DDHH olvidados | Dexy González todavía no ha encontrado justicia - Runrun
DDHH olvidados | Dexy González todavía no ha encontrado justicia
Dexy González todavía no ha encontrado justicia, pero no pierde la esperanza. Viaja a Caracas cada 15 días para ver al fiscal nacional que lleva el caso.

@ValeriaPedicini

Dexy González no tenía razones para pensar que ese 10 de julio de 2017 sería un día doloroso. No había motivos para sospechar que todo en su vida cambiaría para siempre. El presentimiento de madre, ese que manda alertas cuando algo no marcha bien, no estuvo. 

Fue lo contrario: era una mañana alegre, la felicidad la embargaba. A final de mes su hijo Rubén Darío se convertiría en bachiller en ciencias de la República y se alistaba para ir al liceo para dar por concluidos sus años de colegial. “Hoy es el último de clase”, le dijo a su madre y a su hermana. El joven de 16 años se bañó y, para hacer honor a la importante ocasión, Dexy le planchó el uniforme. 

Cuando salió del baño, ella lo abrazó tiernamente por la espalda. 

—¿Qué te pasa, mamá?

—¡Ah pues!, ¿no puedo besar a mi niño?—, le dijo de forma juguetona.

Rubén Darío fue y regresó del colegio.  “¡Mamá, nos graduamos! ¿Viste que sí lo logramos?”. Tenía pensado volver a salir, así que se vistió con ropa más cómoda, agarró su bolso y notificó que iría a su práctica de boxeo. 

Horas después, mientras Dexy González  estaba lavando, un familiar llegó a su casa a avisarle que su hijo estaba herido en la Clínica Elhoím, en la ciudad de Valencia del estado Carabobo. Eran alrededor de las 6 de la tarde. Inmediatamente se puso en movimiento. Se comunicó con el mayor de sus hijos, bombero que trabajaba en Protección Civil, para que se adelantara y pudiera llegar primero. Llenó un bolso de sábanas y salió de casa.

Dexy recuerda que la calle parecía una guerra campal, había plomo por todos lados y varias entradas de la zona estaban bloqueadas con objetos que manifestantes habían dejado en la vía. 

En ese momento ya intuía lo que iba a descubrir cuando llegara al centro de salud, pero se aferraba a la idea de que pudiera estar equivocada. Comprendió que todo había terminado cuando vio a su hijo mayor Ronald. “Mamá, no puede hacer nada por mi hermano, me lo mataron”. 

Dexy se tiró al piso, lloró y gritó. Su hijo le pedía que se levantara porque no era buena idea quedarse en medio de disparos de cuerpos de seguridad del Estado, pero ella no lo escuchaba. “‘A mí no me importa, ya me mataron. Ya me mataron a mi niño, ya me mataron”, le contestó. 

Una bala le apagó la vida a Rubén Darío González, de 16 años, a menos de dos meses de cumplir los 17. Recibió un disparo por arma de fuego en el tórax que entró por el lado derecho y salió por el izquierdo. Aunque lo llevaron a la policlínica, ya no había más que hacer: llegó sin vida.

Testigos aseguraron que el proyectil que impactó y le quitó la vida a Rubén Darío provenía de donde se encontraban funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) reprimiendo a los manifestantes en la urbanización La Isabelica. 

Fue ahí a donde realmente el joven se dirigió cuando le dijo a Dexy que iría a su práctica de boxeo. “Él iba a las protestas pero escondido de mí”. En el sector ubicado en la parroquia Rafael Urdaneta del estado Carabobo se desarrollaba un “trancazo”, en el marco de las protestas callejeras que habían iniciado en abril de 2017. 

Los venezolanos se volcaron a las calles en rechazo al gobierno de Nicolás Maduro después de que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) emitiera dos sentencias que le arrebataron los poderes a la Asamblea Nacional, de mayoría opositora. Las protestas se extendieron hasta por cuatro meses. 

Marchas se convirtieron en sinónimo de represión y la fuerza de los efectivos de seguridad del Estado se tradujo en muertes. Runrunes.es contabilizó 157 muertes relacionadas a las protestas de hace tres años. El Foro Penal Venezolano, en un reporte publicado en agosto de ese año, indicó que el número total de arrestos arbitrarios fue de 5341 y hubo al menos 4000 heridos. 

La Organización de las Naciones Unidas, la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos, además de múltiples países, condenaron la represión de los agentes de seguridad. 

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh) señaló a las autoridades del Gobierno de Nicolás Maduro de haber cometido múltiples violaciones de los derechos humanos, además de constatar el uso excesivo de la fuerza de funcionarios durante las manifestaciones. Asimismo, según el Acnudh, los agentes de seguridad son responsables de al menos 46 de las muertes, de las 124 investigadas por el Ministerio Público. 

Basado en los tipos de lesiones de los manifestantes, la Acnudh determinó que el uso de la fuerza aumentó progresivamente: el abril, personal médico mostró que los afectados fueron tratados por intoxicación por gases lacrimógenos; en mayo, las heridas fueron por impacto de perdigones, metras o tuercas; en julio, mes en el que murió Rubén Darío, comenzaron a tratar heridas de bala. 

Ese 10 de julio no había presentimiento alguno de que algo saldría mal, pero viéndolo todo en retrospectiva, Dexy recuerda detalles que parecieran darle cuenta de una despedida que no advirtió. Esa mañana, antes que todo ocurriera, sigue en su mente como un momento especial con Rubén Darío. “Ese día fue mágico. Ese día… se me iba”.

Un plan que no pudo ser

Rubén Darío era el tercero de los hijos de Dexy González. Lo sacó adelante sola. Trató de que su hijo se dedicara a estudiar, pero él dedicaba sus horas libres de las mañanas antes de ir a clases para ayudar a un herrero que tenía un taller cerca de casa. No le importaba mucho cuánto le pagaran, lo que le interesaba era aprender.

En casa de Dexy González y su familia, el hambre hacía de las suyas. No fueron pocas las veces que el joven se iba a clases sin comer. “Muchas veces amanecía y yo no tenía nada para la comida. Eso me dolía mucho, me quedaba acostada, deprimida totalmente”, cuenta Dexy. Era Rubén quien la empujaba a seguir.

Para hacer frente a la situación que vivían, en abril le había pedido a su madre que vendieran todo y emigraran a Colombia donde unos familiares los podían recibir. Dexy, con la idea de que una decisión así no se podía tomar a la ligera, le dijo a Rubén que esperarían hasta julio cuando se graduara de bachiller. 

Pero la vida tenía otros planes para ellos. 

Dexy fue al entierro, pero confiesa que no pudo ver cuando estaban sepultando el cuerpo de su hijo. Se despidió de él, molesta por lo que había hecho. Le expresó que no lo defendería porque él se había buscado lo que le había pasado. “No te voy a llorar más, le dije. Mentira, todos los días yo lloro a mi hijo”.

A la semana de la muerte de Rubén Darío, Dexy González hizo la denuncia formal y el Ministerio Público inició la investigación correspondiente. Trabajó de cerca con la fiscal que lleva el caso: buscó los testigos, documentos, grabó un CD para limpiar su nombre. Meses después le cambiaron el fiscal y el caso se paralizó y quedó estancado. Hasta la fecha no ha sido identificado, detenido o sancionado ningún responsable.

A Rubén Darío le fue vulnerado su derecho a la vida y su derecho a la manifestación pacífica. Además, su caso representa un ejemplo a las violaciones al debido proceso y el derecho a la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas. 

La justicia es algo que anhela, no solo para su hijo, sino para los otros jóvenes que murieron en las protestas. “La justicia para mí significa que no solo pague el que me lo mató, el guardiecita ese que le disparó a mi hijo. No. Que paguen todos porque Rubén tenía metas, tenía una vida por delante, él era mi futuro. Y así como mi hijo escuchas las historias de los otros muchachos y todos eran especiales, deportistas, estudiantes, ¡la juventud de este país!”.

Dexy González todavía no ha encontrado justicia, pero no pierde la esperanza. Viaja a Caracas cada 15 días para ver al fiscal nacional que lleva el caso. No ha podido cumplir con las palabras que le dijo a su hijo frente a su ataúd: no ha dejado de luchar para que la muerte de Rubén Darío no quede impune.

N de R: El testimonio  forma parte del informe. Voces bajo represión: diez historias contra la impunidad en Venezuela, disponible en el portal de Cofavic, en el siguiente enlace

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