Este domingo, 10 de mayo, se conmemora en Venezuela el Día de las Madres, fecha en la que los agasajos y obsequios para ellas son comunes. Pero las de los más de 500 presos políticos deben resignarse a la distancia, a pausar ese abrazo y, en el caso de los que están desaparecidos, a una espera amarga.
No obstante y aún en medio de las limitaciones de la injusta prisión, muchos de ellos se las ingenian para devolver con un detalle la entrega de sus madres y la lucha que encabezan por la libertad. Es el caso de Jonathan Franco Quiñones, sargento de la GNB que cumple una condena de 24 años por la Operación Gedeón.
Aún desde las limitaciones de su reclusión en Fuerte Guaicaipuro, con materiales reciclables y haciendo gala de la creatividad plasmó su amor y gratitud en un ingenioso detalle con flores para su madre, Francis Quiñones, una de las que ha llevado la batuta en las exigencias por los presos políticos.

Flores con aroma a resiliencia
Según el testimonio de la señora Quiñones para Runrun.es, los presos políticos han desarrollado técnicas ingeniosas para transformar objetos cotidianos en piezas de valor sentimental con los pocos recursos a los que pueden acceder en medio de la precariedad carcelaria.
“Las flores las hacen con papel sanitario, los colorcitos esos que le colocan creo que es con desinfectante. Yo no sé cómo hacen eso para que les quede ese colorcito… De hecho le colocan también desinfectante al papel para que la flor tenga olor”, relató Quiñones.
Además de las flores, el hijo de la señora Quiñones le obsequió a su madre un portarretrato y un cojín en forma de corazón, ambos elaborados con materiales que ingresan al recinto como parte de los insumos básicos permitidos. El portarretrato fue fabricado con bandejas de anime, mientras que el cojín fue elaborado una colchoneta vieja y prendas de vestir para darle forma.
“Me dijo que le había arrancado un pedazo de forro a la colchoneta… lo que tiene por dentro el cojín es como una ropita que él tenía ya y no estaba usando, que le estaba quedando apretadita, estaba limpia… su misma ropita lo que está por dentro de él”, relató la señora Quiñones.

Un encuentro sin vidrios
Más allá de los objetos, la señora Quiñones destacó -para esta oportunidad- un cambio en las condiciones de la visita reciente en Fuerte Guaicaipuro, señalando que pudieron compartir en un espacio común sin las barreras físicas habituales y que pudo estar con su hijo el pasado jueves, 7 de mayo, durante dos horas.
“No fue por medio de vidrio, con esas rejas (…) Particularmente, yo tuve con mi hijo el jueves en un salón de visita. Los funcionarios que hay ahora ahí en el Guaicaipuro son muy respetuosos”, expresó la señora Quiñones.
La señora Quiñones contó también que otros presos políticos del Fuerte Guaicaipuro obsequiaron a sus familiares muñecos, flores y portarretratos como el que le dio su hijo.
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