria en forma permanente, éste no es el objetivo, sino para alimentar esas esperanzas y para construir y sostener un sistema propagandístico y de imagen, como el existente, pues el mandado está hecho. Máxime si los que se supone representan a quienes se oponen coinciden en el método para usarlo cuando les toque.

Sobre estas bases se ha edificado “el mundo de la fantasía” venezolano chaveco. No habrá niños mendigos en dos años, dijo Chávez recién electo; a comienzos de su mandato afirmó que no habría miseria cuando entregara el poder en 2013; invitó a Daniel Ortega a venir en 2006 a bañarse en el Río Guaire, que estaría totalmente limpio y navegable; una vez, según me relató un gran amigo, hizo un viaje imaginario en el ferrocarril que construiría e iba parándose en estaciones, bajándose y conociendo diferentes sitios de Venezuela, sin faltar los históricos pues el viaje vacacional tenía que ser divertido sin dejar de ser patriótico, y llegó a entusiasmar a todos quienes le oían, que se imaginaban haciendo el viaje en ese momento y contaban sus gustos, preferencias y experiencias. El mundo de la fantasía… Como el de Walt Disney, sólo que éste lo llamaba de esa manera y no pretendía sustituir la realidad.

La miseria… ¡Ah! La miseria… Entregando dinero irresponsablemente y como fórmula para inducir y facilitar la corrupción, el gobierno chaveco, al igual que el gobierno adeco de Carlos Andrés Pérez, logró reducir las cifras de pobreza general y pobreza extrema. Las cifras más bajas se encuentran entre 2006 y 2013, ambos inclusive. La pobreza general de 55 por ciento en 1998 baja a 32 en 2009 y la extrema pasa de 25 por ciento en 1998 a 8 en 2009 y 2010. Sin embargo, la crisis económica creada por el gigantesco gasto electoral, el despilfarro y la corrupción, acentuada con la caída de los precios petroleros hace que la pobreza vuelva por sus fueros, recupere lo perdido y sea hoy igual a la encontrada por Chávez en 1999: 52,6 y 25,2 por ciento (pobrezas general y extrema respectivamente). El Gobierno no se ha dado por enterado y sigue hablando de la eliminación de la miseria en su persistencia por sustituir el mundo real por el imaginario chaveco.

 

@LFuenmayorToro

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