Así se siente tener chikungunya

Así se siente tener Chikungunya

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Daniela Dávila Torres @ideasdeDaniela

Unidad de Investigación RunRun.es

 

El domingo no podía mover los pies. El dolor era muy fuerte, parecido al de una fractura. El día anterior, habían comenzado los síntomas, malestar en el cuerpo, como de gripe.

El lunes fue subiendo el dolor por las pantorrillas, incluso los hombros. Esa molestia era intermitente pero las repeticiones eran continuas. Sin embargo ese día fui a trabajar. Pero el malestar en las piernas iba aumentando y yo comencé a preguntarme si manejar carro sincrónico era lo que me estaba haciendo daño.

Igual aguanté. El martes seguí trabajando, llevé a los niños al colegio y a las actividades extracurriculares. Pero en la tarde ya no podía más. Me sentía tan débil… solo tenía ganas de estar acostada. Llegó un momento que no podía ni caminar.

Vivo en Charallave. Cuando les comentaba a mis vecinos lo que sentía, me decían “tu tienes chikungunya” porque casi todo el mundo acá lo tiene.

Entre la debilidad en el cuerpo y el mareo, sentía que me iba a caer. Los ojos me dolían mucho, como desde la cavidad, y tenía mucho dolor de cabeza. Incluso mi hijo mayor, de 13 años, llegó a preocuparse: “Mamá, será mejor que vayas a la clínica porque se ve que te sientes muy mal”.

Cuando llegué a la clínica eran las 6 PM. La doctora, en cuanto me examinó, dijo que mis síntomas eran iguales a los de todos los pacientes que estaban ahí. Pero en mi caso, había una complicación: diarrea y náuseas. Estuve en observación y con tratamiento endovenoso hasta las 9:30 de la noche.

En la sala de emergencias había tantos casos que sentí miedo. Todo el mundo entraba doblado del dolor, con ojeras y ojos rojos. Yo le decía a mi familia: “Quiero irme. De ver tanta gente enferma, me siento peor”. Eran muchos, como 20 personas, sin contar los que no tenían diarrea ni mareos, porque en ese caso los mandaban para su casa con analgésicos.

Había niñitos de 7 y 8 años que se sentían tan mal que los papás tenían que cargarlos. Esa impresión me angustió. Parecía una película de terror. Y eso que era un centro privado. Todos comentábamos: “Si esto es así en una clínica, cómo estarán los hospitales”.

Finalmente pude irme. Me recetaron Tachiforte para los dolores y la fiebre. Pero no conseguí esa medicina. Desde hace dos días estoy esperando que se me pase el malestar… Me tomé un Atamel para la fiebre. De hecho, le encargué a mi esposo que buscara el Tachiforte en Caracas a ver si lo conseguía. Además del medicamento que aún no conseguimos, me aconsejaron tomar mucho liquido y dos días de reposo, sólo dos porque según la doctora, mi caso no era tan grave.

Ayer empezaron a salirme pinticas en la piel. Dicen que es la última etapa del virus. Una amiga mía que vi en la clínica estaba llena de puntitos como si fuera viruela. En mi caso, no son tantas.

Todavía me duelen las piernas. El dolorcito queda intermitente. Pantorrillas, muslos, espalda, tobillos… Pero la fiebre ya cedió.

Para que los niños no se contagiaran, preparamos una medicina casera porque no conseguí insecticida. Lo único que encontré fue un producto que echa mucho humo, pero insecticidas y repelentes no hay. Entonces, optamos por preparar en casa una mezcla con vitamina B12 y crema. Todos los días untamos a los niños y les damos multivitamínicos, porque no queremos que ellos también se infecten.

En el trabajo no me reclamaron por tomarme los días. Más bien me dijeron: “Solo faltaba que te diera a ti”.

 

* Agradecimiento a Dinnelis Vásquez por ofrecer su testimonio.

Identidad de la entrevistada fue cambiada por seguridad

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